lunes, 21 de junio de 2010

Mordisco sobre Mordisco (Capítulo 2)

CAPITULO 2

Entrada xx/xx/xxxx
Mis cachorros, diablillos sin remedio. Mi cachorrito dorado, tan pequeño y a la vez protector.
Que dolor ver su sufrimiento, que pena no poder reponer ese huequito vacío que le ha quedado en el pecho.
Tengo miedo por lo que pueda pasar más adelante. Miedo de esa visión. No sé que quiere decirme mostrándome a ese hombre de extremada belleza escondido entre las sombras. Solo sé que irradia sensualidad, y que yo me lleno de deseo.
Todas las noches me levanto sobresaltado, bañado en sudor y suspirando deseo. No comprendo porque siento la necesidad de tener en mis brazos a ese hombre, porque muero por tocarlo, enredar mis dedos en su largo pelo, nadar en sus hermosos iris rojos.
Solo sé qué… no sé nada.
No sé que me depara el futuro y estoy nervioso por mis cachorros.
Mis pobres y pequeños cachorros.

* * * *
Neo abrió bruscamente la puerta del aseo. Ni siquiera miró a los demás hombres que se encontraban haciendo sus necesidades, simplemente recorrió la estancia hasta llegar a los wc privados.

Se paró frente a uno de ellos, respiró hondo y sin mirar al vampiro lo arrastró dentro con él. La puerta se cerró con un brusco sonido y el lobo le echó el cerrojo. Se apoyó en ella y volvió a respirar con fuerza.

Tenía la cabeza baja y la mirada oculta por el flequillo.
Sabía que estaba haciendo una locura, que debía estar volviéndose loco. Ni siquiera podía esperar a sacarlo de allí para tirárselo.

Tenía que ser aquí y ahora.

Levantó la cara para mirar a Raven. Este se encontraba frente a él, observando el estrecho cubículo con una ojeada sombría. Hasta le hizo gracia la manera de encoger el ceño que tuvo cuando observó la taza, no muy limpia.

—¿Preparado? —preguntó Neo.

Raven alzó una ceja sin entender.

¿Preparado para qué? En cierto modo y aunque aquel humano no lo supiera, el que tenía que prepararse era él. Observó ese fuerte cuello y sus colmillos le volvieron a vibrar.
¡Oh dios, con las ansias que tenía lo destrozaría!

—Lo estoy —dijo sin pararse a pensar. Raven alzó los brazos y le sujetó el cuello, acariciándolo levemente, pasando sus frías yemas por él.

Neo abrió la boca, contra más se acercaba más frío sentía. Hasta comenzó a echar vaho por la boca. Su cuerpo por el contrario estaba caliente, y podía sentir una gota de sudor caer por su frente. Era lo más extraño que había experimentado en su vida.

Sin poder controlarse, agarró al vampiro y lo tiró contra la puerta donde momentos antes él mismo había estado apoyado. Raven gruñó ante el golpe que recibió su espalda, sorprendiéndose cuando Neo literalmente le comió la boca.

Arrugó la frente cuando le mordió los labios y apretó aun más su boca contra la suya. Parecía querer devorarlo. Raven no sabía como reaccionar, nunca se hubiera imaginado algo como esto.
¡Simplemente no era natural!

Pero esa lengua, brusca y rugosa, que se metía profunda en su boca lo estaba haciendo dudar. Su cuerpo se agitó e intentó tomar aire cuando por fin Neo se separó solo por unos instantes.
Raven se relamió los labios para recoger aquel hilo de saliva que había quedado uniéndolos. Sintió su mejillas arder y sin saber porqué, alzó las manos frías hacia la morena cara de Neo. Le acarició la piel y el cabello, entrelazando sus dedos en él.

Cuando el licántropo percibió el movimiento y la formulación de una primera palabra, volvió a acallarlo con su boca. Se apretó contra su cuerpo y comenzó a acariciarle la cintura. Alzó el jersey y metió las manos por debajo, rozando su espalda. Estaba completamente dura, pero… su tacto, era realmente incomprensible. Parecía que estuviera tocando un diamante.

—Pero que… —Raven abrió los ojos de golpe cuando esas palmas calientes se plantaron en la curva de su espalda. Era como dos placas ardiendo contra su piel.

Su cuerpo reaccionó a ese toque. Su pene se irguió un poco, frotándose contra el de Neo, el cual restregaba su cuerpo mientras seguía besándolo con ansias. Gimió, bajo y roncamente, disfrutando de la lengua que el lobo pasaba por su cara, por su oreja. Raven se volvió a retorcer, disfrutando del aliento contrario en su oído. Y de esa voz, aterciopelada que nunca pensó que pudiera llegar a aturdirlo.

—Levanta los brazos —dijo Neo, estirando del jersey y sacándoselo por la cabeza.

El cabello negro azulado y liso de Raven se removió bruscamente, quedando un poco despeinado. Neo sintió su corazón bombear con fuerza cuando lo miró. Sus ojos grises estaban velados. No sabía si de ansias de sangre o simple deseo. Pero había algo en ellos que gritaban satisfacción. Sus mejillas levemente sonrojadas y esos labios, finos y curvados en una mueca áspera, solo lo ponían más.

El cuello cristalino se alzó ante él. Una extraña idea pasó por su cabeza. Lo acarició mientras se acercaba de nuevo. Besó suavemente su clavícula, lamiendo con la punta de su lengua aquella dirección ascendente hasta quedarse en el punto justo del cuello donde terminaba la mandíbula. Lo volvió a besar, dándole de repente un fuerte bocado en aquel lugar.

Succionó con una fuerza tremenda.

Raven lanzó un brusco gemido, mientras agarraba los cabellos rubios para separarlo de él.

—¿Qué diablos haces? —demandó, con una voz que aunque parecía severa, estaba teñida de deseo.

—Calentarte. ¿No es evidente? —sonrió Neo, con una de sus muecas más pícaras.

El vampiro alzó una ceja mientras lo contemplaba.

