Gea 01: Lágrimas de Hielo
Capítulo 9
Eneas miró hacia el cielo abierto y algo nuboso que se podía apreciar circundado por las caras de la montaña. La fresca brisa le golpeaba la cara, intentaba despejarse, calmar los latidos de su corazón, pero no parecía resultar eficaz. Es más, ese frío chocaba con la calidez de sus mejillas, su pulso corría con demasiada velocidad.
Su mirada se desvió de ese cielo hacia otro un poco más allá. Desde allí apreciaba el brillar de esos hermosos ojos claros, un hombre no debería ser tan deseable. Tan atrayente.
Retiró la cabeza y la volvió a apoyar en la tierra, con sus brazos tras la nuca. No había sabido a ciencia cierta porqué le molestaban los vistazos calientes que había interceptado de más de un soldado hacia Robby. Pensaba que solo estaba enfocándose en ese deseo de posesión que sentía hacia el chico. Pero ahora estaba claro que en realidad, era ira lo que bullía por sus venas.
Él también quería mirar abiertamente a Robby, tener derecho a cogerlo, cargarlo entre sus brazos y besarle hasta dejarle los labios rojizos e hinchados. Quería que le perteneciera de todas las maneras posibles. Hacerlo suyo, sentir esa piel color miel clara bajo la suya. Frotar su pecho, estirar de esos pequeños pezones, enroscar sus dedos en aquel miembro considerable que había tenido oportunidad de ver hace apenas un día.
Pero lo que más moría por hacer, era darle la vuelta, encararlo contra la pared o lanzarlo bruscamente contra el suelo. Abrirlo completamente para él y dominarlo, poseerlo y escucharlo chillar, gemir, revolverse con su nombre en los labios. Pidiéndole y suplicándole que no parara de tomarlo, que fuera más rápido, más profundo.
Eneas dejó que el aire escapara entrecortadamente de sus dientes. Esos pensamientos no hacían nada para calmar la erección que dolorosamente se había establecido como estado permanente dentro de sus pantalones.
No podía dejarse llevar por sus deseos, si hiciera lo que tanto fantaseaba, podría llegar a dañarlo, con ese cuerpo pequeño entre sus brazos, si lo tomaba tan rudamente sería capaz de romperlo. Pero… ¡maldita sea! …lo deseaba tanto.
Sacudió la cabeza y dejó que sus rizos rubios volaran con ella. Tenía que despejarse, aun si ello significaba salir de ese lugar y alejarse de Robby durante un corto periodo de tiempo. Una caminata le vendría bien para calmar sus bochornosas y completamente indecorosas, ideas.
¿Por qué ahora, después de tantos días y acercamientos, por primera vez, pensaba en el chico de esa manera? Reconocía que siempre había habido un toque de posesión por su parte, pero… ese chiquillo era suyo, maldita sea. Cada hombre a su alrededor, mirándolo, con deseo, con curiosidad… ¡aunque fuera de refilón! Solo quería matarlos a todos ellos.
Esos eran unos pensamientos muy peligrosos por su parte. ¿Porqué se sentía tan atado a Robby? Es como si su Alma estuviera unida por un hilo rojo a la suya, que ambas tiraran atrayéndolos sin que él pudiera oponer resistencia. Y vaya, casi podía sentir sus pies resistirse ante tanta fuerza, pero era inútil. Todo se estaba volviendo completamente inútil.
Un murmullo melodioso, que fue subiendo de tono mediante la canción avanzaba, consiguió reunir toda su atención. Se incorporó de la tierra en la que estaba apoyado para encontrarse de cara con un revoltoso Robby, cantando algo que parecía bastante agresivo, gritando y girando su cuerpo en el agua.
Parecía disfrutar del momento, pero seguro que no tanto como Eneas. Sentía que su boca se abría más y más, mediante los músculos de Robby se flexionaban ante los inesperados movimientos. Golpeaba el agua al son de ahora, un silbido que escapaba moldeado de sus labios. Era una clase de música que nunca había escuchado.
De pronto, Robby gritó unas palabras que él no entendía y se sumergió en el agua, para salir poco después, sacudir su cabeza y seguir golpeando el agua y cantando.
Eneas sentía su corazón latiendo y latiendo, el chico se veía tan libre y suelto, como si por primera vez desde que había llegado a Gea, estuviera disfrutando.
Era imposible apartar los ojos de él, como si todo su alrededor desapareciera y quedara eclipsado por su presencia. Ahora estaba de espaldas, agitando las manos y mostrando los músculos de su espalda tensarse. Eneas sintió un tirón de sus pantalones y colocó rápidamente una mano en su garganta, notando el excesivo calor, el inusual deseo recorriéndole y devorándolo vivo.
¡Dios, como lo deseaba!
Era un golpe a su moral, a su equilibrio mental, a todo lo que había conseguido con tanto esfuerzo. ¿Podría dejarlo de lado por aquel chico? ¿Por un hombre? Pero bien, esa hermosa criatura que tenía frente a él… era su Alma y le pertenecía. Y ese deseo… había llegado de golpe, lo había sacudido y dado una vuelta completa a sus sentidos. O puede que siempre hubiera estado ahí y hasta este momento, no hubiera querido reconocerlo.
Sus ojos se desviaron hacia el cuello de Robby, donde pequeñas y brillantes gotitas escurrían de él, deslizándose en varios canales sensuales por las perfectas formas de sus hombros, cayendo por esa columna levemente perceptible.
Antes de darse cuenta, Eneas había dado un salto de la tierra y se había puesto de pie. Con su respiración entrecortada y sus manos temblando por la anticipación, comenzó a quitarse las ropas, sacándoselas a estirones, tirando sin consideración el Nour, como si realmente esos colores ya no importaran. Todo lo que había en su mente, era un muchacho, joven, libre, con movimientos bruscos pero rítmicos, exhibiendo su fibroso cuerpo frente a él.
El deseo no lo dejó pensar. Una vez desnudo, se apresuró a llegar al borde del lago, sus ojos fijos en aquella pieza que iba a morder y atrapar en ese mísero instante. La sangre se le congeló en las venas cuando Robby se dio la vuelta en el momento que metía el pie en el agua, mirándolo con si los zafiros se le fueran a salir de las cuencas.
Roberto no podía creer lo que estaba viendo. Se había sentido bien, cómodo, y antes de ser conciente de su improvisada reacción, ya estaba cantando una de esas canciones rockeras que tanto le gustaban. Golpeaba el agua como si estuviera tocando la batería, cosa que hacia varias veces en sus tiempos libres. Esa agua, era un poco más extraña que en su mundo, con una consistencia diferente, además de un olor que le parecía totalmente agradable.
Escuchando unos susurros de ropa a su espalda, sus reflejos le hicieron volverse. Sintió que se le chamuscaba el cerebro. Lo último que esperaba ver era esa imagen tan completamente subyugadora justo frente a él.
Eneas parecía una de esas esculturas griegas. Grande, fuerte, con los rizos agitándose por la ligera brisa. Su cuerpo brillaba, dándose cuenta por primera vez Robby, del tono de piel bronceado que se gastaba el gigante. Su cintura estrecha y sus fuertes piernas, quietas, rígidas, a la defensiva de cualquier reclamo que Roberto pudiera hacerle ante aquel evidente arrebato.
