DOS COPAS MÁS
Ahí estaba de nuevo. Es que no se reconocía.
Apretó las manos en el volante de su Audi TT Coupé y suspiró.
¿Qué diablos estaba haciendo correteando detrás de Ricardo a cada momento? Alejandro quería golpearse la cabeza contra el volante, a lo mejor así, le entraba algo de lucidez en ella.
Era tan ridículo.
Nunca había perseguido a una mujer. Les daba lo que tenía y la que no estuviera de acuerdo podía volver por donde había venido. Nunca perdía ni un solo minuto de su tiempo pensando en lo que estaría haciendo a tal hora, o con quién estaba. Y mucho menos sospechando que podría estar engañándolo.
Pero ahora todo estaba del revés.
Después del «percance» en el hotel, no hacía más que llamar a Ricardo para ver cómo estaba. Invitándolo a comer, visitándolo todos los días, intentando mantener conversaciones sustanciales. No conseguía nada. Podía rondarlo todo lo que quisiera, sin que el maldito de Ricky se inmutara. Para su amigo, que estuviera persiguiéndolo como un quinceañero, sería hasta divertido.
Ni siquiera había logrado un buen ambiente con el que pedirle sexo otra vez. Ricardo sabía muy bien como darle la vuelta a cualquier situación, poniéndole en una posición comprometedora y mandar a la mierda toda su disposición.
Vamos, si era bueno en eso.
Cuando le comentó, el hecho de que quería viajar hacia el pueblo para hacer una breve visita familiar en plena Feria Real, vio el cielo abierto sobre su cabeza.
Alejandro no iba a dejar que Ricky se adentrara solo en una feria donde la más vieja tendría cuarenta años y la más joven intentaba cazar a algún chico guapo para presumirlo con sus amigas.
Sería como soltar una oveja en medio de una manada de lobos. Bueno… lobas.
Tenía que estar allí al lado de su amigo, ahuyentando a cualquier tipeja que intentara echarle la zarpa a lo que era suyo… ¿suyo?
El suspiro que lanzó Alex podría haber despeinado hasta a un calvo.
Después de un mes con aquellos pensamientos estaba empezando a aceptarlo. Pero la primera vez que sintió esa posesión, casi se vuelve loco. Le costó hacerse a la idea de querer a otro hombre como pareja.
Varias noches de pasión estaban bien, o eso podría haber pensado si Ricky le hubiera dejado volver a meterse en su cama. Sin embargo, la distancia puesta por su amigo junto al susto que se llevó, le había hecho ver la verdad.
No solo quería meterse en sus pantalones, sino también en ese corazón negro que seguro tenía.
Cada vez se volvía más y más patético.
Cuando vio la hora sobre la guantera de su coche, se olvidó de golpe de todas sus cavilaciones. Tendría que haber llegado hacía unos quince minutos.
Si Ricardo ya lo miraba con desconfianza por su auto invitación al pueblo, ahora con su retraso lo fulminaría. Y aunque no podía evitar admitir que amaba esos hermosos ojos verdes, no quería dar pie a que los usara para freírlo. Casi dudaba de si su amigo realmente no tenía rayos láser en ellos.
El pensamiento le hizo reírse tontamente y divisando la playa a lo lejos lanzó un ruidito aprobatorio… ¡Hermosa! Tenían la playa más resplandeciente, clara y limpia de toda España. Sin duda alguna.
También podía entrever el hotel en cuestión, suponía que llegaría en unos cinco minutos más. Eso si la circulación en el puerto marítimo a esa hora fuera ligera. Después de varias vueltas decidió no aparcar, primero pasaría delante del hotel, puede que con un poco de suerte Ricardo lo estuviera esperando en la puerta. Si no y para su fastidio, tendría que ir al puerto y aparcar allí, pues era el único sitio que siempre estaba libre y además no tendría que pagar.
Ese día tenía la fortuna con él, ya que divisó a Ricardo vestido con ese uniforme negro tan sexy, hablando con el portero. Parecían estar en una conversación atareada hasta que los ojos de su amigo se movieron y con un asentimiento de cabeza le advirtió que lo había visto.
No pasaron más de treinta segundos antes de que Ricky se despidiera con la mano del señor algo mayor –de por lo menos cincuenta años deducía– y se dirigiera hacia el Audi.
Abrió la puerta y se metió dentro. Movió la cabeza en señal de saludo, poniéndose el cinturón mientras sonreía.
—¿Vienes a registrarte o a recoger al segurata del Hotel? —Alejandro alzó una ceja dudoso, mientras su vista se desviaba hacia la porra que aún estaba en la cintura de Ricardo. Interesante…—. Alex, deja de pensar obscenidades y respóndeme.
El calor subió rápidamente a la cara de Alejandro.
¿Cómo diablos sabía lo que estaba pensando si no había abierto la boca? ¡Este tío daba miedo…! y se estaba muriendo de la vergüenza, así que simplemente pisó el acelerador y salió de delante del hotel.
Evitó mirarlo.
—Por supuesto que vengo a por ti. ¿A qué viene esa pregunta?
La risita de Ricardo resonó en su pecho.
—Pues quién lo diría con este coche.
—¿Eh? Ah… entiendo —fue todo lo que dijo Alex.
Sabía que Ricky no estaba acostumbrado al dinero. Venía de una familia pobre y simplemente no le agradaba que sus compañeros de trabajo comenzaran chismes si lo veían montándose en esa clase de vehículo.
Ricardo sonrió al ver la cara contrariada de Alejandro.
Ese idiota se preocupaba mucho. Tenerlo pendiente de todo lo que hacía durante el último mes le había hecho reír maliciosamente sin poder evitarlo, pero también, sentirse importante y en cierto modo, amado, era agradable. Nunca había tenido a nadie que lo mimara de esa forma. El amigo al que veía como un niño rico molesto, se había convertido en todo un dulce.
Y era malditamente placentero.
Pulsó el botón de la radio y se dio la vuelta, echando la mano hacia atrás y cogiendo una bolsa del asiento trasero.
Alex había hecho los deberes por lo que veía. Le había traído la ropa y la pequeña maleta. Sonrió mientras comenzaba a desabotonar su camisa. Hacía un calor horroroso para mantener ese maldito uniforme hasta llegar al pueblo. Sería una hora y media hora de viaje asándose como un pollo.
Alejandro levantó una ceja mientras lo miraba de reojo.
¿Estaba haciendo lo que él creía?
—¿Qué coño pretendes desvistiéndote dentro del coche?
Ricky alzó los hombros inocentemente, terminando de sacarse la camiseta interior y quedándose con el torso desnudo. Sus cabellos castaños alborotados por el roce de la tela.
Observar los ojillos nerviosos de Alex deseando mirarlo mientras intentaba no apartar la vista de la carretera casi le hizo reír a carcajadas.
Tuvo que contenerse.
—Por supuesto, estoy seduciéndote. Ahora es cuando viene que me pidas una mamada y yo te la chupe todo el camino hasta la entrada del pueblo. Por casualidad nos encontramos a una guiri haciendo autostop, pero cuando la recogemos descubrimos que es una perra cachonda, así que nos detenemos en el arcén y nos las llevamos a mitad del campo para hartarnos con ella. Algo así.
Alex se rió.
—Creo que has visto demasiado porno —este maldito Ricardo siempre tan agudo. Seguía riéndose hasta que pasó un coche a su izquierda, entonces volvió a su expresión seria—. Si te vas a cambiar de ropa, hazlo de una puta vez.
Alejandro no quería pensar en lo que pasaría si se encontraban con una patrulla de la Guardia Civil.
Sí, primero se reirían hasta descojonarse y después les meterían una multa de cuidado.
Ricky se puso una camiseta en sisas beige, y siguió con los pantalones. Comenzó a quitarse la correa y se desabrochó la porra.
Daría una hora de lo que le restaba de vida por saber qué diablos se había estado imaginando el pervertido de Alex, y ese pensamiento le recordó de golpe la bordería que le iba a soltar antes de empezar a vestirse.
—Deja de dar el coñazo, tío. Siempre quejándote de todo. Eres como una mariquita celosa —y siguió provocándolo. ¡Cómo le gustaba!
El insulto le cayó a Alejandro como un mazazo en los huevos.
¿Eso pensaba su amigo? ¿Qué se estaba comportando como una mariquita celosa? ¿No había pensado eso también él, alguna vez, anteriormente?
Apretó las manos contra el volante e intentó controlarse, tensando la mandíbula.
—¿Quién crees que tiene la culpa? —toda la ira se fue cuando sus ojos divisaron el movimiento de los pantalones al bajárselos. Los slips se fueron con ellos. Para su horror, Ricardo estaba completamente desnudo de cintura para abajo. Escuchó la fina risita y se tensó, evitando mirarlo. No le daría el maldito placer—. Hablando en plata, tú tienes la maldita culpa de todo lo que me pasa —y él que creía que Sara lo había tenido frustrado durante todo el tiempo en el que había salido con ella. Ricardo literalmente lo estaba volviendo loco.
Ricardo levantó el culo mientras pasaba los bóxers limpios por sus piernas. Se volvió a sentar bien, dejando expuestos sus muslos y rascándose el estómago disimuladamente, pero sonriendo triunfal cuando tuvo los ojos marrones de Alex de vuelta sobre él. Exactamente, devorando la piel alrededor de su ombligo.
—¿Por qué tengo la culpa? Que yo sepa, no tengo ninguna responsabilidad de sofocar tus calenturas —la expresión confundida y para qué negarlo, dolida de Alejandro, no le dejó el buen sabor de boca que creía—. No todavía —añadió antes de darse cuenta.
¿Eso que escuchaba era una esperanza? ¿Otra vez? Dos veces eran suficientes para mantener una pequeña esperanza a flote.
Alex, ahora con una sonrisa infantil en la cara que no pudo disimular, echó mano a la rodilla de Ricardo, acariciándola levemente mientras seguía fijo en la carretera.
—¿Eso quiere decir que aun, después de todas las patadas en el culo que me has pegado durante el último mes, tengo alguna esperanza?
Ricky dudó.
Quitó la mano de Alejandro de su pierna y cogió los pantalones cortos, poniéndoselos con rapidez, más de la que él esperaba. Le gustaba sentirse amado y perseguido, pero comprometerse en una relación seria, con alguien… con un hombre… ¡con su mejor amigo!
Era malditamente terrorífico.
—Te pasas la entrada, despistado —se quejó, cambiando de conversación pero informando de una verdad, pues el coche giró en el último momento. Unos segundos más tarde y hubieran tenido que entrar por la parte de atrás del pueblo.
Alex no habló, pues estaba claro que aunque tuviera razón, aquello había sido una forma de hacerlo callar. Sabía perfectamente que Ricardo no estaba preparado para una relación, pero ni con él ni con nadie. Parecía que poco a poco se estaba acostumbrando a su presencia, con ese toque un poco más íntimo de lo normal. Pero para él no era suficiente, necesitaba más que eso. Quería cogerlo, comérselo, hacerlo suyo, reclamarlo. Y maldita sea, estaba bastante lejos de lograrlo.
Intentó tranquilizarse y cambió de conversación.
—Mis padres están de vacaciones en Cádiz y no tengo la llave de la casa. ¿Te importaría si me quedo contigo? —un acercamiento, necesitaba un acercamiento.
Ricky lo miró de reojo, con esos profundos ojos verdes clavados en él. Parecía querer averiguar cualquier pensamiento que pasara por su mente.
Aquella intensidad lo hizo sudar.
—¿Por qué no? No es la primera vez que lo haces. Mi padre estará contento de volver a verte después de todos estos años… supongo. También mi hermana Elisa, siempre estuvo enamorada de ti, aunque no creo que a su marido le haga gracia si lo descubre. Puede resultar divertido —soltó con malicia.
Alejandro le temía cuando pensaba así.
Nunca sabía por donde cogerlo, querer a un tío tan retorcido como Ricardo era un constante dolor en el culo. Estaba loco por elegir a una persona así. Se haría viejo, si todo salía bien, y aún se preguntaría por qué diablos se enamo… bueno eso, de Ricky.
—Entonces vamos directamente a tu casa —algunos petardos sonaron, haciendo que Alex se sacudiera por la sorpresa—. Joder, parece que las fiestas ya han empezado, y no son más que las doce de la mañana.
Ricardo bajó la ventanilla, acomodando el brazo en el hueco y sacando algo la cabeza. Disfrutó de la brisa mientras el aire alborotaba sus cabellos y terminó respirando profundamente antes de sonreír.
—Es agradable volver a casa después de un tiempo.
Iba a asentir cuando Alejandro quedó maravillado por la escena.
Nunca le había visto a Ricky una expresión como aquella. Se veía tan tranquilo a diferencia de la tensión que siempre escondía tras esa simulada calma. Nunca hubiera pensado que echaría de menos tanto el cariño de su familia, la compañía de sus hermanas. Le sorprendía como le había cambiado la cara en unos segundos, nunca se había percatado de ello. Y eso lo único que le dejaba claro, es que él no era ese hogar al que necesitaba regresar.
El pensamiento le golpeó duro.
Ricardo se volvió dudoso al ver la cara que tenía su compañero.
—¿Pasa algo?
Alejandro negó con la cabeza y aparcó el coche en una enorme cuesta, tan empinada que alguien de ciudad hubiera quedado con la boca abierta.
Unas frías y tensas manos aletearon sobre su mejilla. Sorprendido, giró la cabeza y se encontró con la cara de Ricky pegada a la suya.
Volvía a mirarlo intensamente.
—¿Ricky? —se atrevió a preguntar.
