CAPÍTULO 7
Entrada: xx/xx/xxxx
Por fin tengo a mi ángel aquí. Conseguí pasar por encima de su familia, por
encima de mi Alfa. Reclamé a mi compañero y lo tengo durmiendo en mi cama.
Desde aquí puedo oler su leve fragancia a sangre, el rechinar de sus dientes
mientras duerme. En un sonido que más que molesto, resultaba excitante. Me hace
recordar la noche anterior, cuando lo tuve frotándose contra mi cuerpo, cuando
probé su enorme miembro y lo tragué entero. Tan frío, tan suave, tan hombre.
Pero está la nueva visión, he visto a varios seres pululando por los
alrededores, vigilando, entrometiéndose. Eso me tiene preocupado, aunque mi
mayor problema en estos momentos es el Alfa. Estoy seguro de que no me he
equivocado al traducir sus miradas. Mira a mi ángel oscuro como si quisiera
devorarlo, tomarlo y torturarlo hasta que muera con las piernas rebozadas en su
esencia.
Quiere un trozo de él, ¡oh, si lo quiere!, pero no lo tendrá.
No lo permitiré.
* * * *
—Oh, Dios. Mi fantasía erótica.
No había otro adjetivo que se le
pasara por la cabeza a Neo en aquellos momentos. Esa habitación era realmente
morbosa. Ni siquiera se paró a escuchar los bajos sarcasmos de Raven ante su
gran eufórica e improvisada opinión de aquel cuarto. Entró, con toda la
familiaridad del mundo y comenzó una completa investigación.
Las paredes eran rugosas y estaban
pintadas de rojo oscuro. Tanto los muebles, lisos y sencillos, como las largas
cortinas que tapaban la ventana, eran de un negro brillante. Y la cama. ¡Oh,
que cama! Neo se dejó caer en ella de un salto, disfrutando de la sensación.
Redonda, de raso negro y… ¡Oh, de nuevo! Lo que había en el techo, ¿era un
espejo del mismo tamaño que la cama? Joder, sí que se le estaba poniendo dura.
Raven seguía sacando ropa de los
armarios, dejándola en un bajo pero amplio taburete que tenía a los pies de la
cama. No quería ni mirar a Neo. Por supuesto que sabía lo que estaba pensando,
aunque él no la diseñó con ese estilo por el mismo motivo que circulaba por la
pervertida cabeza de su pareja. A él solo le gustaba la elegancia que
transmitía el lugar. Maldición, echaría de menos su enorme y suave cama.
—Oye, Neo. ¿Me ayudas o
terminarás haciéndote un trabajito sobre mi cama?
Neo bajó la cabeza para mirarse
la herramienta con la que tendría que trabajar. Vaya, sí, seguro que tenía
ganas. Pero…
—Bueno, podemos dejarlo para más
tarde, jeje. O… —se levantó de la cama y se colocó detrás de Raven, su aliento,
caliente, rozándole el cogote y haciéndole estremecer. La respiración del
vampiro se aceleró—, como no sabemos cuantas más oportunidades tenemos,
hagámoslo ahora.
Raven hizo un sonidito chulesco
con la boca, mientras se quitara las manos de encima.
—Solo piensas en eso, ¿verdad?
Las manos volvieron a su cuello,
acariciándolo. Sintió los labios húmedos en su oreja, con una parsimonia y
sensualidad que comenzó a perturbarlo. Esa lengua, cálida y mojada,
bordeándolo, jugando con su lóbulo.
Los lujosos zapatos que tenía
sujetos, cayeron al suelo.
—¿Qué pasa, nene? ¿Quieres
tirarme en la cama? ¿Quieres atarme a ella mientras me follas bien duro?
Raven tuvo un tic en el ojo. Cada
vez respirando más rápido. Sus manos temblando. Se levantó del suelo en un
rápido movimiento y empujó a Neo contra la cama, haciendo que cayera de
espaldas en ella.
Sin esperar ni un solo momento se
subió sobre él.
—Joder, siempre consigues lo que
quieres —con su pecho subiendo y bajando bruscamente, Raven comenzó a
desabrochar los pantalones del Alfa, con manos torpes pero rápidas—. Esta vez…
te voy a enseñar de lo que soy capaz.