¿Calentarle? Si, puede que esa fuera la razón por la que su cuerpo estaba tan extraño. Pues… aquel humano respiraba con fuerza, el sonido del bombeo de su corazón impregnaba todo el pequeño cubículo, sus ojos parecía lagrimear por la excitación.

Eso era estar caliente.

Pero él… no respiraba, su corazón no latía, su cuerpo siempre se mantenía frío. ¿Cómo sabría que sentimiento correspondía al que sentía en ese momento su compañero?

Notó de nuevo las manos calientes de Neo en su estómago, acariciándolo, mientras su lengua seguía lamiendo una y otra vez su cuello y barbilla, donde le dio un pequeño bocado.

Raven soltó un gruñido y lo separó de él.

Oh si… estaba caliente.

—¿Para que quieres calentarme? —preguntó todavía algo confuso, era un hombre y ese desconocido también. ¿A dónde quería llegar?

Neo agarró las manos que lo separaban de aquel cuerpo cristalino y se llevó una a la boca, lamiendo el índice.

—Para follarte, por supuesto.

Raven tuvo un escalofrío.

¿Eso podría hacerse entre hombres? Ese humano estaba loco. Él no se rebajaría a tener esa clase de relación con un macho. Ni hablar.

Lo miró fijamente de nuevo.

¿Lo mordía antes de marcharse? ¿Lo mataba por tal humillación? Esos ojos azules le ponían demasiado acelerado para tener la suficiente sangre fría de asesinarlo, pero… ahora la vista negruzca del vampiro se centró en ese fuerte y moreno cuello. Una pequeña mordida… no, no podía. Porque entonces… ya no podría resistirse hasta dejarlo seco como una pasa. Y no quería hacerle eso a él, a aquel humano que aunque tuviera raras inclinaciones, le había hecho sentir cosas que nunca había podido experimentar hasta ahora.

Se agachó para coger su jersey.

—Me voy —fue lo único que dijo.

Neo chasqueó la lengua. La cosa se ponía más difícil. Pensó que cuando el morenazo le dejó quitarle la primera prenda todo había quedado claro. ¿Qué leches le enseñaban a los vampiros durante sus primeros veinte años de vida? No podría ser mucho porque este que tenía delante era bastante espeso.

Raven le dio la espalda con total tranquilidad para quitar el seguro de la puerta. Neo observó esa espalda cristalina, tenía un cogote precioso, con unas ligeras hebras azulinas cayendo por él.

Antes le había venido bien forzarlo. Puede que ahora también.

Lo empujó contra la puerta, con tal fuerza, que Raven quedó con la cara totalmente apretada contra ella. Lanzó un gruñido amenazador que a Neo le provocó un escalofrío.

Pero no era miedo, era excitación. Tenía ganas de que se volviera, de que intentara atizarle, entonces lo tiraría al suelo y… y lo… Neo se mordió el labio y sintió el calor de nuevo en sus mejillas. ¡Maldición, como podía ser un asqueroso chupa sangre tan delicioso!

Lo agarró del cabello azulado y volvió a apretarlo contra la madera, mientras su lengua recorría aquel sensible cogote. Lo escuchaba de suspirar, con esa voz tan profunda y masculina. El corazón del lobo comenzó a vibrar con más fuerza.

Algo de lo que Raven se dio cuenta.

Gruñó de nuevo, de una forma totalmente amenazadora. Se revolvió, asombrado por la fuerza de aquel humano. No lo dejaba moverse, a él, a un vampiro. Enfadado, clavó las enormes uñas en la puerta, rajándola unos centímetros y dejando cinco profundos surcos.

Un siseo salió de sus labios cuando volvió la cara y le enseñó sus enormes colmillos a Neo. Estaba comenzando a enfadarse.

—No sabes con quién te estás metiendo.

Neo miró los dientes no de muy buena gana. Aunque tampoco le resultaron repugnantes como esperaba. En cierto sentido, eran… hermosos.

No pudo evitar lanzar unas risitas.

—Creo que tú tampoco.

Y le mordió el final del cuello, agarrándose a su espalda. Raven volvió a sisear, pero esta vez de dolor, un dolor que lo había hecho sentirse raro. Sintió un calor, un ardor en su entrepierna al estar presionada contra la puerta. Así que… eso era una erección. Su primera erección.

Neo, al ver que no decía nada, se lo tomó como un permiso. Lamió su espalda, disfrutando de los medio gemidos o gruñidos que estaba dando el vampiro. Simplemente, Neo no sabía identificar cual de los dos era.

Llegó a su trasero, chupando el hueco del final de su espalda. Era una piel hermosa, sin heridas, sin marcas, totalmente cristalina. Parecía una muñeca de porcelana, por supuesto… hasta que se daba la vuelta y le enseñaba amenazador los colmillos, entonces le recordaba a un gato. Un gato salvaje.

Un pensamiento fugaz le recorrió la mente. Si Raven fuera un licántropo sería el lobo más hermoso que hubiera visto.

Pronto rechazó la idea. ¿En que diablos pensaba? Estaba ahí para tirárselo y después marcharse como si nada. ¿Por qué dudaba? Agarró bruscamente la hebilla del pantalón y le sacó la correa de un estirón. Después estiró de las ropas hacia abajo.

—Levanta las piernas —pidió Neo, estirando él mismo con el pie para sacarle los pantalones.

—Que te crees tu eso —gruñó Raven, intentando de nuevo liberarse.

Neo se rió. ¿A quién quería engañar? Un vampiro tenía mucha más fuerza que un licántropo, solo los dominaban porque eran un número muy pequeño en comparación con ellos. Si hubiera querido liberarse de sus manos, lo podría haber hecho hace mucho.

—¿Por qué te resistes, colmillitos? —se burló, con una sonrisa tan enorme y amena que Raven no supo si enfadarse, así que terminó por encoger el ceño—. Puedes empujarme y salir corriendo si quieres. Yo nunca podría detenerte y lo sabes. Soy un… simple humano, después de todo.

Así que… así estaban las cosas. Ese humano sabía que él era un vampiro y sin embargo no parecía asustado. Ya lo imaginó cuando al mostrar sus colmillos no recibió la reacción esperada. Pero esto… era demasiado extraño. ¿Quién era ese chico?