Se acercó más, ahora sí, pasando el pulgar con un cariño aparente sobre su mejilla, justo debajo del ojo.
—Dime en qué estabas pensando. Tenías la cara más encogida que a un tío que le han metido un pepino por el culo y se han olvidado después de sacárselo.
Alejandro sonrió ante la comparación. Dios, pero que cosas tenía ese hombre.
—No pasa nada. Es solo que este pueblo me pone melancólico, no te preocupes.
Ricardo no estaba del todo convencido, pero con un suspiro de rendición se alejó y comenzó a salir del coche. Entre los dos cogieron las pequeñas maletas y se acercaron a la puerta.
Solo se escuchó unos rítmicos golpecitos que Ricky dio con el llamador, antes de que pasos en todas direcciones fueran hacia la puerta.
Cuando esta se abrió, una mujer de poco más de veinte años se abalanzó sobre su amigo. Abrazándolo hasta casi ponerle la cara morada.
—¡Sabía que eras tú! ¡Nadie más llama así!
Ricky rio abiertamente, cogiendo a su hermana de la cintura y levantándola. Dio vueltas con ella hasta que ambos acabaron mareados.
Era una bonita escena, Alejandro tenía que admitirlo.
La pequeña de quince años, con su pelo de paja y enormes ojos verdosos, algo jorobada y sequilla como un palillo, se había convertido en una hermosa mujer de veintitrés. Rubia de profundos ojos esmeralda y con un cuerpo de infarto. Si la mirabas fijamente podías apreciar un parecido bastante pronunciado con su hermano.
Pero… Alejandro quedó un poco sorprendido. Esa no era la reacción que él esperaba. Eso quería decir que… ¿Ricky no les había contado el incidente del hotel?
No, evidentemente, no. Bueno, puede que no quisiera preocuparlos, lo veía más que comprensible.
—¿Cómo están todos? —preguntó Ricardo, mientras cogía la cara de Sofía para mirarla bien. Estaba preciosa, aún más que cuando la había ido a visitar el mes pasado—. ¡Estás hermosa!
Ella sonrió avergonzada, encogiéndose un poco con timidez. Después, levantó la vista hacia Alejandro, observándolo con un profundo interés. Se acercó con curiosidad, inspeccionándolo de arriba abajo e ignorando completamente a su hermano.
—¿Te conozco? —preguntó confusa.
Alex se arrimó para sorpresa de la muchacha y le dio dos ligeros besos en la cara. Hace unos meses no lo hubiera hecho ni de coña, pero parecía que Ricky empezaba a influenciarlo.
La sonrisa que le mostró casi la deslumbra.
—Soy Alejandro. El hijo del vecino, ya sabes, el niñato que corría siempre detrás de tu hermana intentando pegarle chicles en el pelo.
Sofía abrió la boca mientras alzaba un dedo hacia la cara de Alex.
—Tú eres el «bastardo niño rico», ¿verdad?
Alex intentó volver a sonreírle, pero la tensión en las comisuras de su boca la deformó en una rara mueca. La risita ahogada de Ricardo a su lado tampoco ayudó mucho.
—Se podría decir —fue lo único que contestó Alex, sintiendo ya la mano de Ricky en su brazo, tirando de él.
Todos entraron en la casa, Alejandro observaba a Ricardo hablando con su padre después de las presentaciones y demás. Nunca le había gustado ese viejo y menos como parecía tratar a su hijo. Tampoco supo nunca el por qué de esa clara diferencia con Ricky en comparación a las dos hijas, pero no era un asunto en el que pudiera meterse libremente.
Si había algo que Ricardo odiaba, era que se metieran en su vida. Pisar dentro de esa cabeza suya sería como hundirse en un mar de aguas negras…
Casi le daba escalofríos de pensarlo. Pero esperaba que algún día esa barrera fuera derribada y él pudiera entrar.
Lo esperaba con todo el corazón.
—Siéntate, hijo —escuchó que le decía el anciano. La mirada oscura que le dirigió era inquietante. No le hacía gracia que hubiera ido con Ricardo y eso era más que evidente. Suponía que Ricky también se había dado cuenta—. Me sorprende que hayas venido sabiendo que tus padres no estaban. ¿Tienes otro asunto por aquí?
¿Le estaba diciendo que él no pintaba nada en aquella casa?
Sin duda, sí.
—Solo me apetecía venir este año a la Feria Real. Tu hijo y yo lo comentamos y al final resultó así como ve.
El anciano sentado en la silla, echaba varias miradas despreciativas tanto a su posición como a la de Ricardo, que se encontraba un poco más allá hablando tranquilamente con Sofía.
—No sabía que os llevarais tan bien. Oí comentarios sobre que seguíais siendo amigos aun en la capital pero… no esperaba que vuestra relación fuera tan… íntima.
Alejandro sintió que se atragantaba.
Dando gracia a Dios por el vaso de agua que le había ofrecido Sofía nada más llegar, tomó un fuerte trago antes de poder volver a respirar.
No solo le sorprendía lo que podía querer dar a entender con esa frase, sino también el desprecio con el que la había dicho. Si no tenían cuidado, iban a encontrarse con un par de problemas a la vista.
—No sé a qué se refiere. Ricky y yo nos hemos criado juntos. Somos como hermanos… o algo así —dijo apresuradamente.
Los ojillos oscuros del anciano se entrecerraron. El ceño se pronunció tanto que Alex pensó que se le iba a romper la frente.
—¿Ricky? ¿Qué forma tan amariconada es esa de llamar a mi hijo? ¿Ricardo te deja que lo llames así?
La boca de Alejandro cayó abierta.
—¿Cómo? —preguntó, sin entender absolutamente nada de lo que decía aquel maldito viejo malhumorado.
El padre de Ricardo se levantó, crujiéndose la espalda en el proceso y se fue acercando a su hijo lentamente.
Ricky no pareció darse cuenta hasta que la luz disminuyó y giró la cabeza para descubrir qué le estaba haciendo sombra. La expresión en la cara de su padre lo echó un poco hacia atrás, colocándose inconscientemente delante de su hermana. Lo único que escuchó fue a Sofía llamándolo, antes de que los dedos en forma de garra de su padre se clavaran en su brazo dolorosamente.
Apretó los dientes.
—Quiero hablar contigo —rugió el viejo, acercándose más a Ricky y disfrutando de la cara contrariada y precavida que este tenía—. Ven conmigo, no voy a dejar que vuelvas de nuevo con esas mariconadas.
Ricardo se liberó bruscamente, intentando por todos los medios que su hermana no viera la expresión que ambos tenían.
No quería que descubriera la mala relación que en realidad mantenían él y su padre. Se había criado felizmente y él no iba a destrozarle la imagen perfecta que tanto ella como su otra hermana tenían de su progenitor.
—No sé de qué mariconadas estás hablando. Y no quiero pelear, he venido a disfrutar de las fiestas con mis hermanas. Nada más. Si hay algo de lo que hablar, está bien, pero lo haremos después.
El peligroso brillo que corrió por la mirada del viejo avisó a Alex del rumbo que estaba tomando la conversación. Antes de darse cuenta se había adelantado varios pasos, agarrando con fuerza la mano que, sin duda alguna, iba derecha a estrellarse contra la cara de Ricky.
—¿Qué diablos cree que hace? —preguntó Alejandro con un rugido.
—¡No te metas, mocoso! —parecía ofendido y su cuerpo se adelantó contra él, enfrentándolo─. No eres nadie para meterte en una discusión familiar. Si no te mantienes al margen te echo a patadas de mi casa.
Alex abrió la boca rápidamente pero la cerró.
Dudaba acerca de qué decir o hacer, también tenía que pensar en qué le convenía más a Ricardo. Para su sorpresa, Ricky empujó con fuerza a su padre, colocándose delante de Alejandro.
Como… ¿protegiéndolo?
—Tranquilo, papá. Cogeré de nuevo las maletas y nos iremos a la pensión. No voy a dejar que me golpees nunca más. ¿Crees que soy el chiquillo de quince años al que podías dominar a golpes con una varilla de olivo? Estás muy equivocado —cogió a Alex del brazo y lo dirigió a la entrada, donde todavía estaban las maletas que acaban de sacar del coche. ¿Creía ese viejo de mierda que iba a dejar que tratara a Alejandro de esa manera? ¡Qué ardiera en el infierno si permitía que le insultara de alguna forma! Cuando iba a llegar a la puerta, se volvió hacia su hermana y dijo—: Nos vemos esta noche donde siempre y cenaremos juntos, ¿vale? Avisa a Elisa y a Fran.
No esperó a que su hermana contestara, salió de la casa y se metió en el coche.
Tenía el pulso acelerado y todavía podía sentir la adrenalina corriendo por su piel. Sabía que esto iba a ocurrir desde que Alejandro se auto-invitó.
¡Maldición si lo sabía!
Pero puede que… este sólo fuera el primer misto para encender la candela. Misto que tenía que haber utilizado hace muchísimos años. Muchos.
Escuchó a Alex montarse a su lado en el coche. Salieron de la calle aun oyendo los gritos de su padre llamándolo. Seguramente y durante toda la feria, la pelea sería la comidilla de todo el pueblo.
A él estaba empezando a darle igual. Todo lo que en su día le había preocupado y asustado, ahora empezaba a desprenderse de él como si sólo hubiera sido un mal recuerdo.
—¿Qué diablos ha sucedido ahí? —espetó Alex, entre confundido y furioso. Todo había ocurrido tan rápido, que casi no había tenido tiempo de pensar bien las cosas.
Ricardo tragó saliva y se agarró a la guantera con fuerza. Tenía que contenerse.
—Conduce.
¿Conducir?
Alejandro estaba tan nervioso y furioso que podía sentir las manos temblándole sobre el volante. Tenía demasiadas preguntas importantes rondándole por la cabeza como para esperar.
—Ricky, ¿qué está pasando? ¿Desde cuándo tú…?
—¡Cállate y conduce! —gritó Ricardo, con una expresión desencajada en el rostro.
Alex se quedó con la boca abierta.
No supo qué hacer o qué decir; impactado, se centró en la carretera, girando en ese momento para entrar a otra bocacalle y ahora bajar una cuesta. La pensión no estaba muy lejos, pero serviría para que Ricky se tranquilizara.
¡Mierda Santa! Nunca recordaba haberlo visto así y mucho menos gritarle de aquella forma.
Giró de nuevo el volante a la vez que sintió una mano en su muslo. Ojeó a Ricardo, que seguía mirando por la ventanilla, pero esta vez respirando más calmadamente. Suponía que quería demostrarle con aquel ligero gesto, que el enfado no tenía nada que ver con él.
Eso en cierto modo, le relajó.
Llegaron al destino y se bajaron, sacando de nuevo las maletas en silencio y entrando a la pensión. La amable mujer de mediana edad, después de chismorrear un poco como buena señora de pueblo, se frotó las manos y enseñó el panel con el número de las habitaciones disponibles.
Ricardo a su lado todavía no había abierto la boca, así que fue Alex quién manejó la conversación.
—En realidad nos da igual. Cualquier habitación estará bien.
Isabel sonrió, cogiendo una tarjeta, iba a por otra cuando alzó la vista con un brillo pícaro en sus pequeñísimos ojillos marrones.
—¿Quieren una habitación o dos?
Alejandro nunca se había sonrojado en público, o por lo menos no después de los quince años, y ahí estaba en ese momento con las orejas coloradas.
¿Tenía escrito en la frente que estaba desesperado por joder a su amigo o algo así?
—Dos, ¿no es evidente?
La mujer asintió, cogiendo otra tarjeta cuando Ricky habló por primera vez. Su voz parecía un poco más apagada de lo normal.
—Una habitación doble es más barata que dos separadas, supongo —cuando obtuvo el asentimiento de la mujer, Ricardo alargó una mano y cogió la tarjeta que descansaba en el mostrador—. ¿Esta sirve?
—Por supuesto ─verificó la mujer, echando un vistazo a las maletas—. Tienen que coger el ascensor, la segunda planta. O bien, si así lo prefieren, puedo ayudarles a llevar las maletas y enseñarles la habitación.
Alex se apresuró a decirle que no hacía falta, pero aun así se vio adelantado por Ricky, que agarrando su escaso equipaje comenzó a andar.
—Sé el camino —dijo secamente, pulsando el botón del ascensor.
Alejandro suspiró, ahí iba de nuevo.
Después de echarle una mala mirada a su amigo, se dirigió hacia Isabel, disculpándose con una expresión cansada en el rostro.
—Hemos tenido algunos problemas en el viaje, y también se le ha juntado el trabajo de toda la noche. Aún no ha tenido una buena siesta reparadora —sonrió mientras le guiñaba un ojo—. No sabe cómo de insoportable se pone cuando no puede dormir bien. Discúlpelo.
Isabel sonrió coqueta, aparentemente afectada por las juguetonas palabras de un hombre guapo. Sacudió sus pestañas.
—Su amigo no tendrá problemas siempre y cuando le tenga a usted, joven, para compensarlo.
Alejandro le sonrió, todavía teniéndola encandilada y se acercó a Ricardo que lo miraba con mala cara. Las puertas del ascensor se abrieron justo en el momento en que Ricky dijo:
—Realmente no tienes reparos, ¿eh? Jovencitas, maduras, amigos de la infancia, perros, ¿le das a todo, no?
Tirando de las maletas, Alejandro las metió en el ascensor, intentando tranquilizarse para no empezar una absurda pelea con su amigo.
—No entiendo a qué demonios te refieres. Sólo estaba intentando aligerar un poco lo borde que eres. No todo el mundo tiene que soportar tus gilipolleces.