Roberto se echó hacia atrás cuando sintió que el calor le subía hacia arriba, centrándose en iluminar sus mejillas. Retiró la cara, intentando calmar la excitación que había asaltado su cuerpo. No… aquello era demasiado bueno para ser real. Cuando volviera a enforcar la mirara, Eneas no estaría ahí, seguiría tumbado en el suelo como hacía apenas unos minutos.
—¿No te gusta lo que ves? —preguntó con seriedad Eneas, dando un paso más, mojándose por fin hasta las pantorrillas.
Robby tragó saliva con dificultad e inconscientemente dio un paso hacia atrás. Había estado intentando provocar al gigante durante casi dos días completos, y ahora que lo tenía frente a él, disponible para que sus manos presionaran cada trozo de piel dentro de su campo de visión… se acobardaba.
Tenía que dar un paso hacia adelante, acercarse a aquel cuerpo que se iba adentrando más y más en el agua, aproximándose peligrosamente a él.
Su voz salió más temblorosa de lo que Roberto hubiera deseado.
—Supongo que si estás aquí conmigo, a ti también te ha gustado —susurró, dándose cuenta en el instante que las palabras salieron de su boca, de lo malditamente arriesgado que resultaba ese comentario.
Bien, ya había tenido muchos desaires por parte de Eneas como para que otro más hiciera la diferencia. Lo que no esperaba, era la respuesta siseante que obtuvo.
—Si… me gusta… y mucho.
Robby aspiró profundamente cuando creyó que se quedaría sin aire. Esa voz, había sonado tan baja y profunda que se le había erizado todo el vello del cuerpo. Su corazón palpitaba como loco cuando Eneas estuvo a solo pocos centímetros de él.
Esos ojos tan oscuros, velados… peligrosos, estaban inundados de un rebosante deseo. Roberto jadeó y volvió a echarse hacia atrás, ahora sí que todas sus alarmas se encendieron, resonando en su cabeza. Si el dolor de su erección no le opacara en cierto modo, sus lúcidos pensamientos, instintivamente hubiera salido corriendo.
Otros dos pasos más y Eneas tuvo a Roberto acorralado contra un lateral del lago. Ambos podían sentir el contorno del agua moviéndose en ligeras ondas a causa de la velocidad en la que danzaban sus pechos.
Eneas alzó ambos brazos, rodeando el cabeza de Robby, mirándolo fijamente. El deseo que lo había hecho levantarse de la tierra y ser conciente de la presencia del chico no era nada comparado con la corriente de sensaciones que explotaban y se remolineaban en su interior.
Pero ahí estaba, frente al chico, deseando tomarlo entre sus brazos, apretarlo contra su cuerpo, recoger esa barbilla y besarlo… besarlo hasta que sus labios se hincharan y Robby gimoteara de puro placer. La sola idea hizo que le temblara la respiración, y sus dedos se crisparon a cada lado de la cara de Robby. ¡Si ese chico lo deseaba, por Otix, iba a darle lo que quería!
Se acercó un poco más, rozando levemente su cadera con el estómago de Robby, era tan pequeño comparado con él, que tenía que bajar la cabeza para poder mirarle a los ojos. Se veía nervioso, sobresaltado, pero sus pupillas bailaban ansiosas, con unos sentimientos de incertidumbre, curiosidad y crudo deseo que solo lo alentaban a ir más allá.
Eneas se mordió el labio cuando su erección palpitó de deseo, vibrando hacia arriba como si una mano invisible la sacudiera. Estaba tan caliente que podía sentir la pasión en su estado más primitivo recorrerle el cuerpo y hacer que su sangre bullera como loca. No aguantaba más, no podía controlarse con ese chico desnudo frente a él. Mirándolo impaciente, especulativo pero completamente rendido a sus pies.
Colocó su mano bajo aquella fina barbilla, agarrándola entre sus dedos y subiéndola para que esos hermosos ojos azules impactaran con los suyos.
—Si vas a rehusarte, si no quieres que me acerque más a ti, dilo ahora. Una vez que te tenga entre mis brazos, no podré controlarme, perderé toda razón y te devoraré lenta y dulcemente —susurró, con voz ronca y profunda. Robby gimió tan impresionando que le temblaron los labios cuando quiso retener el próximo sonido—. Beberé de tu boca y me frotaré contra tu cuerpo, gravaré cada trozo de tu piel en mi mente. Te morderé y te tragaré sin contemplaciones.
Roberto sintió que le temblaban las piernas, su cabeza la daba vueltas y su corazón, era un tambor incesante que le golpeaba en los oídos. Esas palabras, hacía tanto que quería oírlas. Deseaba que Eneas le tocara, lo besara, lo poseyera salvajemente, demostrándole así que era un hombre, que podría tomar cualquier cosa que Eneas deseara sin tener que preocuparse por él.
Quería darle tanto placer que nunca más volviera a pensar en ningún otro amante que pudiera haber tenido. Trastornaría al gigante con sus besos, le sacudiría de estremecimientos placenteros todo el cuerpo y estrujaría tan fuertemente su cordura hasta que solo pudiera pensar en tomar más de él. Eneas tenía que volverse loco por él, tenía que conseguir que ese gigante no pudiera dar un paso sin suplicar por su atención, por sus caricias.
Pero había un cierto miedo, y cuanto más miraba dentro de esos profundos ojos ónix, más conciente se hacía de ello. ¿Qué pasaría después? Si dejaba que Eneas lo tuviera… ¿Qué significaría eso para ellos? ¿Haría alguna diferencia en su compleja relación? Todavía podía escuchar en su cabeza la frase insultante de Kazla, donde exponía una situación ambigua donde Eneas los tomaba a ambos, primero a uno y después al otro, como si fueran parte de su harem. No… Roberto no quería eso, quería ser el único. Lo quería todo para él.
Para sorpresa de Eneas, Roberto se apegó más al borde del lago, echando la cabeza, en un claro rechazo, hacia un lado. Eneas se quedó un momento quieto, intentando desenredar todas las dudas que correteaban por su mente. Robby lo había estado instigando para que lo tomara, para que lo hiciera suyo por completo. Había intentado besarlo la noche anterior, y ahora… cuando por fin cedía a sus deseos, el chico lo alejaba.
El deseo se fue intercalando con la ira, la confusión solo agravaba más la furia de Eneas. Sus dedos se crisparon sobre la tierra húmeda en la que estaba apoyado y sus ojos oscuros y letales se centraron en Robby, que aun no se atrevía a levantar la mirada. Eneas estaba tan furioso, no entendía a que venía ese desplante por parte del chico. ¿No se daba cuenta de que estaba muriendo de deseo por él? ¿No sentía su enorme erección botar nerviosa en su entrepierna? No sabía como podría controlarse si Robby se negaba, si no pudiera cogerlo y retozar con él hasta jadear en su oído, alto y extasiante, su clímax. Su cordura no soportaría tal espera, no en este momento.