Neo soltó una de sus sonrisitas,
intentando ver la expresión de Raven a pesar de la sombría habitación.
Levantó el trasero cuando los
estirones de su vampiro se lo pidieron. Los vaqueros cayeron sobre el suelo de
losillas rojas.
—Esta habitación… —Neo cogió aire
al sentir las manos frías sobre su estómago, apretó los labios ante la
sensación, mientras intentaba acostumbrarse al deseo que hacía vibrar
violentamente su pene—, es un poco gótica, ¿no? No creía que tuvieras estos…
gustos.
Un beso en el interior de la
pierna, otro más arriba. Raven relamía cada trozo de piel que tenía delante.
Tan caliente, una sensación que hacía que su boca se estremeciera, sabía a
canela, a limpio, pero sin duda tenía un sabor fuerte y a la vez dulce. ¿Arroz
con leche?
Tardó unos momentos en responder
a Neo, esos muslos llamaban demasiado su atención.
—Es algo normal en la habitación
de un vampiro. Nosotros solemos utilizar colores oscuros, los que menos luz
recojan y menos brillen. Nos calman y nuestros ojos lo agradecen, por supuesto.
—Oh —gimió Neo. En un principio
había sido un asentimiento, pero después se convirtió en todo un sonido
gutural. Cogió bruscamente los cabellos azules de su pareja, apretándole la
cara contra su entrepierna mientras disfrutaba del temblor de su punta contra
los labios fríos y suaves de Raven. ¡Que gustazo! —. Y ese… —estaba mirando
hacia el techo, pero tuvo que cerrar los ojos antes el tremendo placer que le
entró por el cuerpo cuando aquella boca lo devoró por completo. Se removió,
abriendo más las piernas y dejando que Raven comenzara con su sensual trabajo—,
ese espejo… es un poco peligroso si entrara un rayo de luz o algo. Se
reflejaría en él… y… daría directamente contigo que estás en la cama. No
entiendo… es… ¿solo por morbo? —se mordió el labio mientras veía en ese mismo
espejo, el movimiento de la cabeza del vampiro mientras se tragaba su miembro—.
Joder… creo que con solo mirarlo me voy a correr.
Raven se quedó quieto. Aun tenía
el sexo de Neo en su boca. Agradable, caliente, llenándolo por completo. Estaba
ardiendo, como siempre que se restregaba contra aquel cuerpo duro y masculino.
Pero al mencionar el espejo, un escalofrío le traspasó la piel. Una mala
sensación que le hizo retirarse mientras se limpiaba la boca con el brazo.
—Espera…
Neo dio un fuerte gruñido de
protesta. ¿Qué espera ni que diablos? ¡Había estado a punto de correrse en su
boca! Oh, maldición, nada más de pensarlo sentía que le vibraba.
—¿Qué te pasa ahora? —se quejó,
viendo como se sentaba a su lado y su cara comenzaba a arrugarse. Sombría pero
triste, amenazante pero melancólica. Vale, estaba completamente perdido.
Raven se echó hacia atrás,
apoyándose en las dos manos y dejando que su largo cabello oscuro cayera sobre
sus oídos, rozándole casi el principio del cuello. Neo no podía dejar de pensar
que estaba asquerosamente sexy. Mucho más de lo que le había parecido la
primera vez. Oh vamos, si hasta daría dinero por tirarlo a la cama y él mismo
montarlo hasta que las piernas no le dieran para más. Nunca pensó que podría
desear que otro tío se la metiera por el trasero. Nunca, ni en sus peores
pesadillas. Y ahora, ese tremendo vampiro lo llamaba, realmente no le importaba
la posición, mientras estuvieran unidos, calor, humedad, fuego, para él
bastaba.
—El espejo es mi castigo.
—¿Eh? —Neo, completamente
perdido, lo miró como si le hubiera crecido otra cabeza—. ¿El espejo? ¿Qué pasa
con el espejo?
Raven no pudo evitar sonreír ante
el tono incrédulo del lobo.
—No me prestas atención —le recriminó
en broma.
—Oye, nene. Es difícil tenerte
ahí, sudando y medio desnudo, con los labios húmedos… esa cara… ese… esto… —tosió
levemente—. Es difícil mirarte a la cara y prestar atención a tus palabras.