Antes de pensarlo bien, se sacudió los pantalones de los tobillos, sacándoselos con los zapatos, la única prenda que aun tenía en el cuerpo eran los calcetines negros. Al sentirse tan expuesto su cuerpo vibró. Pegó la cara contra la puerta y cerró los ojos, intentando tranquilizarse. ¿Qué le ocurría? Él nunca había sido así. Lo normal es que lo mirara con desprecio y después le adjudicara un zarpazo que le reventara la garganta.

—No lo entiendo —fue lo único que dijo, arrugando de nuevo la cara. No recordaba haber estado tan enfadado consigo mismo desde hace muchos años, desde aquella vez…

Neo se separó un poco, dejándolo aun allí de pie. Aquella frase, dicha con tanta aspereza y confusión lo había desconcertado. Pero aquella vista… ese hermoso cuerpo, fuerte, recio, fibroso. Y ese trasero. Pestañeó un par de veces antes de clavar la vista fija en él. Un hermoso y cuadrado trasero. Completamente cristalino y puede que…

—Dime si te duele.

Raven iba a volverse para encontrar el significado de aquella frase, cuando dos manos fuertes y recias se adhirieron a su trasero. Presionándolo. Su erección dio un salto, volviendo a chocar dolorosamente contra la puerta.

Siseo entre sus colmillos, sacando la lengua y lamiéndolos. ¡Oh si, le gustaba! Ese humano rubio lo estaba volviendo loco.

Neo contuvo el aliento cuando tuvo aquellas dos carnes en sus manos. Tersas y duras. Las masajeó, disfrutando de los movimientos controlados del vampiro. Después, paseó su dedo entre ellas, acariciando la abertura, disfrutando de su suavidad. Presionó el pequeño hoyo con el índice, mientras que con el corazón rozaba el trozo que quedaba hasta los testículos.

—Maldición —se quejó Raven, clavando las uñas con más fuerzas en la madera, haciendo los surcos de los cincos dedos muchos más amplios.

Neo sonrió maravillado por la reacción. Nunca imaginó que tener a un hombre tan masculino, serio y frío, jadeando para él, fuera tan extasiante. Metió un dedo, comenzando a indagar por aquella intimidad.

Raven curvó la espalda, lanzando un gruñido. Neo se sonrojó tontamente al mirarlo.

—No te cargues la puerta, Raven. O todo el mundo nos verás.

—Como si me importara —jadeó el otro, arrugando el ceño mientras volvía un poco la cara para mirarlo a los ojos.

Realmente Neo tuvo un escalofrío cuando los ojazos negros se clavaron en él. Contuvo el aliento y lo agarró por la barbilla, devorándole la boca en ese mismo instante. Para su sorpresa, el vampiro le respondió, dándose la vuelta y agarrándose repentinamente a su cuello.

—Unos cuantos centímetros menos y tendrías la estatura justa para esta posición –se rió Neo, que ahora se encontraba presionando contra Raven. Ambos de cara, besándose mientras Neo presionaba sus muslos, deliciosos y tersos muslos que pensaba colgarse en la cintura. Le metió la lengua para después relamerle los labios. Le habló sobre la boca, besando sus colmillos ensalivados por el exceso anterior—. Levanta las piernas y deja que te folle.

—¿Y porque no te lo hago yo a ti? —preguntó Raven, siendo ahora él quién le mordiera la barbilla, lamiéndole lenta y seductoramente la mejilla con la punta de la lengua. Su piel era deliciosa, casi no podía esperar para saber como sabría su sangre.

Neo se rió. Y ante la mirada fija del vampiro, comenzó a desabrocharse los pantalones. Se los bajó con sendos tirones hasta que la erección de ambos quedó en contacto. Este las agarró con fuerza para sacudirlas mientras se arrimaba a la boca de Raven, el cual la había abierto mientras resistía un quejido ahogado.

—¿Crees que podrías follarme sin matarme, señor colmillos?

Raven volvió a fruncir el ceño. ¿Cómo diablos sabía ese humano tantas cosas? Si, había escuchado algo sobre humanos que proveían de sangre animal a su clan para los recién nacidos. ¿Sería Neo alguien de ese círculo?

Con el primer estrujón de su miembro se olvidó de todas las suposiciones, que fuera quién quisiera.

—Te buscaré —dijo de repente, sorprendiendo a Neo—. Te buscaré de nuevo y la próxima vez seré yo quién te reviente a ti. Tenlo por seguro. Da igual donde te escondas, a donde huyas, mi polla estará pensando en ti y no lo dudes, te encontraré, rubito.

Literalmente a Neo se le cortó la respiración. Esa mirada fiera, su voz fría, su talante serio. ¡Dios, si estaba deseando que ese día llegara! Es más, hasta sería capaz de volver todos los días a aquella sala hasta que encontrara de nuevo a aquel vampiro. Ser poseído por él podría ser delicioso, tanto como lo que iba a sentir ahora.

—Realmente te esperaré entonces —se acercó hasta el oído de Raven, agarrándolo fuertemente de los muslos hasta subirlo sobre él—. Estaré deseando esa cosa tuya que piensa en mí.

Raven gruñó con fuerza, arqueando la espalda mientras el enorme miembro del lobo entraba como un puñal en él. Le clavó las uñas en los hombros y le amenazó con los colmillos. ¡Aquello había dolido como mil demonios! Sin embargo, para su sorpresa, Neo se detuvo, presionándose contra él pero si moverse. Es más, agarró su miembro, duro y necesitado y comenzó a frotarlo, mientras volvía a cogerlo de la barbilla y comerle la boca.

Le metió la lengua y la desplazó por toda aquella cavidad. Raven lo agarró ahora de los cabellos, mordiéndosela a la vez que él mismo presionaba y arrinconaba los carnosos labios de Neo contra los suyos. Estiró de su labio inferior cuando un placer que nunca hubiera imaginado le subió por la espalda. Le gustaba, de repente el dolor se había transformado en un gozo que lo estaba aturdiendo. ¿Dónde golpeaba? ¿Qué le había hecho?

