Gea 01: Lágrimas de Hielo
Capítulo 5
Nunca había tenido un almuerzo peor que ese, aunque estaba seguro que el desayuno le había superado de lejos.
Después de despedirse de Eros, Roberto, aceptando con alivio la tranquilidad en la que se había sumido su habitación, trató de relajarse. Su respiración se normalizó y parecía que sus nervios también. Intentó arreglarse la ropa y el pelo. Necesitaba un afeitado también. No era hombre de mucho pelo, eso lo reconocía, pero no le gustaba la pelusilla que empezaba a vérsele en el bigote.
Bajó con rapidez las escaleras, encontrándose con la mesa puesta y una llorosa Beatriz sentada frente a ésta, apretándose horriblemente las manos. Robby no necesitaba acercársele para saber que tendría los nudillos blancos. Eros de pié, a un lado de la silla, lo miró como suplicándole que hiciera algo.
Después de varios minutos de disculpas y frases suaves y tranquilizadoras, su hermana consiguió volver un poco a la normalidad, aunque no le pasó desapercibidas las miradas de ira que ésta le enviaba a Eneas, que se encontraba al otro lado de la mesa.
Comieron en silencio, cosas raras, demasiado raras. Verdes y azules chillonas, algo que parecía carne de cerdo pero morada y con unas especies de vetas negras, y varias cosas más que Roberto no quería volver a recordar, aunque en el fondo reconociera que estaban buenas.
Eros estaba a cada segundo intentando comentarios ingeniosos para que Beatriz se animara. La chica le respondía a veces, pero nada comunicativo, Eros parecía triste por ello. Entonces, Roberto se dio cuenta de que tenía que volver a intervenir.
Bromeó con su hermana, recordándole cosas bochornosas de cuando era niños, haciendo que Eros también riera. Al final, su hermana pareció reaccionar y para su alivio, atacó con sus irónicas palabras, riéndose de él como siempre le había gustado hacer.
Después de que la chica le pusiera en ridículo indefinidas veces, Robby decidió que por lo menos, algo debería llevarse a la boca si quería tener fuerzas para el entrenamiento al que le sometería Karel. Miró por la mesa y se sorprendió al ver como Eneas le echaba diversas comidas de los platos. Cuando Robby lo miró este simplemente dijo:
—Eso está bueno —y nada más.
Gracias a Dios, todo continuó tranquilamente, casi haciéndose agradable, que ya era hora. También tenía la tranquilidad de que la mujer de Eneas no estaba, ni siquiera quería pararse a pensar donde se encontraba y porqué, a él le daba igual. Replanteándoselo mucho, se dio cuenta de que contra más lejos estuviera de ella, mejor.
Cuando el almuerzo terminó, Roberto se dirigió a la habitación donde estaba el agua. Se quitó la camisa para asearse, buscando un poco de limpieza superficial para quitarse el sudor, porque… que lo condenaran si no hacía calor en ese mundo.
Escudriñó con la mirada la habitación, esperando encontrar algo que le pudiera servir para afeitarse. Tenía que haberle preguntado a Eros pero, maldita fuera su memoria, se le olvidó.
Parecía que algunas cosas no cambiaban por muchos mundos a los que viajaras. Y el pensamiento solo le hizo verse más tonto.
Tuvo suerte cuando en ese momento, entró el sirviente jovencito que ya había visto en un par de ocasiones antes.
—¿Temi? —preguntó—. Te llamabas Temi, ¿verdad?
El muchacho asintió y se acercó, Roberto a primera vista calculó, que tendría pocos años menos que él. Su cabello negro cayó sobre su pecho cuando este bajó la cabeza, y el pequeño recogido en su nuca también se escurrió hasta su hombro. Tras la reverencia, se alzó, mirándolo directamente con esos pequeñísimos ojillos verdes, nada atractivos para cualquier hombre pero que a él, sorpresivamente, le quedaban bien para la forma de su cara.
—¿Se le ofrece algo, Señor?
Robby se ruborizó un poco, pensando si era buena idea ordenarle a un sirviente como si realmente, él fuera alguien en ese castillo. Pero quería asearse correctamente, maldición.
—Me preguntaba… si habría algo por aquí con lo que afeitarse, o… si se hace en otro sitio… esto…
Temi asintió, yendo hacia un pequeño aparador en la pared contraria a donde estaba la pila del agua. Se encontraba tan escondido en una sombría esquina, que Roberto ni siquiera se había percatado de él. Pronto, el sirviente había vuelto con un trapo en el que, después de abrirlo, había varios utensilios cortantes.
—Aquí tiene, Señor.
—Gracias —dijo Robby apresuradamente, cogiendo el trapo.
Temi volvió a inclinarse y salió de la estancia con una cubeta metálica llena de agua.
Por un lado se sintió aliviado, pero por el otro… ¿Cómo diablos se utilizaban esas cosas? Podía intentar afeitarse con eso grande que parecía una especie de navaja. Pero no veía nada que hiciera de espuma. ¿Cuáles eran sus opciones? ¿Una pelusilla en el bigote y varias por las mejillas, o quinientos cortes por toda la cara?
La sangre le daba repelús, así que prefirió volver a dejar los utensilios en el aparador. Sabía que se moriría de vergüenza si volvía a ver al sirviente, el cual seguramente pensaría varias cosas poco halagadoras sobre él.
Ya tenía las manos alzadas sobre la tabla cuando alguien detuvo sus brazos. Ese aroma tan fuerte, a salvia. Esos largos dedos sobre sus antebrazos. El calor del amplio pecho cubriéndole toda la espalda. Sabía quién era sin tener que darse la vuelta.
—¿Quieres afeitarte?
Roberto asintió, volviendo a coger el pañuelo con fuerza. Lentamente se fue dando la vuelta, sin querer mirarle a los ojos. Era malditamente humillante tener que reconocer que no tenía ni idea de cómo funcionaba esas cuchillas y demás objetos.
—Es bastante diferente en mi mundo. Y mi cara es… bueno, que me corto con facilidad.
Eneas lo miró de reojo, y sin decir ni una palabra, cogió el trapo blanco y se giró hacia el agua. Espero a que Roberto estuviera a un lado para abrir los picos de la tela y exponer los utensilios sobre la madera del lado de la pila.
—Espuma —dijo simplemente Eneas.
Cogió una especie de palito duro, que mojó en el agua durante varios segundos, después con una especie de cepillo lo frotó y pronto la espuma comenzó a chorrear de él. Roberto se quedó asombrado, que era eso… ¿Jabón?
Pero salía mucha, demasiada. Eneas se embadurnó las manos y para sorpresa de Robby, las llevó a su cara, deslizándolas suavemente, cubriéndola de un color amarillento verdoso.
No… no podía ser, ¿verdad? Eneas no podía estar pensando en afeitarlo él mismo, ¿cierto? La idea le afectó más de lo que pensaba, y aunque, el gigante rubio no pareciera inmutarse ante tal hecho, él sabía que sus mejillas estaban sonrojadas. Que alivio que estuvieran cubiertas por la espuma, si no podría morirse allí mismo, en ese momento.