Créeme que eso es lo último que me interesa en este momento.
Raven lo miró de reojo, no de
buena gana. Parecía enfadado. Neo no sabía que decir. ¿Había dicho algo que
pudiera molestarlo a ese extremo? Intentó rectificar. Se echó en la cama,
cruzando los brazos tras su cabeza y cerrando los ojos. Todo quedó en pleno
silencio.
Ahora el que no entendía que
pasaba era el vampiro. Siguió mirándolo de reojo, mientras esperaba. Como no
sucedía nada, se atrevió a preguntar.
—¿Qué haces?
—Escuchándote —dijo
tranquilamente.
—¿Por qué tienes los ojos
cerrados?
—Para no desconcentrarme.
—Ah… —y sonrió levemente, Raven
ni siquiera podía pensar en que decir. Su Neo era mucho más tonto de lo que
creía. También era halagador que tuviera que buscar trucos como ese para no
saltarle encima. Bien, algo era algo. Se sentía un poco mejor ahora—. Si
quieres escuchar, hazlo. La verdad, es que no es algo que me resulte agradable
de contar.
—¿Pero quieres hacerlo? —Neo,
esta vez si que giró la cabeza y lo miró, ahora mucho más serio. Eso era algo
que a Raven le encantaba de él. Sabía cuando ser un idiota o estar atento.
Aunque a veces intentara mezclar las dos cosas, cuando le dejabas claro lo que
querías de él, lo hacía.
—Creo que sí. Además, cuando me
presentaste a tu hermana, algo en mí creció. Sentía que yo necesitaba lo mismo.
—¡Espera, espera! ¡Frena! —Neo
pegó un salto, quedando sentado en el mismo lugar donde momentos antes había
estado tendido—. No me estarás diciendo que te has enamorado de mi hermana,
porque ahora mismo te arranco la cabeza.
Raven soltó un quejido molesto
por la boca y lo ignoró, como si lo que estaba preguntando fuera la mayor
gilipollez del mundo.
—Deja de decir tonterías y
escúchame, pedazo de idiota —Neo arrugó la cara pero se volvió a echar sobre
las sábanas—. Yo tenía un hermano.
El Alfa lo miró de reojo, sin
saber que decir.
—¿Tenías? ¿En pasado? —mal
asunto.
El vampiro giró la cabeza,
mirando una foto que había sobre la mesilla de noche. En ella se veían a dos
muchachos, uno algo mayor que el otro. Muy parecidos, extremamente parecidos.
Casi como gemelos.
—Ese es mi hermano. Desapareció
cuando era pequeño. Un día salimos a correr, me gustaba subirme a su espalda
mientras me daba rápidos viajes. El sentimiento del aire frío en la cara, los
brincos de mi estómago cada vez que saltaba. Era algo que me encantaba. Pero…
no recuerdo bien que pasó. Estábamos juntos atravesando el bosque y al minuto
siguiente me desperté en mi cama. Mi hermano había desaparecido. Nadie sabía
donde estaba, ni mis padres, nadie del clan sabía nada. Sin embargo… -Raven
apretó las sábanas con su mano, estrujándolas fuertemente—, realmente no se si
nosotros, los vampiros, tenemos un corazón, si tenemos un alma. Pero yo siento
algo en el pecho, yo sé que él está vivo. Si le hubiera pasado algo, yo lo
notaría. Lo sé.
Neo se sintió un tanto celoso por
tanta devoción hacia el supuesto hermano mayor. Por un lado le daba coraje y
furia, rencor hacia esa persona que le quitaba la atención de su vampiro, pero
por el otro, sentía que debía hacer algo para ayudarle. ¿Pero qué?
Sus ojos ascendieron de nuevo
hacia el techo.
—¿Y entonces el espejo? ¿A que te
refieres con eso de castigo?
Raven encogió la cara,
disgustado, pero terminó tendiéndose al lado de Neo y mirándose fijamente en
él. Estaba como hipnotizado por su propio reflejo. Se miraba, como si fueran
dos personas distintas. Sentía paz y horror al mismo tiempo. A veces veía como
su reflejo movía la boca, como intentaba hablarle. Como… como….