Gimió bruscamente, echando avergonzado la cara hacia otro lado y encogiéndola en una mueca desesperada.

Neo volvió a mirarlo maravillado. ¡Pero que tío más sexy! Era fuerte, masculino, sensual, todo en una mezcla completamente explosiva. Se introdujo con fuerza de nuevo. Comenzando a moverse en un vaivén violento contra sus nalgas.

—Joder… como aprietas —se quejó, se la estrujaba tan fuerte que casi no podía moverse. Le gustaba, le gustaba a morir, pero también sentía un poco de dolor. De verdad que era estrecho.

Para su sorpresa, Raven le soltó y levantó las manos, clavando las uñas en la pared. Sujetándose en ellas comenzó a saltar sobre las manos y las caderas de Neo, enloquecido por el placer. Un placer que lo cegaba. Y es que aquel trozo de carne duro y caliente lo estaba volviendo loco. Todo el cuerpo de ese hombre emanaba un olor que lo extasiaba, un calor que lo reconfortaba, un movimiento que lo enloquecía. Sentimientos que siempre había añorado experimentar.

Y ahora… podía escuchar su respiración acelerada. Su corazón bombeando con violencia, su olor a hombre invadiendo sus fosas nasales. Aquello era testosterona pura.

Neo flipó cuando el vampiro comenzó a saltar sobre él. Echó las manos hacia sus nalgas para poder impulsarlo hacía arriba y que volviera a caer sobre su duro miembro. ¡Oh por dios! ¡¿Qué clase de sexo era este?! Nunca hubiera imaginado que llegaría a gustarle de ese modo.

Desesperado por sentir más, lo agarró de la cintura y se introdujo con fuerza, llegando todo lo hondo posible. Hasta creyó chocar con algo. Raven se revolvió, gruñendo y enloquecido. Bajó la mirada hacia Neo. Sus ojos habían pasado de un negro medianoche a un rojo sangre. Sus colmillos había crecido unos centímetros más y sus uñas, otro tanto. Y eso sí que lo supo bien, afirmándolo cuando estás cayeron sobre su espalda, aferrándose a ella mientras Raven gruñía con la boca abierta.

—No mueras —susurró roncamente, abalanzándose con una bestialidad asombrosa contra el fuerte cuello de Neo.

Ahora fue el turno del lobo para gritar. Un placer casi tan agudo como el de su pene se centró en su cuello. Aquellos dos colmillos se clavaron en su piel, quemándole como si le estuvieran haciéndole los dos agujeros con un soplete. Le succionaba, su sangre salía a borbotones de su piel, siendo relamida por aquel vampiro. Lo escuchaba de chupar, de gemir y jadear mientras seguía bebiendo de él.

Otro relampagazo de placer lo recorrió por entero, agarró aquel duro trasero y comenzó a moverse con violencia. Sentía como el cuerpo cristalino de Raven se agitaba sobre él, demasiado obsesionado con su sangre para moverse. Neo arremetió contra él, creyendo morir de placer cuando aquel frío pero tierno interior se envolvió a su alrededor exprimiéndosela literalmente. Raven se soltó para jadear un poco, pero al momento ya le estaba mordiendo de nuevo, como si fuera una fiera que había estado un milenio sin comer.

Neo sintió como un calor le subía por el cuello, como seguía moviendo aquel trasero sobre su miembro y como se restregaba bruscamente contra él. Gruñó roncamente y lo agarró del largo cabello azulado, abriendo los ojos y sintiendo como comenzaba a entrar en la primera fase. Chilló de dolor cuando sus orejas se estiraron hacia arriba, cubriéndose de pelo. Sus manos se transformaron en garras y sintió como del final de su espalda comenzaba a salir una norme y gruesa cola peluda.

—Suelta —aulló, agarrándolo por los hombros con sus dos zarpas y estrellándolo contra la puerta. Raven jadeó entre dolor y placer cuando terminó de nuevo con la espalda apoyada en la madera. Su boca estaba cubierta de sangre, sus colmillos vibraban de deseo. Era tal el placer que le recorría el cuerpo que no podía ni moverse, ni siquiera abrir sus ojos, que entrecerrados, solo observaban una leve neblina y algo de aquel hombre que tan duramente estaba tomándolo. Neo se acercó a él, dándole un bocado en la mejilla con su dentadura canina. Disfrutó cuando Raven se revolvió, intentando quitárselo de encima—. Ahora no mueras tú —susurró con aquella voz terriblemente grave. El último cambio estaba produciéndose.

Raven no se esperó aquello. El miembro ya de por sí grande y duro que se adentraba fogosamente en él, comenzó a crecer, a un nivel que creyó que lo mataría. Gruñó y se revolvió, sintiéndolo de entrar en él con mucha más fuerza, con brusquedad, casi con violencia. Pero sin embargo, seguía gustándole. Le presionaba dentro de sí, en un punto que le hacía ver el cielo. De nuevo se agarró a Neo, abriendo un poco los ojos. Que era eso… ¿Orejas de perro? ¿Fauces de canino? Y no solo eso… sus ojos, ahora eran ámbar y rasgados… pero… ¿Qué diablos era ese rubio? Ya no olía a humano. Era otra cosa, su aroma se había trasformado en algo más sabroso. Por su sangre no supo ver la diferencia, ya que nunca había saboreado una sangre humana de primera mano. Pero ahora lo entendía.

Acarició su pelo rubio, ahora más espeso, más fuerte. Tiró de él y antes de poder resistirse le mordió una de esas largas orejas. Era blanda y suave, maravillosa. Neo gruñó de placer, aplastándolo más contra la pared mientras se la metía con fuerza. Le presionó las caderas y comenzó a respirar con más rudeza.

Neo sentía demasiado placer, un calor que lo desbordaba desde el centro de su pecho. Le dolían los dientes, sentía su encía escocerle, necesitaba algo, necesitaba morderle. Estaba tan acostumbrado a morder a las hembras durante el sexo para saber si eran sus compañeras que puede que fuera ya un acto reflejo, que su cuerpo se lo pidiera ya sin razón.

