martes, 27 de julio de 2010

Lágrimas de Hielo (Capítulo 2)

Gea 01: Lágrimas de Hielo
Capítulo 2

Eneas estaba nervioso. Todo había pasado muy rápido. Simplemente estaba buscando algunas hierbas cuando sintió el jaleo armado en mitad de la plaza. Había acudido a poner orden creyendo que alguien había cometido algún desliz, eso era bastante típico en días festivos. La magia estaba prohibida en los siete reinos de Gea, el Rey Supremo Angus, la había prohibido después de varios años de miseria, violaciones, secuestros, robos, y varios usos más que todos reconocían eran a causas del peligro que causaba la total libertad de tales facultades.

Los días festivos eran totalmente molestos para Eneas. Controlar a una gente que podía usar magia por fin después de tanto tiempo, no era fácil. Lo peor de todo es que su hermano había ido a cazar con Karel y todavía no había vuelto. Odiaba a ese maldito capitán, siempre se las apañaba para liar a Eros cuando más falta le hacía a Eneas. Parecía que el hombre existía solo para hacerle la vida más difícil.

Todo aquello pronto voló de su cabeza cuando halló al extraño chico arrimándose hacia la frente y la cara extremadamente pálida. Nunca había visto a nadie con los ojos de ese color. Era un azul hermoso, tanto como el cielo, tanto como ese enorme mar que los separaba de aquella otra lejana tierra. Un vistazo a la situación y a la ropa del chico le hizo darse cuenta rápidamente de que pasaba algo. Puede que no fuera de allí. Puede que fuera alguien de las dos personas que tanto su hermano como él habían esperado durante casi toda su vida.

Puede que se equivocara, que en aquel extraño mundo de donde tenían que venir, las mujeres tuvieran esa apariencia. O puede que simplemente hubiera alguna equivocación. Daba igual, esos ojos eran… realmente hermosos.

Estaba tan ensimismo con esa persona que no percibió el verdadero peligro de la situación. No pudo reaccionar a tiempo y varias piedras, demasiadas, chocaron contra él. Se puso delante, defendiendo claramente lo que sabía que le pertenecía.

Ahora, recordando todo esto, se sentía confundido. Estaban en el enorme salón de su castillo. Tenía al chico sobre un largo asiento de piedra. La camisa que le cubría el pecho había sido cortada con su puñal para ver las heridas. No era grave si no llegaban a infectarse.

Podía sentir la mirada de Eros, sentado en el otro extremo del banco con Beatriz. Ella si que parecía una mujer, y estaba claro que Roberto no lo era. No entendía que coño estaba pasando aquí.

—¿Estás bien? —preguntó su hermano, acariciándose la barbilla como siempre hacía cuando estaba preocupado.

Eneas asintió.

—Todo lo bien que puedo estar —susurró, avisando un pequeño movimiento en la cara de Roberto. Éste encogió el ceño y comenzó lentamente a abrir los ojos. Eneas se inclinó y le colocó una mano en la frente—. Tiene un poco de fiebre.

Roberto, sintió la calidez de una mano, era tranquilizadora, y aunque tuvo ganas de volver a dormir, lucho contra la impotencia y consiguió enfocar la mirada. Su gigante rubio estaba sobre él, rozando sus largos y ásperos dedos contra la suave piel de su frente.

—No me encuentro bien —murmuró intentando levantarse.

Eneas volvió a empujarlo contra el banco, ordenándole con la mirada que siguiera tumbado.

—Quédate ahí, tengo que cuidar de esas heridas —Roberto asintió, demasiado atontado como para ponerse a discutir—. Ábrete eso y déjame bajarte los pantalones.

No pudo evitar que se le abriera la boca.

—¿Qué, qué? —preguntó, quería chillar pero sonó más como un gemido. Sintió una mano de Beatriz en su hombro. Quería tranquilizarle pero él podía notar que su hermana pequeña estaba temblando.

Eneas se encogió de hombros.

—Tengo que revisar también tus piernas, pero no sabía como abrirte eso —dijo señalando los vaqueros—. Date prisa —gruñó.

Roberto suspiró bruscamente. ¿Qué remedio le quedaba? Le daba algo de vergüenza desnudarse delante de todos pero… allí solo estaban los dos gigantes y su hermana. Las puertas del salón estaban cerradas y las escaleras parecían aun más solitarias que el mismo salón.

Tampoco le había pedido que se quitara los calzoncillos, gracias a Dios. Cambió de idea cuando quedó en ropa interior y de golpe y porrazo, como si alguien la hubiera llamado, una hermosa mujer apareció por la puerta de su derecha. Ni siquiera se había percatado de que había otra puerta allí.

Se sonrojó como si se hubiera metido una cornetilla picante en la boca e intentó taparse las piernas con los mismos vaqueros.

La hermosa pelirroja se paró frente a ellos, echándole una oscura mirada con esos enormes ojos verdes esmeralda. Lo veía como si fuera un insecto que tenía que aplastar cuando nadie se diera cuenta, aunque él si que probó en su boca la llama de sus ojos. Dios, esa mujer le odiaba y él no sabía por qué.

—Aquí, la infusión de Albahaca —la mujer dejó una taza en el extremo del banco de piedra, donde hace unos segundos habían estado los pies de Roberto—. Comprensas de Salvia y el ungüento de Árnica.

Eneas asintió bruscamente con la cabeza, despachándola después con la mano. Se sentía extraño al enfadarse por el sonrojo de aquel muchacho extranjero. Por un lado el pensar que podría ser por la belleza de Kazla lo cabreaba y por otro, que el chico admirara a otra persona que no fuera él… ¿pero que diablos pensaba?