Roberto no reaccionaba así que Eneas se obligó a detenerse, a esperar aunque sintiera que la rabia intentaba hacerse presente por cada poro de su piel. Solo pudo quedarse allí y mirarlo. Eneas no se había dado cuenta de que su corto cabello negro pudiera brillar así. Sus puntas tiesas parecían suaves, y los senderos que formaban las gotitas de agua que caían por su cara, solo le daban un toque más sensual.
El silencio duró unos segundos más, Eneas seguía mirando esa cara que hasta ahora no se había parado a inspeccionar. Robby tenía unos pómulos altos y de líneas suaves, su cara larga y elegante, barbilla recortada que le daba volumen a unos labios, que aunque finos, conseguían un efecto delicioso en el pequeño grosor en el centro del labio inferior.
Eneas tragó saliva cuando otra gotita bajando por el esbelto cuello, se deslizó por el tirante músculo hasta rodar sobre esa protuberante nuez. Si, sin duda, Robby era un hombre, todo en él irradiaba masculinidad, por muy pequeño que fuera su cuerpo en comparación al suyo, aun si sus músculos no fueran notorios o sus hombros demasiado estrechos. Era un hombre… su hombre.
Eneas rugió cuando sintió que su resistencia y control se rompían. Aferró a Robby por los hombros y lo estrelló contra la tierra, apretándolo bruscamente. Roberto gimió, sorprendido y asustado por el arrebato de Eneas, pero solo le sirvió para que el gigante aprovechara la abertura de su boca y se aplastara contra ella.
Roberto cerró los ojos, mientras los labios de Eneas se deslizaban sobre los suyos, forzándolo a entregarse, a abrirse más para él. El mundo daba vueltas a su alrededor, y el dolor de las garras del gigante en sus hombros para inmovilizarlo no ayudaban.
Gimió y abrió los ojos de golpe cuando la lengua de Eneas persiguió la suya dentro de su boca, la buscó y la forzó a frotarse juntas. Robby gimoteó pasando los brazos tras la espalda de Eneas y aferrándose a su piel.
El beso se volvía cada vez más brusco e intenso. Eneas lo apretaba contra su duro cuerpo, no dejándole tiempo para respirar, Robby solo podía restregarse una y otra vez contra el gigante.
A Roberto le habían besado muchísimas veces, pero nunca hubiera imaginado que se podría sentir de esa forma. No era igual a los delicados besos superficiales que se había dado con algunas chicas de su Universidad. Aquello era pura pasión, casi no podía mantener los ojos abiertos, su cabeza danzaba entre el estupor brillante y los ramalazos de placer que ascendían hasta ella. Esa lengua cálida y húmeda se frotaba contra la suya, en unos bruscos movimientos que le hacían temblar las rodillas. Eneas era exigente, mientras le obligaba a abrir más la boca, cambiar la dirección del beso y seguir bebiendo, succionando. Era como si el gigante quisiera comérselo. Cuando Eneas chupó su lengua y la mordisqueó con pequeños movimientos sensuales Robby volvió a gemir, y se agarró con más fuerza, clavándole ahora él, las manos en esa enorme espalda de granito
Eneas rugió ante el doloroso placer y se separó un poco para mirarlo a los ojos, su respiración enloquecida chocaba contra la cara de Robby. No podía creer que ese chico hubiera conseguido que perdiera el sentido de esa manera.
Intentando tranquilizarse, limpió su mano de tierra introduciéndola en el agua y sacudiéndola, después la alzó para rozar esos labios que tan dulces había sentido y saboreado. Solo pensar en esa pequeña y juguetona lengua lo volvía loco de nuevo.
—¿Por qué? —preguntó Roberto, confundido por aquel derroche de expresividad, cuando Eneas siempre había sido un hombre frío—. ¿Qué vas a hacer?
Las palabras salieron de la boca de Robby, frotando sus labios articulándolas bajo los dedos codiciosos de Eneas. El gigante los miraba de moverse, despacio, rozando la yema de sus dedos mientras la frase se formaba. ¡Maldita sea, cuanto lo deseaba!
—Voy a besarte, hasta que no puedas pensar en nadie que no sea yo —gruñó, abalanzándose nuevamente sobre Robby.
Roberto protestó cuando sus dientes chocaron, aunque Eneas no pareció darle importancia. Movía la boca sobre él como si en verdad quisiera comérselo, Robby volvió a aferrarse a su espalda, disfrutando del calor del momento, de las sensaciones brillantes y extasiantes que le nublaban los sentidos.
Su boca se abrió, aun con la lengua de Eneas introduciéndose en ella, cuando dos grandes y rudas manos se deslizaron por su cintura y con premeditación, se aferraron a sus nalgas, apretándolas posesivamente entre sus dedos y alzándolo contra el cuerpo escultural con el que se frotaba de forma vulgar y desesperada.
Eneas lo sujetó mientras le magreaba el trasero, colocando —de la única manera posible— sus dos ingles juntas. Robby se retorció entre sus brazos, gimiendo y casi enloqueciendo cuando sintió su erección sacudirse peligrosamente contra el enorme miembro de Eneas.
Podía sentir su cuerpo vibrar en pequeños estremecimientos, su rodillas se agitaban en aspavientos nerviosos pegadas a la cintura de Eneas, y su erección se rozaba una y otra vez contra la del gigante. Nunca… nunca hubiera imaginado que esa fricción entre dos hombres pudiera hacerle sentirse morir de placer.
Echó la cabeza hacia atrás cuando Eneas volvió a atacar su boca, mordiéndole el labio con tanta fuerza que no tardó mucho en sentir el sabor metálico de la sangre en ella. Roberto gritó de placer y se aferró a los rizos rubios, estirando de esos hermosos cabellos para separarlo de su cara.
Eneas rugió, la acción solo lo había vuelto más salvaje. Se estrelló de nuevo contra el cuerpo de Robby y comenzó a morderle la cara, la nariz, el cuello. La respiración de Roberto se aceleró, su corazón comenzó a cabalgar con violencia, no podía reprimir los jadeos involuntarios pero desquiciantes que salían de su ya, dolorida garganta. Cuando las manos de Eneas siguieron bajando, ahora por su estómago, se asustó.
Abrió los ojos de golpe, con el terror revolverle las tripas. No, eso no podía continuar, no ahí, no ahora. Eneas lo mataría. Si hacían algo con tan poca preparación… no, la sola idea de llegar a alguna parte ahí, por mucho que el deseo lo estuviera matando, lo aterraba como el infierno.
—Suéltame, por favor, Eneas —rogó, demasiado impactado por los temerosos pensamientos.
El gigante gruñó, como si le doliera físicamente la mera idea de tener que separar su cuerpo del de Robby. Eneas lo miró, suplicándole que le dejara acariciarle, con los ojos ahora más delicados y menos letales, parecía casi desesperado por llegar a alguna clase de liberación.
A Roberto se le cortó la respiración, él también deseaba darle alguna clase de placentero final a sus necesidades, pero… si daban un paso más, solo uno, podrían perderse y él acabar muy, pero que muy mal.