Ricardo se giró como si tuviera un resorte al final de la espalda. Sus hermosos ojos verdes ardiendo.
—Nadie te ha dicho que tengas que soportarme. Tú eres el que quieres meterte en mi culo, ¿recuerdas? Y hasta un idiota sabría que en el momento en que lo hagas, saldrás por patas buscando otro culo que te guste más.
Alejandro arrugó el ceño.
¿Así que eso era lo que pensaba Ricky?
Bueno… tenía que reconocer que si hubiera sido así desde el principio, esa posibilidad habría tenido cabida en su cerebro. Pero ahora… él amaba a este estúpido, cabeza dura y desagradable de Ricardo.
—¿Crees que si en verdad pensara eso, estaría aguantándote en estos momentos? Es verdad que quiero volver a follarte como no tienes ni idea —de pronto, el cuerpo de Alejandro estuvo empujando al de Ricky, hasta que este quedó presionado en una esquina del ascensor. Se escuchó las puertas cerrándose y comenzó a elevarse—. Me muero por besarte… —susurró sobre sus labios, el aliento chocando contra la boca de Ricky, este gimió y cerró los ojos, confuso—, quiero chuparte la lengua, morderte los labios, estirar tus pezones y apretar tu dulce y pequeña polla entre mis dedos.
Ricardo abrió la boca con sorpresa cuando la rodilla de Alejandro se metió entre sus piernas, casi alzándolo. Echó la cabeza hacia atrás, gimiendo cuando el calambrazo de placer subió por su espalda.
El golpe contra la pared del ascensor le hizo despertar de aquel letargo de placer, y también, darse cuenta de que las puertas estaban abiertas y una pareja de lo que parecían ser extranjeros, los miraban dudosos de qué hacer.
Empujó a Alejandro, que aún no tenía más que ojos para él, y agarró bruscamente el equipaje de ambos llevándolo hasta la última puerta del pasillo.
—¿Ricky? —escuchaba detrás de él. Intentó no hacerle caso, cogiendo la tarjeta con manos temblorosas y pasándola torpemente por la cerradura—. Ricky espera —el agarre de Alex en su brazo era fuerte, tanto como para hacerle encararle incluso cuando él se resistía—. Lo siento. No quería hacer eso en el ascensor, es solo que… yo te…
Ricardo alzó una mano y tapó la boca de su amigo. Negó con la cabeza mientras se mordía el labio.
No, todavía no. No tenía derecho ni ganas de oír esas palabras ahora.
—Necesito echarme una siesta. Puedes bañarte primero, después bajaremos a almorzar y daremos una vuelta por el pueblo antes de ir a cenar con mis hermanas. Esta noche, cuando todo haya acabado, hablaremos —tragó saliva—. Lo siento.
La disculpa pasó por la cabeza de Alejandro como un rayo. El cielo iba a caerse en cualquier momento, eso estaba claro.
¡Ricardo disculpándose con él! No sabía si reírse o preocuparse.
—Estás tan diferente… pero… —se relamió los labios—, con esa actitud pareces realmente… —tosió, confuso, pero no había otra palabra para describirlo—, follable.
Para sorpresa de Alex, la primera carcajada en las últimas dos horas salió de la boca de Ricardo. Sus ojos recobrando el brillo malicioso de siempre.
—No creas, hombretón —susurró provocativamente, tirando del polo de Alejandro y adentrándolo a rastras en la habitación. Con su mano derecha giró la llave de la pared para encender el surtido eléctrico de la estancia. Después golpeó la llave de la luz—, puede que te lleves una enorme sorpresa cuando sea yo quién me lance sobre ti.
—¿Te refieres a mi regazo o sobre mi culo? —preguntó Alex con una sonrisa.
En cualquier otro momento, aquella idea le hubiera parecido acojonante, pero él sólo quería tener a Ricky a su lado, de la forma en la que fuese.
Le acarició el cabello castaño, recogiendo un mechón de su frente y echándolo hacia atrás.
Ricardo se lamió los labios, ascendiendo su mano por el cuello de Alex y arañándole suavemente el mentón.
—¿En tu regazo? ¿Qué soy, un gato?
Alejandro gruñó cuando el dolor fue directamente a su entrepierna.
Quería impulsarse hacia delante, coger a Ricky y estrellarlo contra la cama. Lo cogería con fuerza y le cabalgaría hasta que sintiera el culo de su amigo estrecharse de placer alrededor de su polla.
Pero… tenía que controlarse. No hasta la noche. Se lo había prometido.
—Un gato si… mi duda es… ¿meloso o salvaje?
Ricardo rio, separándose y adentrándose en el baño. Cuando se bajó la cremallera y alzó la tapa, Alex sabía que iba a echar una meada. En aquel momento. No había nadie en el mundo que rompiera mejor el ambiente que su maldito amigo.
Escuchó un ronroneo algo arisco desde el baño y después unas carcajadas.
—¿Eso responde a tu pregunta?
Alejandro se pasó una mano por la cara, era imposible cabrearse con Ricky.
—Sin dudarlo.
* * * * * * * * * * * *
Ricardo se retorció en la cama, bostezando mientras se estirazaba. No sabía qué hora era, pero estaba seguro sin tener que mirar el reloj que habían pasado por lo menos dos.
Aún con los ojos medio pegados, echó la mano hacia atrás y palpó buscando el reloj, después parpadeó para enfocar la vista. Las tres de la tarde. Algo tarde para comer, o eso pensaría si no tuviera las tripas rugiendo tan fuerte como para comérselo por dentro.
La llave del agua se cortó. Alejandro había optado por echarse un rato de sueño con él, en cualquier momento de esas tres horas, se había levantado sin hacer ruido y había acudido al baño.
Ricardo admitió que ni siquiera se despertó, estaba demasiado cansado.
Tener que enfrentarse a su padre había sido un maldito infierno, pero… tener a Alex ahí para él, había aligerado bastante el mal rato.
Ricky sonrió inconscientemente, le molestaba reconocer que había sentido algo cálido, como un compromiso, un apoyo. Era una locura, pero ya sabía qué respuesta le iba a dar a su amigo, puede que desde el primer momento, solo… tuviera miedo.
¡Maldito Adrián y su psicología barata!
Suspiró y se tendió mirando al techo para relajarse.
Alex no tardó mucho en entrar al cuarto con solo una toalla en la cintura. En ese momento, Ricardo supo que si aún tenía algún resquicio de sueño correteando por su cuerpo, este se había evaporado.
Sólo había sido un mes de gimnasio pero tenía que reconocer que se le notaba. Alejandro estaba perfecto, con su torso desnudo ahora sin una pizca de grasa, aunque claro, sin los músculos marcados de Ricky. Esos anchos hombros, su cuello, sus estrechas caderas. Podía ver sus muslos mientras andaba, estaban duros y apretados, sus pantorrillas bellamente esculpidas.
¡Hasta los pies le parecían perfectos a Ricardo!
Tragó saliva cuando Alejandro se agachó para recoger la ropa que tenía preparada sobre la silla frente a la cama. No sabía si maldecir la toalla por estar en medio, o alabarla por lo bien que le marcaba el culo.
Estaba en un completo dilema.
—¿Qué? —dijo Alex muy serio con el slip en la mano.
Ricky sonrió socarronamente, colocando sus brazos cruzados tras la nuca. Se pasó rápidamente la lengua por los labios, pero sabía que su amigo lo había notado. Alex respondió de la mejor forma. Sus piernas quedaron más a la vista cuando la toalla involuntariamente se elevó.
—¿Qué tiene mi culo para que lo desees tanto? —miró fijamente la erección de Alex y juró que la vio saltar un poco—. Tú también tienes uno magnífico.
La respiración de Alejandro se aceleró, podía notar como sus pulmones no podían retener el aire. Sin embargo, no se sentía ni mínimamente avergonzado por la forma en que Ricky lo miraba. Sabía que su amigo quería devorarlo y su única respuesta a ese pensamiento fue apretar los músculos de sus nalgas.
¿Qué estaba mal con él?
Pero maldita sea… ¿esa actitud en Ricky no era una buena señal?
—¿Lo quieres? —lo había dicho él y aún no se lo creía.
Ricardo volvió a mirarlo con esos ojos verdes cada vez más estrechos, con más brillo. Una expresión lobuna que le calentó la sangre. Nunca lo había visto así, últimamente estaba descubriendo tantas caras de Ricky que casi sentía que se encontraba con un extraño.
Uno del que se estaba ena… enamo… demonios, enamorándose locamente.
¿Qué si lo quería? Ricardo se acarició el cielo de la boca con la lengua, impaciente. Esta noche le daría todo a Alejandro, esta noche, pero ahora… ¿podía tomar lo que su amigo quería darle?
No lo pensó más, se quitó la camiseta y los pantalones. Quedó con la ligera ropa interior, los bóxers se mostraron en toda su plenitud. Su estado de excitación no distaba mucho del de Alex.
—Lo quiero. Pero… —con dos dedos, se terminó de quitar la ropa interior, volviéndose a echar en la cama y mostrando su pequeña erección—, no creo que funcionara, no de esa manera. Por más que lo desee —para sorpresa de Alex, él no parecía triste por ello. Alargó una mano, como si esperara que se acercara a él—. Ahora simplemente voy a chuparte, desde la última vez, me he estado preguntando qué cara pondrías cuando te tomara en mi boca y te la exprimiera hasta sacarte el jugo. Ven señor naranja, juro que pasaras de anaranjado a sonrojado en menos de sesenta segundos.
Las piernas de Alejandro se doblaron un poco.
Podía sentir su pulso latiendo como loco en la vena de su cuello. Respiró profundamente, dando dos pasos y tomando la mano que Ricardo le ofrecía.
Se subió sobre él, sentándose a horcajadas sobre su regazo.
Sus manos rodearon la hermosa cara de Ricky, recogiéndole el largo cabello castaño hacia atrás, algo que había tenido miedo a hacer y que pensaba tener como hábito si le dejaba.
Bajó el rostro, besando sus párpados, esos ojos verdes bordeados de largas pestañas rubias oscuras que lo volvían loco. Pasó la lengua por sus mejillas, sintiendo la ligera capa de vello que luchaba por crecer y hacerse notar.
Ricardo gimió y rozó lentamente sus narices, alzando la barbilla para que ambos labios quedaran unos sobre los otros. El beso se volvió lento, dulce, usó la lengua para abrir la boca de Alejandro, y se adentró, rozando con la punta la fila de dientes.
Alex gruñó agarrándose al pelo de Ricky y en un arrebato arrinconarlo contra el cabezal de la cama. No aguantó para tomar su boca bruscamente, adentrando todo lo posible su lengua y devorarlo. Siempre había odiado el exceso de saliva en un beso, pero ver como esta se resbalaba por la barbilla de Ricardo, lo trastornó.
Sin avisar lo que iba a hacer, se volvió sobre el cuerpo de su amigo. Nunca, nunca, había estado en una posición más vergonzosa que esa, sin embargo, en esos momentos no le importó.
Dejó su entrepierna sobre la cara de Ricky mientras que él agarraba la pequeña erección.
—Así es más justo.
Ricardo sonrió con malicia, sacando su lengua y golpeando la polla que colgaba frente a él. Cuando Alejandro se revolvió de la impresión, Ricky le golpeó el culo, dejando marcada la blanca piel.
—Ahora sí es justo —rió—. Tú me hiciste muchas cosas esa noche, y aunque yo no pueda devolvértelas con la misma igualdad… —Alex no tenía que mirarlo para saber la sombra maliciosa que cubría su cara—, juró que te haré chillar como una perra.
Tuvo que tragarse una protesta, ¿a quién creía que estaba llamando perra? No sabía si sentirse ofendido o provocado, bueno… a Alejandro le gustaban los retos.
Agarró la pequeña erección y le dio una fuerte chupada en la punta, sorbiendo hasta que esta quedó un poco más morada, si eso era posible.
El gemido agudo de Ricky fue la prueba justa para saber que había ganado.
—Nunca olvides que esta «perra» te tiene también en sus manos. Y si no recuerdo mal, tú eres el que chillaba como una cuando te follaba, Ricky —lo dijo todo seguido, pues había sentido extraño que esas bruscas palabras salieran de su boca, pero… empezaba a gustarle.
Había esperado mucho por esto, muchas dudas, sustos, frustraciones.... Ahora no iba a parar o frenarse en nada.
¡De ninguna maldita manera!
No hubo contestación por parte de Ricky, pero Alex sintió una ligera lengua subiendo por su erección, ubicándose sobre sus pelotas. Se mordió el labio aguantando el suspiro de placer cuando un estirón de unas de ellas y un fuerte bocado alrededor de la bolsa, lo impulsó hacia delante.
El placer recorrió su cuerpo, lo siguieron algunas lamidas más, bocados por todos su sexo, un punzante dedo bailando sobre su entrada. Sintió de nuevo sus pelotas presionadas y un último bocado casi le hace caer sobre su pecho.
Se alzó y gruñó, sus piernas temblorosas mientras el inmenso placer corría por su columna. Las cosquillas en su estómago subieron y bajaron, sus tripas se encogieron y su culo se tensó.
Volvió a gritar hasta que sintió la saliva cayendo de su boca a la polla de Ricardo sin poder controlarlo. Gimió lloroso y cayó chocando con ella.
No creía que fuera masoquista ni mucho menos pero… y para su maldito asombro, se había corrido.
—Esta perra con afilados dientes, ha hecho que te corras en justamente… cincuenta segundos —mordió bruscamente una de las nalgas frente a él y Alex volvió a gruñir, ahora con mucha menos energía—. Creo que merezco una recompensa.