Suspiró, cogiendo las compresas y colocándolas en los rajuñones de los brazos y piernas de Roberto. La puerta de su derecha volvió a cerrarse y todo quedó en silencio.

Beatriz miraba a su hermano, que parecía demasiado impactado para hablar. Miraba hipnotizado las compresas sobre su cuerpo, todavía manteniendo un poco del sonrojo en sus mejillas. Su hermano era un tonto, avergonzándose por las cosas más insignificantes. Echó un vistazo a Eros, que parecía estar pensando en algo, para después girarse hacia Eneas, otro que parecía concentrado en su tarea para no tener que comenzar una conversación.

—¿Qué es eso? —preguntó Bea, señalando las compresas.

Eneas, volvió a presionarlas, esta vez sobre el muslo derecho de Roberto.

—Salvia. Viene bien para desinfectar las heridas. Ahora le aplicaré un ungüento de Árnica que tendrá que juntarse tres veces al día. Eso bajará la hinchazón de los golpes.

Eros cogió la infusión y se la ofreció a Beatriz, justo cuando la taza rozó las pequeñas manos, le acarició el pelo, recogiendo un mechón café tras su oreja. Era un gesto tan delicado que la chica no pudo más que desviar los ojos, sabía que si no evitaba el contacto terminaría diciendo una de sus tonterías a causa de la incomodidad.

—La albahaca te vendrá bien para calmarte —Eros dejó claro que sabía, que Bea intentaba aparentar tranquilidad para no preocupar a su hermano..

Roberto agarró la mano de su hermana, apretándola fuertemente. Ella no tenía que preocuparse por esas cosas, pues él conseguiría sacarlos de este problema. Tendría que haber alguna forma de salir de allí, y reconocía que desesperarse no llevaría a nada, la actitud que había tomado Beatriz desde el principio era la indicada.

—Eso no era para ella —gruñó secamente Eneas, mirando de refilón a su hermano.

Eros se rió, aun más cuando vio a Roberto alzar una ceja extrañado. Su hermano gemelo siempre había sido una persona extraña, silenciosa, posesiva. Disfrutaría de ver como transcurrían las cosas, lo estaba deseando.

Roberto no las tenía todas consigo. No solo le extrañaba que ese gigante rubio se preocupara tanto por él y lo protegiera, si no que el apretón de los recios dedos le estaban magullando el muslo. ¿Estaba curándolo o haciéndole más cardenales?

Pronto Eneas pasó a aplicar la pomada. Sus manos se deslizaron suavemente sobre el tobillo hinchado de Roberto, y este no entendió porque el simple roce de aquellas manos le ponía nervioso. Cerró los ojos y respiró hondo, pero el movimiento de arriba a bajo, ahora por su pantorrilla, lo alteraba, tanto o más de lo que su respiración se encontraba ahora. ¿Por qué?

—No soy una mujer —advirtió de repente, llamando la atención de toda la habitación.

Eneas siguió su trabajo, sin parecer reaccionar a esa afirmación.

—Me doy cuenta.

—Pues será ahora —acusó Roberto, sacando su pierna de las enormes manos de Eneas. Gimió cabreado cuando el gigante simplemente se dedicó a embadurnar la otra—. ¿Por qué sabíais quienes éramos? —giró con rapidez su cabeza hacia Eros—. ¿Y que demonios te traes con Beatriz? No voy a permitir-

Eros le cortó.

—Tú no me tienes que permitir nada —agarrando a Bea del brazo, la cual procuró sujetar bien la taza que estuvo a punto de caer al suelo, la apretó contra él, en un signo claro de posesión—. Ella es mi mujer, lo ha sido desde siempre y ahora que la tengo no permitiré que nadie me la quite. Si tengo que matarte para ello, entonces-

Roberto quedó con la boca abierta. ¿Su mujer? ¿Matarlo? ¿Qué? No sabía que hacer, aunque tampoco tuvo mucho tiempo para pensar. Un gruñido impresionante, que resonó en todo el lugar, y un cuerpo enorme se pusieron delante de él.

Eneas encaró a su hermano gemelo, rugiendo nuevamente.

—No te atrevas.

Roberto se sorprendió, y por algún motivo que no entendía, se sintió feliz, extraño pero feliz. Cuando vio a Eros encogerse de hombros y volver a sentarse en el banco, con aun Beatriz apretada contra él, Roberto giró su mirada hacia Eneas. Llegó un momento que no había nadie en la sala, solo aquel gigante rubio que aun no se atrevía a mirarlo.

—¿Por qué? —le preguntó, con la voz insegura—. ¿Por qué desde que he llegado aquí no dejas de protegerme? Ya te he dicho que no soy una mujer, ni siquiera somos de este mundo. Entonces…. ¿por qué?

Eneas apretó tanto el tarro del ungüento que esté se desquebrajó, cayendo al suelo en grandes trozos. Sin embargo, la robusta mano del gigante seguía intacta.

—Tú me perteneces, igual que Beatriz le pertenece a Eros. Si él quiere tomarla como esposa está bien, yo no pienso tratarte de esa manera. Ya estoy casado con Kazla. Sin embargo, me sigues perteneciendo y haré contigo lo que me plaza. Por que ahora, tú eres mío.