La enorme cuchilla también fue mojada, y después Eneas se acercó con ella en alto. El pensamiento del desquiciado ese, con algo tan afilado en la mano acojonó un poco a Robby. Esa idea voló cuando suavemente, le levantó la barbilla y con los hermosos ojos ónix clavados en él, empezó a deslizarla con un cuidado exquisito por su cuello, respetando asombrosamente la curva de su mandíbula. Y recordar que ahí es donde solía cortarse a menudo…
Las enormes manos acariciaron su cuello, deslizando las yemas suavemente como asegurándose de que la zona estuviera bien afeitada. Arregló su bigote, con cuidado, moviendo delicadamente la navaja sobre sus labios. Roberto cerró los ojos, no estaba preparado para la visión que tenía frente a él. Podía imaginársela, esa cara tan cerca de la suya, como Eneas se mordía el labio mientras sus manos se movían sobre él.
Entre la presión de sus dedos y la respiración del gigante en su nariz creía que le iba a dar un ataque. Estaba nervioso, un nerviosismo extremo que había empezado a entender. Era la cercanía de Eneas quién le provocaba esos latidos en su corazón, esos estremecimientos en su cuerpo que todavía no sabía reconocer. ¿Temor o expectación? ¿Una mezcla de ambas?
Soltó un jadeo ahogado cuando el enorme cuerpo se pegó a él. Eneas levantó el brazo sobre su cabeza para poder darle forma a sus patillas, o mejor dicho a recortarlas, ya que a él no le gustaban. Pero ese olor a salvia volvió de nuevo, inspiró profundamente, le recordaba a una marca de colonia que su padre le gustaba usar. No era extraño que Eneas oliera así, porque a parte de a salvia, también podía percibir varios olores de otras plantas. Era agradable. Demasiado agradable.
Después de varios giros, y apurar en las mejillas, Eneas volvió a mojarse las manos y pasarlas por la cara de Robby, quitando cualquier resto que pudiera quedar en ellas.
—¿Ya está? —preguntó Roberto—. Vaya… que rápido.
No había espejo donde mirarse, pero tocándose la cara sabía que había quedado perfecta. No notaba ni un centímetro de su piel áspera. Había quedado suave, como el culito de un bebé. ¡Esa espuma era impresionante!
Eneas, no le prestó atención a sus raras expresiones. Se estaba acostumbrando a los gestos que hacía Roberto cuando estaba pensando en algo. Se veía tonto, pero a la vez demasiado lindo.
Lo último que hubiera esperado Eneas era pasar por el lavadero y ver a Robby mirando con cara de cachorrito las cuchillas de afeitar. Su primera opción fue alejarse y dejarlo allí que hiciera lo que quisiera, pero… sabía que estaría avergonzado. Un mal rato, seguro. A pesar de que su mente le recriminaba una y otra vez los pasos que estaba dando hacia la habitación, una vez frente al chico, ya sabía que tenía la batalla perdida. Procuró no acercarse mucho a él, y lo afeitó rápidamente para mostrarle como se hacía. Ni siquiera quiso rozar ni un sola parte de su cuerpo más de lo necesario.
Era mejor prevenir que curar.
Es verdad que había decidido quedarse a ver el primer entrenamiento de Roberto, pero de ahí a compartir esa escena de intimidad… ya ni se reconocía.
Roberto, por fin, cuando salió de sus pensamientos, se dio cuenta, de que ahora era Eneas el que parecía inmerso en ellos. Lo observó de limpiar los utensilios y volver a dejarlos en su sitio, pensativo y seguramente, casi sin percatarse que él seguía en la misma habitación. Cuando creía que por fin iba a dirigirle la palabra, Eneas salió de la estancia como había llegado. Silenciosamente.
Robby quedó con la boca abierta mientras lo veía marchar por la enorme ventana rectangular sobre la pila, sin una despedida, ni una palabra. Nada.
Ese hombre era el bicho raro más grande que había conocido en su vida, pero… no pudo evitar sonreír, ya estaba empezando a acostumbrarse a él.
De todas formas, por fin ya listo, solo le quedaba ir al patio de armas, el cual podía ver desde allí, y buscar a Karel. Nada más pensar en el entrenamiento le daba algo de aprensión, pero bueno… tenía que ser valiente y acostumbrarse pronto a esa nueva vida.
Así que… sin más, respiró hondo y echó andar con paso seguro hacia el patio de armas, quedando frente a todos los soldados que parecían desesperados por rajar al contrario. Eran unos soldados muy serios o tenían un carácter sádico bastante escalofriante. No quiso pensar más en ello.
Intentó encontrar a Karel entre la multitud, pero no había manera con tanta cabecilla castaña como la suya moviéndose por allí. Aunque podría intentar buscar su alto recogido, seguramente así le resultaría más fácil. Después de varios minutos como un imbécil, en medio de cincuenta tipos pegándose espadazos como locos, decidió retirarse y buscar alguien a quién preguntar.
Caminando frente a él, se encontró con un hombre de mediana edad. Tenía una indumentaria ligera, y por lo que cantaba su apariencia, suponía que sería un soldado veterano.
—¿Perdone? —preguntó, alzando la mano para sujetarlo cuando pareció que el hombre pasaba por delante de él sin prestarle atención.
El soldado se giró cuando sintió que algo le estiraba de la camisa y miró de arriba abajo a Roberto. Parecía, sin ninguna duda, pensar en quién podría ser ese joven de extraño aspecto.
—¿Príncipe? —optó por preguntar después de mirar su Nour.
Roberto sintió como si le pegaran un bofetón en la cara.
—Robby —pidió—. No me llame Príncipe.
Roberto sabía que su voz había salido un poco más áspera de lo normal, y menos cuando era quién iba a pedirle un favor a esa persona. Pero la sola idea de que le dijera príncipe, cuando él… no era nadie en ese castillo le quemaba las entrañas. En cierto modo, se sentía como si proclamaran que era el amante de Eneas, el segundo plato, la mujerzuela, y eso golpeaba duro en su orgullo.
El soldado asintió, agachando la cabeza unos segundos en señal de respeto. Después lo miró directamente a los ojos y le ofreció la mano. Parecía un hombre de honor, o por lo menos, eso creía Roberto.
—Como desee. Soy Vetis, un soldado como muchas batallas a su espalda. ¿Se le ofrece algo?
Robby asintió, sintiéndose un poco nervioso, o más bien, fuera de lugar. Hasta ahora todo le resultaba extraño pero en ese instante, después de mirar la cara de este hombre, casi le daba la sensación de estar dentro de una película.
—Estoy buscando a Karel. No soy muy alto y aquí puede haber cerca de cincuenta hombres… el caso es que… bueno, que no lo encuentro. ¿Usted le ha visto?
Vetis giró su enorme cuerpo y señaló a una choza situada en el otro extremo del patio de armas. Robby se puso de puntillas y se asomó para ver si podía distinguir algo a esa distancia. Allí estaba Karel, delante de la puerta y con un bebé en brazos. Le sonreía a una mujer menuda de cabello pajizo, que alzaba los brazos para ahora, ser ella quién cogiera al niño. Hacían buena pareja.
—Esa es la casa de Raum, el herrero. El capitán estaba revisando como iba el arreglo de su espada. La mujer con el bebé es su hija.
Roberto se mordió la lengua, deseando preguntar a Vetis que relación había entre Karel y esa muchacha. No es que le importa por algún sentimiento escondido ¡Era simple curiosidad! Tanto reñirle a su hermana por chismosa, y ahora él mismo se estaba convirtiendo en uno.
Terminó suspirando.
-Gracias Vetis, iré a buscarlo. De verdad, muchas gracias.