Golpeó el brazo de Eneas, empujándolo y separándolo de su cuerpo. Sentía sus labios hinchados por el brusco trato de la boca de Eneas. Su culo magreado, casi pudiendo notar aún esos dedos fantasmales apretados contra él.
—No ahora, no es el momento —buscó una excusa lo suficientemente razonable para que Eneas no pensara que en realidad le tenía miedo—. Esos dos están ahí, podrían entrar en cualquier momento.
Eneas volvió a gruñir, apresándolo de repente contra él, mientras lo sujetaba del corto cabello, obligándolo a subir la mirada y encararlo.
—Te deseo ahora, Robby. Eres mío, y tengo el derecho a poseerte donde quiera y como me venga en gana.
Robby se sintió extraño. Unos sentimientos encontrados viajaban por su mente, golpeándola de lado a lado sin dejarlo esclarecerlos. Por un lado, esa posesión le gustaba, sentirse parte de Eneas, algo que él apreciaba lo suficiente como para querer tenerlo bajo su protección, hacía que su deseo incrementara y que el calor volviera a rellenar su ya medio dura erección. Sin embargo, esa forma de hablar, como si solo fuera algo que pudiera usar y tirar cuando quisiera… no, él no podía permitir algo así. Es verdad que quería seducir a Eneas, que lo deseara y se volviera loco de pasión por él, pero lo que en realidad codiciaba, era su corazón.
—¿Alguna vez… antes de mí, sentiste deseo por otro hombre?
La pregunta golpeó la lucidez de Eneas, confundiéndolo durante unos largos segundos. Ya era bastante humillante para su virilidad, demostrar abiertamente que Robby le provocaba esos pensamientos, como para… un momento… ¿el se había sentido atraído por otro hombre? No, la respuesta era un rotundo no.
—Nunca —expresó con seriedad, intentando reunir toda la dignidad que le quedaba en la expresión rígida de su rostro—. Y si tú no fueras mi Alma, supongo que tampoco me habría molestado en ni siquiera, posar mi mirada en ti.
Roberto sintió una bofetada contra la cara, aunque no literalmente. Se sorprendió como, por esas rudas palabras, su erección se había perdido completamente, a diferencia de la de Eneas, que seguía tiesa y amenazante muy cerca de su muslo.
Otra humillación, ¿es que ese maldito gigante del demonio nunca dejaría de hacerle daño? Sin embargo, la mano de Eneas seguía frotándole el brazo, como si intentara calmarlo. Robby miró la cara frente a él, seguía inexpresiva, como si su mano y su rostro fueran de dos seres completamente diferentes.
Su cabeza daba vueltas como loco, sin saber muy bien que contestarle al muy bastardo y por otro lado, sin poder calmarse cuando la calidez de aquella palma, le estaba comenzando de nuevo a excitar. El vello de su piel volvió a erizarse, y ese gigante se acercó de nuevo, lentamente. Supo que lo tenía casi sobre él cuando la punta de su enorme miembro estuvo totalmente clavada contra su muslo.
—¡Un maldito momento! —gruñó Robby, separándole, ya por fin, con la cordura de vuelta a su mente—. Dices que no te atraigo sexualmente, que solo sientes deseo por ser tu Alma. Pues muy bien —soltó con coraje cuando la expresión de Eneas no cambió, como verificando sus palabras—, ¡ve y muérete, imbécil!
Roberto giró su cuerpo totalmente dispuesto a marcharse, a alejarse de su calor. Eneas lo miraba, en cualquier otro momento suponía que le habría importado poco si otra persona le hacía algo así, pero el dolor y el enfado que desprendía el cuerpo de Robby lo hizo reaccionar antes de darse cuenta.
Eneas dio dos pasos hacia adelante y abrazó al chico por detrás. Notó como Roberto se quejaba e intentaba resistirse, como le arañaba los brazos al no poder volverse y golpearle con el puño. Una patada en la pantorrilla hizo que Eneas silbara dolorosamente entre dientes.
—Estate quieto —ordenó, intentando retener los movimientos de Robby con su abrazo.
Cuando se dio cuenta de que éste no dejaría de revolverse así de fácil, se inclinó hacia abajo y agarró la parte superior de su oreja. La mordisqueó sin cuidado alguno, tirando de ella.
—¡Me cago en tu…! —gritó Robby, dándole por fin un codazo a Eneas en la cara y haciéndolo que tuviera que echarse hacia atrás.
Robby se llevó una mano a la oreja, sintiendo como el pequeño dolorcito se centraba ahí. Sentía la rabia revolverle las tripas, no solo no se conformaba con decirle esas palabras hirientes, ¡si no que también tenía que morderle la maldita oreja!
—No te muevas —gruñó Eneas, aun con las dos manos en la cara.
Se la sobaba bruscamente, sin darle un motivo aparente a Robby. Alzó una ceja e inclinó la cabeza cuando los segundos pasaban y Eneas seguía allí, quieto. No podía haberle hecho tanto daño con un solo codazo, recordaba no haberlo encajado bien. ¿Entonces, porque tanto paripé? Él si que tendría que estar enojado, no solo le sangraba la oreja si no que su labio también tenía una buena herida. ¡Ese gigante tenía un fetiche con los mordiscos!
Roberto guardó silencio, mirándolo dubitativamente. La espera lo estaba poniendo nervioso, así que terminó dando un dudoso paso hacia delante. Alzó una mano para ver a través de los grandes dedos de Eneas, que parecía no haberse dado cuenta de su acercamiento. Su maldita conciencia le pesaba así que terminó alzando los brazos para quitar las enormes manos de delante de su cara, cuando el gigante lo agarró por sorpresa y lo apretó contra él.
—¡Mierda! ¿Me has engañado? ¡Te has atrevido a engañarme! —gritó, cuando Eneas, todavía serio, lo cogía con tanta fuerza como para cortarle la respiración—. Bájame, suéltame. ¡Me quiero ir!
Los dedos de Eneas subieron por su espalda, y aun cuando lo dejó en el suelo, la fuerza de su agarre no despareció de su piel. Estaban tan próximos como antes, la única diferencia es que ahora, ambos parecían tener un total control de su cuerpo, gracias a Dios.
—No te soltaré hasta que no escuches lo que tengo que decir.
Robby encogió el ceño, aferrándose a los bíceps de Eneas para poder mantener el equilibrio, el agarre en su cintura hacía delante le impulsaba el cuerpo hacia atrás, y lo último que quería ahora, era otra humillación al caerse de espaldas.
—¿No supones que mi enfado podría venir de exactamente de eso? ¡De escucharte!
Eneas alzó una ceja y lo miró fijamente, con un brillo dudoso en los ojos. Robby odiaba que hiciera eso, era como si… estuviera intentando educar a un perrito y no comprendiera como después de un largo entrenamiento, el cachorro aun no aprendía a orinar en su sitio. Si tuviera algo alrededor disponible, oh… se lo estrellaría en plena cabeza sin miramientos. El dolor de su nariz no sería nada comparado con la brecha que le iba a hacer.
—Te deseo —dijo repente.
La boca de Robby se abrió un poco mientras el cuerpo de Eneas lo fue acorralando nuevamente, después de unos movimientos sutiles por el agua, se vio de nuevo entre la tierra y el cuerpo de granito.