—¡¿Qué?! —gritó Roberto, intentando levantarse pero fracasando miserablemente. Cuando acabó de nuevo con el culo en la fría piedra, volvió a gritar—: ¿Qué? ¿Yo tuyo? ¿De qué mierda estás hablando? ¡Y Beatriz tampoco te pertenece! —le gritó a Eros, que lo miró como si quisiera despellejarlo vivo, aunque no lo hizo, seguramente teniendo en cuenta la anterior amenaza de Eneas—. Yo soy un hombre, no puedo pertenecerte de ninguna manera —le dijo de nuevo a su gigante rubio—. Además, si tú ya estás casado con Kazla, simplemente déjame en paz. Nosotros buscaremos una forma de regresar, no podemos quedarnos aquí, está mamá, la universidad, y… mi vida. No… yo… —su voz se iba haciendo cada vez más baja, más insegura. Había algo en aquel lugar que lo confundía.

Beatriz solo podía mirar los ojos afilados y oscuros de Eneas, después a la confusión de su hermano. Si ella no paraba eso, iba a acabar muy mal. Tragando saliva y sintiéndose extrañamente segura en los brazos de Eros, se atrevió a hablar.

—Nosotros no pertenecemos a este mundo… ¿Cómo nos conocéis?

Eneas giró su enorme cuerpo y salió del salón ante el asombro de todos, poco después apareció con una tabla y un pequeño cepillo. Recogió el destrozo que había provocado.

Eros tomó esa acción como una aprobación a la pregunta de la chica.

—Esto es Gea —empezó a explicar el jefe de Granmor—. Este mundo está divido en dos tierras separadas por el impresionante mar de Alf. A su derecha se encuentra Gaia, es una tierra desconocida para nosotros, solo sabemos que tienen grandes fortificaciones que flotan misteriosamente sobre el agua. No dudo que tiene que tratarse de magia. Después se encuentra esta, donde estamos. Gea.

¿Fortificaciones sobre agua? Roberto alzó una ceja.

—¿Te refieres a barcos? —se rió—. Eso no es magia.

Beatriz silbó sorprendida al darse cuenta de la veracidad en las palabras de Ricardo.

—¡Claro, barcos! —ella asintió, mirando a su alrededor—. Esto parece algo así como la edad media. Pero… ¿en aquella época no había barcos?

Roberto se quedó pensando unos momentos, mirando después a su hermana.

—Esto es visiblemente diferente. Ya sabes, la magia no existe, o bueno, aquí sí. Se podría decir que viven más o menos parecidos a esa época. Es extraño —y ahora a parte de todos los golpes también le dolía la cabeza.

Eros y Eneas se miraron, sin seguir la conversación de los hermanos. El primero en el banco de piedra y el segundo acuclillado en el suelo y terminando de recoger los cristales. Después Eneas, echó la cara hacia otro lado, y Eros supo que no encontraría respuesta a la pregunta de su mirada. Decidió seguir su explicación como si los otros dos no hubieran hablado.

—Cuando el príncipe heredero de cada Reino Menor cumple los nueve años, es llevado al templo de Fanghial, donde las sacerdotisas vírgenes de la Diosas le pronostican el futuro. Ellas ponen a prueba el poder del heredero y le imponen la persona con la que el destino a decidido enlazarla.

Roberto, miró a Eneas, había algo que aun no le quedaba del todo claro.

—Vosotros sois gemelos, ¿cierto? ¿Cómo decidieron cual sería el heredero al trono? ¿Por el primero que nació?

Supo de inmediato que aquella no era una pregunta bienvenida. Eneas gruñó y habiendo por fin terminado, volvió a salir por la puerta de la derecha. Esta vez no regresó de inmediato. Roberto pensó… ¿había algo que no quería escuchar en la respuesta que daría Eros? A no volver a verlo, supuso que sí.

Eros se acarició la barbilla lentamente.

—La verdad es que el poder en Gea, se dispone a partir de la magia que contenga cada uno. El elemento que se posee también se tiene en cuenta.

—¿Elemento? —preguntó interesada Beatriz.

—Eso es —asintió Eros—. Los Elementos corrientes son Agua, Viento, Fuego y Tierra. Después hay algunos otros que se han visto una o dos veces en la historia. Y la mayoría eran complementarios.

—¿Te refieres a que los tenían como segundo Elemento? Es decir, primero uno de esos cuatro y después otro diferente… —indagó Roberto.

Eros asintió, sorprendiéndose de lo buenos estudiantes que eran esos dos hermanos. Después giró su mirada hacia la puerta y bajó la cabeza. La expresión triste en la que se transformó su cara no pasó desapercibida para ninguno de los presentes.

—Hay veces, sin contar el nivel de poder de cada uno, que nacen personas sin ningún Elemento. Ese fue el caso de Eneas. Aun siendo el primogénito, y criado como el heredero, pronto se dieron cuenta, cuando yo empecé a practicar con mi Elemento, que él no tenía ninguno. Quedó reducido a un segundo lugar.

Beatriz se mordió el labio.

—Y entonces tú fuiste proclamado heredero al trono.

—¿Ningún elemento? —preguntó a su vez Roberto, confuso—. ¿Y no puede ser que no puede hacerlo funcionar? —se cayó, corrigiéndose rápidamente—. Digo que… ¿no puede ser que no sepa como utilizarlo? ¿Qué algo se lo impida?

Eros lamentablemente negó con la cabeza.

—No, eso es algo que está en nosotros, no hay manera de que no pudiera utilizarlo si realmente lo tiene. Se dice, que por lo menos una vez en cada familia Real, se ha producido un caso de estos. Es por eso que…

—Soy curandero —Eneas se abrió paso, acercándose a Roberto, agachándose y echando un vistazo a su tobillo, parecía que la hinchazón empezaba a remitir—. No hay ningún Elemento para el proceso de curación, así que… aunque exista la magia, estamos igual de desprotegidos. Yo puedo no poseerla, pero tengo mis dones. Soy el mejor curandero de todo Gea y me enorgullezco de ello.