—Cada vez que me miro, veo a mi
hermano. No soy yo, es él. Se que es él. Quiere decirme algo pero yo nunca lo
entiendo. No puedo llegar a comprender que es eso que tanto lo aflige. Yo sé
que todo lo que pasó tuvo que ser mi culpa. Ese periodo de tiempo en el que no
tengo ningún recuerdo, yo tuve que hacer algo para que mi hermano se fuera.
Necesito verlo, necesito encontrarle. Mierda —gruñó, con una voz más fuerte de
lo normal—. Odio esta parte de mí. Parezco tan vulnerable. Doy asco.
Por supuesto, Neo no le llevó la
contraria. Si, no le quedaba nada bien ese lado tan miserable. Es más, solo
hacía que sus celos crecieran y eso le agradaba aun menos. Bostezó, intentando
quitar peso al ambiente. Si lo consolaba, encima Raven se enfadaría con él. No
quería su lástima, ni él tampoco deseaba dársela.
Miró el reflejo de su vampiro en
el espejo.
—Así que… lo tienes ahí por el
simple hecho de que al verte a ti mismo te acuerdas de tu hermano. Porque… eso
de que le ves a él en vez de a ti, no es literal, ¿verdad? —preguntó un tanto
escéptico.
Raven sonrió, dándole un leve
golpe en la frente al lobo, el cual se quejó, poniendo una mueca graciosa.
—Que un licántropo, que está
casado con un vampiro, diga que no cree que esas cosas puedan pasar en
realidad, resulta algo irónico e hipócrita —miradita de superioridad—. Pero… sí,
no lo decía en el sentido literal. Es una sensación que tengo yo. Es mi mente
la que me juega malas pasadas.
Neo suspiró.
—Yo creo que más bien es tu sentimiento
de culpabilidad, lo que te hace ver esas gilipolleses.
Raven puso mala cara, girándose
hacia otro lado, mosqueado.
—Pues lo siento, señor realista.
Pero no es algo que pueda evitar.
—No hace falta que lo hagas
—susurró Neo, volviéndose hacia Raven y mirándolo fijamente.
—¿Eh?
—Escucha —pidió, colocando una
mano en la fría pero suave mejilla del vampiro—. Si tu hermano está vivo, yo lo
encontraré para ti. Si está en este mundo te juro que lo encontraré y te lo
traeré. Si tengo que matar a media humanidad para protegerlo y que estés feliz,
lo haré. Dime… ¿Qué quieres que haga?
Raven se perdió en aquellos ojos
azules, completamente impresionado. No sabía que decir, no sabía que hacer.
¿Qué era esa sensación? ¿Qué era ese calor en su pecho? Sus ojos empezaron a
escocerle, y sus manos, involuntariamente, ascendieron hacia la cara de su
lobo, acariciándola, presionándola entre ellas. Sin poder aguantarse se subió
sobre él, besándolo con furia, con toda la fuerza que podía. Sus labios se
frotaron unos con otros, bruscamente, sintiendo que comenzaban a hinchárseles.
Antes de darse cuenta, ya se
había bajado los pantalones, le abrió las piernas a Neo y comenzó a alzarle las
caderas. Quería poseerlo, poseer a esa persona que tanto necesitaba. Lo quería,
lo quería a él.
Gruñó roncamente cuando su pene chocó
contra la entrada del Alfa. Este no tenía ninguna expresión de contrariedad en
su cara, estaba simplemente serio. Respiraba a una velocidad sorprendente
mientras lo miraba. Un brillo resplandeciendo en sus ojos.
Raven lo observó, sin saber qué
hacer. Todavía no quería metérsela, sus labios estaban abriéndose, dos palabras
querían salir de su boca, confesarle algo que nunca, ninguno de los dos,
hubiera pensado que llegaran a sentir. Pero él, tenía en ese mismo momento la
necesidad de decirlas. ¡Quería hacerlo!
—Neo… yo…
Dos golpes en la puerta, suaves
pero constantes rompieron todo aquel hechizo.
—Cariño, soy yo. Voy a entrar, te
echaré una mano con la maleta.
—¡Oh, joder! —Neo pegó un salto,
quitándose a Raven de encima y casi tirándolo al suelo. Cómicamente comenzó a
buscar su ropa, desesperado. ¿Por qué tenía que pasarle eso a él?