El soldado hizo una reverencia y se marchó, dirigiéndose donde, suponía Robby, tenía pensado antes de que él lo distrajera. Por otro lado, como si el destino se estuviera riendo de él, Karel se despidió de la muchacha y se dirigió a su encuentro. Si lo hubiera sabido, Roberto no tenía que haber pasado por la vergüenza de preguntarle a nadie. Y después le preguntaban porqué nunca jugaba a la lotería…
A los pocos minutos Karel estaba a su lado, con una sonrisa de oreja a oreja. Le hizo un gesto con la cabeza para ponerse en marcha y ambos anduvieron tranquilamente hacia una mesa enorme que había al lado del lavadero y que él, con su enorme despiste, ni siquiera había visto.
—Esa chica… ¿es tu mujer? —preguntó Roberto, sin poder aguantarse la curiosidad.
Karel cogió una de las espadas sobre la mesa. La alzó y miró su hoja. Parecía no tener prisa en contestarle a Robby.
—No es mi mujer, ¿por qué?
Roberto no sabía donde poner los ojos, si en la enorme e impresionante espada que tenía en la mano o en la expresión extrañamente desinteresada de las facciones de Karel.
—Eso solo que… te vi bastante cómodo con el bebé en brazos. Supuse que sería tuyo y por consiguiente que ella era tu mujer. Pero bueno… —se apresuró a decir, con las manos en alto en señal de paz—, si me he equivocado, perdóname.
Karel dejó de golpe la espada en el paño blanco que cubría la mesa. Sus ojos castaños estaban entrecerrados, y no sabía el porqué, Roberto no podía dejar de mirar la cicatriz de su mejilla, que estaba deformada al Karel contraer los músculos de su cara.
—Ella es una madre soltera. El muy hijo de puta la dejó justo cuando estaba a punto de dar a luz. Si se hubiera quedado en Granmor, estoy seguro de que Eros lo hubiera capado. Sin embargo, se marchó y la dejó sola. Escapó con otro soldado con el que aparentemente mantenía una relación ilícita.
Roberto se quedó con la boca abierta, pero intentó disimular, cogiendo una pequeña daga de extraña forma. Un completo melodrama parecido a esas novelas que tanto le gustaban a su madre o las que su hermana se pasaba horas y horas leyendo en esos libros romanticotes con los que llenaba su estantería.
Su corazón hipócrita se contrajo en lo que sintió, se parecía un poco a lo que sucedía entre Eneas, Kazla y él. El golpe fue duro, pero se contuvo.
—A ti… ¿te gustan los niños, no? —Robby le sonrió, intentando cambiar de conversación. Acarició la daga, notando en sus dedos las hermosas y bien dibujabas líneas que adornaba en perfectas figuras su empuñadura—. Tiene que ser agradable, más que sostener a tu propio hijo, saber que ese niño es parte de la persona que amas. Es como si por fin, la conexión que tu crees tener con esa persona, se convirtiera en algo tangible. Una prueba de ese amor.
Karel apretó repentinamente la tela de la mesa. Cerró los ojos con tanta fuerza que Roberto se quedó impactado, pensando nuevamente que diablos había dicho para causarle esa reacción. Después se dio cuenta que, Karel estaba evitando ¿llorar?
Robby intentó hablar, pero nada le venía a la cabeza. Entonces, Karel le miró con los ojos limpios pero brillantes, y dijo:
—Una vez creí poder sentir ese placer. Pero Eneas me lo robó, me robó ese derecho pero también protegió el honor de Kazla. Yo, le debo mucho a ese imbécil y sin embargo, lo odio con todo mi corazón. —Karel alzó la mano y se acarició con dos dedos la cicatriz de su mejilla—. Por culpa de ambos, yo… perdí a la persona que… —suspiró terminando por sonreír tristemente—. Olvídalo, no creo que seas la persona más indicada para contarle todas mis mierdas.
¿Eh? ¡¿Eh?! Un momento. Roberto podía sentir como su cabeza daba vueltas en todas direcciones. Karel… ¿estaba esperando un hijo con Kazla? No… él quería un hijo de Kazla pero… ¿al final fue Eneas quién la dejó embarazada? Pero entonces…
—¿Eneas tiene un hijo? —preguntó para sí mismo, sin darse cuenta que lo había dicho en voz alta.
Karel lo miró de reojo, serio. Después bajó la cabeza, todo su cuerpo desprendía una aire de tristeza e ira que consiguió sacar un poco a Robby de sus pensamientos, de alguna manera, egoístas.
—Kazla abortó. Pero no puedo asegurar que ese hijo fuera de Eneas.
A Roberto se le abrió un poco la boca, incorporándose después en una actitud más neutra cuando se dio de qué, se le notaba a leguas, lo impactado que había quedado. La idea de que Eneas pudiera haber tenido un hijo le molestaba, no… le cabreaba infinitamente. Pero… haber sufrido una pérdida como esa, que una parte de ti muriera, era una pena muy grande y no podía recriminarle nada por ello. También estaba la posibilidad de que no fuera su hijo, pero entonces de quién, de… ¿Karel? ¿Estábamos hablando de un triángulo amoroso? ¡Qué locura!
Vale, ahora venía el momento cuando cambiaba de conversación, pero esta vez, bien. No quería salir con algo que le recordara un hecho peor. Se maldijo por su bocota.
—¿Empezamos con el entrenamiento?
Karel lo miró, al principio extrañado de que hubiera decidido dejar de calmar su curiosidad y después aliviado por el cambio de tema. Se lo demostró a Robby cuando le sonrió, acariciándole bruscamente el pelo y revolviéndoselo.
Roberto gruñó por ese gesto, no era un maldito crío, aunque suponía que una diferencia de cuatro años en ese mundo en comparación con la forma de vivir que Robby había llevado, eran igual a por lo menos diez.
—Eso que tienes en la mano —comentó Karel, tocando con un dedo la afilada hoja de la daga. Ésta tenía doble filo, a parte de una curvatura en la punta en forma de ¿ola?—, es una daba antigua. Utilizada para atrapar a un enemigo cuando este se encuentra a pocos centímetros de ti. Se llama-
—Geryon.
La voz ronca, pero a la vez suave, se escuchó justo tras Roberto. Éste se giró con tanta rapidez que casi se cae, gracias a Dios que se pudo sostener con la mesa. Sus ojos volaron hacia Eneas, que de pié, apoyado en la pared a su lado y con los brazos cruzados, los observaba sin perder detalle. ¿Estaba ahí para supervisar su primer día de entrenamiento? ¿Estaba preocupado?
Cuando sintió la alegría subiéndole por el cuerpo, Roberto se riñó. No debería hacerse ilusiones y bien Eneas solo estaba allí para vigilarlo, no por preocupación. Aun así, todavía creer, aunque fuera un poquito, que podría resultar de otra manera...
Centró su atención nuevamente en la daga que tenía en la mano. Era hermosa, es verdad que nunca había tenido delante una espada, o algo parecido, ni siquiera había ido a algún museo o sitio donde se expusieran, solo recordaba algo así de la tele o Internet. Toda la verdad sea dicha.
Aun así… tenía una forma interesante, y atrayente. Ese doble filo curvo brillaba, la punta era redonda con un pico al lado. Exactamente como pensó antes, parecía que había una ola sobre la punta de la daga. La empuñadura era redonda y negra y había dos monstruos dibujados con finas líneas verde oscuro en ella. Parecían una especie de… ¿centauros? Bueno… algo así.
—Me gusta.
Karel alzó una ceja, se acercó y quitándosela rápidamente la dejó sobre el paño.