Retiró las hebras azulinas del cuello de Raven, intentando sujetar al vampiro presionando sus hombros contra la puerta. La sola idea de dejar una marca propia en esa piel cristalina le aceleraba el pulso, así que sin poder aguantar más clavó sus caninos en el cuello que se le presentaba. Mordió con fuerza, notando como el vampiro se revolvía y gruñía como todo un animal.

Eso solo le provocó más.

Se apresuró, arremetió con más rapidez contra él. También sintió su respuesta. Como se estrechaba, como el cuerpo de su vampiro se retorcía de gozo. Raven comenzó a agitarse, mientras Neo, completamente maravillado lo mirada. Seguía sacudiéndose contra su miembro, agarrándose desesperado a sus hombros, volvió a retorcerse y estiró la espalda. Seguramente no podía aguantarlo más, su miembro goteaba, y su cuerpo estaba completamente tenso, más duro de lo que ya era de por sí.

Lanzó un tremendo chillido. Demasiado agudo, para una persona, para un vampiro. Era algo parecido a un murciélago, si… fue el chillido de un murciélago. Se quedó erguido por un momento, recibiendo las fuertes embestidas de Neo, mientras el seguía corriéndose, empapando una y otra vez ambos vientres, con fuerza. Y no paraba. Seguía echando semen mientras Neo disfrutaba de la estrechez de su orgasmo. Y con un aullido propio de su especie, el lobo reventó dentro de aquel trasero. Sintiendo como su semilla lo bañaba por completo.

A Neo se le doblaron las rodillas y Raven, para su asombro estaba completamente ido, echado sobre él como si se fuera a desmayar. Seguramente habría bebido demasiada sangre para su primera vez y encima mientras practicaban sexo, algo que él nunca había experimentado.

Lo agarró con seguridad por la cintura. Era pesado, por no decir que le llevaba varios centímetros de más. Así que simplemente lo apoyó contra la pared y lo agarró con un brazo para que no cayera, mientras él recogía su ropa, lo limpiaba con papel higiénico y comenzaba a vestirlo.

No sabía porque diablos se tomaba tantas molestias. Simplemente podría dejarlo allí. Él había ganado la apuesta, había evitado que matara a una humana y encima se lo había tirado, muy placenteramente habría que añadir. Además de que tampoco le había hecho mucho daño ni sacado la mitad del cuello como había pensado en un principio.

Pero… cuando Raven se sujetó a él, y lo miró con aquellos ojazos profundos, ahora negros, se quedó paralizado. Hasta un pensamiento de que haría cualquier cosa por tener de nuevo a aquel hombre entre sus brazos recorrió por unos momentos su mente. ¡Tonterías! Se estaba volviendo loco, aquello sería un recuerdo fogoso de su juventud y punto. Nada más.

Raven estaba cansado y tenía ganas de vomitar. Puede que hubiera bebido mucho, porque sentía la sangre volviendo por su garganta, queriendo salir. Y sin embargo, moriría por volver a pasarla por su lengua y poder saborearla.

Contempló con sequedad a aquel hombre que lo vestía con cuidado. Estaba siendo considerado, con él, con un vampiro. No había sentido pánico, terror, si no que habían tenido sexo. Uno realmente extasiante a su parecer. Y sin embargo, tampoco deseaba volver a verlo. En cierto modo, tenía miedo de hacerlo.

Además, no sabía si había sido una alucinación o no, pero creyó verle orejas y cola, hasta recordaba haber mordido una. Pero ahora, estaba completamente igual, sus ojos tan azules como cuando lo conoció.

—Me marcho —dijo Raven, colocándose finalmente los zapatos cuando pensó que no se estrellaría contra el suelo.

Neo asintió, observando como se colocaba bien su ropa.

—Esperaré a que cumplas tu promesa. Búscame —conforme terminó de decir esas palabras ya estaba arrepentido. ¿Pero que decía? ¿Estaba de verdad loco? Hace un momento deseaba olvidarse de todo esto y ahora le exigía volver a verlo. ¿Qué pasaba con él?

Raven hizo un ruido chulesco con la boca, no lo afirmó ni lo rechazó. Simplemente le dejó eso como respuesta. Estaba confuso, esa noche había sido extraña. Para nada como él se la había imaginado. Había conseguido alimentarse sin matar a esa persona. Había tenido sexo con un hombre en vez de con una mujer. Y encima había sido él quién recibió.

Salió de baño, observando como estaba completamente vacío. Siguió andando, sin escuchar nada a su espalda, lo que probaba que Neo se había quedado quieto en el mismo sitio. Cuando salió del aseo, un fuerte aroma le vino a la nariz, un olor parecido al que desprendía Neo. Giró unos segundos para mirar despectivamente a un hombre castaño, que lo miraba a él de igual forma. Olía bien pero simplemente no le interesaba, así que siguió su paso, la noche había sido más corta de lo que había pensando.

Salió al aire libre y volvió a coger aquel frío oxigeno que no necesitaba, solo para sentir el fresco entrar en sus pulmones.

¿Cuándo había comenzado a torcerse la noche? ¡Ah, si! Cuando esos hermosos y grandes ojos azules chocaron directamente con los suyos.

* * * *

Raven entró en el salón principal y se dejó caer en el sillón. Le dolía la cadera y los muslos, seguramente aun tenía las marcas de aquellas manos que tan bruscamente le habían cogido las nalgas. Era vergonzoso pero solo pensar en ello se la ponía bastante dura.

La enorme puerta se abrió despacio, dejando que entrara un hilito de luz en la oscuridad de la estancia. Una mano la terminó de apartar, entrando con pasos ligeros y constantes. Alguien alto y con porte serio se paró frente a Raven.

—¿Qué haces aquí?

—Padre, que agradable bienvenida —se burló Raven, echando la nuca sobre el sillón y cerrando los ojos. Su largo pelo azulado cayó a ambos lados de su cara, rozando suavemente sus orejas.