Raven estaba aun más perdido,
hizo lo mismo, comenzar a vestirse. ¿Qué había estado a punto de decirle? ¿Qué
había estado a punto de hacer? ¡Sabía que su madre subiría en cualquier
momento! Estaba loco, completamente loco.
Cuando la puerta por fin se
abrió, ambos estaban sentados en la cama, con la ropa un poco desarreglada pero
decentes. Abril pasó y les sonrió, mirándolos de arriba abajo pero sin añadir
nada a su nuevo look.
—¡Oh! ¡Pero si aun no has hecho
nada! —gritó graciosamente, agachándose para doblar la ropa que Raven
anteriormente, había estado echando sobre un pequeño taburete tapizado en negro
que tenía al lado de la cama—. Entiendo que los recién casados tengan sus
necesidades, pero…
A Raven se le fue toda la sangre
a la cara, sin saber que añadir al discurso de su madre.
Neo por su lado se puso a reír.
Era a la vez, lo más divertido y problemático, que había vivido en sus últimos
años.
—No te preocupes suegra. Ya nos
hartaremos más tarde. Y llevas toda la razón. Ala, nene, ayuda a tu madre —dijo
levantándolo de la cama y dándole una palmada en el culo.
El vampiro se volvió, con los
ojos agrandados y el puño en alto. ¡Maldito bastardo!
—Haz eso de nuevo y te reviento
de un puñetazo —gruñó, con su frialdad característica.
—Paz, paz —se rió Neo,
tendiéndose de nuevo en la cama. Bostezó largamente—. Me echaré una siesta
mientras termináis.
—¿A las 1 de la madrugada? —preguntó
Raven, esperando una respuesta. Cuando se volvió a ver que pasaba, su quijada
casi llega hasta el suelo. No podía ser…
Neo ya estaba roque.
* * * *
El enorme lobo dorado estirazó
sus patas delanteras, agachando la cabeza y abriendo la boca ampliamente,
bostezando. No pudo evitar rascarse la oreja con una de sus patas traseras.
—Por Dios, no hagas eso —susurró Raven—.
Pareces un chucho, más que de costumbre. Si sigues así, llamaré a la perrera
para que te encierre.
La risa mental del Alfa llegó
hasta él, haciéndole arrugar la cara. Vaya, tener a alguien riéndose en tu
cabeza no era muy agradable.
—No creo que tengan jaulas tan grandes, nene.
—Lástima —ironizó este, dándose
la vuelta y cogiendo las maletas que su madre arrastraba desde la puerta.
Neo estirazó la quijada en modo
de protesta y volvió a apoyar la cabeza en el suelo. Ahora estaba cansado y no
tenía ganas de ir corriendo de un lado a otro.
Aulló cuando una cuerda pasó por
su lomo, envolviéndole el vientre y apretándose alrededor de su cintura. Raven
hizo un nudo y le sonrió de forma un tanto siniestra.
—¿Para que es eso? —preguntó Neo dudoso. Si era para lo que pensaba
que era, habría un vampiro descuartizado en la entrada de la mansión.
Raven volvió a sonreírle, ahora
palmeándole el cuello y acercando su cara a la del lobo.
—Venga, perrito lindo… —dijo
restregando la nariz contra su pelaje mientras le rascaba tras las orejas. El lobo
gimió bajito, le daba gustillo—. Pórtate bien y estate quieto.
Neo volvió a bajar la cabeza y a
cerrar los ojos, mientras disfrutaba de aquellas caricias en su cabeza. La mano
fría del vampiro lo dejaba casi atontado. Ya sabía que hacer cuando no pudiera
dormir, porque ahora mismo le estaba entrando una modorra de cuidado.
Aprovechando el momento, Raven
llamó a su padre y a su madre, pidiéndole con las manos que trajeran sus cosas.
Antes de que Neo pudiera reaccionar, ya tenía las maletas atadas a las cuerdas
y bien sujetas alrededor de su cuerpo.
—¡Oye! —ladró este—. ¿Qué
piensas que estás haciendo?