—Antes de que desarrolles tus instintos homicidas debes aprender un par de cosas más.
Roberto se rió, y asintió, esperando lo que vendría a continuación. Karel seguía serio, quieto, observando las armas y después a Eneas. No estaría pensando en echársele encima y clavarle algo, ¿verdad? Aunque fueran dos gigantes, si esas puntas se clavaran un poquito… aunque un sea poquito… Roberto se estremeció.
—¿Pasa algo? —preguntó, pero fue completamente ignorado.
Entre que Eneas parecía completamente ajeno a la escena, a pesar de estar de observador, y que Karel, hoy se había levantado con el día raro, Robby tenía el alma en vilo.
Finalmente, Karel se giró hacia Eneas, con ahora, una pequeña espada bien cogida y golpeándose insinuante la mano con la hoja.
—¿Qué haces aquí? —preguntó, y Roberto apreció en su voz burlona, un toque más tenebroso de lo normal.
Eneas observaba el entrenamiento de los soldados desinteresadamente. Roberto pensó que no contestaría cuando este se despegó de la pared y dio un paso. Robby se puso nervioso, no… iba a golpear nuevamente a Karel, ¿verdad? Para su alivio, simplemente cambio el pie de apoyo y volvió a echarse en la pared, sus brazos cruzándose de nuevo en su pecho.
—Eros me mandó a supervisar el entrenamiento de hoy ya que tú estarías más enfocado en Robby.
Era una mierda de excusa, la más mala que alguna vez Roberto hubiera escuchado en su vida. Pero… su corazón se estrujó varias veces ante el sonido de su nombre formado a partir de esa voz ronca que tanto lo calentaba. Nunca hubiera imaginado que ese hecho pudiera hacerle tan feliz que hasta le dieran ganas de llorar. Pues bien, se sentía como un maldito niño alrededor de tanto gigante cabezón y robusto.
Karel se rió, soltando por fin, para respiro de Robby, la diminuta espada sobre la mesa.
—Y yo que creía que te habías vuelto patético, ahora veo que todo no queda ahí, hasta tus excusas lo son.
Eneas gruñó bruscamente, de una forma amenazante que haría a cualquiera encogerse por instinto. Karel no pareció tenerle miedo, pero sus ojos se entrecerraron con precaución.
Todo quedó ahí. Para sorpresa de Roberto, Karel ignoró la presencia de Eneas y empezó con el entrenamiento o más bien, con algunas instrucciones y normas. Robby las escuchaba tranquilamente, intentando guardarlas en su memoria el tiempo suficiente para intentar aprendérselas. Pero cuando ya llevaba un rato hablando, alzó el brazo, negando con la cabeza.
—Lo siento. Mi memoria es un horror. Y aunque me considero un hombre de letras, prefiero aprender las cosas con otros métodos. Esta vez, creo que… la práctica sería lo mejor.
—Eso que me pides es algo peligroso. Creí que sería mejor empezar por algunas bases… bueno siempre es necesario saber algunas tejemanejes para prevenir… por que siempre se tienen algunos golpes… ya sabes no se puede aprender todo de una vez, toma su tiempo y… con tu constitución es normal que te cueste más…
Contra más hablaba, más se cabreaba Roberto y esa maldita duda en cada palabra le estaba hirviendo los intestinos.
—Al grano, joder —no pudo ni tragarse el taco.
Karel se vio tan presionado que al final alzó las manos en un movimiento brusco y suspiró.
—Si Eros te ve con un solo jodido moretón a prometido cortarme las pelotas y después metérmelas hasta la garganta, ¿vale? —ante la cara incrédula de Roberto, Karel explicó—: Sus palabras exactas fueron: «Si por tu culpa, mi cuñado sufre cualquier mínimo daño, que se le caiga una simple pestaña, te juro que te corto las pelotas y te las tragas, ¿me entiendes?». En ese momento pensé que me meaba en los pantalones —exageró con un tono entre temeroso y divertido—, así que, tomémoslo todo con calma.
Pero Robby estaba demasiado pasmado como para reaccionar, bueno, o eso creía hasta que escuchó una especie de sonido burlesco a su espalda. Se volvió para echarle un ojo a Eneas. Éste seguía haciendo creer que se concentraba en el entrenamiento de los demás soldados, pero tenía una comisura de los labios curvada hacia arriba.
Podía aparentar lo que quisiera, porque Roberto sabía que no perdía momento de lo que pasaba con él, lo veía y lo escuchaba todo con suma atención. Esa sensación era agradable.
—¿Bueno, entonces qué?
Karel se rascó la frente y quedó pensativo. Cuando se escuchó un ruido procedente de Eneas, y algo como un medio sonido salir de su boca, Karel levantó una mano, cortándolo y dijo:
—Ni una palabra. No te metas.
Roberto no se quiso volver esta vez, seguro de que Eneas los estaba fulminando con la mirada, hasta creía que comenzaba a quemarle un poquito la nuca. Karel seguía pensativo, hasta que finalmente, hundió los hombros y lo miró.
—Vete a donde está el imbécil y te sientas.
La ceja de Roberto no tardó en elevarse, no comprendía que tenía eso que ver con un entrenamiento militar.
—¿Para qué?
—Tú ve y siéntate —se quejó Karel, intentando apresurarlo.
Roberto se movió a regañadientes, no miró a Eneas, que parecía una estatua de mármol a su lado, pero en lo que sí se fijo, fue en la suciedad del suelo.
—¿Ahí? ¿En el suelo? —preguntó con un mohín.
Karel parecía divertido, con esa postura y sonrisa de sádico burlón. Miraba a Roberto como si fuera el espécimen más interesante que alguna vez hubiese visto.
—¿De qué reino es este príncipe? Ni los reyes en este mundo son tan escrupulosos como tú.
Roberto se sintió indignado, más aun cuando vio que Eneas volvía a elevar esa comisura de su labio. ¡No solo no le defendía, si no que tampoco podía sonreír como todo el mundo! «“Te estás alterando. Te estás alterando. Tranquilízate, Roberto. Respira hondo” se dijo a sí mismo». Después de unos segundos, pateó el suelo para no hacerlo en la espinilla de Karel. ¡No servía!
—No sé como me puedes decir escrupuloso cuando me he lavado ahí —señaló la habitación donde se encontraba la pila—, con toda esa agua usada, llena de sudor y que olía… y… ¡Que asco! —gruñó, encogiendo la cara—. En mi mundo hay unos principios básicos. ¿Aquí sabéis lo que es la higiene? —preguntó, al ver la ceja levantada de Karel, bufó enfadado—. Ya veo que no. Da igual. Me siento y me callo. Toda la cháchara que te dé no servirá de nada, de todos modos.
Karel asintió, ahora sí, conforme.
—Si en vez de ser el cuñado del jefe, fueras un soldado novato, te habría cruzado la cara solo al contradecir una orden. Siéntete privilegiado, Robby.
Roberto se estremeció. Así que, después de todo, era alguien en ese castillo. Eso iba a resultar más duro de lo que parecía, quería volver a casa… con su madre, su hermana, sus estudios… ¡Mierda!
Se sentó sobre sus piernas cruzadas, apretando los dientes.
—¿Ahora qué? —soltó áspero.
Karel pareció no inmutarse, le resbalaba bastante el tono en la voz de Roberto. Dejó de nuevo la pequeña espada sobre la mesa y lo miró, quieto y sin intenciones de acercase. Robby estaba completamente confundido.