Tragó saliva y volvió la cara, confuso y nervioso. Aquella frase lo había trastocado lo suficiente como para no saber si los engranajes de su cabeza podrían estar en activo por lo menos durante los próximos cinco minutos. Los dedos de la enorme mano de Eneas se posaron en su mejilla, con una caricia sutil, sin presiones. Robby ahogó un jadeo.
—Acabas de reconocer que me deseas porque soy tu Alma —le respondió Roberto con ojos entrecerrados, enviándole claras señales de advertencia.
Eneas abrió la boca pero volvió a cerrarla de nuevo, parecía pensativo, intentando procesar la respuesta más favorable para la situación en la que se encontraban. Se rindió ante lo evidente.
—Ahora te deseo.
Robby arrugó el ceño y le golpeó bruscamente el brazo, dejándole claro que esa no era la respuesta que esperaba.
—Te escuché la primera vez, maldito idiota —murmuró con un tono ofensivo claro en su voz—. Y ese es el maldito problema —se pensó las siguientes palabras, y después de replanteárselo bien a juzgar la expresión de hastío de Eneas, gruñó antes de decir—: Yo tampoco me había sentido atraído hacia ningún hombre. No lo hago ahora, tú eres el único. Pero tengo claro no quiero a nadie más. Para mí ahora solo existes tú, sea cual sea la razón. Quiero estar contigo pero no ser tu puta, ¿entiendes?
Eneas arrugó la cara ante la verborrea de Robby. De nuevo, casi olvidando todo lo que sucedió hace apenas unos segundos, volvió a su estado normal. La coraza de hielo que lo rodeada volvió a caer sobre su cuerpo y su rostro se retiró del campo de visión de Roberto cuando el gigante se giró, dándole la espalda.
—Estoy casado y amo a mi mujer. Yo… solo te deseo.
Robby se llevó una mano rápidamente al pecho, un tremendo pinchazo allí le hizo palidecer de dolor. No era una afección física y sin embargo lo había sentido relampaguear por todo su cuerpo, como si un cuchillo le hubiera asestado puñaladas hasta detrás de sus ojos.
¿Amaba a su mujer? ¡Eso era mentira! Roberto lo sabía, todo el mundo en Granmor sabía que eso era una farsa. Pero oírselo decir tan concienzudamente… era tan doloroso.
Antes de darse cuenta ya estaba riendo como un loco, la rabia no le dejaba pensar bien y la cabezonería de Eneas ya casi rallaba a la idiotez. Le frunció el ceño al gigante cuando se volvió al escuchar las desquiciadas carcajadas.
—¿Alguna vez te pusiste celoso por esos coqueteos de fulana que tiene tu mujer? —escupió con todo el veneno que pudo reunir.
Eneas gruñó de advertencia ante el insulto, pero después, el odio y el dolor que los ojos de Robby desprendían lo hicieron calmarse. Parecía sentirse un poco incómodo, después pensativo, y volvió a esa máscara fría de indiferencia.
—Me da igual con quien se acuesta mientras se quede a mí lado.
—¡¿Qué?! —gritó Roberto, sin poder creérselo—. ¡Tú no amas a esa tipa! Cuando quieres a alguien, no puedes soportar que esa persona mire a otra, que sea tocada por alguien que no eres tú. La quieres siempre contigo, entre tus brazos, entre tus piernas. Quieres besarla si la miras más de cinco segundos a la cara, deseas atarla a la pata de la cama si es necesario para que se quede contigo. ¡La necesitas! ¡Por Dios, la amas! ¡Eso es amar! —dijo apresuradamente sin pensárselo mucho. Al terminar, la falta de aire le hizo inspirar profundamente, hasta él mismo se había quedado aturdido por toda esa palabrería. Pero tenía que hacer que Eneas reaccionara, si no el maldito gigante tardaría media vida en darse cuenta.
Eneas estaba serio, mirándolo con los ojos entrecerrados pero… a Robby se le hacía imposible poder ni siquiera intentar entrever que pasaba por esa cabeza. El gesto de Eneas cambió a uno confuso, y ahora, por segunda vez, después de que antes casi le suplicara que lo tocara, Roberto vio un ramalazo de vulnerabilidad que le encogió las entrañas.
¿Tanto necesitaba Eneas aferrarse a esa farsa para poder vivir? ¿Tanto trastocaría él su vida si le obligaba a renunciar a lo que… diablos fuera que tuviera con esa arpía? Un temblor en su cuerpo creció a niveles que no podía controlar. Robby se echó hacia atrás, sintiendo como sus ojos le escocían… no podía ser… ¿estaba a punto de llorar? No podía hacerlo, no podía dejar que Eneas lo viera así, no quería que ese maldito pensara que era débil, que se derrumbaba con facilidad, pero… ese gigante era todo lo que tenía en ese mundo a parte de su hermana. Lo único que realmente era suyo y… no podía tenerlo.
—Creo que entiendo lo que quieres decir.
La voz de Eneas sonó ronca y baja, casi como un murmullo. Roberto lo miró, todavía reteniendo cualquier lágrima que amenazara con dejarlo en evidencia. ¿Lo decía de verdad? ¿Lo entendía?
Robby se acercó lentamente, tocando la cara de Eneas. Su mejilla se sentía áspera bajo sus dedos, necesitaba un afeitado con urgencia, sin embargo, esa textura agradable, por algún motivo, lo enternecía. O puede que fuera el deseo de que la esperanza que se estaba creando en su pecho, fuera verídica.
No quería ni imaginar el día en el que Eneas por fin comprendiera la profundidad de esos sentimientos, fueran forzados o no por alguna Diosa metiche, ellos estaban ahí, bien profundos y enterrados en su corazón. A Roberto no le importa quien los hubiera puesto ahí, solo quería sentirlos compartidos con los de Eneas, que al unirlos formaran esa Alma que ambos sabían, pertenecía a ellos dos.
—¿Estás seguro? —preguntó lentamente Robby.
Eneas cerró los ojos cuando los dedos del chico pasaron por sus cejas, delineándolas delicadamente. Parecía que con su toque estaba desfogando los ramalazos de ira que había experimentado anteriormente por su culpa. Eneas se sentía mal por Robby, pero también estaba confuso consigo mismo.
Las caricias continuaron ahora por su nariz, bordeando esa curva que la hacía de cierta forma, aristocrática. Eneas disfrutaba del dulce cosquilleo cuando éstas bajaron por sus labios, rozándolos como él había hecho antes con los contrarios.
Recordaba una y otra vez las palabras de Robby, si eso significaba amar a alguien, entonces Kazla no entraba ni siquiera en sus pensamientos. Ese chico era el que llenaba su corazón. Si esa descripción era claramente amor… suponía que amaba a Robby.
Pero… no estaba preparado para semejante hecho. Ese chico era un hombre, y aunque el deseo lo cegara, se había visto un poco intimidado cuando la erección se había golpeado contra su miembro. No perdió su excitación pero aun así, se sintió extraño. Por otro lado, estaba su lucha interna, su honor, sus principios. Si agachaba la cabeza y dejaba que Roberto le pusiera las riendas, nunca más la volvería a alzar, nunca podría volver a cabalgar con libertad. Toda su vida estaría dictada por esas malditas Phinxies, y su libertad para elegir quedaría completamente opacaba por la voluntad de otras personas.