Nel se encogió, tirando hacia
atrás de su mujer. Sabía que ese lobo ahora era su yerno, que parecía tener una
relación más que amigable con su hijo y por las confianzas que éste se tomaba
se notaba que había intimidad, pero… aun así, verlo de gruñir con esas enormes
fauces y a su vez levantarle con su aliento el cabello a Raven, era algo que le
aterraba.
Para su sorpresa, Raven se acercó
a él y rodeó tranquilamente con sus brazos la cabeza del enorme lobo. Apretó la
cara contra la mejilla peluda y le arrascó entre ambos ojos, bajando lentamente
hasta el alargado morro. Volvió a subir, tenía una especie de marca un poco más
arriba de los ojos, o más bien, eran simplemente líneas en las que les faltaba
el pelo. Formaban un ¿rombo? Ahora después de despeinarlo no sabría decir.
Lo acarició lentamente.
El pelo erizado del cuello de Neo
descendió considerablemente, comenzando de nuevo a calmarse.
—No tengo forma de llevar mi
equipaje y tampoco hay necesidad de pedir un coche. No hay que cruzar el pueblo
así que no hay peligro de que alguien te vea. Además… —de repente, le dio un
palmadita en el estómago—, te hace falta correr, estas terriblemente gordo.
Los ojos ámbar del lobo casi
comenzaron a arder. Giró la cara y le lanzó un mordisco que estaba seguro que Raven
esquivaría.
—¡En forma de lobo no estoy gordo! ¡Fuerte, estoy fuerte! —aulló—. Sanguijuela engreída.
Raven sonrió, para sorpresa de
sus padres.
—Calla y dame un paseo. Pensaré
que estoy domando una vaquilla.
Y dando un fuerte salto se subió
a horcajadas sobre el lobo. Apretó las piernas contra su cuello y con las manos
se enganchó a las orejas.
—¡Las orejas, no! —gruñó Neo, meneando la cabeza bruscamente,
agitando su cuerpo como si estuviera mojado y quisiera sacudirse las gotitas.
Eso solo provocó que el vampiro se apretara más y encima lo disfrutara—. ¡No te diviertas, maldición! ¡Te voy a
morder!
—Inténtalo si puedes, imbécil.
Neo se ofendió. Bruscamente
comenzó a pegar saltos y removerse de un lado a otro. También había que admitir
que Raven parecía todo un vaquero, no había ni Dios que lo tirara de encima.
Sin embargo, en aquella agitación, no se dieron cuenta de que se estaban
acercando mucho a la mansión, sin contar el alboroto. Pronto comenzaron
aparecer caras familiares en las ventanas, asomadas a ellas, por el jardín, en
la puerta de la entrada.
El Alfa quedó quieto, olisqueando
el ambiente y encogiendo el morro molesto. Hizo un movimiento brusco con la
cabeza y Raven asintió. No le dio mucha importancia exteriormente, dándole
algunas palmadas en el cuello a Neo mientras que de reojo observaba a sus
padres. Vaya, después de todo no había sido una buena idea, pero tampoco lo iba
a reconocer.
—Nosotros nos vamos. Vendré a
menudo —revisó de nuevo que las cosas estuvieran bien sujetas, sobre todo
después de aquel jueguecito y le dio un papelito a su madre. Ésta dudo en
acercarse, pero cuando Neo la empujó con el morro hacia él. Abril se rió y
cogió la mano de su hijo—. Esta es la dirección. Cuando todo esté listo mándame
un aviso con el día y la hora. Estaremos aquí, así que déjame todo lo demás a
mí.
—Como quieras, pequeño. Cuidaos mucho.
El lobo bajó las orejas y la cola
en señal de respeto.
—Nos cuidaremos y estaremos pendientes de vosotros.
—Gracias —añadió Nel, por fin
acercándose al ver el buen trato que le habían dado a su mujer—. Estamos
agradecidos por tu atención —ahora hablándole por fin de tú.
Raven se agachó un poco más,
dándole un beso en la mejilla a su madre.
—Nos vamos.
El movimiento de las patas
traseras de Neo los hizo retirarse un poco sobresaltados. Los zarpazos en el
suelo habían levantado una enorme polvareda, y en un abrir y cerrar de ojos ellos
ya habían desaparecido.