—Cierra los ojos —Roberto obedeció a regañadientes, un poco escéptico—. Pega tu espalda a la pared y encuentra un punto central en tu estómago, donde sientas el peso de todo el cuerpo.
—¿Qué? —preguntó Robby, mirándose la barriga y doblando la cabeza en un gesto confuso pero horriblemente sexy. Eneas lo miró levantando una ceja—. No entiendo, ¿un punto donde?
Sintió como una enorme mano le apretaba el hombro, se giró justo en el momento para ver como Eneas lo cogía y le apretaba la espalda contra la pared. Lo puso tan recto que sintió como su culo se quejaba ante lo duro del suelo. Roberto pensó que su espalda tenía que estar tan mal puesta, como para que Karel no le riñera a Eneas por su intromisión.
Volvió a suspirar y cerrar los ojos, intentando respirar correctamente. A los pocos segundos notó de nuevo las manos de Eneas en sus hombros, poniéndolo otra vez derecho. ¡Era tan malditamente incómodo!
—Ahora —continuó Karel, con una nota un poco molesta en la voz—, Inspira profundamente y cuenta hasta cinco, después espira largamente, soltando todo el aire. ¿Lo sientes? ¿Siente algo en tu estómago?
Después de varias veces, Roberto empezó a notar algo extraño. Su espalda estaba completamente erguida, y su respiración ascendía su pecho y lo bajaba naturalmente. Era casi como si todo surgiera por naturaleza. Pronto notó como todo el peso de su cuerpo, todo el control de su ser, se centraba en un pequeño punto en su estómago. Contrajo los músculos de su abdomen para estar seguro. Ahí estaba.
—Lo noto —dijo Roberto, todavía un poco perdido, inmerso en una tranquilidad que él desconocía.
Karel asintió conforme, después agarró y se acercó lentamente a Roberto, deteniéndose a un metro de él.
—Antes de comenzar un entrenamiento físico, debemos acostumbrarte al sonido de una espada, a tener una batalla próxima a ti. Por lo que he podido deducir de tu expresión a ver las armas, en tu mundo no se suele luchar de esta forma, ¿verdad?
Roberto se encogió de hombros, aun con los ojos cerrados y manteniendo el ritmo suave de su respiración.
—Hace muchos años que las espaldas quedaron relegadas a un segundo plano. Existen las pistolas, y… —pensó como explicarlo—, son armas de fuego. Un poco de pólvora y una llama y explota. Puedes matar a una persona de un tiro a una distancia bastante considerable, las espadas ya no tenían sentido. Después vinieron las bombas y las armas nucleares y…
Karel y Eneas se miraron, sin entender nada de lo que decía el muchacho, pero haciéndose una idea de lo que peligrosa que podría ser una guerra en el mundo de donde venía Roberto.
—Tú llevabas una vida muy tranquila, así que supongo que en tu mundo no suele haber muchas guerras, ¿no? —preguntó Karel.
Roberto asintió, apoyando las manos suavemente en sus muslos.
—La tierra esta divida en países, como reinos aquí. A diferencia de que la mayoría no suele meterse con los otros, a no ser que haya un problema bastante importante o una rencilla de años atrás. También hay grupos de países que se alianzan para defenderse, así que los demás suelen no meterse porque saben que quedarían aniquilados en cuestión de minutos. También hay varias potencias mundiales, que son las que más o menos dirigen todo, así como la economía y… —Roberto se rió—. Vamos a dejarlo, porque no me hace falta abrir los ojos para saber que no os estáis enterando de una mierda de todo lo que estoy contando.
Eneas se giró, mirando de nuevo el campo de entrenamiento, pero sus palabras salieron roncas y cortas. Bajas como si fuera un pensamiento en voz alta.
—Me gustaría vivir en tu mundo, entonces.
Roberto deseaba gritar que lo hiciera. Que se fuera de allí con él. No podía hacerlo, sabía que Eneas no dejaría su mundo para irse con él y… tampoco tenían como hacerlo. De repente, sintió que perdía ese punto de concentración en su abdomen, e intentó de nuevo controlar su respiración.
Karel también había quedado un poco sorprendido por la confesión de Eneas, pero él a diferente de Robby se sintió dolido y enfadado. Debía olvidar ahora sus sentimientos y centrarse en el entrenamiento que tenía frente a él, el cual ya le estaba haciendo perder demasiado tiempo.
—Bien entonces —gruñó Karel para que Roberto le prestara atención—. Quédate quieto, y por mucho que escuches o sientas, no te muevas, ¿entendido? ¿Confías en mí?
Roberto se lo pensó, no le hacía mucha gracia lo misterioso que se escuchaba eso. ¿Confiaba en Karel? Bueno, era lo más cercano a un amigo que tenía allí y el mismo Karel sabía, que si le hacia daño, Eros se lo comería con papas, así que… Además, tenía a Eneas al lado, él lo protegería si algo se complicaba, estaba seguro que por eso mismo, había aparecido sin ser invitado. Eros lo mandaba para que vigilara a Karel.
—Si. Confío en vosotros.
Eneas se giró de golpe hacia Roberto, mirándolo por encima y con la vista centrada en la coronilla del chico. ¿Robby se había dado cuenta de que había dicho «vosotros»? No, seguro que no. Pero Eneas, sintió un ridículo calor en su pecho. ¿Por qué le había hecho tan feliz esa simple palabra? Y lo más importante. ¿Cómo podía confiar Robby en él después de haber intentado estrangularlo esa mañana? Era sorprendente y a la vez, aunque lo hiciera feliz, también se sentía herido, dolido, decepcionado de sí mismo.
La acción posterior de Karel lo sacó de sus pensamientos. Hasta él había sentido el aire pasando por su lado. ¿Qué estaba haciendo? ¿Qué diablos pretendía hacerle ese loco a Robby?
Roberto, por su lado, estaba concentrado en su la oscuridad a su alrededor. Su espalda seguía recta, podía sentir el frío de la piedra calándose por la áspera tela de su camisa. La dureza del suelo que antes le había hecho que le doliera el culo, ahora ni la sentía, como si estuviera apoyado sobre un cojín. Intentaba mantener su respiración calmada y constante. Inspirando y espirando como le habían enseñado. Ese punto en su abdomen se centralizó aún más, y Roberto supo que tenía que concentrar toda su fuerza en él.
De repente, algo pasó por su cara. Una ráfaga de viento. Concisa, áspera y con un olor extraño. Escuchó el fino sonido directo sobre su oreja y después, todo quedó en silencio.
—¿Has sentido eso? —preguntó Karel.
Roberto, que no había perdido su concentración ni un solo segundo, asintió.
—Si, no se exactamente que fue pero… lo he notado.
Pasaron más segundos en silencio, justo cuando Robby iba a preguntar que pasaba, otra ráfaga pasó sobre su cara. Le levantó en flequillo y sintió el refilón sobre su frente. Ésta había sido más larga, más concisa y a la vez pesada. El viento olía de forma diferente, y el movimiento fue más lento.
Poco después escuchó un ruido metálico y otra ráfaga pasó por su cara, ahora un poquito más abajo, sobre su nariz. Esta también fue rápida, pero a la vez más corta, se sintió un giro extraño al final y… el olor fue como la segunda. Había algo raro en esta. Aunque el olor de la primera también lo tenía cautivado.
Karel aplaudió una vez y Roberto abrió los ojos mirándolo.