Roberto sonrió, asombrado y sintiendo una plena admiración por aquel hombre. En cierto modo, podía entender el desconcierto de verse diferente a todos los demás, que por ello te destronen de algo que por derecho era tuyo. Y sin embargo, Eneas había salido victorioso, siendo necesitado por toda su tierra gracias a facultades conseguidas y que ningún otro, a pesar de su magia, podía igualar.

—Lo que estaba diciendo —empezó de nuevo Eros, había pasado una hora de charla y todavía no llegaba al asunto que les concernía—, cuando fui, calcularon mi poder, y me aceptaron como heredero. Después me dijeron que mi alma estaba en otro mundo diferente a este, y que la diosa Fanghial me la traería cuando cumpliera los veintiséis años.

Beatriz le cogió alegremente la mano, sorprendiendo a Eros, que alzó una ceja y la miró expectativa.

—¡Feliz cumpleaños! –le sonrió a también a Eneas-. A ti también.

Roberto le dio un ligero guantazo a su hermana en el brazo con el revés de la mano.

—Estúpida no es momento de felicitaciones, ¡que están hablando de ti!

La chica después de pensarlo seriamente durante unos segundos, se volvió hacia Eros.

—¿De verdad?

Eneas se pasó una mano por la cara, cansado, pero Eros no pudo evitar soltar una carcajada. Amaría a esa chica sin ninguna duda. Que diablos, ya lo estaba empezando a hacer.

—Eso es —le confirmó a Bea—. Me dijo que se llamaría Beatriz y que vendría de otro mundo gracias al poder de la diosa Fanghial. No es la primera vez que hemos oído que gracias a ella, varias personas de aquí o de allí han viajado de un mundo a otro. Entonces le pregunté sobre-

—¡Espera! —gritó Roberto, intentó levantarse del asiento de piedra, pero las fuertes manos de Eneas lo volvieron a dejar sentado. Lo miró a punto de quejarse, pero la seriedad en aquellos ojos junto a algo parecido a la preocupación le hicieron desistir, no le costaba nada complacerlo. Sin pensarlo más, se volvió hacia Eros y le dijo—: Esa Diosa… Fanghial, ¿puede regresarnos a nuestro mundo?

Eneas levantó una mano para que Eros no contestara, haciéndose él con la pregunta.

—Ella nunca hace nada sin recibir algo a cambio. Lo de Eros estaba previsto por el destino, cuando las tres diosas Phinxies, escriben el futuro, ella solo puede acatarlo. Sin embargo, estoy seguro que en algún momento, vendrá a pedir algún favor a Eros. Pero tú no tienes nada en tu poder que puedas entregarle a la diosa a cambio del viaje. Si acudes a ella, puede ser que acabes mal.

—¿Por qué? —se atrevió a preguntar, no muy seguro.

Eneas negó con la cabeza.

—Hay veces que las exigencias de Fanghial no tienen límite. Es capaz hasta de pedirte el alma de tu hermana a cambio de tal deseo.

—¡No! —gritó Roberto, ahora sí, poniéndose de pie y agarrándose a la camisa de Eneas—. No por favor… —dijo asustado—. Beatriz no… no permitas que nadie le haga daño. Tienes que ayudarme a sacarla de aquí tienes que… —su respiración dolía y su cuerpo débil chocó contra el de Eneas, quién lo sujetó por la cintura y lo apegó más a él. Con su otra mano le acarició el cabello negro, acariciándole la nuca con ligeros círculos. Roberto suspiró.

—Yo no tengo que permitir o no permitir algo como eso. Beatriz es la mujer de Eros, y él defiende lo que es suyo hasta la muerte. Cuando tu hermana sea oficialmente también mi hermana, yo la protegeré también con mi vida. Porque seremos familia, y aquí esos lazos lo son todo.

Roberto se separó de golpe, un poco más tranquilo y sin creerse el ataque de pánico que había tenido. ¿Por qué de todas las personas en la sala, él había acudido a Eneas? ¿Por qué se había sentido a salvo y seguro en sus fuertes brazos? Tragó saliva y se sentó de nuevo, él había corrido a los brazos de un hombre. ¡Se estaba volviendo loco! Sintió tanta humillación ante ese hecho que podía sentir las lágrimas escocerle tras los párpados, pero nunca les daría el placer de verlo llorar. ¡Era un hombre adulto, hecho y derecho! Nadie lo iba a tratar como un muchacho imberbe y desvalido.

Sin embargo, tener a Eros protegiendo a Beatriz en ese mundo cuando él no podía, era tal consuelo que casi le dieron ganas de llorar de verdad. Él por su parte tenía a Eneas… mierda, y ahí iba de nuevo. ¿Qué le pasaba? ¡Estaba empezando a preocuparse!

—Deja a Beatriz a mi cuidado, tú no puedes hacer nada, en cambio yo, puedo protegerla de cualquier cosa. Ella será tratada como la Reina de Granmor, con todo el respeto que ello conlleva. Nadie se atreverá a ponerle un dedo encima, mientras eso sea así.

Para sorpresa de Bea, Roberto asintió. Podía repatearlo el hecho de verse inferior a Eros, pero quién negaría lo evidente. Lo primero era la seguridad de su hermana, aunque ello la llevara a tener que casarse con ese gigante rubio. Mientras estuviera a salvo y ella no se opusiera, Roberto no diría o haría nada para impedirlo.

—Entiendo —dijo completamente rendido—. Sigue con lo que estabas contado.

Eros apretó a una Beatriz completamente impactada contra su pecho y se apresuró a terminar la historia.