Pero si eso hacía que perdiera a ese chiquillo que lo volvía loco… si eso provocaba que no pudiera tenerlo, o mucho peor, verlo en brazos de otro hombre... No, no podría soportarlo. Eneas se asustó cuando su corazón se encogió y en su cabeza pasaron miles de pensamientos brutales. Por supuesto, preferiría matar a Robby antes de verlo con nadie más. No podía permitir que otro hombre tuviera al chico, era suyo, y nadie más podía tocarlo, mirarlo, ni siquiera pensar en él.
La rabia fue creciendo, y sus ojos oscuros bajaron hacia la cara de Roberto, el cual seguía acariciándole el rostro, con una expresión dulce, tranquila. Era como si Robby se hubiera transformado en otra persona y solo estuviera allí para darle mimos y tranquilizarlo.
Eneas cerró sus ojos y bajó sorpresivamente la cabeza, deslizando su boca levemente y solo por un instante sobre los labios cerrados de Roberto.
—Entiendo lo que quieres decir, lo comprendo ahora. Pero todavía… es demasiado pronto. Necesito que me des tiempo. Tengo que pensar en muchas cosas, en como… solucionar, algunos asuntos.
Robby sintió su corazón bombear como si estuviera a punto de darle un ataque. Se agarró con fuerza a los brazos de Eneas mientras se lamía los labios que tan suavemente habían sido rozados. Fueron solo unos segundos y aun así podía saborear ese toque a menta que, hace un momento, descubrió viniendo del aliento del gigante.
—¿Es eso una esperanza? ¿Puedo esperar a que… me elijas a mí?
Eneas hizo un ruidito afirmativo con la boca, sin querer dar más indicios ya que ni él estaba seguro de lo que estaba haciendo. No pensó nada más cuando los ojos de Robby brillaron, el azul que los bañaba se hizo más claro, más hermoso. Eneas no podía creer que pudieran encandilarle de esa manera. Desde la primera vez que lo vio, lo que más le impactó del chico, fue eso, sus enormes y hermosos ojos, de ese color que no existía en Gea.
Bajó su mirada hacia el agua que aun resbalaba por su cabello, su cuello. Esos hombros anchos para la complexión de su cuerpo pero estrechos en comparación a los suyos. Ese pecho bien formado a pesar de su poco sometimiento físico y sus pequeños y claros pezones.
Se gruñó internamente cuando sintió que sus pensamientos volvían a enredarse en una espiral de deseo que lo amenazaba con cegarle de nuevo. No iba a abalanzarse sobre Robby y tomarlo a la fuerza cuando claramente el chico, aun deseándolo, tenía miedo de la consumación en sí. Hasta él dudaba que su erección pudiera caber en aquel lugar pequeño y apretado. Apretado… Eneas sacudió la cabeza, inspirando y expirando, intentando calmar los latidos de sus venas, que parecían saltar nerviosas contra su piel.
Cuando Robby le sonrió y se movió a su alrededor, volviendo a murmurar esa canción que había estado silbando antes, Eneas supo que no podría apartar la mirada de él. Era magnifico en todos los aspectos.
Varios ruidos, jadeos, y alguna frase que no pudo reconocer, se escucharon al otro lado de la cueva de entrada al lago. Eneas agarró bruscamente a Robby del brazo, tirando de él para sacarlo del agua.
—¡Hey, me haces daño! —gruñó Robby, estirando a su vez para liberarse.
Roberto ya se estaba acostumbrando a los constantes cambios de humor del gigante. Pero no iba dejar que cualquier cosa que dijera ahora, le aguara la felicidad que había obtenido hacía unos segundos. Ni siquiera sabía cuanto de cierto había en esas palabras pronunciadas, pero lo único que le importaba era que la posibilidad estaba ahí, y tenía que ser bastante buena si había conseguido que Eneas se la confirmara. ¡Aunque fuera con un maldito gruñido!
—Vístete —ordenó Eneas, recogiendo la ropa de Robby por el suelo y acercándose de nuevo a él, ayudándole a meterse la camiseta por la cabeza.
¿A que venía tanta prisa? Cerró los ojos cuando el cordoncito de la camisa le rozó, pero los dedos de Eneas estuvieron ahí al segundo para quitárselo. Roberto se sonrojó, arrancándole la ropa interior de la mano cuando el gigante la alzó para darle la vuelta, ya que había quedado del revés cuando se la sacó.
—¿Y ahora qué? Hemos estado casi media hora metidos ahí en ese lago, ¿que importa un poco más?
Eneas miraba de Robby a la entrada de la cueva. ¡Que se pudriera en el infierno si dejaba que ese sin vergüenza de Beliat o ese Mirion que aparentaba ser una mosquita muerta, vieran desnudo a su chico!
Aunque Roberto se quejó e intentó arreglárselas solo, Eneas le ayudó también con los pantalones y después le obligó de dejarle que le colocara bien el Nour.
—¿Tu no te vistes? —preguntó Robby, no muy de acuerdo con que su gigante se paseara por allí con esas pintas. ¿Qué pasaría si entrara Mirion y lo viera así? Seguramente Beliat se lo volvería a llevar para darle otra lección. Sonrió perversamente, le gustaría saber que clase de discusión estaban teniendo ahora, aunque por supuesto no dudaba de que fuera una muy caliente. ¡Ah, claro! Alzó la vista hacia Eneas, que aun seguía concentrado y con sus manos ocupadas en los pliegues del Nour—. Tú lo que no querías es que esos dos me vieran desnudo, ¿verdad?
La mirada picarona en esos ojos azules le cortó el aliento a Eneas, éste se quejó y gruñó sin querer contestar, pero Robby no necesitaba más que eso para saber que llevaba razón. Después de una risita recibió un golpecito suave del gigante sobre su frente, que casi le hace perder el equilibrio y caerse hacia atrás. De todas formas Roberto, siguió riéndose.
A Eneas le fastidiaba esa reacción por su parte. ¡Por supuesto que no quería que nadie lo mirara, pero tampoco lo iba a admitir! Robby tenía que ir aprendiendo lo que podía o no decirle. Él era el hombre en esa relación, el que tomaba las decisiones, y Robby era suyo, tenía que saber mantener su lugar y saber claramente a quién pertenecía.
Sus pensamientos volvieron de nuevo a la conversación anterior. Si al final cedía, si intentaba formar una nueva vida junto a Robby, ¿como podía conseguir que aquella relación fuera oficial? Tenía todo un viaje para replantearse esa idea, pero sobre todo, tenía que reunir fuerzas para ser capaz de enfrentarse con Kazla y con todas las represalias que ella pudiera efectuar contra él. Y no eran pocas. ¿Qué debería hacer?
De repente, un brusco agarre a su muñeca le sacó de sus pensamientos. Alzó la ceja, confuso, cuando se encontró de lleno a Robby, mirándolo fijamente. ¿Qué buscaba el chico con esa expresión desafiante?