¿Aquello era real? ¡¿Podía ser malditamente real?!
Alejandro todavía no podía creérselo, ni aquella vez cuando folló a Ricardo había sentido una urgencia y placer tal como para no poder controlar su orgasmo. Ahora, aun flojo y sin poder reaccionar, sentía que seguía caliente sólo con el meneo de caderas que Ricky estaba haciendo sobre su cara.
¿Una recompensa? ¡El hijo de puta lo que se merecía era una medalla!
Ah, pero eso sí, su orgullo no iba a permitir hacérselo saber. Si quería algo equitativo lo intentaría, pero nunca, nunca saldría una alabanza de su boca por ello.
Tragándose las respuestas a la soberbia de su amigo/amante, se agachó y volvió a darle un fuerte chupetón a la pequeña punta morada. Lo sintió gemir, moverse y echar hacia arriba su trasero.
Ricardo quería que le tragara, y eso era precisamente lo que Alejandro iba a hacer.
Se la metió en la boca, succionándola mientras pasaba un dedo de arriba y abajo por la erección. Podía sentir una vena hinchada en el lateral, era tan tentadora… su lengua la perfiló, pasando por la base y mordisqueando sus pelotas.
Se las metió en la boca y las rodeó lentamente con la lengua.
Estaba temblando. Alex se apoyó en las temblorosas piernas de Ricky, presionando con la puntita de su lengua el estrechó agujero. No iba a adentrarse en él, por mucho que lo deseara y que su polla quisiera volver a levantarse, no, esperaría, esperaría por su dulce premió hasta la noche.
En su lugar, pinchó con la punta de su dedo mientras seguía chupando de aquel carnoso biberón. Succionó una y otra vez, llevándose con la boca las caderas de Ricardo, que éste cegado por el placer movía a la par.
Alejandro quedó quieto, sintiendo como era Ricardo quién se metía en su boca, en unos movimientos frenéticos, necesitados. Cuando notó que esta se hinchaba un poco más y comenzaba a amoratarse, agarró el pellejo con los dientes y volvió a bajarlo con tanta fuerza que un rápido chorro de semen cayó sobre su lengua.
Era dulce.
—Si yo soy una naranja —gimió Alejandro, recogiendo con la lengua el hilito que caía sobre su labio. Nunca hubiera imaginado que el semen de alguien supiera así. Era algo que, aun sin haber probado el suyo, lo pensaba amargo. Pero el de Ricky, era malditamente delicioso—. ¿Qué fruta puedo exprimir para que salga un jugo tan dulce?
La voz de Alex era seria, Ricardo sabía que a su amigo le estaba costando seguir su personalidad. El extravagante de Ricky estaba haciendo que el recto de Alejandro se desviara y ¡Dios!... si no amaba eso.
Con un gemido de satisfacción, esperó a que Alex se diera la vuelta en la cama y se acostara junto a él para añadir:
—Soy una ciruela.
Alejandro no pudo evitar echarse a reír.
—¿Por qué cualidad? ¿Por lo dulce?
Ricardo le lanzó una sonrisa zorruna y chistó con los labios, como le reñiría a un niño pequeño.
—Tú no te corras dentro de mi culo y no tendrás que descubrirlo.
Alex intentó disimular una risita conocedora, Dios, como disfrutaba del humor negro de Ricky. Casi le parecía imposible que en un principio fuera la parte que más odiaba de él. Aunque también tenía que reconocer, que desde hace un mes este humor era compartido y no se centraba sólo en Alex.
Sí, esa era también otra razón.
Después de bromear un poco más y acomodarse bien uno sobre el otro, intentó disfrutar todo lo posible del momento.
Había pasado un mes de locos, primero esa noche con el desliz más espeluznante de su vida, tras eso el cumpleaños en el que Ricky le dejó claro que no quería nada con él, después la sección de «ligoteo» en la cual habían estado enfrascados la última semana. El susto casi lo mata de un ataque al corazón y a partir de entonces, todos sus intentos de llegar a Ricardo parecían infructuosos.
Ahora veía que no había sido completamente así.
Acaban de tener un sexo oral impresionante, y era malditamente incomprensible.
Ni siquiera se habían vuelto a besar después de esa noche, y ahora en el viaje, de golpe y porrazo, algo afectaba lo suficiente a Ricky como para dejarse llevar de esa forma. Ni él mismo se había comportado normal, era demasiada la frustración, las ganas de joder –de la manera en la que fuera– a Ricky, todo se había juntado y explotado en su cara.
Recordaba alguna de sus palabras y sentía algo de vergüenza, pero… también había notado esa diferencia en él.
Como Ricky lo estaba empezando a cambiar poco a poco. O puede que él mismo estuviera haciendo el esfuerzo de intentar ir a la misma par que su amigo, era la única manera de comprenderlo y no volverse loco en el proceso.
Eso le recordaba otra cosa.
Alejandro soltó un suspiro, dudando de si empezar con la conversación que le interesaba o no.
—Explícame qué pasó antes —sin apartar los ojos del techo, añadió—: por favor.
El silencio de Ricardo se prolongó por lo menos treinta segundos más antes de que este, encogiera el ceño y se despegara de Alex, volviendo nuevamente a la posición anterior.
Sus brazos cruzados tras su cabeza.
—Mi tío se ahorcó.
Alejandro pegó un salto de la cama y lo miró impactado. No entendía nada.
—¿Qué?
La expresión de Ricardo no cambió, como si estuviera contando qué cocinó la noche anterior.
—Mi madre se acostaba con el hermano de mi padre. Cuando mi padre se enteró, fue a pedirle cuentas a mi tío, al día siguiente se ahorcó.
Bueno, bueno. Esto no era para nada lo que Alex estaba esperando.
Algo como aquello se tuvo que haber sabido en el pueblo, pero él nunca había sido alguien chismoso y llevaba tanto años fuera, que no le parecía extraño que no se hubiera enterado de nada.
De todas formas, prefería escuchar la verdadera historia por boca de su amigo, que los chismorreos por boca de su madre.
—¿Tu madre? —preguntó con voz insegura.
Ricardo se encogió de hombros.
—Bueno, siguieron casados, ya que Elisa tenía pocos años de edad. Supongo que eso fue lo que hizo a mi madre soportarlo —sus ojos verdes giraron unos segundos hacia Alex—. Mi tía se fue al pueblo de sus padres, y mi madre se quedó aquí, recibiendo las palizas de mi padre un día tras otro. En ese momento yo vivía más o menos bien.
Alex tragó saliva, ya estaba sospechando que seguía.
—Hasta que tu madre murió —no era una pregunta.
—Bueno, ya sabes, cuando tu pelota de fútbol se rompe después de mucho remiendos, simplemente te consigues otra.
Sí, claro, pelota de fútbol. Alejandro se pasó una mano por la cara.
Entonces, recapitulando, el padre de Ricky era en realidad su tío. Sus dos hermanas no sabían absolutamente nada y mientras tanto, su madre estuvo recibiendo palizas. Una infancia envidiable, vaya.
—¿De qué murió tu madre? —cuando vio que Ricardo no contestaba, se sentó en la cama y le miró con una expresión tensa—. ¿No me digas que la mató tu padre de una paliza? No… espera, dímelo —tragó saliva—. No, no me lo digas.
Ricky se rio, colocándose de lado para mirar a su amigo.
Con lo macho que le gustaba aparentar ser, y Alejandro en realidad era tan tierno como un niño. Nadie al verlo podría calificarlo como adorable, pero Ricardo así lo sentía.
—Los médicos dijeron que tenía algo así como un coágulo de sangre en el cerebro. Suponían que de algún golpe. Todo el mundo le preguntaba sobre alguna caída o porrazo, pero yo, a mis diez años recién cumplidos, sabía perfectamente no qué, si no quién se lo había hecho —volvió a colocarse boca arriba—. Cuando murió, los tres años siguientes pasaron con normalidad, alguna que otra agresión verbal cuando no había testigos pero nada más. Bueno…
De repente, Ricky se volvió y miró a Alejandro. Su expresión juguetona cambió a una seria y desvió la mirada.
Alex se extrañó al darse cuenta de que su amigo no quería enfrentarlo.
—¿Y? —insistió.
—En conclusión —acotó Ricardo—, mi madre era una puta lujuriosa, mi padre un cabrón machista con el orgullo herido. Pero mis hermanas son adorables, las amo como a nada más —pellizcó a Alex en el muslo, y se rio cuando este dio un salto golpeándose la nuca contra el cabezal de la cama—. Aunque siempre hay alguna que otra excepción.
¿Eso era una esperanza?
Alejandro estaba seguro de que Ricky lo deseaba, pero de ahí a tener esperanzas de un noviazgo era algo realmente dudable.
Alex cogió el brazo de su amigo, cuando este hizo amago de levantarse de la cama.
—¿Ricky, tu…?
—Eso es todo —se deshizo del agarre con bastante facilidad.
Ahí venía de nuevo el evitar su mirada.
Alejandro estaba empezando a entender esos pequeños gestos. Cuando dudaba de algo o no se sentía preparado, Ricky apartaba la cara y se rehusaba a mirarlo.
¿Se sentía débil frente a él? Podría ser.
Ahora entendía también, la razón por la que Ricardo había reaccionado de esa manera la noche del hotel.
Todo lo que vio, tendría que haber sido como un deja vu.
La obsesión de Ricky por sacar al niño de la vista del padre, también podría provenir de eso. Ese momento de descuido provocó el golpe con la porra. Pero después de la infancia que había tenido, estaba claro que Ricardo no podía dejar al chiquillo allí.
Había sido una reacción instintiva.
Alejandro se mordió el labio, deseando preguntárselo, intentar hablarlo con él.
Nadie le dio importancia al incidente y mucho menos Ricky, pero en realidad, Dios, tendría que haber removido algunas heridas bastante profundas. De eso estaba seguro.
A pesar de todo, decidió no comentarlo, pues aun había algo rondando por su cabeza que no pensaba dejar pasar.
Cuando Ricardo iba a llegar a la puerta del servicio, Alex lo retuvo, su mano se cerró con fuerza alrededor de su muñeca.
—¿A qué se refería tu padre con eso de… «volver de nuevo con esas mariconadas»? —Alex tragó saliva, no sabía por qué, pero la mera idea le revolvía el estómago—. ¿Alguna vez, tú…?
Ricky seguía sin mirarlo… finalmente volvió a soltarse y entró al baño. No cerró la puerta, simplemente abrió la ducha y se metió dentro.
Cuando Alejandro creyó que no iba a obtener respuesta, Ricardo dijo:
—Tony. Era mi amigo en FP. Estudiábamos juntos, pero el chico… cómo lo diría… —se escuchó como si Ricardo se estuviera atragantando con el agua. Alex sonrió—, el tío perdía aceite, pero no con gotero, ese tío tenía completamente la cañería rota.
—Creo que entiendo el concepto —se rio Alejandro. Ahí iba de nuevo.
El sonido del roce de la esponja contra la piel de Ricardo le volvió a traer recuerdos cálidos. Alex se apoyó contra el quicio de la puerta y tomó aire para tranquilizarse. Sin nada encima, sólo con el leve airecito del ventilador, creía que tenía una bomba de calor subiéndole por la entrepierna.
En serio, ese Ricky hacía milagros con él.
Después de unos instantes de frotamientos insinuantes y de Alejandro volviéndose loco, Ricardo continuó:
—Me caía bien, fuera como fuera, era amable. Fue el único que me la vio y no se rio. Ya sabes, mi mini proyectil, es rápido pero poco eficaz. No conocía a nadie que no lo encontrara divertido salvo Tony —se podía escuchar la risita en la voz de Ricky—. Tony simplemente se encogió de hombros como si tal cosa. Sin darle ni la mitad de la importancia que un hetero le daría. Me agradaba, así que lo llevé a casa. Cuando mi padre lo vio… —hizo un descanso, pero maldita sea si Alex no se imaginaba el por qué—, siempre me había gritado y abofeteado como mucho, pero ese día… echó a Tony y a mí me golpeó durante una hora con una varilla de olivo. Estuve cuatro días en la cama sin poder moverme. El muy cínico les dijo a mis hermanas que me había caído recogiendo aceitunas. ¿Aceitunas? —se preguntó a sí mismo con una risita irónica.
Alejandro no tenía nada más que añadir, aparte de que su padre era un cabrón y que ojala se pudriera en el infierno no se le ocurría nada más.
Bueno, tal vez…
—¿Pero tú nunca…? Bueno… es decir… tú a él… o él a ti…
Se hizo el silencio. Lo único que escuchó Alex, fue a sí mismo cuando tragó saliva.
¿Había metido la pata?
—El tío era una completa reinona, y yo… aunque le hubiera querido follar no creo que hubiera funcionado, tú me entiendes. Mi mini proyectil no hubiera llegado muy lejos. Simplemente, éramos dos culos, nos faltaba una polla. No sé si me explico…
Sí, se explicaba, de puta madre.
Alejandro suspiró.
¿Por qué cualquier conversación, Ricky tenía que convertirla en un show? ¿Pero no era ese uno de sus puntos fuertes?
Suponía que sí.
—Como fuera. Si es así no importa. Voy a vestirme y bajamos a comer. Son las… —entrecerró los ojos para mirar el reloj que había en la mesilla—, cuatro. Menos mal que es feria, si no en el bar nos mirarían como si estuviéramos locos.
Ricky salió con una diminuta toalla sujeta a la cintura y a Alex se le cayó la mandíbula al suelo. Aunque otra cosa subió sin duda.