—Dime que crees que ha sido eso, piensa en las armas que hay sobre la mesa, y todo lo que se puede usar en este mundo en una guerra, y dime que crees que ha sido esas tres cosas que has sentido.
Eneas lo pensó, era interesante. Karel había sabido muy bien como intentar que Roberto desarrollara su percepción y se acostumbrara a este mundo, antes de empezar un entrenamiento físico que podría causarle algunos daños. De todas formas era imposible que Roberto pudiera acertar.
Robby seguía pensativo, creía que tenía la segunda, pero la primera con ese extraño olor y la última como ese aire tan raro…
—Creo que la segunda, fue una espada —Karel y Eneas lo miraron interesados—. Supongo que por la velocidad y el espesor del viento sobre mi frente, diría que de hoja larga, y… el final en forma de punta.
Karel sonrió sin afirmarlo o desmentirlo, simplemente acarició el paño blanco, haciendo como el que no le prestaba atención.
—¿Y la tercera?
—Diría que también fue una espada. Pero el final, el aire era más ligero, más rápido, como si la espalda fuera más pequeña, una daga. Pero el aire giraba al final, con un efecto raro... —sus ojos se pasearon sobre las armas posadas en la mesa y sintió su mente iluminada cuando estos cayeron sobre la daga que anteriormente había sostenido con tanta admiración en sus manos—. ¡Fue esa daga… la Geryon!
Eneas se volvió sorprendido, mirándolo con total incredulidad.
—¿Cómo diablos lo has sabido?
Roberto parecía totalmente orgulloso de sí mismo.
—Ya lo he dicho, la rapidez y fineza del viento me decía que era un daga, después el movimiento producía un efecto extraño en el viento, y eso me daba a entender que, por un lado, no podía terminar en punta como la otra espada, y por el otro, Karel quería que yo la reconociera, la Geryon era la única daga que yo conocía con un extraña punta de forma curvada. Así que… ¿que más opciones quedaban a parte de esa?
Eneas miró a Karel mientras señalaba incrédulo a Roberto. No habló, pero estaba claro lo que su cara estaba diciendo. El capitán le respondió con una gracioso encogimiento de hombros. Parecía tan orgulloso como su alumno por el resultado del primer entrenamiento.
—Bien, bien. Ya has demostrado con creces que eres bastante suspicaz. Ahora, ¿no tienes idea de que pudo ser la primera vez?
Roberto quedó de nuevo pensativo, mirando las armas de la mesa. Si hubiera sido alguna de ellas, el viento no hubiera desprendido ese olor tan extraño.
—¿Tenéis alguna espada perfumada o con un material que huela distinto?
Karel agrandó su sonrisa, con una extraño brillito en los ojos.
—No —respondió simplemente.
Entonces, Roberto no tenía ni de que había sido. Si no era ninguna de esas armas, entonces… ¡Un momento! Karel le había dicho… que pensara en todas las armas utilizadas en ese mundo. Todo lo que se pudiera utilizar como arma…
—Viento —dijo sorprendido—. ¿Has utilizado tu maldito Elemento viento conmigo?
Eneas buscó la pared detrás de él para apoyarse, con eso ya lo había rematado por completo. A pesar de vivir en ese mundo, había soldados que tardaban meses en poder hacer una cuarta parte de lo que Robby, con una facilidad pasmosa, había conseguido en unas horas. Ese hombrecito daba miedo. Si seguía así, con el tiempo… ¿en que podría convertirse?
Hasta Karel parecía un poco impactado. No había pensado en ningún momento, que Roberto pudiera averiguarlo. Es más, creía que eso le daría una lección de vanidad, pues parecía que el chico confiaba demasiado en sus instintos. Quería enseñarle, que aunque era bueno seguir sus impresiones, y la verdad es que en una batalla era primordial, también había que aprender tácticas y normas principales. Una buena técnica, inteligencia y reflejos, era todo lo un guerrero necesitaba.
Ahora la pedorreta que iba a soltar se pudrió en su lengua.
—¿Te han dicho alguna vez que eres demasiado inteligente para tu propio beneficio?
Robby sonrió, en una expresión burlona.
—Es normal con un coeficiente intelectual de ciento sesenta y tres.
—¿Un qué? —preguntó Eneas, que fue todo lo que pudo decir, después de lo visto anteriormente.
Roberto suspiró, meneando la mano en señal de que olvidaran lo que había dicho. Se sentía un poco más confiado ahora, pero por la cara de contradicción que tenía Karel, puede que no le beneficiara del todo. Seguramente, pensaba que fallaría y tendría preparadas unas cuantas lecciones más, con eso, no le había dado oportunidad. Bueno, así estaba bien.
—¿Ahora qué? —preguntó Robby, levantándose del suelo y sacudiéndose el trasero con una mueca de asco.
Ante tal reacción remilgosa, Eneas y Karel suspiraron, sin creer que el tipo inteligente de antes pudiera ser el mismo que se mostraba ahora. Karel le hizo una mueca para que Roberto se acercara y lo colocó de nuevo delante de las armas.
—Ahora —se colocó a su espalda y apoyó ambas manos en sus hombros, asomando la cabeza con la barbilla apoyada sobre la propia cabeza de Robby—, te enseñaré como se llama y para que funciona cada arma. Dejaremos para mañana la práctica.
Roberto asintió, admirando cada una de las espadas que ante él se presentaban. Algunas eran típicas pero otras tenían unas intrincadas y hermosas formas. La que más le gustó, fue una lisa de empuñadura redonda que parecía una espada japonesa. ¡Tan hermosa!
Eneas decidió en ese momento marcharse. No se despidió, simplemente caminó paralelamente a la pared y llegó a la puerta del castillo, donde estaba Eros, hablando animadamente con Beatriz. Le agradaba que su hermano fuera feliz, que esa chiquilla lo entretuviera y le diera el cariño que él siempre había deseado. Tantos años esperando por ella habían dados sus frutos. Eneas no quiso hacer lo mismo. No quería seguir lo que le dictaban las Phinxies, esas malditas que le habían quitado el placer de un Elemento, el derecho a ser rey, él no quiso dejar que también mandaran sobre su corazón.
Miró de reojo a su hermano y pasó silenciosamente por su lado, esperando que no se diera cuenta de su presencia. No hubo suerte.
—¡Eneas! —gritó, haciéndole gestos con la mano para que se acercara a ellos. Eneas apretó los dientes y giró sus pasos, aproximándose y parándose directamente frente a él, con una cara de malas pulgas que le indicara del humor en el que se encontraba. Eros pareció ignorar eso también—. ¿Cómo le ha ido el entrenamiento a mi cuñado?
«“Estupendo, la conversación que me moría por tener” pensó irónicamente».
—Le va bien, es malditamente inteligente, así que no tendrá problemas. Tampoco creo que la fuerza cuente mucho, si logra un buen equilibrio y velocidad. Su cuerpo es fibroso así que supongo que no le costará mucho obtener el control suficiente para manejar una espada.
Eros se acarició la barbilla, bastante satisfecho con lo que escuchaba. Le guiñó un ojo a Beatriz que sabía que estaba contenta por esa agradable y amplia sonrisa que adornaba su carita, y dirigió de nuevo la atención a su hermano, que parecía querer salir de allí corriendo, otra vez.