El lobo dorado corría rápidamente
por el camino, el único sitio donde alguien podría verlo. Saltó con todas sus
fuerzas y se adentró en el bosque, disminuyendo la velocidad mientras comenzaba
a esquivar las peligrosas ramas con una facilidad sorprendente.
Raven se agarró mejor, esta vez a
su pelaje, agachando la cabeza tras la del lobo para no encontrarse con algún
obstáculo con el que golpearse. Aun así, a consecuencia de la velocidad a la
que iban, el viento seguía golpeándole la cara. Cerró los ojos y dejó que le
removiera el cabello, agitándolo hacia atrás, consiguiendo que tanto sus orejas
como su nariz se pusieran aún más frías. Abrió la boca y un frescor natural y
saludable entró en su garganta, llenándole los pulmones y dejando nuevamente
que sintiera esa libertad.
Ahora entendía porque había
disfrutado tanto del primer viaje a lomos de Neo. Ya era agradable de por sí,
pero también le recordaba a su hermano. A su espalda, cuando lo cargada y
corrían, las dimensiones eran muy distintas pero el sentimiento era casi el
mismo.
Antes de darse cuenta estaba
completamente presionado contra el lobo. Neo movió la nariz, olía algo raro y a
Raven parecía ocurrirle algo.
—¿Qué te pasa?
El vampiro dejó escapar un
ruidito gutural, echado contra su cuello y con los ojos cerrados.
—Nada, no te preocupes y sigue
adelante —sonrió altivamente y dijo—: Con lo gordo que estás seguro que
tardamos un año.
—¡Y una mierda! Ahora verás —gruñó Neo, moviéndose bruscamente y
golpeándole la cabeza con un árbol. Queriendo, claro está.
—Oye, eso ha dolido, imbécil —volvió
a estirarle de las orejas, recibiendo a cambio un intento de mordisco por parte
del otro.
La diversión acabó muy pronto.
Conforme salieron del bosque, se encontraron con algo que no podían creer.
Había muchos, muchísimos, lobos muertos en la entrada de la finca, y desde
allí, podían escuchar perfectamente como varios más, aun seguían luchando en el
interior.
Raven se bajó, desatando
rápidamente todas las cosas alrededor del cuerpo del lobo y dejándolo libre.
Tenía que defender a su manada y él no se lo iba a impedir, mucho menos a
estorbarle. Ahora esa gente también era su familia. Si habría algo en lo que
pudiera ayudar, lo haría.
Cruzaron a toda velocidad las
puertas. Había tantos lobos que Raven no podía reconocer de qué bando era cada
uno. Tuvo el tiempo justo de apartarse cuando un lobo de color café cayó a sus
pies, lanzó un largo gemido lastimero y sus ojos, oscuros, miraron al vampiro unos
segundos antes de cerrarse. Raven no pudo evitarlo, se acercó y le puso la mano
sobre la boca. No había aliento, no parecía respirar. Estaba muerto.
Cuando estaba a punto de
levantarse, se dio cuenta de algo. Sobre los ojos tenía una especie de marca,
la misma que le había visto a Neo. Ahora sabía que era. Él símbolo de la estrella.
Las que le salían en el pecho cuando encontraban a su pareja.
Vaya, ahora sí sabía a quién
tenía que defender y a quién no. Ya era hora de que le llegara algo de ayuda.
Un lobo gris apareció
sorpresivamente a su espalda, dándole un zarpazo en ella y lanzándolo contra
una de las enormes columnas que custodiaban el patio de tierra y te llevaban al
comedor.
Raven lanzó un gemido de dolor, agarrándose
al suelo justo en el momento en el que el lobo volvía a atacarlo. Le levantó
una patada, estrellándolo contra otro que por suerte no tenía una estrella en
la frente y tirándolos ambos contra la arena amarilla.
Un rayo pasó sobre su cara. O eso
le pareció a él. No, era otra cosa. Un aullido vino desde su derecha y sangre,
unas salpicaduras que le llenaron completamente la cara y el pecho. Se congeló
en el sitio.