¡Mierda Santa! Acababa de verlo desnudo hace unos minutos y ahí, con esa toallita, la piel humedad, el pelo goteándole sobre el pecho, era… era jodidamente impresionante.
—¿Qué no importa? ¿Acaso estaba mi naranjita celosa? Buen perrito —Ricardo alzó la mano para acariciar la cabeza de Alejandro.
Este pasó olímpicamente de él.
Alex retiró la mano que iba hacia su cara y agarró a Ricky de la cintura, arrimándolo rápidamente e inclinando su propio cuerpo hacia delante. Chupó una gota de agua que había resbalado del cabello castaño cuando justamente pasaba por el oscuro pezón.
¡Maldición, era tan erótico el condenado!
Ricardo ahogó un jadeo, retirándose de golpe. Intentó mantener la sonrisita irónica en la cara para no dejar ver su desconcierto.
Alejandro sonrió triunfante.
—Sin duda, igual de dulce que una ciruela.
Ricky se rindió, ahora sí, riéndose por lo ridícula de su reacción.
—Touché.
* * * * * * * * * * * * *
El recorrido por el pueblo fue bastante agradable. Alejandro llevaba tanto tiempo sin pasarse que casi ni recordaba las calles, aunque todas daban a la central seguro que si lo dejaban solo por el barrio bajo se perdería.
Entraron a la feria cerca de las nueve. Le gustó la portada, estaba bastante bien trabajada para ser de un pueblo. Pero… ahora comenzaba una nueva batalla: las luces y los pitidos. Siempre había odiado las ferias por eso, el dolor de cabeza y el pitido de los oídos tardaban una noche entera en irse.
El grito por los altavoces de los caballitos le hizo encogerse y taparse las orejas. Pudo escuchar a Ricardo a su lado reírse.
—Sospecho que más de una vez has tenido un plácido sueño en el que matabas al tío de los caballitos.
—¿Plácido? Maldito hijo de puta, ni que los niños estuvieran sordos —suspiró, mirando hacia los lados sin saber a dónde ir—. ¿En qué sitio has quedado con tus hermanas?
Ricardo quedó pensativo, paseó la mirada por el lugar hasta que la dejó posada en una caseta a rayas verdes y blancas.
Alzó una mano, señalándola.
—Esa. Les encanta el pollo asado que hacen. Todos los años quedamos ahí —chasqueó los dientes—. Esta vez la han cambiado de sitio, por eso no la encontré a la primera.
Alex soltó una risita, consiguiendo que Ricky lo mirara de reojo unos momentos, animándolo a que si tenía valor volviera a hacerlo. Alejandro terminó por apoyarle una mano en el hombro, en señal de paz.
—Vamos.
Ricardo alzó la tela que hacía de puerta y observó en su interior buscando a su gente. Estaban en la otra esquina, sentados los tres en una mesa y pizcando algunas patatas y aceitunas. Le hizo un gesto a Alex para que lo siguiera y ambos cruzaron las mesas hasta llegar a ellos.
Ricky sonrió, saludó con la cabeza y se agachó para darle un fuerte abrazo a su hermana Elisa.
—Estás hermosa —le dijo igual que a Sofía—. Claro, si no fuera por esas pequeñísimas patitas de gallo que están comenzando a salirte, pero por lo demás…
—¡Oh, serás…! —le riñó graciosamente su hermana dándole un golpecito en el brazo.
Ricardo se rio.
Después se agachó y le dio la mano a su cuñado, tirando de él y terminando en un sonoro abrazo.
—Espero que estés cuidando bien de Elisa. Aunque supongo que deberías hacerlo más… —echó una ojeada a su vientre—. Lleváis varios años casados y aún nada, ¿será por la puntería? Si quieres yo puedo enseñarte algo de eso —soltó picarón, guiñándole un ojo.
Fran le dio un golpe en la frente, intentando parecer enfadado.
—Te dije muchas veces antes de casarme con tu hermana, que si querías probar algo nuevo me llamaras, ahora ya has perdido el turno. Y déjame decirte que Elisa tiene dos buenas razones que a ti te faltan —bromeó.
Ricardo hizo una mueca con la cara, intentando hacerse el ofendido. Pero ambos hombres se miraron sonrientes, con una confianza que le puso el vello de punta a Alex.
—¿Probar algo nuevo? —le preguntó Alejandro a Ricky, haciéndose notar por primera vez en la conversación.
¿Y ahora por qué se ponía celoso este idiota?
Ricardo le pellizcó la mejilla como si fuera un niño y negó con la cabeza, dándole a entender que estaban bromeando.
—Bueno, Elisa, no sé si te acordarás de…
—¡El bastardo niño rico! —dijo gritando, después Elisa se puso colorada y bajó la voz, intentando no centrar la vista en ningún sitio—, ¿verdad?
Alejandro asintió, con la cara sonriente. A lo mejor, si se mostraba agradable, la chica perdería algo de color y conseguiría que no le explotara la cara.
—Eso es. Ricky me dijo que iba a pasar las vacaciones en el pueblo y me pareció buena idea acompañarlo. Hace mucho tiempo que no venía.
Elisa asintió, aunque se sorprendió un poco cuando Alejandro llamó a su hermano de una forma tan íntima. Finalmente le ofreció su mano.
—Encantada de volver a verte. Desde que te fuiste a la universidad no me he vuelto a topar contigo. Me dejaste muy triste cuando me rechazaste.
Todos se rieron, hasta Fran.
Alejandro estrechó la mano que le ofrecía y ambos, él y Ricardo se sentaron en la mesa con todos los demás.
—Ahora veo lo que me perdí, espero que puedas perdonar mi insensatez.
Elisa se volvió a sonrojar, pero terminó sonriendo. Fue Fran quién después de alzar una mano para llamar al camarero, se dirigió a Alex.
—Yo sí que me alegro, y ya sabes, si te acercas a ella te capo, pero bueno… estamos en confianza, intentaré que no duela si sucede.
—Juro que nunca haré nada para tentarte —dijo ahora un poco más serio Alejandro, levantando las manos como si le estuvieran apuntando con un arma.
La cena transcurrió agradablemente, se rieron mucho y Alex pudo disfrutar de la amabilidad y simpatía que desprendían todas las personas sentadas en esa mesa.
Ahora sabía por qué Ricardo era así. Sofía y Elisa, tenían su mismo punto fuerte, eran muy graciosas, y su cuñado, Fran, era idóneo para su hermana. Una familia estupenda si el maldito del padre estuviera muerto ya.
—Bueno, ¿y a qué te dedicas? Por lo menos a mí, Ricardo nunca me ha hablado de ti. Me sorprendí mucho cuando Elisa y Sofía se ilusionaron con la idea.
Así que Ricky no le había hablado de él a su cuñado. Era una tontería, pero sí que algo le había dolido al saberlo.
—Soy contratista. Ahora mismo con la crisis y demás, las cosas están difíciles, tengo algunos juicios de personas que se han declarado insolventes, pero la peor parte se la llevan las empresas pequeñas. Ya sabes, intento pagarles a ellas conforme tengo algo de efectivo pero… la construcción se está convirtiendo en un agujero sin fondo. En realidad no sabemos cuánto tiempo más podremos aguantar así.
Fran puso mala cara, chasqueando los dientes.
—Yo soy dentista, y ahora todo el mundo no se gasta cincuenta euros en un empaste. Supongo que lo único que puedo desear cada noche antes de acostarme es que les duela tanto para que, o se droguen a analgésicos o vengan a la consulta. Parece que por ahora mis oraciones están funcionando.
Alejandro se rio, sin duda ese hombre tenía su punto.
Ricky de repente, se metió por en medio, pasando la mano entre los dos hombres para coger una aceituna del plato al lado de su cuñado. Alex arrugó el ceño cuando se dio cuenta de que a la derecha de Ricardo había otro casi entero.
—¿Qué haces? —preguntó alzando una ceja. No hacía falta que especificara cuando era evidente a lo que se refería.
—Sólo estoy comiendo —respondió con rapidez Ricardo, después alzó una ceja y sonrió abiertamente—. También estoy interfiriendo porque la conversación aduladora entre ambos está empezando a tocarme los huevos.
No hacía falta decir que todos los de la mesa quedaron estupefactos. Pero fue Sofía la única que se atrevió a preguntar lo que todos tenían quemándoles en la punta de la lengua.
—¿Podría saberse, qué clase de relación tenéis vosotros dos?
Alejandro deseó que se lo tragara la tierra y bajó la cabeza sin saber qué decir, cuando sintió una aceituna metiéndose en su boca. Giró bruscamente hacia Ricardo para saber por qué coño había hecho eso, pero este solo le sonrió.
—Bueno, hace un mes nos peleamos porque él quería meterse en mi culo y demás. Al final le dejé y ahora estamos tonteando —antes de que Elisa pudiera decir nada, Ricardo siguió—: no soy gay. Es solo que Alejandro me pone cachondo, ¿para qué negarlo cuando es tan obvio? —volvió a cortar ahora a Sofía—. Todavía no somos pareja ni nada, pero bueno, puede que esta noche eso cambie. Me lo estoy replanteando.
Alejandro tuvo que sujetarse al mantel de papel para contener su sorpresa.
El shock había sido tan grande que por poquito se queda catatónico.
¿Acababa de decir Ricky lo que él creía? ¿Le ponía cachondo? No… no era eso… ¿pareja? ¡Había dicho una puta pareja!
Todo corría tan rápido por su cabeza que creía que empezaba a marearse.
Tenía que tranquilizarse, respirar profundamente y calmarse… o podía coger a Ricky de la camiseta y llevarlo en dos patadas de vuelta a la pensión.
Bueno, puede que esa no fuese la mejor idea.
Fue Fran, quién para sorpresa de todos se carcajeó, echándose sobre la silla.
—Eso ha sido malditamente sincero. Siempre me has caído bien por eso —alzó las manos, aún riéndose—. Yo no tengo ningún problema, con que no te acerques por detrás, a mí no me importa.
Sofía y Elisa primero se rieron y después se miraron, confusas.
—Yo no sé… me parece sorprendente, nunca hubiera imaginado que podrías… —Sofía no sabía ni qué decir.
—A papá le va a dar un infarto. Ten cuidado si vuelves a ir por casa, cuando papá se entere se pondrá como loco.
La mirada significativa de Elisa le dio algo en que pensar a Ricardo.
¿Podía ella saber algo de las palizas? Sofía estaba claro que no sabía nada, pero… ¿Elisa?
Cuando iba a tranquilizarla, el gruñido de Alejandro volvió a formar un pesado silencio sobre el ambiente.
—¡Ricky no volverá de nuevo a esa casa! Va a cortar toda relación con tu padre o juro que… Auch —Alex jadeó, Ricardo lo había agarrado tan fuerte del brazo que le había cortado hasta la respiración. Cuando le miró, este negó con la cabeza, pidiéndole con los ojos que no dijera ni una palabra más.
Sofía parecía querer preguntar de qué hablaban, pero Fran, con una gran intervención, tosió como si se estuviera ahogando, captando la atención de todos. Rápidamente cogió un vaso de agua y se lo bebió completo, suspirando al terminar.
—Uf, malditas aceitunas, un día me van a matar —le pegó un último mordisco a un muslo de pollo que había tenido todo el tiempo en la mano—. Que os parece si terminamos aquí y nos vamos un rato a La fábrica, he oído que está muy bien y la entrada es gratis.
Elisa asintió con premura, agradeciéndole a su marido con la mirada lo rápido que se había visto con el tema. Terminaron de comer en silencio, y después de pelearse por quién pagaba, bueno todos menos Ricardo que se había movido sigilosamente hacia un lado –Alex se rió al pensar lo obsesionado con el ahorro que estaba su amigo– se dirigieron en silencio, cruzando la feria hasta el extremo derecho, donde había un gran edificio blanco.
Si Alejandro no recordaba mal, eso había sido anteriormente un molino, ahora convertido en una pista con varias luces chillonas y un montón de niñatos bailando en la pista.
Compró dos ticket de bebidas, y fue hasta la barra con Fran, ambos se entretuvieron eligiendo copas y charlando de a tal o cual persona conocían.
Ricardo los miraba desde lejos, o más precisamente a Alex.
Se veía magnífico con esos pantalones chinos beige y su camiseta pegada negra. Su blanca sonrisa eclipsaba todo lo que había alrededor, y Ricky pronto se vio perdido en todo su cuerpo. Los castaños y almendrados ojos de Alex, esa carnosa boca que siempre le había gustado, su piel blanca con un toque de café.
Era el mejor espécimen masculino de toda la maldita discoteca.
—¿Tengo que traerte algo para recoger las babas? —Elisa sonrió, mirando luego a Alejandro también—. Aunque puedo entenderte, joder… tiene el mismo impresionante culo de la última vez. Ahora es mucho más masculino, no queda nada del niño mimado, está hecho todo un hombre, es tan…
—Elisa, ¿estás intentando cabrearme? —preguntó Ricky con una ceja alzada y una mueca graciosa en la cara—. Porque si no era tu intención, lo estás haciendo malditamente bien —después se aclaró la garganta y sonrió picarón—. Sin pantalones está muchísimo mejor, si te parece impresionante su culo, no veas como de grande tiene la polla. La vez que lo hicimos creía que me iba a matar —y se rio con ganas.
A Sofía, que estaba al lado, se le abrió la boca, quedó sin palabras unos momentos para después saltar más cerca de su hermano y agarrarse de su brazo.
—¿Es bueno? ¿Se menea bien? Quiero decir… ¿es cariñoso? ¿Te da besos? —Después de unos segundos, dijo—: esto… ¿duele mucho?