—Entonces será un problema menos. Tengo bastantes expectativas puesta en él —cuando Eneas entrecerró los ojos y lo miró bruscamente, Eros alzó la mano, golpeando amistosamente su hombro—. Tranquilo, no pienso mandarle con ninguna tropa, o a una batalla o nada por el estilo. Pienso que sería un buen estratega. Cuando esté lo suficientemente depurado le daré un puesto importante y lo mantendré a mi lado. No dejaré que nadie le haga daño a tu pequeñín, si es lo que te preocupa.
Eneas se sonrojó de golpe, pero al darse cuenta soltó un gruñido, echando a andar de nuevo al interior de castillo.
—No le llames pequeñín, es ofensivo —se quejó, sin añadir nada más.
La risa de Eros sonó en el vestíbulo, y varios de los soldados que seguían entrenando cerca de ellos, se volvieron a ver que ocurría.
—¡Eneas! —volvió a llamar a su hermano. Éste simplemente se volvió a mirarlo. Eros sabía que su paciencia se estaba acabando—. Te buscaré más tarde dos buenos soldados para que te acompañen mañana.
Eneas asintió, desapareciendo por fin en la puerta del salón que daba a la cocina. Seguramente, Eros supuso que iría al cuarto de las hierbas, donde las ponía a secar y hacía esos mejunjes que utilizaba como bálsamos, pomadas, etc…
Había escuchado que se había pasado horas preparando una especie de remedio para los cardenales de su cuñado, pero todavía tenía que dejarlo reposar por un día más. Por la mañana estaría listo o eso le había escuchado oír a la cocinera, que le gustaba estar metida en esa habitación, aprendiendo lo que decía ella, le vendría bien a sus hijos.
—¿A dónde va ese imbécil hermano tuyo?
Eros miró a Beatriz, primero molesto por el apelativo dado a Eneas, pero terminando por sonreírle al ver ese precioso ceñito suyo encogido. Beatriz era realmente linda cuando se enfadada, para comérsela. Y Eros sabía bastantes formas de aliñarla para que estuviera sabrosa. La sola idea de cogerla y desnudarla para devorarla lenta y fogosamente en su enorme cama, lo calentó de tal manera que hasta sintió un bochorno subirle a la cara.
Tenía que deshacerse de esos pensamientos, por lo menos hasta la boda. No podía hacerle algo así a esa niña. Cuando le dijeron que su Alma vendría de otro mundo y que esa chica se llamaría Beatriz, siempre la había imaginado como una mujer madura, cultivada, preparada y lista para él. Había soñado tantas veces con cogerla una vez que llegara y sentirla húmeda, deseosa y preparada, para el paso de su…
Bea le pellizco el brazo cuando lo vio de fantasear con quién sabe qué, sin hacerle el mínimo caso a su pregunta.
Eros suspiró, admitiendo que esta niña superaba cualquier cosita caliente que él hubiera imaginado, aunque, en las cuestiones eróticas, él tuviera más miedo que ella.
—Por trabajo, cariño, por trabajo.
—¿Se irá y dejará solo a Roberto aquí?
La pregunta dejó un poco descolocado a Eros. La cogió de la cintura y la guió por el patio hacia un pozo no muy lejos de allí. La sentó en el borde y ambos miraron al fondo, la chica parecía maravillada con lo que veía. Bueno, lo había estado desde que él le enseñara cada rincón del castillo. Como le había dicho anteriormente más de una vez, se sentía con una princesa de cuento de hadas.
—¿Debería ordenarle a Eneas que se lleve a mi cuñado con él?
Beatriz lo miró horrorizada y negó con la cabeza rápidamente.
—¡No! —gritó con esa voz un tanto chillona—. Creo que lo mejor sería que Eneas no se fuera, pero de ninguna forma voy a dejar que permitas que se lo lleve. No me fío de ese desquiciado. ¡Esta mañana intentó ahogarlo! Que no crea ese loco que se me va a olvidar tan rápido. Puede que Roberto lo perdonara, porque… en realidad no puede evitarlo. Pero yo no tengo ninguna Alma que me bloquee la visión y no me deje ver lo capullo que es ese bastardo.
A Eros se le abrió la boca, no recordaba haber escuchado tantos tacos juntos en una sola frase. Después le entró la risa, golpeando con fuerza la piedra del pozo y haciendo nuevamente que varios soldados lo miraran.
—Entiendo, tranquila. Veo que quieres bastante a tu hermano.
Beatriz asintió bruscamente, después sus hermosos ojos almendrados se centraron en Eros.
—Y sé que tú también a Eneas.
Eros sonrió tristemente, cogió una piedra y la lanzó al pozo. Tras unos segundos de espera, esta resonó en el agua. Bea pudo ver la pena envolviendo las expresiones de su hermoso rey. Ese hombre escondía una preocupación y pena por su hermano infinitas. Mayores de la que seguramente, Eneas pensaba.
La chica alzó su mano, y lió un hermoso rizo rubio en su dedo, atrayendo la cara de Eros hacia ella. Cuando los ojos dorados del gigante y los suyos verdosos se encontraron, sacó su pequeña lengua y delineó con ella los labios cerrados.
Pasó por alto la cara sorprendida de Eros, que a pesar de lo robusto que quería parecer, sus mejillas no tardaron en cubrirse de un ligero visual rosado. La suave risa de Bea inundó el patio, aproximó su cara y selló dulcemente la boca contraria.
Eros la apretó contra ella, y se besaron durante un rato. Lo único que consiguió sacarlos de su intimidad fueron los vítores de los soldados, que silbaban y reían observando a la pareja tan entregada.
Eros se separó, avergonzado y Beatriz volvió a reírse. Después de todo, no era tan malo ese mundo. Solo necesitaba que su hermano fuera feliz, tanto como ella. Era lo único que deseaba de todo corazón.
Buenos dias,Fati.
ResponderEliminarMe ha gustado el adelanto que das a la relacion de las parejas en el capitulo, ya que he notado como mas naturalidad y aceptacion entre ellos.Siguen siendo misteriosos los nudos que tienes planteados(como el de Kazla,Karel y Eneas)o lo del reino vecino, o la todavia reciente relacion de Bea y Eros. Ademas,Eneas ha dejado claro que no le importaria vivir en le mundo que describe Roberto,lo cual me parece significativo.
En fin ,veo mas avanzados los personajes estando mas desarrollados y firmes por si solos.
Besos.
Oins, cuqui, que profesional te ha quedado el comentario XD
ResponderEliminarSi, con lo del adelanto llevas razón, ya estaba cansada de tanto esquivarse, así que de ahora en adelante la cosa se pondrá más caliente. Vale, no digo que en el próximo se vayan a besar ni mucho menos, todabía queda un par de capis para eso (aunque depende de mi cabeza el día que lo escriba) de todas formas, en el capítulo que viene no, en el otro, la cosa dará un giro de 180º ya lo verás jeje.
También en los próximos tres capítulos se descubrirá que ocurre entre Eneas/Kazla/Karel que estoy segura de que no será nada de lo que habéis imaginado.
Sobre el reino vecino, hay pillina... más muy bien encaminada. Amur solo hará dos apariciones en la novela, pero ambas malditamente significativas.
Sobre lo de Eneas y el mundo de Roberto, como dices, ahí hay más transfondo de lo que parece.
Me sorprende lo perspicaz que eres, casi tanto como Roberto!!! XD
Me alegro también de que los personajes vayan congiendo un poco más su personalidad, es lo que más dificil me resulta, afincarlos en un carácter propio. Ese problema puede que me venga de escribir FF, en ellos, los personajes ya están creados así que lo que tengo que hacer es simplemente intentar que mantengan su personalidad, es bastante diferente...