—Vístete tú también.
—¿Es una orden? —se mofó con aspereza Eneas, liberando su brazo sin hacer fuerza y comenzando lentamente a buscar sus ropas.
Robby recogió sombríamente la enorme camisa, los pantalones y se los tendió a Eneas. Su voz sonó más brusca cuando dijo:
—Póntelos, ya —no amilanó su carácter por la cara esculpida en piedra que le estaba mostrando Eneas, estaba claro que ese gigante no estaba acostumbrando a que le dieran ordenes. Robby avanzó valientemente otro paso, lanzándole después el Nour a la cabeza. Cuando Eneas se lo quitó en un arranque violento y alzó los fríos ojos hacia Roberto, éste le dijo—: Tú no quieres que nadie me vea desnudo. ¡Pues maldita sea, yo tampoco quiero que te vean a ti! No me gusta saber que has tenido relaciones íntimas con otros hombres, aunque fueran de amistad, y tampoco me gusta que las mujeres se te tiren encima. De buena gana le hubiera pegado una patada en el culo a Kazla la primera vez que la vi agachada entre tus piernas mientras, tú, gigante del demonio, gemías corriéndote en su maldita boca. ¡Ahora vístete!
La furia de Eneas se había evaporado como el alcohol hirviendo, quedando solo ese sentimiento de… calor. Así que Robby también sentía ese deseo y posesión por él. Él también lo… ¿amaba? Puede que ese concepto aun estuviera por definirse. Pero… a que se refería el chico con eso de…
—¿Cuándo vistes eso? —preguntó Eneas, confundido.
Roberto se cruzó de brazos, sintiendo que el coraje le hacía castañear los dientes, nada más de recordarlo le bailaban los demonios.
—El segundo día, cuando descubrí que mi cuarto estaba conectado con el tuyo. Me arriesgué a mirar por la puerta y la vi… haciendo… y ella me miró también…
—¿Te molestó? —preguntó Eneas, como si nada, metiéndose la camisa y poniéndose después la ropa interior.
Robby gruñó ante tal descarada pregunta.
—Oye, creo que has hablado más en toda esta mañana de lo que te he oído desde que llegué. Pero de todas formas y como respuesta a tu pregunta: ¡Vete al diablo! —se quejó, enfurruñándose como un niño.
La piedra en la que había estado sentado conversando con Mirion hace poco, no se encontraba lejos de allí, así que arrastró sus pies cansados hasta ella y se sentó, jugando con un ramita que había caído del arbusto de al lado.
La giró entre sus dedos mirando de reojo como Eneas se acercaba para sentarse a su lado en la piedra. Un nuevo silencio se había formado entre ambos, Robby estaba un poco satisfecho con todo lo ocurrido, y también era agradable sentir la presencia del gigante a su lado, por primera vez, teniendo tan cerca su corazón como su cuerpo físico se encontraba.
Eneas percibió una leve sonrisa en la expresión de Robby, parecía feliz por algo que estuviera pasando por su cabeza. Ese mero pensamiento lo hizo sonreír también a él. Se sentía extraño, y no sabía como iba a acabar todo, pero en ese momento, agradecía y disfrutaba de cada segundo que pasaba en aquel cómodo silencio.
Uuuuf!!!
ResponderEliminarAcabo de quedar por loca en mi casa, estoy roja como tomate siento mi cara para que más caliente, y me reía sola de la vergüenza mientras leía.
¡Te quedo de puta madre!
Mis papás y mis hermanos me miraban como diciendo pobre ahora si la perdimos.
Ni idea como le hizo Robby para no dejarse consumir por tremenda situación. Pero me alegro que le haya abierto aunque sea un poquito los ojos a Eneas.
El primer, más que, acercamiento te quedo fabuloso se entienden perfectamente los sentimientos de ambos, sus temores y las verdades a las que se cerraban.
No puedo esperar por el prox cap pero da por hecho que lo estaré esperando.
Adiós
Concuerdo con Kiku.
ResponderEliminarO por dios no pare de ponerme roja
Fue tan bonito quiero mas xD
Y ya ni digo como me veia mi madre (segun ella piensa que comi muchos chocolates) pero no dejaba de reir y ponerme roja. (Hasta me cai de la silla >.<)XDDD
Espero el prox ha quedado genial
Sayo ^^
Es una suerte que en mi casa sepan que estoy loca jaja asi no se extrañan de casi nada. Te quedo genial el capitulo, han avanzado mas de un paso estos dos.... hay que ser valiente para admitir los sentimientos y estos estan en el buen camino... y como tod@s estoy deseando leer el siguiente.Tienes que estar muy feliz y orgullosa de que tu trabajo y esfuerzo se vea reflejado en un relato que gana por momentos tan bueno. Besitos
ResponderEliminarBueno estaba esperando a ver que deciais antes de comentar nada... y realmente estamos todas de acuerdo en que la historia avanza muy,pero que muy bien... y que a estas dos personas les queda aun mucho camino y comunicación por delante,pero que por fín se han dado una oportunidad,ya se reconocen locos el uno por el otro y eso creo que ya es muchisimo.Ya queda por tu parte el que nos sorprendas mas es cada capitulo que escribas. Besos.
ResponderEliminarBueno, bueno, pero que pasa aquí! Las cosas se han puesto al rojo vivo repentinamente, magnífico :D
ResponderEliminarTe ha quedado fantástico fati!! Aiisss estos dos tienen tanto "feeling".. Que arte tienes niña, inmejorable
Y lo que has explicado sobre cómo serán los próximos libros me encanta, me parece super interesante!
¡Karel tiene libro propio! ¡Siiiiiiii! (no me ves, pero estoy bailando alrededor de mi cama y saltando como una posesa llena de felicidad jajajajaja)
Un beso!
Kiku:
ResponderEliminarJajajaja, de verdad te avergonzó tanto este capítulo?? Pues y eso que no llegué a poner nada erótico del todo!! Buff... no se que te pasará cuando los ponga la primera noche juntos... yo me echo a temblar solo de pensarlo.
Aunque no creas, la responsabilidad de no desfraudaros es más grande de lo que puedas pensar, da bastante miedo y sin duda, presión.
Robby, sunpogo que pudo contenerse por el miedo que sentía a su vez. Estaba que se moría de la medio-felicidad, pero... que te metan algo tan... grande sin preparación y en aquel lugar... bueno... supongo que eso acobardaría a cualquiera XD
Eneas se le han abierto un poquito los ojos, es demasiado cabezón para hacerlo por sí mismo, así que Robby a tenido que darle un buen empujón, también supongo que sus celos han sido bastante relevantes en este caso.
Me alegro tanto que me haya quedado bien, tenía miedo, quería que el primer beso fuera un asalto de sensaciones y que vosotras las sintierais todas, esa es el maldito placer de un escritor XD
Gracias por esperar, prometo que el siguiente será bueno, se descubriran muchísimas cosas y estaríais disfrutando durante 30 páginas de humor, acción y nuevos secretos.