Elisa no pudo aguantar las carcajadas, echó una mirada a su marido que acababa de llegar y la observaba como si se hubiera vuelto loca. Le negó con la cabeza para que ni siquiera le preguntara.
Alex entrañado se giró hacia Ricky, el cual le estaba hablando al oído a su hermana Sofía, esta poniéndose más colorada cada segundo que pasaba. Cuando por fin Ricardo se separó, Sofía ascendió la vista hacia Alejandro, poniéndose tan roja que la muchacha se terminó por girar, abrumada.
Disimuladamente, se acercó a su amigo y le gruñó al oído:
—¿Qué diablos le has dicho a la pobre chiquilla?
Ricardo se encogió de hombros, inocentemente.
—Estábamos hablando de tu destreza en la cama.
Alejandro sintió una bala metérsele por la frente.
¡¿Qué habían estado hablando de qué?!
La risa de Elisa a su lado solo lo dejó más desconcertado, y la cara de lástima que le estaba poniendo Fran ya hasta pateaba su orgullo.
¡Maldito Ricky!
—Bastardo, estás acortando mi vida con tantos tabardillos.
Ricardo le enseñó los dientes en una sonrisa abierta, y después le acarició la mejilla, en un acercamiento tan íntimo que le hizo tragar saliva y retirarse acojonado hacia atrás.
—Naranjita mía, no te obsesiones tanto, tendrás tu recompensa esta noche.
—¡No me llames naranjita! —gruñó, colorado hasta las orejas.
Todos los demás se hartaron de reír. Hasta juraba que alguno se encogía al dolerle la barriga y todo.
Las horas pasaban rápidamente, Alejandro podía asegurar que habían sido las vacaciones más raras que hubiera tenido nunca.
Sofía bostezaba por un lado, intentando asentir a cualquier cosa poco interesante que le estuviera diciendo aquel tío con el que había estado hablando la última hora. Elisa estaba sentada, con un dolor horrible de pies y Fran a su lado, dándole el último sorbo al quinto cubalibre.
Sus ojos se giraron hacia Ricardo, hacía ya un ratillo que se había distanciado un poco del grupo, hablando con un hombre que Alex no conocía. Se moría de ganas por acercarse a alguna de las chicas y preguntarles si sabían de quién se trataba, pero su maldito orgullo no se lo permitía.
Aparentemente, no creía que tuviera más de cuarenta años, pero no, no era un jovencito. Cuando la mano del extraño rozó el hombro de Ricky y se acercó extremadamente a su oído, a Alejandro se le encendieron todas las alarmas.
Antes de pensárselo ya estaba tras Ricardo, con una mano posesiva en la parte baja de su espalda.
¡Y él que creía que era de las lobas de las que tenía que preocuparse!
—Como tardabas mucho pensé en venir a ver que te traías entre manos —saludó al hombre con una asentimiento de cabeza—. ¿Sois amigos?
Ricky ni contestó, solo dio un trago a su bebida y bostezó.
Alex estuvo a punto de pellizcarle un brazo para que le hiciera caso, cuando el otro hombre contestó:
—Soy Sergio, el hermano de un amigo de Ricardo cuando estudiaba en F.P.
Ahora, las alarmas de Alejandro no sonaron, si no que chirriaban y brillaban con tanta fuerza como para dejarlo sordo y ciego.
—¿Ese amigo… por casualidad… se llama Tony?
Sergio le sonrió y asintió con la cabeza, bastante sorprendido de que Alejandro supiera de quién estaba hablando.
Le ofreció la mano y se la estrecharon en un rápido saludo.
—Le estaba contando a Ricardo, que Tony está también en la ciudad. Ahora vive con su pareja en el barrio cerca de la estación.
—¿Su pareja? —preguntó Alex, ahora sí un poquito más calmado.
Sergio pareció incómodo con la pregunta, pero finalmente asintió.
—Sí, se casó con un compañero del trabajo. Es un hombre un tanto mayor pero agradable. Lo trata bien y eso es lo que importa.
—Por supuesto —estuvo de acuerdo Alejandro, él no tenía nada más que añadir a eso. Después de una breve conversación sin importancia, se giró hacia Ricky y se acercó a su oreja, susurrándole suavemente—: ¿No es hora de marcharse ya? Te quiero lúcido para lo que viene después.
¡Y vaya si lo necesitaba!
Había estado volviéndolo loco durante un mes entero, cuando lo cogiera se iba a enterar el muy bastardo.
Ricardo bostezó, asintiendo como aburrido y se despidió de Sergio, dejando al hombre un poco confundido.
Alex no supo si aquello estuvo bien o no, pero a él poco le importaba. Sólo quería coger a su amigo y llevarlo a la pensión. No se atrevió a alagar el pensamiento para no tener un problema evidente que, claro está, no podría resolver en aquel lugar.
Llegaron de nuevo donde estaba el grupo, ahora Elisa se encontraba bromeando con una chica castaña, muy hermosa, tenía el cabello ondulado y brillante, justamente del tipo de Alejandro.
Cuando la joven se volvió y sonrió hacia su posición, la reconoció de inmediato.
—¿María? —preguntó, acercándose a ella y dándole un fuerte abrazo. La chica no tardó en responderle con el mismo énfasis—. Madre mía, cuánto tiempo. ¿Estás bien? ¿Y tu familia? ¿Sigues trabajando en esa tienda de ropa?
María se rio con ese sonido cándido que siempre había calentado el corazón de Alex.
Sin darse cuenta, alzó una mano y le acarició el pelo, llevándolo detrás de su oreja. Seguía igual de hermosa que siempre, igual de dulce y pequeña.
—Sigues igual de encantador, todo un Casanova. —María sujetó la mano de Alejandro contra su cara y sonrió tiernamente—. Te eché mucho de menos cuando te fuiste a estudiar. Siempre pensé que si no nos hubiéramos separado en aquel momento… bueno —María se sonrojó—, tú sabes.
Alejandro sentía la suavidad de su mejilla en la mano. Le enterneció.
—Yo hasta creí cuando era joven que nos casaríamos. Solía pensar a menudo en ello —eso le trajo a la cabeza una pregunta bastante simple—. ¿Y tú qué? ¿Estás casada?
María negó con la cabeza, avergonzada.
—No, todavía no encuentro al indicado. Puede que estuviera esperando tu regreso —bromeó.
Ahora fue el turno de Alex de sonrojarse. Le guiñó un ojo.
—Puede que sea el destino —bromeó él también.
Antes de que pudiera ofrecerle a la chica alguna bebida, en una invitación educada, el empujón que recibió en su espalda casi lo hizo caer al suelo.
Con brusquedad se volvió, dispuesto a enfrentarse con el estúpido borracho cuando los ojos verdes, ardientes de Ricardo, lo dejaron clavado en el lugar, como si le hubiera metido una estaca por la boca.
Alex separó los labios para preguntarle a su amigo qué diablos significaba eso, pero no pudo hacerlo, Ricky se volvió, se despidió de sus hermanas y cuñado y se dispuso a caminar hacia la salida de la discoteca pasando delante de él y sin mirarlo.
Estaba tan confundido que en un primer momento no supo ni cómo reaccionar.
Al final, dejándose llevar por su instinto, permitió que sus piernas corrieran hacia él. Lo detuvo cogiéndole bruscamente por el brazo, hasta que consiguió darle la vuelta para que le mirara.
—¿Qué pasa contigo?
—¿Conmigo? —se rio irónicamente Ricardo—. Conmigo, no. ¿Qué mierda pasa contigo? Me parece acojonante que sabiendo que estoy justo detrás de ti, te pongas a echarle los trastos a esa tetona. ¿Qué pasa? ¿Te gustas las tetas gordas? —Ricky se pasó una mano por su pecho—. Pues lo siento, aquí no las vas a encontrar. Puedes hacer algo muy simple. Ve allí, pregúntale si no le importa que la encules, después llévatela y reviéntala si quieres, pero a mí… —volvió a echar una risita amarga—, a mí no vuelvas a acercarte.
Alejandro estaba impactado.
Ricardo se había vuelto loco o él estaba muy perdido.
Se giró hacia Elisa, que lo miraba desaprobadoramente, después centró su mirada en Fran, quién se encogió de hombros, echando la cabeza hacia un lado apuntando a María, después sus ojos hacia Ricardo y alzó significativo ambas cejas.
Alex quedó pensativo, intentando traducir aquellos gestos cuando por fin se iluminó. Cuando consiguió comprenderlo, le dieron ganas de echar la cabeza hacia atrás y carcajearse.
—¿Estás celoso? —le preguntó con total incredulidad.
Ricardo se puso colorado por primera vez delante de Alejandro. Fue el rubor más hermoso que hubiera visto en su vida, por supuesto, no lo fue tanto el puñetazo que fue directo a su cara.
Alex se echó hacia atrás y faltó lo justo para que al día siguiente tuviera un ojo morado.
Fran se levantó de golpe, poniéndose en medio de los dos. Elisa y Sofía se quedaron al margen pero miraban la escena sumamente preocupadas.
—Ya va, chicos. Ricardo —dijo volviendo la cabeza hacia él—, dudo que Alejandro estuviera ligando ni mucho menos, era una conversación sana —o eso esperaba, maldición. Después se volvió hacia Alex—. Y tú, capullo, podrías ser más considerado, si quieres arreglar algo, o no hagas que se enfade o espera por lo menos a salir de la maldita feria.
No hacía falta que lo jurara.
Aunque la música seguía, la gente parecía haberse quedado en pause, mirándolo todo como si fuera la película más interesante de su vida y no quisieran perderse ni unos segundos a causa de meterse una palomita de maíz en la boca.
Ahora fue Alejandro el que se sonrojó un poco, carraspeó nervioso la garganta y miró a Ricardo.
Este tenía la cara girada hacia la puerta, seguramente buscando el mejor momento para salir corriendo.
Alex no se paró a pensarlo, retiró a Fran y cogió a Ricky, tirando de él y echando a correr hasta que salieron de la discoteca. No paró, siguió y siguió hasta llegar a la pensión, a unas pocas calles de allí.
En la puerta, respiraba con dificultad e intentaba ojear a Ricky, lo último que quería era que por un despiste suyo, huyera de allí o peor aún, le pegara un buen puñetazo y esta vez certero.
—Lo siento —se atrevió a decir—. Me sorprendí mucho cuando vi a María, ella ha sido una parte importante de mi vida y… —decidió callarse cuando la mirada afilada de Ricardo se clavó en él—, quiero decir, que me trajo buenos recuerdos, eso es todo. Al final, simplemente estábamos bromeando, no hay de qué… espera —se alzó y encarándole le dijo—: Tú y yo no somos pareja. Es verdad que yo lo estoy intentado, pero tú nunca me has correspondido, ¿con que derecho vienes a armarme tal espectáculo?
Ricardo se giró bruscamente y empezó a andar de forma amenazante hacia él.
Alex tragó saliva y se echó hacia atrás, hasta que ambos estuvieron presionados contra la fachada de la pensión.
—¿Te estás burlando de mí? —Ricky cogió la barbilla de Alejandro y la fijó frente a su cara—. ¿Crees que por que la tengo pequeña no soy un hombre? No me gusta compartir lo que es mío, y tú lo eres. No estoy jugando Alex, no me gusta jugar a dos bandas y es por eso por lo que me he estado resistiendo a aceptarte. Juro por Dios, que si me llego a enterar que durante este mes o de aquí en adelante, me engañas con alguien —tomó aire, intentando tranquilizarse—, juro… juro que te mato.
Alejandro tragó saliva ante las impactantes palabras.
Y aunque pareciera una locura, no estaba asustado, era una mezcla entre expectación, felicidad y deseo, que lo estaban abrumando. Era la tercera vez que veía a Ricky de esa forma. Ese lado violento, tan diferente de su normal estado malicioso, lo ponía cardiaco. Tenía tantas caras, y a la vez todas ellas tan misteriosas y atrayentes…
Volvió a tragar duro, observando cómo los impresionantes ojos verdes de Ricardo se fijaban en el movimiento sinuoso de su nuez.
—Nunca. Nunca te engañaré —se mojó los labios, nervioso—. Eres todo lo que siempre he buscado. Tonto de mí por no haberme dado cuenta antes. Yo te a… —volvió a tragar saliva. Aunque lo sintiera de verdad, no era algo fácil de decir para él—, yo te amo, Ricky.
Ricardo golpeó su frente contra la de Alex, presionándola e intentando que el dolor distrajera lo suficiente a su ahora amante, para que no escuchara con claridad sus próximas palabras.
—Yo también te amo —se le escapó entre dientes. Cuando ambos ojos, castaños contra verdes se encontraron, Ricky agregó—: Naranjita mía.
Alejandro soltó una carcajada de felicidad, cogiendo de repente a Ricardo de los hombros y estrellándolo contra la pared.
Devoró su boca con fuerza, luchando por adentrar su lengua, golpeando la contraria en un jugueteo húmedo. Sus dientes chocaron y ambos volvieron a reír.
Después de varios besos profundos se separaron, decidiendo seguir lo que fueran a hacer dentro de la habitación.
Siguieron besándose tanto en el ascensor como en el pasillo, varias veces Ricardo se vio empotrado contra las paredes mientras Alejandro le comía la boca y le golpeaba la entrepierna con la rodilla, subiéndolo a sus caderas y llevándolo en volandas por todos sitios.
Finalmente, la espalda de Ricky golpeó la puerta. Metió rápidamente la mano en su bolsillo, buscando la tarjeta mientras intentaba seguir los movimientos locos de la lengua de Alex dentro de su boca.