—Normalmente, después de obtener la aprobación y el nombre de mi alma, debería haberme marchado pero decidí-

—¿Alma? —preguntó Bea, ya era la segunda vez que la llamaba así.

Eros hubiera gruñido de frustración si fuera sido Roberto el que nuevamente le hubiera cortado, pero al ser su mujer, simplemente respiró hondo y le dijo:

—Según la religión Otix, los seres humanos que vivimos en este mundo carecemos de Alma. Sin embargo, nos unimos a otras personas para poder sobrellevar la soledad y calmar el deseo de la carne. Sin embargo, a los reyes se nos permite completar nuestra naturaleza, y unirnos a nuestra Alma que reside en el otro mundo. A veces, también se le asigna este regalo a otro miembro de la familia real, sobretodo si este había nacido con el derecho a ser el heredero, aunque por bajo poder o la falta de este, se le había sido retirado.

Beatriz asintió, sintiéndose algo avergonzada. Ella se suponía que era el Alma perdida de Eros, y el conocimiento de ello le causo un calorcito en el pecho. Aquel hermoso hombre, alto, varonil, un impresionante guerrero, estaba unido a ella, la necesitaba. Era impactante pero tan malditamente agradable que no tenía palabras para definirlo.

Por su lado, Roberto no podía evitar tener la boca abierta. Si eso era verdad, significaba que él era el Alma de Eneas. ¿A eso se refería con que le pertenecía aun cuando estaba casado?

No le dio tiempo a preguntar, pues Eros continuó:

—Decidí preguntar por mi hermano —explicó, volviendo de nuevo a cuando con nueve años fue al templo—. No era justo que fuera destronado, y por lo menos, quería darle ese pequeño regalo. Las sacerdotisas me confirmaron que su Alma vendría junto a la mía, que serían hermanos como nosotros y que le cambiaría la vida. Le pronosticaron un futuro de fuertes disputas y sufrimiento, pero que al final después de luchar contra ello, conseguiría la felicidad y la tranquilidad que toda su vida había deseado.

Roberto sintió que sus mejillas, en contra total de su voluntad, se sonrojaban. ¿Él le traería a Eneas felicidad y tranquilidad? ¿A ese hombre serio, distante y sombrío? Roberto encogió la cara al pensarlo. Eneas parecía un hombre con el interior rasgado, ¿tal había sido su sufrimiento para haberlo dejado escondido tras esa enorme coraza? ¿Podría descubrir al hombre suave y cariñoso que estaba seguro se enconaría tras ella?

De repente, se llevó una mano al pecho, mirando hacia abajo impactado. ¿Por qué volvía a pensar de nuevo en esas cosas? ¡Era un hombre! ¡No tenía que hacer feliz a Eneas! Además… su gigante ya estaba casado con esa pequeña y hermosa pelirroja. Su cara se deformó en una sonrisita irónica. Por supuesto que la mujer quería asesinarlo, no era para menos. Que tu marido fuera robado por otra fémina ya era una desgracia, ¿pero por otro hombre? Rayaba lo desesperante.

¡Un momento! ¡Él no iba a robarle el marido a nadie! Dios… necesitaba una buena siesta para que esos estúpidos pensamientos se fueran de su cabeza.

—Eso no importa —Roberto alzó los ojos ante la sorpresiva agresividad en el tono de Eneas. Por supuesto, iba dirigida a él—. Primero se me es retirado el derecho a un Elemento, después el destino se ríe de mí al darme un hombre como Alma, me rindo. Yo seré quién escriba mi propio destino. Yo formaré mi familia junto a Kazla, aunque mantenga a mi Alma conmigo, no seguiré el hilo que haya tejido las Phinxies.

Antes de que Roberto pudiera quejarse ante tal desprecio, Eros se levantó, separándose por primera vez de Beatriz desde que ésta había llegado a ese extraño y loco mundo.

—¡Eneas! —gritó encorajado—. ¡Está escrito que debes casarte con él! ¡Tú lo sabías cuando Kazla se entregó a ti, sabías que tendrías que cumplirle a ella aun cuando estabas prometido a otra persona! —respiró hondo, mirándolo con las mejillas coloradas de la furia—. Podrías haberla mantenido como amante sin casarte. Ahora nunca tendrás a Roberto, aun cuando cambies de idea. Nunca.

La palabra golpeó la cabeza de Roberto como un mazazo. ¿Nunca? ¿Y por qué diablos le importaba eso? Se tocó la frente, el dolor se incrementaba.

Beatriz se agarró al brazo de Eros, mordiéndose el labio.

—¿Una matrimonio no se puede separar para casarse con otra persona?

Eros negó bruscamente con la cabeza.

—No hasta que la muerte los separe o el Supremo Rey Angus lo anule.

Bea miró a su hermano, que parecía frustrado. Ella estaba segura de que Roberto no tenía esas inclinaciones, le había conocido dos novias oficiales, con la última estuvo a punto de casarse. Pero, por algún motivo que ella no comprendía, él parecía dolido por todo esto.

—Quédate entonces con esa Kazla. –gruñó de repente Roberto, levantándose y mirando a Eneas con ojos gélidos. El azul se había vuelto un poco más claro de lo que Eneas recordaba—. Yo volveré a mi mundo y… ¿crees que me importa que pierdas tu Alma? —se giró, dejando al gigante rubio sin palabras y encaró a Eros—. Sé que suena irrespetuoso, aun cuando estoy en tu castillo pero… ¿podrías dejarme alguna cama, colchón, o donde diablos duerman, para echarme? Siento que si no descanso se me va a caer la cabeza a pedazos.