Gracias por seguirme, Kiku, muchas gracias. Nos vemos.
ale:
ResponderEliminarjajajaja XD Me hace muchísima gracias que tanto tú como Kiku seáis tan expresivas jajaja XD
Te digo lo mismo que ha ella, si eso te pone roja, no se que os pasará más adelante, seguramente os evaporaréis o algo jajaja XD
Me alegro que te haya gustado tanto, en el próximo aunque no haya sexo, supongo que será interesante, pasan muchas cosas relevantes para la novela, así que puedo alardear de que por fin está avanzando!!
Gracias por leerme, te espero en el siguiente, no me falles!!
Iso:
ResponderEliminarMuchas gracias, me alegro que te haya gustado, bueno más que alegrar estoy eufórica. Tenía tanto miedo de colgar este capítulo y ahora con tan buen recibimiento me siento tan feliz T_T
Si, es verdad que estos dos han avanzado bastantes pasos, pero todabía hay muchas cosas por medio que no los dejan estar juntos fielmente el uno con el otro. Pero ya llegará el día en que se casen. Me muero por escribir esa escena.
Iso, estoy más que feliz y orgullosa como dices, esta novela no sería lo mismo si no os tuviera a vosotras que tanto me animáis. Sois ustedes las que me dáis energía y ganas para seguir escribiendo.
Soy un persona bastante volubre y vosotras me atáis con cuerdas a la realidad.
Muchas gracias por tus comentarios, no sabes lo que significa para mí tenerte a tí y a las demás conmigo. Gracias.
cuqui:
ResponderEliminarDebí asustarte cuando te mandé todo aterrada el boceto de lo que sería este capítulo. Si te fijas, está bastante cambiado del que yo te enseñé, le faltaba la pasión que le agregué después, esos parrafos de pensamientos calientes que no había escrito en un principio.
Supongo que quedó bastante bien después de varios repasos.
Si! La historia parece que por fin va avanzando y cogiendo un ritmo agradable y llevadero, y comunicación... ese siempre será el problema de estos dos tontos enamorados...
Y si... ellos en cierta forma, ya saben que son el uno por el otro, pero no saben si es amor, necesidad, posesión o que diablos, pero reconocen que no pueden estar el uno sin el otro y eso es todo lo que importa, verdad??
Y si quieres sorpresas, en el próximo te llevarás una barbaridad... ya verás. Tendrá, humor, acción y secretos, una mezcla que os dejará con un buen sabor de boca. Lo intentaré con todas mis fuerzas. Tengo que recompensaros las horas que os pasáis a la semana ayudándome a mejorar. No tengo palabras para agradecéroslo nunca.
Gracias cuqui, sabes que te adoro.
Ita:
ResponderEliminarJajajaja, al rojo vivo es poco jajaja. Pero no es nada comparado con las dosis que os tengo preparadas para más adelante. Me gusta que mis novelas tenga acción, trama y a la vez buenas escenas eróticas, vamos... que intento que sean completas. Aunque más que escribir para un público en general, lo hago según mis gustos, no es muy profesional para un escritor pero bueno, así soy yo, caprichosa XD
Que bien!! La palabra fantástico saliendo de tí es malditamente un sentimiento agradable.
Así que... feeling??? Que bien que haya podido transmitirte eso... estoy que casi no quedo en mi misma... 67 kilos de puro placer egocéntrico XD
Eres la primera que me comenta el avance que he dado de la saga!!! Que bien que te interese, yo estoy deseando escribir algunos libros, ya los tengo pensando, y el segundo tengo hasta la trama entera!!! Que placer me dá nada más de pensarlo jajaja XD
Karel es un personaje demasiado bien depurado como para dejarlo así sin más... tiene un pasado interesante, y un Alma que vendrá y sufrirá al tener que recoger los trozos de su corazón herido. Me muero por escribir ese libro, jeje.
Gracias por tu comentario, ya sabes que los aprecio mucho por tan gran sinceridad. Siempre los espero con ansias, aunque esta semana tadaste dos días... estuve a punto de pensar que me habías abandonado T_T
Gracias ita... nos vemos en el siguiente.
Gracias a ti Fati, y ya sabes que yo tambien.Pasatelo en grande guapa.Besos.
ResponderEliminaruff! Creo que no tengo excusa al no mandarte un mensaje antes! Había comenzado a leer LH hace ya mucho, pero como andaba con pruebas en el colegio, entre de vacaciones y ademas tengo que estudiar para la prueba de selección universitaria, se me había ido un poco el tiempo libre, así que avanzaba muy lento (incluso mas de una vez deje un capitulo inconcluso de leer!) pero finalmente me di el tiempo para terminar despues de taaaanto sufrimiento! jajaja. Lo amo fati! no sabes cuanto! amo a Roberto de comienzo a fin, es simplemente fascinante, lograste crear a un personaje tan lindo. Me encanta, pues se nota como va evolucionando y madurando algo a lo largo de la historia. Es como si poco a poco se fueran amoldando mutuamente (Roberto y Eneas)para tolerarse mejor ><!
ResponderEliminarsigue así, te doy todos los ánimos que quieras tener! la lectura es rápida y deliciosa, mas de una vez tuve que parar por el exceso de emociones! he hiperventilado como nunca ! xD
muchos besos y brazos y felicitaciones. gracias por este pequeño regalo de felicidad! espero que te la estés pasando increíble :D
cariñooos!, se despide Sofia :D
Pd: no me podrías dar algunas de las medidas de Roberto y Eneas? también las de otros. Tengo curiosidad por saber que tanta es la diferencia de portes. jaja. solo es eso, besooos!
Sofia:
ResponderEliminarMe alegro tenerte también por LH. Pues... si ha sido por falta de tiempo y demás no te preocupes... la verdad es que ya son bastantes páginas, y aunque la narrativa sea rápida y amena, ahora escribo un poco más depurado, así que añado más descripciones y demás. Me he dado cuenta de que en lo últimos capítulos hay un montón de narrativa, aunque sencilla, mucha XD
Me alegra de que te guste la novela y que éstes emocionada con ella. Eso es lo que quería, gente que disfrutara con lo que escribo, es mi mayor placer.
Sobre la diferencias de medidas y demás... mmm....
Eneas: 2.03 m - 103 kg - 26 años
Eros: 2.10 m - 110 kg - 26 años
Robby: 1.75 m - 73 kg - 22 años
Bea: 1.60 m - 54 kg - 20 años
Kazla: 1.70 m - 69 kg - 24 años
Karel: 1.87 m - 85 kg - 26 años
Beliat: 1.95 m - 98 kg - 25 años
Mirion: 1.80 m - 79 kg - 24 años
Nena, lo quieres más detallado?? XD La verdad es que todo esto ya lo tenía apuntado en un archivo de información. Siempre cuando empiezo una novela, procuro calcular las fechas, los años, y todo lo demás para que concuerden con lo que tengo pensado. Sobre la altura y el peso, pues un día me dio por ahí, no se yo si te servirá de mucho, pero ahí lo tienes. Un día tendré que abrir una hoja de curiosidades sobre Gea, donde añadiré cositas así XD
Pues nada, nos veremos en el próximo. Xao preciosa.
estoy hiperventilandooo *O*. muchísimas gracias Fati!
ResponderEliminarbesooos!