Gimió, dándole un bocado en los labios antes de bajarse de sus brazos y volverse hacia la cerradura. La abrió en menos de tres segundos, estirando de la camiseta negra de Alejandro para adentrarlo en la habitación mientras él encendía la luz.
Finalmente, lanzó a Alex sobre la cama y trepó por ella hasta quedar sobre su regazo. Tiró de su pelo hacia atrás, echándose de golpe sobre él y aprovechando el quejido de dolor para meterse nuevamente en su boca, chupeteando cada resquicio dentro de ella.
Alejandro gimió, casi sin respiración. Tuvo que coger con dos puñados el cabello de Ricky para poder alejarlo de su boca. Inspiró profundamente, un poquito más y hubiera olvidado cómo respirar.
—¿Quieres ahogar a tu no… novio el mismo día en que te lo echas? –se sentía extraño ese «novio» saliendo de su boca, pero en este momento no importaba, estaba demasiado feliz.
Asustado a morir pero feliz.
Ricardo sonrió, con ese toque malicioso que fue directo a la polla de Alex. Ricky se quitó lentamente su camiseta, despeinando sus cabellos, y disfrutando de cómo Alejandro seguía el movimiento de su lengua.
—Puede que no tu boca, pero pienso asfixiar tu polla con mi culo en menos de diez minutos.
Ahora sí que se le había cortado la respiración.
Alejandro agarró la cintura de Ricky y lo lanzó sobre el colchón, tirándole de los pantalones mientras besaba cada parte visible de sus muslos. Mordisqueó su ombligo y cuando los slips aparecieron frente a él, metió toda la forma de la pequeña polla en su boca, succionándola.
—Oh, Dios, joder… joder —Ricky se retorcía, gimiendo y agarrándose con las uñas a los hombros de Alex.
Intentaba llamar su atención, pero como no lo consiguió, le dio un guantazo en la cara.
Alejandro ascendió el rostro impactado, y lo único que obtuvo fue una lenta y sensual sonrisa de Ricardo.
—Chúpamela como tú sabes.
Alex gruñó, ciego de deseo. Arrebatándole los pantalones con impulsos frenéticos, sin preocuparse siquiera de que pudiera romperlos. En ese momento, le importaba una mierda.
Rozó con su mano el vello rubio de los hermosos muslos, lo lamió, disfrutando de la suave sensación contra su cara. Mordisqueó su rodilla, bajando las manos después por su pantorrilla. Le arrancó las zapatillas, y por fin pudo deshacerse de los pantalones.
Se relamió los labios cuando sus palmas palparon su estómago, metiendo dos dedos bajo los slips y rozándole la ingle. Ricardo se retorció y Alejandro pegó un fuerte estirón, haciendo que la pequeña erección rebotara hacia arriba.
Pronto los slips también perdieron su significado.
Le separó bruscamente las rodillas y hundió su cara completamente en la entrepierna de Ricky. Su sexo estaba caliente, y disfrutaba del dorado vello púbico que le rozaba la nariz, inhaló y casi se corre por aquel extasiante olor almizclado.
Sacó la lengua, recorriendo la base y rodeando aquella dulce y pequeña polla, la relamió como si fuera un caramelo y ascendió por esa vena hinchada que tanto amaba hasta la morada punta.
Colocó solo los labios sobre ella, observando de reojo como Ricardo lo miraba, estaba colorado y tenía la respiración enloquecida, sus ojos entrecerrados parecían completamente velados por el deseo.
Eso fue lo único que necesitaba para succionar con fuerza y arrastrar bruscamente con los dientes el pellejo hacia abajo.
Ricardo gritó, música celestial para sus oídos.
Siguió chupando de una forma enloquecida, subiendo y bajando, tan rápido que podía sentirla vibrar en su boca.
Ricky se aferró a su cabeza y con un gruñido desesperado lo alejó de él.
—Naranjita, ¿quieres que me corra, joder? Es verdad que me muero por llenarte la boca, pero… si quieres que te saque el jugo, es mejor que empieces a cortar la fruta y la presiones contra el exprimidor.
Alex rodó los ojos con la sonrisita aún en la boca y giró la cabeza, buscando por la habitación algo que les pudiera servir. Ricardo chistó negativamente con la lengua, levantándose de la cama y agarrando un pequeño tubo de su maleta.
Alejandro alzó una ceja, ahora sí, sorprendido.
—¿Eso es lo que creo que es?
Ricardo se encogió de hombros.
—Bueno, tú eres un idiota, así que no sé en qué estás pensando, pero sí, supongo. Es lubricante.
El hecho de que Ricky hubiera traído algo para facilitar el acto con él era tan impresionante y poco creíble que ni siquiera había tenido tiempo para ofenderse por el adjetivo anterior.
—Entonces… tú desde un principio…
—Es mejor que te calles —Ricardo lo empujó contra la cama, dejando que su fuerte cuerpo cubriera el que descansaba bajo él—. No hay ni un solo minuto del día en el que no haya pensado en follar contigo.
Alejandro tragó saliva sin saber qué decir.
De todas formas, pronto las manos de Ricardo y su boca lo hicieron olvidarse de todo.
Los labios succionaron su barbilla, lamiendo su cuello y mordisqueando cruelmente su nuez. Gruñó y gimió, agarrándose a la espalda de Ricky mientras este seguía bajando, dejando un reguero de besos por su pecho. Hasta creyó verlo jugar un poco con la mata de pelo sobre sus pezones.
Cuando Ricardo llegó a las pequeñas protuberancias, se relamió los labios. Eran puntiagudas y oscuras, y no pudo resistir darles un toque con su lengua.
—¡Santa Mierda! —jadeó Alex.
Delicioso, Ricky volvió a lamerlas, pero esta vez las apresó en su boca y succionó, mientras por dentro las golpeaba bruscamente con la punta de la lengua. Alejandro comenzó a retorcerse y gemir, apretando la cara sin saber cómo resistir tanto placer.
Ricardo las mordió y Alex gritó con fuerza. Respirando más aliviado cuando por fin, Ricky se levantó y empezó a quitarle la correa de sus pantalones. Estuvo desnudo al momento, con su amante sobre él, montado a horcajadas sobre sus caderas.
Ricky bajó un dedo por su mejilla, respirándole calientemente sobre la boca. Alex intentó besarle pero este se retiró, chisteando con la lengua en forma de negación.
—Ahora voy a follarte —Alejandro no pudo evitar que se le abriera la boca—. Pero no de la forma en la que estás pensando, idiota —Ricardo alzó su cuerpo y quedó sentando derecho sobre Alex, se relamió los labios mientras comenzaba a embadurnarse los dedos con el lúbricamente. Como si intentara volver a Alejandro loco de deseo, este bajó la mano hasta su ano y comenzó a introducir un dedo en él, gimió ante su propio roce—. Voy a prepararme, y cuando esté lo suficientemente listo, voy a follarte. Tú te quedas ahí y yo… —jadeó cuando metió otro dedo y siguió rozándose, su pequeña erección temblando y balanceándose ante su propia excitación—, yo voy a cabalgarte con tanta fuerza que creerás que te vas a morir.
Alex intentó resistir las ganas de tocarlo, pero maldita sea, era imposible.
Alzó ambas manos y agarró un pezón diferente con cada una, estirando de ellos y gozando de cómo Ricky gemía.
—¿De qué voy a morir? ¿De placer? —preguntó, jadeando tan bruscamente que hasta le había costado hilvanar una palabra con otra.
Ricardo sonrió malicioso, dejando en paz su entrada y colocándose sobre la enorme erección de Alejandro. La sacudió un par de veces con sus manos lubricadas antes de hacer presión sobre su agujero.
—Hablar de eso es tontería, pronto lo descubrirás —pronunció lenta y sensualmente, moviendo despacio los labios en un baile erótico que volvió loco a Alex.
Ricky se dejó caer de golpe, sintiéndolo como un puñal en su baja espalda.
El dolor subió por su columna y más que molestarle, le provocó un profundo placer pinchando sobre su erección. Gruñó y removió las caderas, intentando golpearse interiormente, buscando el lugar más placentero para centrar allí los movimientos.
Alex no podía hablar, primero lo estrujaba de esa forma, de golpe, sin un aviso para que cogiera aire, y ahora se balanceaba eróticamente sobre su polla, como rodeándola.
¡Ese bastardo quería hacerle perder la cordura!
Cuando por fin Ricardo supo dónde tenía que centrar sus bajadas, comenzó a chocar su trasero en sacudidas violentas, echando el estómago hacia adelante para que frotara su próstata mientras él se retorcía en metidas y sacadas con ligeros pero firmes movimientos.
—¡Oh Dios mío! —gritó Alex, cogiéndolo de las caderas e intentando alzarlo un poquito. Comenzó a moverse también, metiéndose profundamente en aquel delicioso culo. Las bajadas de Ricky y sus subidas se compenetraban tan bien que creía que se correría en cualquier momento—. ¡Oh, Ricky! Joder… joder… ¡Sí!
Ricardo gritó cuando la nueva posición no sólo consiguió una penetración profunda, sino que también su polla se frotaba constantemente contra el estómago de Alejandro.
Siguió moviéndose, agarrándose a los brazos de Alex. Gimió y sintió cómo su saliva se escurría sin control de sus labios. Alejandro le tiró del pelo, echándole la cabeza hacia atrás y cuando sus dientes se clavaron en su cuello, Ricky aulló, corriéndose violentamente y salpicando el pecho de su ahora amante.
Alejandro gruñó desesperado, alzándose de la cama y agarrándose al cuerpo casi sin fuerzas de Ricardo. Arañó su espalda mientras se metía profundamente en él, una, dos, tres veces más. Le mordió el hombro para resistir el placer que lo reconcomía y se corrió, desesperado por gritar pero temeroso de despertar a media calle.
Cuando el placer fue remitiendo, cayó sobre el colchón con Ricky sobre él.
Gimió cuando el peso le cortó la respiración y delicadamente, movió a su pareja hacia un lado, abrazándolo mientras recobraban el aliento.
—¿De qué has muerto? —preguntó Ricardo con una mueca que, Alex suponía debería ser una sonrisa.
No tuvo que pensárselo mucho, Alejandro levantó el flequillo de Ricky y besó su frente.
—De… amor, he muerto de… amor —y por fin, no se avergonzaba de decirlo… o no del todo.
Ricardo sonrió, ahora por fin con la respiración a un ritmo normal. Negó divertido con la cabeza.
—Ahora entiendo por qué coño tienes a todas las mujeres jadeando por una mirada. Esa labia no es normal. Pero yo no voy a caer tan fácilmente.
Alejandro se estirazó a su lado, besándole la oreja y acariciándole el cuello suavemente con la nariz. Se apretó todo lo que pudo y dejó que su cabeza descansara sobre el hombro de Ricky.
Se estaba estupendamente bien en los brazos de su amigo, bueno, ahora amante.
—No tienes nada de qué preocuparte, supongo que el problema lo tengo yo. ¿Cuántas copas necesitaré la próxima vez para que te acuestes conmigo?
Ricardo se rio nuevamente, formando esos hoyuelos en sus mejillas que Alex tanto amaba.
—No lo sé, supongo que… tenemos una vida entera para decidir —cuando Alejandro lo miró horrorizado ante la idea, Ricky giró la cabeza y le besó la nariz, mordiéndole la punta después, juguetonamente—. Era broma. Dos, me conformo con dos copas.
Alex sonrió con picardía, levantándose de golpe de la cama y dirigiéndose a la pequeña neverita que había a un lado.
—Marchando dos copas más.
Ricky se carcajeó.
Personalmente veo la historia terminada, que no cerrada, por lo tanto si alguna vez quieres volver sobre ella lo podras hacer, aunque como bien dices esta bien asi. En 32 paginas hay amor, tensión, resentimiento, sexo, humor....nos das la clave para entender mejor a ricky y añades unos secundarios dignos de ser principales. Gracias.Besos
ResponderEliminarIso... que comentario tan frío XD Eso quiere decir que no te gustó??? Yo le tenía puestas muchas esperanzas a este capítulo.
ResponderEliminarDime todas las faltas que le hayas visto, por favor.
Intento que Ricky se exponga más a sí mismo, ya que en el primer capítulo quedó un tanto confuso del por qué tenía esa personalidad tan extravagante. Aquí he intentado explayarme para explicarlo jeje.
Sobre los personajes secundarios, no me suelen gustar mucho las mujeres, es más, he escrito muchísimas historias en donde no he puesto ni una fémina. Pero ahora, con las novelas originales, creo que... el toque femenino siempre viene bien. Elisa es mi preferida. Fran también me enamoró y eso que en un principio ni siquiera existía, las cosas del directo.
Siempre me pasa eso, yo imagino el capítulo de una manera, y cuando empiezo a escribirlo, puaff... se convierte en otra cosa. Es raro XD
Iso, muchísimas gracias a tí por pasarte.
No era mi intención ser fria, lo siento si te he causado esa impresión. Vamos alla otra vez.... Al texto ni tocarlo, que ha quedado genial. Has recreado todo el mundo que se crea al principio de una relación: las dudas, el querer ser aceptado, el instinto de protección hacia el otro y ese deseo increscendo..... me encanta como lo has desarrollado, explicando el porque del caracter de ricki, que es mi debilidad, las relaciones familiares. Si me gusta me gusta mucho mucho muchisimo.Besos con mucho caloooor. Pd: haciendo autocritica tienes razon no parecia yo y buscare si tienes alguna errata (que lo dudo)
ResponderEliminarMe he dejado una cosa, tambien tiene humor, del que me gusta ademas, ese tipo de humor puñetero que crea adicción y te pone una sonrisa en la cara.Besos
ResponderEliminarjajajajaja, eso está mejor Iso XD
ResponderEliminarEs que no se... el otro comentario me dejó insegura, pensé que a lo mejor no te había gustado y no eras capaz de decírmelo para que no me sintiera mal UU
Y por supuesto, si ves algun error, una frace mal dicha, una escena mal escrita, o algo en la trama que no concuerde con la historia, no se... cualquier cosa que no te guste, me la puedes decir, eso me podría ayudar para corregir algunos errores e intentar no cometerlos más adelante.