Eros suspiró bruscamente, harto de todo aquel problema, Gracias a Fanghial que él tenía a la pequeña Bea, y por su comportamiento cerca de él, dudaba que ésta le rechazara. Se dio la vuelta y echó a andar hacia la escalera que había en un rincón de la sala, próxima a los dos grandes portones de la entrada.

—Sígueme. Ya había preparado con antelación dos habitaciones.

Roberto sonrió a su hermana y movió la cabeza, indicándole que ella también los siguiera. Un diablo si pensaban que la iba a dejar allí sola, Bea iría con él a su cuarto y dormiría a su lado hasta que él tuviera la aceptación de ella para esa loca boda con Eros. Si no fuera el único modo de protegerla se negaría de lleno.

Sus pies no dieron dos pasos cuando un brazo lo agarró con fuerza, dio una vuelta y se vio estrellado contra algo duro.

Cuando abrió los ojos volvió a cerrarlos ante el dolor de su nuca. Estaba apretado contra Eneas y este tenía una mano sujetando fuertemente su cabello para que alzara la cabeza y lo mirase.

—No voy a permitir que te escapes de mí. ¡Tú eres mío, ¿me oyes?!

Roberto abrió la boca para protestar, pero solo salió un pequeño quejido. Sus ojos volvieron a aclararse un poco, como cada vez que se cabreaba.

—Yo no pertenezco a nadie. Tú tienes tu mujer y me da igual si soy tu Alma o no, yo seré posesión de la persona que elija —cerró los labios y los alargó en una mueca irónica—. No niego que pueda enamorarme en este mundo, pero me entregaré solo a quién yo escoja. Seas tú o… no.

Eneas rugió ante tal declaración. ¿Ese pequeño hombrecito le estaba diciendo lo que él creía?

—¿Estás tratando de amenazarme? ¿Crees que no puedo mantener a mi lado lo que me pertenece? —estiró más fuerte del cabello de Roberto, alzándolo hasta que amabas cara quedaron una sobre la otra. Los pies de Roberto no tocaban el suelo, Eneas sujetaba su peso con una sola mano en su cintura—. No permitiré que te acerques a ningún hombre que no sea yo, si alguna vez que veo-

La risita cínica de Roberto, que de repente parecía otra persona, le tronó en los oídos.

—¿Si me vez qué? —provocó Roberto—. Tú tienes a tu mujer y pretendes que yo me quede a tu lado, ¿como si fuera un perro para hacerte compañía? —su voz se fue volviendo más alta, hasta que rugió—: ¡Soy un hombre! ¡Necesito deseo, pasión, sexo!

Eneas quedó tan sorprendido por unos momentos que aflojó el agarré, dándole la oportunidad a Roberto de deshacerse de él y alejarse. Echó a caminar justo tras Eros que al ver la conversación terminada decidió acelerar la marcha para prevenir que esta volviera a resurgir y por supuesto, a empeorar.

Por el camino, Beatriz se mantuvo silenciosa, y Roberto sabía que lo estaba mirando sin saber que decirle. Era gracioso, pues casi podía asegurar que era la primera vez que su hermana se quedaba sin palabras. Pero… él tampoco entendía el por qué de su actitud. Siempre había sido alguien mas o menos tranquilo, pero la llegada a aquel mundo, el cambio radical que había dado su vida, el ser el Alma de otro hombre… ¡eran tan ridículo e increíble! Necesita descansar y meditar todo el asunto. Era de locos, y loco se estaba volviendo él también.

Claramente, esto no podía seguir así.

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12 comentarios:

  1. Esto está cada vez mejor , chiquilla tú vales muchos. Me encanta el giro del casamiento de Eneas y Kazla, el modo de reaccionar de todos como dando la razón a la profecia de las almas, y todas las interrogantes que se plantean(el desarrollo de Roberto en ese nuevo mundo, lo que tiene que decir Kezla, como lo quiere solucionar Eneas, las aventuras de Eros y Bea, en fin....)
    yo quiero ver maaaaaaasss ... me voy a quedar sin uñas.... no soporto esta espera .... esto en un infierno... no me dejes tanto tiempo sin saber... *uff creo que me pasé animando...*
    Muchas gracias.

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  2. Intentaré escribir uno por semana, lo juro y si puedo, hasta dos... o más...
    Como verás, cuqui linda, estos capítulos no son tan largos como los otros. Los de Mordisco sobre Mordisco tienen unas 15 o 16 páginas, los de copas son inmensos, pero los de Lágrimas de Hielo apenas llegan a las 11.
    Me alegro que te haya gustado tanto porque yo, cuando lo estaba escribiendo me gustó, pero cuando lo leí no se... me dio un aire infantil el contenido... y por eso estaba prevenida por si a alguien no le gustaba XD
    Supongo que no esperabas que Kazla estuviera casada con Eneas jajajaja. Esta novela es de esas de tensión sexual al extremo, acompañada de una larga trama y un hetero que se empecina en no ser gay. Pero a Eneas le cuesta separarse de Robby, aun en el segundo capítulo. Después de todo es su Alma y le pertenece XD
    Cuqui, seguro que pensaréis como diablos llegó Robby allí y por qué (a parte del poder de Fanghial, creo que tendré que hacer un glosario un día de estos) no creas, porque eso también tiene explicación, jeje.
    Y otra pista que te voy a dar (es que me has animado con tanta alegría XD) es que no todo el libro va a transcurrir en Gea, ejem... creo que con eso ya lo he dicho todo.
    Gracias por pasarte, me muero también por saber que opina Iso...
    Uff.. aquí hace mucha calor XD