—No me andes con sarcasmos, Raven —se acercó más, tieso como un palo—. Tú no deberías estar aquí. Estarías…

—¿Deshaciéndome del cuerpo? Bueno, es lo que todo vampiro hace la primera vez —volvió a sonreír, provocando que Nel se pusiera aun más nervioso—. No te preocupes, no he matado a una mujer, ni siquiera he mordido una.

Interesado ahora por lo dicho por su hijo, cogió una de las grandes sillas señoriales, y le dio la vuelta para retirarla de la mesa y poder sentarse cara a cara con Raven.

—¿Has vuelto sin morder a nadie? Eso es igual de irregular. Es imposible que un vampiro pueda evitar alimentarse la primera vez que sale a… eso —terminó diciendo, evitando la palabra cazar que tanto odiaba.

Raven lanzó un largo resoplido. Tendría que haberle mentido pero… seguramente se hubiera dado cuenta. Cuando aquella sangre que había tomado se hiciera parte de él, su olor cambiaría, estaba seguro de que se percatarían entonces.

—Si, he mordido a un hombre. Un hermoso hombre de cabello rubio y preciosos ojos azules —Nel no dijo nada. Desvió la mirada por unos momentos, parecía pensativo pero para nada extrañado o alterado. ¿Puede ser que le resultara normal? ¡Al diablo!—. ¿No me regañas, ni pones el grito en el cielo? Tu hijo ha tenido su primera vez con un hombre.

El jefe del clan tosió unas cuantas veces.

—No hay mucha diferencia en morder a una mujer o a un hombre. La sangre sigue siendo sangre. Además… lo hombres a veces saben mejor.

Lo dijo con tanta naturalidad que Raven se quedó sin palabras. Miró asombrado a su padre y después arrugó el ceño. ¿A sí?

—Pero y si te digo… ¿Que mis dos primeras veces las he tenido con aquel hombre?

Su padre alzó una ceja, intentando averiguar si aquel doble sentido estaba bien captado. Después se llevó una mano a la cara y se rindió ante lo evidente.

—Tampoco es extraño entre vampiros. Solo el primogénito de cada familia puede tener descendencia. Los demás hijos son estériles, como tú que eres el segundo. Por eso y a consecuencia de que el ochenta por ciento suelen ser varones, no es difícil imaginar a quién escogen como pareja para toda la eternidad.

Un momento, Raven no podía creer lo que escuchaba. Pensaba que todos aquellos hombres eran simplemente familia, primos, tíos o cualquier cosa de esas. Amigos tal vez. Pero… todas las familias formadas por hombres que había en su clan eran… ¿Homosexuales? ¿Todos? Dios…

De repente, dos personas más vinieron a su mente.

—Me estás queriéndose decir que Dylan y Yamil… también son…

Nel tosió, un poco incómodo con la conversación.

—Ya sabes que tu primo encontró al primer vampiro vivo que no era de nuestro clan. Lo trajo aquí y como ese chico no recordaba nada lo cuidó por muchos años. Como él no podía tener hijos y siempre había tenido esas inclinaciones… —miró significativamente a su hijo, tampoco es que no se le notara, por dios—. Entre ellos creció algo más que la amistad, y…

—Alto, no quiero saber más. Me imagino el resto.

Y era asqueroso. Realmente Raven veía todo aquello con suma repugnancia. Puede que fuera un poco cerrado de mente pero se le hacía difícil ver a dos hombres… la cara del rubio mientras lo embestía vino a su cabeza, dejándolo sin aliento por unos instantes. No, estaba equivocado, aquello no estaba mal, lo que estaban mal eran sus prejuicios. Él lo había disfrutado, había deseado a ese hombre desde lo profundo de su cuerpo, provocándole un deseo ilimitado.

Se sentía realmente estúpido.

—Cariño. ¿Es Raven? —preguntó una voz femenina entrando con gracilidad por la puerta que minutos antes su padre había abierto. Miró maravillada a su hijo—. Te dije que nuestro hijo podría hacerlo.

Abril se sentó en el brazo de la silla de su marido y se echó contra su brazo.

—Todavía no sabemos si mató a aquel hombre, cielo.

—¡Oh! —dijo la mujer cuando cayó en la cuenta, hombre, ¿eh? Bueno, tampoco es que a ella le importara mucho—. ¿Y bien? —le preguntó a Raven.

Este mucho más incómodo con su madre delante, guardó silencio por unos momentos. Los miró fijamente. Ni siquiera ella se inmutaba al saber que hace apenas unas horas había estado fornicando con un hombre. Perfecto, pensó irónico.

—No, no lo he matado. Tampoco tuve ansias de hacerlo. Sin embargo… —se tocó el estómago y sintió de nuevo aquel leve dolor—. Creo que bebí mucho, estuve a punto de vomitarlo todo.
Nel alzó una ceja, gesto que Raven odiaba con todo su ser. Parecía realmente impresionado, pero fue Abril quién habló.

—Ningún humano tiene la sangre suficiente para que nosotros nos quedemos completamente hartos y menos para que no puedas retenerla. ¿De que estás hablando hijo?

Ningún humano, ¿eh? Entonces puede que esa visión…. Dejó de nuevo ir la cabeza hacia atrás, apoyándose más cómodamente, intentando pensar.

—Hubo un momento, durante el sex… —se cortó al mirar la inocente mirada su madre—, bueno, creo que su olor se modificó. No olía como una humano y no podría afirmarlo con seguridad, ya que yo estaba totalmente… —se volvió a cortar, aquello con esa mujer delante lo estaba avergonzando horriblemente—, creo que le vi orejas y cola, los ojos le cambiaron y hasta le mordí una de ellas. No lo puedo asegurar, puede que fuera solo mi imaginación.

Se tensó, si, no se equivocaba, Raven vio a su padre de tensarse sobre la silla. Antes de preverlo, ya lo tenía sobre él, oliéndolo. Se acercó a su cuello y a su boca, le separó los colmillos. Arrugó la cara. Por unos momentos, le pareció espantado.

—Lobo. Has mordido a un licántropo.

Abril, totalmente horrorizada, se acercó también, intentando captar igualmente aquel olor. ¡Era verdad, desprendía aroma a lobo!