A su lado un lobo cayó al suelo,
mientras que otro había sido atravesado frente a sus ojos. Quería mover sus
piernas, no podía. Estaba completamente paralizado. Era… horroroso. Nunca,
nunca había tenido que luchar. Esta era la segunda vez. Apenas ayer había
matado a un lobo y ahora… tanta sangre, tanta…
Su cabeza comenzó dolerle. Se
agarró las sienes violentamente mientras comenzaba a trastabillar hacia ambos
lados. Cayó de rodillas, su visión estaba borrosa, solo podía escuchar el
sonido de los lobos, sus aullidos, sus gemidos. De nuevo ese dolor
derritiéndole el cerebro. ¿Qué diablos?
De repente, algo le rozó la
rodilla. Una zarpa, se movía. Tenía un pelaje pardusco, pero podía ver
claramente que se trataba de un rojizo apagado. Un aullido suplicante llegó
hasta él. Ese lobo quería que se acercara.
Raven no supo por qué, pero se
arrastró hasta él a pesar de todo el dolor que sentía atravesándole la cabeza.
Cuando ya estaba justo frente a su morro, pudo escuchar en su mente una suave y
entrecortada voz.
—Ayú… ayú… dale. Ayuda, a… Neo.
—¿Neo? —preguntó, identificando
al lobo como aquella linda chica peliroja, Dayira. Pero… ayudar a ¿Neo?
La sangre que cayó sobre él le
trajo un olor familiar. Uno que por culpa de su trastorno ocasional no había
percibido. Parecía que sí tenía corazón después de todo, o por lo menos este
podía bombearle en según que momentos. Ahora mismo el pecho le dolía como mil
demonios. Tontería compararlo con su dolor de cabeza.
Se levantó como si tiraran de él,
buscando con la mirada, con una desesperación evidente. Frente a él, muy cerca,
tanto que hasta le sorprendió no haberse dado cuenta antes, estaba el lobo
dorado que tanto había buscado. Todo su pecho ensangrentado, mientras que sus
fauces se clavaban en el cuello del otro lobo que le atacaba.
No hacía falta ser un lince para
saber que estaba ocurriendo. Aquel lobo había estado a punto de matar a su
amiga de la infancia. Neo se había interpuesto, recibiendo él el golpe mientras
que intentaba bloquearlo. Si soltaba el mordisco, la zarpa de aquel lobo
estaría libre y podría matarlo. Si no lo soltaba, la contraria que estaba
incrustada en su pecho acabaría con él.
¡Mierda!
Raven corrió, saltando con una
agilidad impresionante y colgándose de la espalda del lobo negro. Desgarró con
sus uñas toda su cara, metiendo ambas manos en su boca cuando dio un alarido,
rajándole toda la mandíbula en el proceso. Estiró con todas sus fuerzas, sin
hacer caso de las navajas que se clavaban en sus brazos. La cabeza del lobo
cedió, dislocándose y cayendo hacia atrás.
Un siseo agudo escapó de la
garganta del vampiro cuando el peso muerto del lobo cayó sobre él. Seguro que
le había roto alguna costilla. O tal vez, con un poco de suerte, no.
No tuvo que esperar mucho. Neo
apareció al momento, lanzando al lobo muerto a un lado y cogiendo a Raven con
los dientes. Se lo echó al lomo, dejándolo caer bajo las cuerdas apretadas que
solo una hora antes había estado cargando sus maletas.
Después de aquello, el Alfa
comenzó con un ataque fiero hacia cualquiera que tuviera a su alrededor. En
menos de veinte minutos, había más de tres lobos muertos a sus pies. Cuando los
demás empezaron a escapar, se sentó en el suelo.
Su morro se alzó al cielo, donde
pequeñas gotitas empezaron a desprenderse. Comenzó a llover. La tierra se
oscurecía igual que su pelaje. Por primera vez, los lobos de su manada pudieron
ver como el resplandor de fuego que desprendía su jefe comenzaba a apagarse, un
aullido, terriblemente doloroso escapó de sus fauces. Y así fue como, las nubes
empezaron a disiparse y un primer rayo de sol llegó a su frente. La estrella
que allí tenía pareció brillar, como si comenzara a arder.
Neo con un rápido movimiento
comenzó a correr, y dándole el tiempo justo de convertirse en humano, entró en
su casa. Había que poner a Raven en un lugar oscuro antes de que fuera
peligroso. Eso era lo único que le importaba ahora.