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  3. No se donde sacas que tiene un aire infantil el contenido fati, a mi no me lo parece, pero el autor es quien mejor conoce su obra.... pero yo no veo naadaaa infantil a eneas y sus reacciones, y en vista de que me gustado tanto este personaje no dire mas nada, bueno que me lo pido para mi cumple jaja. Y si voy a decir mas, me intriga sobre manera este mundo, sus personas y magia tienes una imaginacion prodigiosa y estoy deseando ver como se desarrollan todas las tramas sobre todo que tiene que decir kazla porque dira algo no? Gracias por tu trabajo y besos

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  4. evidentemente la del comentario de arriba soy yo me comido un monton de letras, tendria hambre aunque me inclino a pesar que era mas bien ganas de comentar el texto, me has puesto nerviosa con eso de " me muero por saber...." te imaginaba al borde de la muerte por incertidumbre y la ansiedad a la espera de mi magnifica critica jaja. Es coña, se me ha ido la olla debe de ser el calor o el desayuno que se me a subido a la cabeza

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  5. Pues chica, coincido con Iso, no le veo nada infantil al contenido. Lo de los elementos me encanta, (¿te insipiró algún manga por casualidad? jijijiji)

    Ni que decir tiene que estoy completamente enganchada a la historia, me encantan los cabreos de Roberto cuando el otro se pone posesivo con él.. joer es que acabaditos de conocer y que un tío te diga esas cosas, pos es pa mandarlo a freír esparrágos como mínimo y más si eres un tío "hetero" jajaja ¡me encanta!
    Lo único raro que veo en todo esto es la naturalidad de Bea para aceptar la situación, en serio, me pone los pelos de punta.. quiero decir, ¿por qué no protesta cuando un tío que no conoce de nada afirma (que no le propone) que se van a casar y todo eso? No sé, puede que haya sacado a relucir mi vena feminista aquí pero ¡joder! La impresión que me ha dado Bea todo el rato es que es una chica con carácter y peleona, pero de repente aparece un tío y en plan hombre de las cavernas la quiere arrastrar a su cueva ¿y ella no tiene nada que objetar? No se, por más bueno que esté el tío, a mi no me haría mucha gracia :P

    Pero ehh, a lo mejor me he precipitado y simplemente has decidido no profundizar en ella y sus reacciones para no desviar la atención de los que de verdad importan (Roberto y Eneas). Eso es comprensible..

    Dios, que pedazo de biblia he escrito aqui, lo siento.. bueno un beso y ya nos veremos!

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  6. Por cierto, se te ha escapado llamar Ricardo a Roberto un par de veces hacia el final.. supongo que por culpa de "una copa más" jajaja

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  7. Iso, lo digo en serio, a mí me interesa muchísimo tú crítica. Es verdad que aprecio la opinión de cualquiera, pero le tengo más confianza a cuqui, ita y por supuesto a tí. Sois las tres que siempre me seguís y os tengo en alta consideración. La verdad es que me interesa muchísima vuestra opinión.
    Te gusta Eneas?? Es un personaje serio, pero no del tipo bastardo chico malo, no... es del misterioso, serio, dolido... XD
    Sobre el mundo, bueno, mi imaginación no para, y no se si es una bendición o no, pero conforme intento escribir sobre una idea, lo primero que hago es pensar el tema. Policiaca? Fantástica? Corriente? Y una vez lo tengo decidido todo me viene solo, con una facilidad sorpredente. Es por eso que a veces me siento sobrevalorada cuando halagais mi imaginación, ciertamente es algo a lo que no tengo que dedicarle mucho esfuerzo, perdón por eso UU (aunque te aseguro que muchas veces no es bueno, cuando me cuentan algo, rapidamente me lo imagino y termino con caras muy raras y gente mirándome como si estuviera loca UU)
    Dentro de poco voy a escribir el tercer capítulo. No creo que espere a que haga una semana del anterior, si puedo, intentaré actualizar esta novela dos veces a la semana. El otro día me puse e hice un capítulo en el momento. Así que supongo que no me costará seguirla con más constancia.
    Gracias Iso, de verdad, te veo pronto por aquí para que leas Mordisco sobre Mordisco.

    Ita!! Dios... eres un sabueso (sin insultar claro está) por supuesto que lo de los Elementos me vino a la mente por Naruto. Pero es algo diferente. En Naruto hay mucho más que cuatro (aunque los cuatro elementos sean los normales) aquí no hay que mezclar dos elementos para crear otro ni nada de eso, si lo tienes lo tienes, y serán diferentes a los de Naruto. Es decir, que aunque la idea me vino de ahí, no tiene nada que ver.
    Me alegro tanto que os guste la relación entre Eneas y Roberto. Es que... cuando yo me la imagino, tan intensa, confusa... esa pasión desquiciante y a la vez frustrada... jajaja da morbo XD Lo único que me preocupaba era el no estar segura de poder exponer y redactarla como yo la sentía. Pero parece que lo estoy consiguiendo.
    Es verdad lo que dices, si un hombre normal (porque al principio pareció que ponía a Roberto de nenaza pero no era así UU Que me aspen ante de hacerlo XD) llega a un sitio donde un tío totalmente posesivo lo reclama, y aun así lo frustra porque en realidad no quiere nada sexual con él... la única manera lógica de reaccionar es enfadándose...
    Si Eneas lo pasará mal en la novela, Roberto no se va a quedar atrás.
    Sobre Bea, si llevas razón, por un lado no quería entrar mucho en el tema de ella y Eros, porque si no me ando con cuidado, ellos dos podrían arrebatarle cierto protagonismo a Eneas y Roberto, y eso en una novela homoerótica sería catastrófico, pero también hay una explicación que saldrá en el tercer capítulo. Creo que ahí lo entenderás mejor.
    De verdad, me has dejado impresionada con la deducción sobre Bea, la verdad es que no me había parado a pensar que se podría ver extraña antes de la explicación. Pensaba que nadie se daría cuenta pero... vaya, eres una persona muy perspicaz XD
    Me encantan esas biblias Ita, por favor, síguemelas enviando XD
    Sobre lo de Ricardo, jajajaja, primero me puse colorá de la verguenza, pero después me dio la risa. Sin duda llevas razón de nuevo, este capítulo lo escribí dos o tres días después de copas y... todabía tenía el nombre de Ricardo metido en la cabeza XD
    He visto un Ricardo por ahí, pero no encuentro ninguno más, por favor, si sabes donde hay más, ponme el párrafo para que lo identifique y pueda corregirlo.
    Ita, gracias por pasarte, eres magnífica, chica.