—¡Oh dios mío! —gritó llevándose ambas manos a la cara—. ¿Qué vamos a hacer? ¡Nos mataran por esta ofensa!

Nel intentó calmarse y ayudó a su esposa a tomar asiento.

—Todavía no sabemos que pasó. Si era un licántropo cualquiera, aun tenemos una posibilidad. No todo está perdido.

Raven no sabía de qué hablaban. Estaba completamente fuera de la conversación. ¿Licántropo? ¿Ofensa? ¿Qué diablos?

—¿Qué ocurre? No entiende de que-

De repente, su padre le dio un puñetazo en la cara, que lo aplastó con fuerza contra el respaldar del sillón donde estaba sentado. Totalmente sorprendido se tocó el golpe, aquello se pondría morado durante varios días.

Miró a su padre como si fuera un extraño. Él nunca… nunca le había puesto la mano encima. ¡Si era la luz de sus ojos!

—¡Has condenado a este clan, Raven! Si los licántropos vienen a por nosotros por tal ofensa, nos extinguirán sin miramientos. Sin duda lo harán. Ya se echaron atrás una vez, y no volverá a pasar. Esta vez no.

Raven se puso en pie de repente. Entonces, aquel rubio era uno de los que tenían amordazados como perros a su clan. ¡Era uno de esos misteriosos seres! Así que ellos eran el enemigo. Hombres lobo, licántropos.

—Pero, él no… el fue quién… yo no… —intentó hacer memoria. Aquel rubio había ido en su busca, él no. Y había intentado retractarse un montón de veces. Casi lo había forzado. ¡No era su culpa!

Su madre, con la mirada perdida, se levantó también, agarrándolo bruscamente por los hombros. Tenía un brillo extraño en los ojos, contrarrestando la suprema palidez que había adquirido su cara, aun más de lo habitual.

—Dinos como era. Físicamente. Puede que si lo reconocemos, averigüemos el nivel de peligro que nos acecha.
Raven no sabía que decir, pero quería acallar la aflicción de su madre. Dudó, lo que había sentido en aquel ser no era para nada tranquilizador. Emanaba poder por todos los poros de su piel. Aunque ahora también entendía porque aquel otro hombre que lo esperaba olía igual. Seguramente serían de la misma manada.

—Era… rubio, de un dorado precioso y brillante. Sus ojos azules y muy grandes. Era un hombre recio, de mediana estatura y de complexión fuerte. De piel morena. Era… muy masculino, mucho.
Se aterró cuando la cara de Abril se contrajo en una mueca de total angustia. Su madre, dando un gran chillido, demasiado agudo para que sus oídos no dolieran, le plantó una bofetada en la cara. Sangre resbaló de su mejilla desde el arañazo que le había causado con la uña, justo debajo del ojo que empezaba a amoratarse por el anterior puñetazo de su padre.

—¡Golden! —gritó ella, ahora sí, espantada y fuera de sí.

—No puede ser —Nel lo miró con si estuviera prediciendo el final del mundo, por lo menos para ellos—. Has mordido al Alfa, estamos muertos.

Raven no tardó mucho en entender a que se refería con el Alfa. Pero… ¿Golden? ¿Qué sentido tenía darle ese extraño sobrenombre al Alfa de una manada de licántropos? Era ridículo.
Abril se echó a llorar, siendo agarrada fuertemente por su marido, quién intentaba consolarla. Ya estaba contando en voz alta un plan para escapar, para que por lo menos, la familia principal huyera aun teniendo que sacrificar a gran parte del clan.

Raven no podía ni imaginar lo que decía su padre. ¿Sacrificar al clan para que ellos pudieran huir? ¿Por su culpa? Se cayó de nuevo en el sillón, ahora completamente impresionado. No sabía que decir, ni que pensar, ni siquiera se atrevía a mirar a sus padres. ¿Qué había hecho?

—Pues yo creo que estáis exagerando —una voz muy parecida a la de Raven se dejó escuchar justo desde la puerta. La sombra de su primo se hizo presente, avanzando ahora unos pasos al interior, obteniendo la atención de todos. Yamil lo seguía muy de cerca—. Hay algo que habéis pasado por alto. No hace falta ponerse en lo peor sin conocer la historia.

Ambos se acercaron a ellos y Dylan con una sonrisa tranquilizadora apoyó la mano sobre el hombro de su tía.

Raven los observó, era verdad, se había dejado llevar por el pánico de su familia. El no sintió peligro alguno al lado de ese rubio, en ningún momento.

—Antes dijiste que no lo mataste, ¿verdad? —aquella pregunta les dejó a todos claro, el tiempo que habían estado escuchando sin interrumpir.

—No, no lo maté.

—Bien. ¿Qué pasó después? ¿Se enfadó? ¿Te atacó? ¿Luchasteis?

—No, no, no —jadeó Raven, completamente confuso—. Fue él quién se acercó a mí. Sabía que era un vampiro. ¡Él fue quién me folló! —gritó sin querer mirar a su madre—. Cuando todo acabó, ni siquiera mencionó el mordisco de su cuello. Me dijo que… me esperaría. Que esperaría por mí para una segunda vez —aportó nervioso, rascándose bruscamente el cuello con la mano tensa.

Dylan asintió, orgulloso de haber calmado el ambiente.

—Eso deja claro que el licántropo sabía donde se metía. También que deseaba a mi primo.

Abril negó con la cabeza, totalmente incrédula. No podía ser.

Golden nunca podría sentirse interesado por uno de nosotros. El odia a los vampiros, y ha sido quién ha ordenado ejecutar a los que no acataban las normas.

Raven se tensó, ese rubio con el que había tenido sexo era el que… ¿Los mandaba matar? ¡¿Él?!
—Si, pero solo protegía a los humanos. No se le puede acusar por ello, ¿cierto? —expuso Dylan, obteniendo una asentimiento por parte de Nel.

Raven dejó escapar el aire entre los dientes, con gesto disconforme. Bien, protegía a los humanos pero los mataba a ellos. Perfecto. Seguro que era un ángel. Pero… si esos vampiros habían hecho alguna matanza, entonces… hasta él los hubiera detenido. Sacudió la cabeza, no podía dejarse engañar. Los licántropos eran los que los tenían en rebaño, como míseras ovejas. Ahora sí que tenía claro que eran lobos.