No tengas miedo de decirme nada, soy alguien que acepta muy bien las críticas.
Gracias Iso por esta contestación tan efusiva XD Me has alegrado el día jeje.
La historia te ha quedado genial , es super tierna y tan bien argumentada(es muy bueno el punto de su historia personal, muy de Almodovar sniff ... divina).En definitiva está lista para ser impresa o presentada en algun certamen.( ya sabes que en tu club de fans admitimos ejemplares dedicados...)
ResponderEliminarSobre si le puedes dar continuidad, ni por un momento dudo que si en un futuro alcanzas una luz sobre un buen punto argumental se lo puedas añadir pero por favor sin dañar a mi pareja favorita, ni separarlos ...
Bueno te ha quedado redonda.Besos.
Cuqui, casi me haces llorar XD
ResponderEliminarEditarlo?? No creo que esta novelita tenga la calidad suficiente, pero vaya, la sola idea me hace tanta ilusión T_T
Sobre la continuididad, tengo millones de ideas, pero eso no signifca que todas ellas vayan a quedar bien. Por supuesto que si la continuo no dañaría a ninguno de ellos, pero... como no tiene una trama seguida y no crea espectación, no se si a la gente le gustaría otra capítulo más, puede que por otro lado, les resultara pesado.
Por ahora parece que ha quedado medio redondo todo XD Y me alegro tantísimo de que te guste, jope, ni te lo puedes imaginar.
Seguiré escribiendo todo lo demás, leyendo y supervisando por ahí... gracas por pasarte Cuqui, ya te estaba extrañando, jeje.
Eyy pues al final te ha quedado muy bien, se nota que has trabajado muy duro en la historia, tiene mucha profundidad, y todos los personajes son adorables! ;)
ResponderEliminar(excepto el cabrón del padre, por supuesto)
Felicidades por tu primer relato terminado y espero que le sigan muchos más, que tienes una forma de escribir del tipo que engancha, ya sabes.. de la clase que no aburre xD (sí, lo sé, soy tan buena expresándome como Alejandro :P)
En fin, lo que quiero decir es que me ha gustado mucho ^^ y ahora voy a comentarte Gea, que vaya tela con Gea!! jajaja
Ita!! Ya te echaba de menos yo por aquí XD
ResponderEliminarYo también estoy muy feliz de que te haya gustado y que todos los personajes te parezcan adorables!! Tengo una falta muy grave, y es que amo tanto a los personajes que hago, que al final, me cuesta ponerlos como malos, termino siempre dándole un toque traumático o algo así... ains.. intento cuidarlos tanto... XD
Mi forma de escribir engancha?? Oh dios... es la primera vez que alguien me dice eso... y no creas, me has dejado sorprendida, casi que me siento con un poquito más de confianza. (Digo poquito porque mi personalidad introvertida no me da para más UU)
Gracias por pasarte Ita, te leo por el otro mensaje.
Es que estuve fuera y por eso no me pude pasar antes. Me alegra haberte dado un poquito más de confianza si eso va a hacer que sigas escribiendo historias tan chulas :D y sí, tu forma de escribir engancha, no lo dudes.. y te lo dice alguien que se ha vuelto muy exigente de un tiempo para acá jajaja :P
ResponderEliminarBesos!
Ita!! No me digas todas esas cosas que al final me voy a poner creía XD
ResponderEliminarAunque no lo creas, tener a cuqui, iso y a tí pendientes de mis novelas me hace sentirme realmente afortunada, tanto que... simplemente me dan ganas de escribir mas y más y más XD
Hoy si puedo colgaré un capítulo nuevo de Lágrimas de Hielo y otro de Mordisco sobre Mordisco, solo para agradecer lo realmente buenas que sois conmigo.
Ita, yo también me estoy poniendo ultitamente muy exigente con lo que leo XD Por eso siempre que escribo algo, lo releo y lo releo y nunca quedo conforme, y ya ni te cuento con los libros en inglés... ains...
Nena, te espero por aquí, pásate pronto que tendrás esas dos sorpresas jeje.
Uy que bien! Que ganas de leer algo de gea y la otra, uff no se cual me gusta más! jejej
ResponderEliminar¡Me encanta, me encanta, me encanta! Tenía que decirlo más de una vez para que tenga más impacto.
ResponderEliminarQue puedo decir. Entre el corazón negro de Ricky y la fantasía de Alex y la porra... Dios, lloro... lloro de la risa.
El padre, que no merece ser llamado así, que horror de hombre. Por eso, pasaré a comentar cosas más agradables.
La confesión del tipo de relación que tenían estos dos no fue para nada lo que imaginaba. De hecho, no pensé que hubiera.
" ... No soy gay. Es solo que Alejandro me pone cachondo, ¿para qué negarlo cuando es tan obvio?"
Alguien que le regale vergüenza a este chico.
Tan lindas Elisa y Sofía... queriendo saber del buenorro de Alex y su destreza sexual. Por desgracia, se suele poner a las féminas en las lecturas homo como lo peor de lo peor ¡por todos los cielos! Si la mayoría que leemos (y escriben) somos chicas! ¿Cómo nos vamos a odiar?
Simpatiquísimo el cuñado Fran, hace falta uno en cada familia -yo pido dos-.
Hablaría de los celos de Alex, pero el que se llevó -otra- medalla fue Ricky. Que ni las ancianitas ni el cuñado están excentos de sus ataques de celos. Aunque le doy la razón con lo de María. Ese Alex tan fresco. Y, que decir que me quedé pensando si iba a ser importante la mención de María en un capítulo anterior, ya veo que sí.
Supongo que tienes razón, quizá Ricky no es mi favorito, pero es entretenido y divertido.
Y esos "te amo" fueron tan románticos... Y ese "naranjita mía" le dio el toque y marca Ricky.
"Todos los demás se hartaron de reír. Hasta juraba que alguno se encogía al dolerle la barriga y todo."
Así estuve yo.
Se siente como un final. Pues estos chicos ya se aman y lo demostraron ¿y ahora que más les depara?
¡Lo veré en el siguiente -y último- capítulo! Jaja
Ahora, un pequeño apartado para comentar tu narración en general:
... Para mí está perfecta, jeje. Supongo que, porque no soy escritora no puedo ver con más detalle. Si escribieras realmente mal, sin ningún tipo de narración, te daría más crítica, supongo. De hecho, hace poco critiqué un fic xD, porque repetía palabras, abusaba del japoñol y de algunas escenas poco detalladas.
Me gustan mucho las metáforas y comparaciones que usas al momento de narrar. No da la misma sensación "me miró muy molesto" a "Si las miradas mataran, estaría tres metros bajo tierra"; por decir un simple ejemplo.
Eso hace que la lectura no se vuelva aburrida. Es donde al menos yo veo, que el autor que estoy leyendo es alguien muy bueno.
Soy sólo una lectora empedernida, que le voy a hacer.
Un abrazo, Fati :)
P.D. Algo en lo que me confundí. No sé como lo estoy leyendo o cual es el problema xD
Ricky comienza a relatar lo de su familia con un: mi tío se ahorcó.
Después...
"—Mi madre se acostaba con el hermano de mi padre. Cuando mi padre se enteró, fue a pedirle cuentas a mi tío, al día siguiente se ahorcó."
Ahí entiendo que fue el tío quien se ahorcó, pues se sobreentiende con lo que dijo Ricky al inicio de hablar sobre ello. Todo claro.
"—Bueno, siguieron casados, ya que Elisa tenía pocos años de edad. Supongo que eso fue lo que hizo a mi madre soportarlo..."
Sus padres siguieron casados, su madre aguanta más que nada por su hermana. Hasta aquí todo bien.
Lo que no entendí fue porque Alex sacó de conclusión que el "padre" de Ricky realmente es su tío ¿se supone que fue el tío quien se ahorcó, no?
Otra duda: ¿Ricky tiene vellos rubios? ¿Pero que no tiene el cabello castaño? ¿Se tiñó... la entrepierna? Jajaja ¿O será que es de un castaño muy claro? Lo digo porque por ahí también dice algo como "pestañas rubias oscuras". Me quedé muy prendada de que es castaño. Así que no recuerdo si especificaste que su cabello es castaño claro o algo así.
Me gustaría que me despejaras mis dudas, no se sí sean obvias o tontas, pero realmente me perdí xD
Jajaja, hola Mayra!!
EliminarVoy a empezar a comentar tus comentarios, siento si he tardado un poco pero mi niño ha entrado en la guarde y tengo un follón metido en casa de tres pares de narices.
Veo que te ha gustado el cuarto capítulo, ole ole y ole jejeje XD Sobre lo de la confesión de Ricky, bueno, es lo más romántico que se puede poner el chico, que le vamos a hacer XD Sobre las hermanas de Ricky, jejeje. Son unos cielos ambas, y para ellas he usado de modelo las hermanas de mi marido, ambas son así de simpáticas y abiertas, y me dije... porque no? Y pienso igual que tú, porqué las mujeres de las novelas homos son malas, porque??? Pues la mayoría vienen de leer mucho fic y querer aislar a los personajes masculinos de cualquier poder de seducción destructivo. En el caso de Naruto, de donde han venido muchas, pero muchas, odian a Sakura con todo su ser, en mi caso, es mi personaje femenino favorito de Naruto!!! Así que en mi caso no lo entiendo. Ahora sobre el cuñado, pues Fran está basado también en el marido de mi cuñada la mayor XD No es que sean físicamente igual ni nada por el estilo, solo un poco parecidos en carácter y demás... espero que nunca lean esto ni sepan que los uso de cobayas literarias XD
Ricky es incluso más celoso que Alex, no se porqué pero me gustan los personajes así, los celos es algo que le da vidilla a una relación, no se... o puede que inmiscuya demasiado mi personalidad en las novelas, a lo mejor debería corregir eso, ya que en ese sentido, todos mis muchachos son iguales... ejem ejem, tomo nota.
La conversación durante el oral estuve a punto de quitarla, ya que eso de naranjita mía y demás, cuando lo escribí me pareció gracioso, pero después no se si quedaba algo infantil para editar la novela. Aunque la personalidad de Ricky es así, pero... no sé. A ver que opinas tú de esa duda. ¿Lo cambiarías? XD
Así que una cosa que te gusta de la narración es el toque más humanístico de está, no?? No es una novela escrita correctamente, seca en la narración y centrada en los hechos. Muchas veces pienso que estoy escribiendo en primera persona, me enfoco en los pensamientos de los personajes pero en tercera persona y mezclando ambos en la misma escena. Si eso te gusta, pues muy bien!! Me lo apunto, seguiré enfocándome en esa forma de narrar más seriamente.
Ahora sobre tus dudas:
Alex ve como su padre trata a Ricky, así que al hablar sobre su tio y su madre, directamente llega a la conclusión acertada de que su tio es su verdadero padre. Y lo que te has confundido es en pensar que su tio se ahorcó antes de que naciera Ricky, si así es... pero su madre ya estaba embarazada. Que eso fue realmente lo que provocó que su tio se ahorcara cuando fue su hermano a reclamarle. Piensa en la diferencia de edad que Ricky se lleva con Elisa.
Sobre el cabello, Ricky tiene el pelo como Adrián. Rubio oscuro o castaño claro, donde entra uno y acaba el otro??? He ahí la cuestión XD A lo mejor debería corregirlo y especificarlo mejor, jeje.
Gracias por tu comentario, has tratado tantos puntos y me has hecho pensar un montón. Te lo agradezco, un besazo muy grande!!!
¡Hola! Yo tardé más en regresar xD.
EliminarCon que algunos personajes están basados en personas reales... bien dicen que la realidad supera a la ficción, jaja.
El odio a Sakura es pan de cada día... y con toda la pena te lo confieso, yo también lo hice, jaja. Pero con el tiempo me pregunté, ¿por qué la odio? ¿realmente hay una buena razón para eso? Mi odio era por los mismos fanfics. Al final, vi que no había razón, y menos en Shippuuden. Además estaba chava, y se me hizo fácil odiarla en aquel tiempo, jaja.
Lo de naranjita, jaja. Pienso lo mismo. Quizá es algo infantil, extraño... pero luego recuerdo que es Ricky quien lo dice, así que no resulta tan chocante... casi casi te esperas a que salga una tontería de él en cualquier momento. Literalmente, en cualquier momento, jajaj.
Oh, gracias por sacarme de la duda del padre de Ricky... ya entendí xD. Es que soy mala para captar algunas cosas si no lo dicen directamente. Como lo que me acabas de aclarar que la madre de Ricky quedó embazada de esa relación. Si seré lenta, jajaja.
Te entiendo lo del cabello. Por ejemplo, en el cabello de Sasuke algunos lo describen "peliazul" o "azabache"; o en los ojos de Naruto: "azules", "celestes"; en los ojos de Gaara: "turquesa", "verdes", "aquamarina". Pero como son personajes que uno ya sabe como son, pues no nos confundimos. Entonces, aquí me imaginé el castaño de Ricky como oscuro, pero para ti era claro xD
Encantada de que te sea de utilidad lo que te escribo, y que respondas :)