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  8. Muchas gracias por todo lo bueno que dijiste de mi fati! Disfruto mucho con lo que escribes, por eso me paso y te suelto estos testamentos jajaja, por cierto, aquí va otro:

    Lo de los elementos fue sencillo deducirlo jiji.. porque me gusta mucho naruto y sé que a ti también :D.. Por supuesto, ya suponía que lo harías diferente, y te repito que me encanta esa parte…
    La verdad es que Roberto nunca me ha parecido una nenaza, solo comenté que debía parecerle muy afeminado a Eneas para que éste repitiera tantas veces “¡No eres una mujer!” como si se sorprendiera jajaja… pero ya sé ya sé, lo decía por otra cosa… Por cierto, que cruel que los habitantes de Gea no tengan alma y que solo se le permita recuperarla a los herederos al trono, ¿no crees? Ahí tienes un tema rollo metafísico muy profundo jajaja
    Lo de Bea tienes razón en que está la cosa complicada, vas a tener que ir con mucho cuidado para que no quite protagonismo a Roberto sin parecer una boba que se deja mangonear por Eros… Pero bueno, supongo que la chica no es que sea boba, sino que se siente tan atraída por Eros que aunque sabe que es una locura, quiere quedarse con él… o a lo mejor es que aun lo está flipando con todo esto… y que un tío diga que es la "pareja" de tu hermano hetero debe ser un shock también.
    Estoy deseando ver cómo se desenvuelve todo en el siguiente capítulo :-) Sobre todo para saber qué demonios pretende hacer Eneas con Roberto.

    ¿De verdad vas a intentar escribir dos por semana? ¡Ojalá puedas, que alegría!

    Por último, aquí te pongo el párrafo:

    "¿Fortificaciones sobre agua? Roberto alzó una ceja.
    —¿Te refieres a barcos? —se rió—. Eso no es magia.
    Beatriz silbó sorprendida al darse cuenta de la veracidad en las palabras de Ricardo."

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  10. Fati, Iso , Ita; estaremos de acuerdo que esto es grandioso. Lo que escribe Fati nos une y nosotras además, cada una, le damos una diferente sensacion de lo que leemos y eso hace que ella se sienta predispuesta, aun mas, a plasmarlo(Guau)razonando más sus ideas argumentales, ya de por si bastante claras, a mi entender (¿no, Fati?)
    Bueno, te diré que para mi es un ejercicio de comprensión y un gusto tremendo por esperar lo siguiente que tengas el gusto de escribir, jodia.
    Besos corazón.

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  11. Ita, es solo que... agradezco infinitamente vuestro cariño y perseverancia, por eso... me hace feliz que os paséis y me comentéis todo con tanta sinceridad. Si tú te pones contenta porque yo te diga cosas bonitas, imagínate tú como me pongo yo con vosotras animándome XD
    Sobre los elementos... jajaja, es que lo sabía, Naruto es una serie que marca a mucha gente, y sabía que lo ibas a deducir, vamos XD Aunque me alegra tener otro punto en común contigo, me hace feliz.
    Sobre Roberto y Bea... estos dos hermanos me están dando problemas XD Pero creo que... pondré una escena más amplia sobre los sentimientos de Bea, de la que tenía pensada. Así quedará más realista todo. Gracias por la recomendación, me hiciste pensar mucho y hasta gracias a tus comentarios pensé en cosas que deberían pasar más adelante XD Eres una fuente de inspiración, chiquilla XD
    Corrijo ese Ricardo, pero ya XD Gracias por avisar, en dos párrafos seguidos me equivoqué, que palurda jajaja XD
    Gracias Ita, como te dije en el otro lado, espera que esta noche o mañana colgaré otro de esta novela. Me habéis emocionado XD

    cuqui!!! Por supuesto que nos une, la verdad es que vosotras tres sois realmente importantes para mí, lo he dicho muchas veces.
    Me gusta como os preocupais en razonarme los capitulos, como malgastáis vuestro precioso tiempo en buscarme faltas gramaticales, y sobre todo, como me hacía remplantearme y pensar, una y otra vez en el seguimiento de la novela.
    Me ayudáis como no tenéis idea. Es como fueráis tres musas revoloteando sobre mi cabeza XD
    Gracias por todo, y cuqui... de verdad, muchísimas gracias.

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  12. Yo ya estoy enemorada de Eneas, tan protector tan posesivo , taann sexy . Seguro que Roberto le va ha hacer la vida imposible !!!

    Y kazla , no me gusta nada. No hay nada peor que una mujer despechada , hay que tenerla en cuenta.

    UFF Fati-chan me había propuesto ller un capi al día pero no puedooo , venga leo solo uno más y me voy a la cama ...

    Un abrazo .

    Judith

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