Gracias cuqui, me has hecho muy feliz con la rapidez de tu comentario.
Ultimamente parece que estoy un poquito depresiva UU
De todas formas, a ver si dentro de unas horas, cuelgo uno nuevo de MSM.
Xao!
Lento pero seguro, me gusta mucho como estás llevando esta novela :)
ResponderEliminarEl comentario de Eneas sobre que preferiría vivir en el mundo de Roberto me ha dejado gustado mucho mucho..
160 de CI! que hijo de puta este roberto jajaja y lo mejor es que éstos brutos no saben ni lo que eso quiere decir! esas son las cosas que más me gustan :P
Ita, no sabes lo feliz que me haces diciéndome que te gusta como llevo esta novela, ese es uno de los temores más grande que tengo... que tranquilidad me has dado XD
ResponderEliminarIntento poner ese tipo de comentario para que los personajes como Eneas, dejen ver un poquito más como es su personalidad.
Poco a poco os daréis cuenta de que Eneas en realidad es un autentico pacifista, es como si no hubiera nacido en el mundo adecuado. Pero bueno, ya lo veréis más de cerca.
Creo que Eneas es el personaje más miserable y triste que he creado en toda mi vida O.O
Nena, lo del CI lo puse para... no se XD Creí que eso apoyaría un poco el porqué de la inteligencia de Roberto. Es la única forma de que sobresalga con tanto gigante fortachón por allí al lado. En ese mundo todo es primitivo y supongo que la única manera de igualdad para Roberto es su inteligencia y buena corazón. Espero que se note XD
Gracias Ita, ya te estaba echando de menos en este capítulo.
xao!
Pues a mi también me esta encantando como estas llevando esta historia, y no te creas, en cuanto puedo vengo y leo ansiosa todo lo que dejas.
ResponderEliminarMe gusta mucho como escribes y me sorprende como puedes llevar paralelamente dos historias tan delicadas y con tantos finos detalles.
Un saludo y por favor no nos tortures demasiado con la espera.
yushe, eres la primera que ha pasado de leer MSM a interesarse por LH (a parte de mi tres ángeles de la guarda)
ResponderEliminarmuchísimas gracias!! Estoy encantada de que te hayas pasado por ésta y me hayas dejado un comentario. Eso me dice que has leído todo lo que llevo y eso me pone contenta jeje.
Chica, acabo de colgar uno nuevo de LH, y no se si has leído el 6 de MSM.
Escribo dos de LH a la semana (porque la historia es más lenta y lo pide) y uno de MSM (hasta ahora no ha hecho falta porque ya estaban escritos, la semana que viene me tendré que poner las pilas)
Prometo que no tardaré, y prométeme tu también que te seguiré viendo por aquí XD
xao y cuidate mucho.
al fin te encuentro, desgraciada (disculpa la palabra, pero es verdad), ¿cuando planeas terminar tus historias de fanfiction?, !las de naruto!, esas que dejaste incompletas, llevo casi dos años en espera, grrrrr, si fuera un licantropo ya me hubiera convertido, mala, me fasinava esa de lobo y vampiro, aunque no recuerdo el titulo en japones, por lo menos finalizalas y ponlas en tu bloq, pero no nos dejes colgadas, te apuesto que no soy la unica que ha decidido seguirte el rastro, eso del aburrimiento y no encontrar buenos escritores o buenas historias que nos llenen, !es un fastido!, apurate y haz algo que mi vida depende de tus palabras, concluye las historias, antes que llege a mi madures y deba acabar con esta vaina de por vida y aun me quede con la curiosidad de saber que paso con la historia de mabos, please, por lo que mas quieras, aunque sea esta historia... !concluyela! (hay creo que deberia de llamarme acosadore insensata,jejejeje, gomene) bye!
ResponderEliminargemen, por lo errores ortograficos, estaba escribiendo muy rapido y no me fije...jejejejeje, bye!
ResponderEliminarMadre... mía. Anónimo jajaja, no sabía si continuar leyendo o definitamente salir corriendo.
ResponderEliminarLos fic de Naruto tuve que dejar de escribirlos por una operación bastante mala de los ojos que tuve.
Perdí la afición por la serie, es decir... a veces me paso a ver como va y tal, pero... ya no me lleva a la montaña de heidi como antes.
Sin embargo, los únicos fic que merecían la pena, eran Luz y Oscuridad y Kyouketsuki to Otoko Okami. La primera conseguí terminarla, a falta de algunos ovas que bueno... da igual, la historia en sí está terminada. Y sobre Kyouko... si te fijas, aquí hay una novela que se llama Mordisco sobre Mordisco.
Pues bien, es la misma, pero arreglada para que quede original. Cambiando los nombres y algunos términos japones y de la serie de Naruto. La estoy colgado un capi por semana, y esto será así hasta que la acabe. Así que... si quieres leer el final de Kyouko, solo tienes que continuar leyendo Mordisco sobre Mordisco y yá.
Tranquilidad y no me muerdas jajaja XD
No sabía que causaba tanta adicción, no se si creérmelo (para aumentar mi ego) o asustarme (en realidad soy muy cobarde).
Podría saber tu nombre?? Es que me da lástima cuando veo muchos anónimos, ya que no sé si hablo con la misma persona o con quién.
Siguéme por aquí nena. Este blog seguirá activo por mucho tiempo.
pd: No creo ser desgraciada, me voy a casar dentro de un año, y soy feliz T_T
sep, la verdad queria ponerlo, pero estaba apurada, jejejejeje, si lo se muchos ya tiene miedo de leer mis comentarios, bueno ni modo, continuare leyendo entonces "mordisco sobre mordisco", espero ver el final, jijijijij, mi seudonimo con el que me concosen en fanfiction (eso, si es que alguien me conoce), es Languida-Aleas-Yo, en cuanto a mi nombre, algo que no le doy ni le pongo importancia es Lhia o Rosario, tego dos y no le tiro bola aninguno, jejejejeje.
ResponderEliminarestare pendiente de tus historias, aver si la inspiracion regresa, y si tienes razon la serie ya deja mucho que decear al grado de sacarnos del fanatismo, y disculpa, no sabia sobre tu operacion. bueno bye!!!!
seguire como anonimo por que no tengo cuenta, pero ya te dije mi nombre, jejeje
Que te parece si te comunicas conmigo como Lhia?? Así podré reconocerte siempre que me dejes un comentario.
ResponderEliminarSobre como poner tu nombre, vete donde pone seleccionar perfil (cuando escribas el comentario) y le das a Nombre/url ahí te dejará poner el nombre que tu quieras, en este caso Lhia, para que sepa que eres tú jeje.
No te disculpes por lo de la operación, en realidad, me agrada muchísimo que te hayas puesto así por algo escrito por mí. Eso me da a entender cuanto en realidad te gusta mis novelas (o fic) y... eso es malditamente halagador, tanto que no tienes ni idea.
Gracias a personas como tú, tuve la fuerza para seguir escribiendo y mejorar. Si no fuera por los fic y la gente que me apoyó, no hubiera conseguido aprender y llegar a escribir como lo hago ahora. Gracias.
Espero verte más adelante, siempre esperaré tus comentarios, xao!!
ok, así lo hare, haber cuando actualizas que hasta el momento vamos en las mismas, espero llegar al capitulo 7, y despues el 8, alli si sera de locura, finalmente sabre que paso con estos dos, bueno bye!!
ResponderEliminar