La mirada aqua de Yamil lo incomodó por unos momentos. ¿Por qué lo contemplaba tan fijamente? Lo estaba poniendo nervioso. Sacudiendo su cabello rojizo a cada paso se acercó a él, bajando ahora sus ojos hasta el cuello de Raven, el cual no podía dejar de rascarse. Dylan siguió a su pareja, interesado.

Yamil bajó el cuello del jersey de Raven, dejando la piel al descubierto.

—Te pica el cuello—dijo simplemente, bajando más la tela—. Tienes una marca.

Dylan, ahora mucho más interesado, se acercó deprisa y metió las narices en el cuello de su primo. Había una estrella de cinco puntas, dibujada con un diseño muy sencillo. Pero lo que más le inquietaba es que tenía un color rojizo, como si estuviera ardiendo.

Raven retiró a su primo, aprovechando para volver a rascarse.

—No se que diablos es esa estrella —gruñó, mirándola mientras se la arañaba para calmar el picor—. Pero me está jodiendo que no veas. Hace unos momentos no la tenía. ¿Qué diablos?

Abril y Nel se miraron significativamente. Intercambiando unas palabras silenciosas que ninguno de los otros tres muchachos pudieron identificar. Estaban nerviosos, pero también mantenían un brillo esperanzador.

Dylan los inspeccionó y después arrugó la cara. Odiaba cuando las cosas salían de sus expectativas. Le gustaba indagar en las personas, conocer sus personalidades, analizarlos, pero sobre todo, le gustaba esclarecer situaciones y dar a conocer su superior inteligencia.

Ahora estaba perdido y lo odiaba.

—Vosotros sabéis algo que no queréis decir.

Nel se encogió de hombros.

—Raven —dijo secamente, en un tono que a leguas se podía identificar como una orden—. Tienes que volver a encontrarte con él. El resto surgirá solo. Te encargo este asunto.

Raven se levantó de un salto del sillón, haciendo que Yamil tuviera que echarse un paso hacia atrás si no quería ser arrollado. Se colocó de nuevo tras Dylan.

—No quiero volver a ver a ese tipo. A esos apestosos licántropos que nos tratan como ganado. De todas formas… ¡Sería un peligro para el clan!

Abril negó, agarrándose al brazo de su esposo.

—Si no te encuentras con él será mucho peor —sonrió, con una expresión tan triste que su hijo se sorprendió. Hacía mucho que no le veía ese gesto, desde que “él” desapareció—. Tú eres la única esperanza para nosotros. Si de verdad quieres salvarnos a todos, tienes que encontrarte una vez más con Golden. Lo entenderás en ese momento.

—Es tu obligación como el heredero de nuestro clan —exigió Nel.

¡Estaban locos! Primero le golpeaban por su encuentro con aquel lobo. Ahora le suplicaban que se volviera a encontrar con él. ¿Qué diablos les pasaba por la cabeza? ¿Sería la edad? Aunque mirándolos, parecían no tener mucho más que él.

Arg, por Dios… Raven se iba a volver loco.

—Bien, yo estoy de acuerdo —aportó Dylan, sonriendo y acercándose a su primo—. Yamil y yo te seguiremos desde una distancia prudencial. Observaremos todo y nos mantendremos allí por si necesitas ayuda.

—Tú solo quieres saciar tu curiosidad —dijo Yamil con seriedad, sin cambiar ni una pizca su expresión.

Dylan puso sonrisa de circunstancia. Raven no pudo evitar arquear una sonrisa torcida mientras un poco más calmado observaba el gesto brillante de sus padres. Si, estaban locos, seguro.

Con la conversación terminada, Dylan y Yamil se quedaron en el gran salón mientras todos los demás salían. Dylan se dejó caer en el sillón, mientras esperaba a que Raven terminara de salir y cerrara las puertas, se miraron unos momentos antes de que su primo se marchara.

—Raven se ve preocupado. Todo esto es nuevo para él. Hasta yo sabía muy poco sobre los licántropos. Es malditamente interesante.

Yamil seguía de pie. Parecía pensativo, aunque eso solo lo podría deducir Dylan después de llevar tanto tiempo juntos. Su cara no dejaba ver absolutamente nada.

—Si ocurre algo, yo iré a donde vaya Raven —susurró Yamil.

Dylan tuvo un tic en la mano, justo antes de apretar las uñas contra el brazo del sillón donde estaba sentado. Hubo un silencio incómodo en la habitación hasta que de improviso, este se levantó, agarrando a su pareja de la barbilla.

Ambos ojos, aqua y negros se encontraron. Yamil no se inmutó por la expresión amenazante que tenía el otro vampiro. Pocas veces veía ese lado de su pareja, pero no le imponía lo más mínimo.

—¿Por qué siempre Raven? —preguntó Dylan furioso. Reacción extraña en él. Era uno de los vampiros más calmados que existían.

Yamil le devolvió la mirada, aceptando de lleno aquellos furiosos ojos. Después bajó hasta el rechinamiento de sus colmillos. Y simplemente agarró su muñeca, apretándola con tal fuerza que Dylan tuvo que soltarle la barbilla.

—No pienses lo que no es. Solo estoy dejando clara mi lealtad. Yo te amo, pero eso no tiene nada que ver. Yo siempre estaré en el bando de Raven, cubriéndole las espaldas. Siempre.

Dylan sonrió, cambiando su expresión enfadada a una natural. Se inclinó y rozó los labios teñidos de carmesí de Yamil.

—Bien, donde tú estés, ahí iré yo. Pero ten cuidado —dijo con una sonrisa, que ahora si era falsa—. Si me traicionas te mataré.

Yamil inclinó un poco la cabeza, mirándolo pensativo y sin cambiar su expresión.

—Nunca haría eso. Tu eres mi vida, igual que yo soy la tuya. Somos uno. Desde el principio de los tiempos.

—Eso es, mi vampiro carmesí, eso es.