jueves, 3 de julio de 2014

Copa y media [2º Capítulo]

COPA Y MEDIA

El portazo se escuchó como un trueno a su espalda.

Alejandro ya estaba harto de este tema: ¿Cuentas congeladas? ¿Solo veinte mil euros disponibles? ¡Vaya mierda!

No sabía si valía la pena todo el dineral que se gastaba en abogados, si al final tenía que ser él quién viniera a cantarles las cuarenta a la gentuza esta.

La crisis estaba pegando duro en el gremio de la construcción, pero… esto ya se pasaba de rosca. Con esa mínima cantidad disponible no podría pagarle a todas las empresas pequeñas que trabajaban para él, eso ya sin contar que su constructora no sacaría beneficio alguno hasta que los malditos pisos consiguieran venderse.

Golpeó la pared al bajar la gradilla, tras él la pesada puerta del piso hizo clic al cerrarse automáticamente. Tenía que concentrarse, pues todavía se veía capaz de subir allí y darle un par de hostias a esos tipos encopetados y de sonrisas falsas que le estaban jodiendo la vida.

A él y a millones de familias.

Si la soga seguía apretándole tendría que despedir a unos cuantos…. ¡y no quería! Sabía que si fuera su padre quién todavía manejara la empresa, no habría dudado ni un solo momento, pero… él no podía hacerlo. No mientras Hispania aún tuviera solvencia.

Empezó a caminar lentamente por la calle, a los pocos segundos paró, metiéndose la mano en el bolsillo para coger su móvil. Jugueteó con él peligrosamente entre sus dedos, mirando fijamente la pantalla. No pudo evitar echar una sonrisita, Ricky se veía tan estúpido con la cerveza en alto mientras sus otros dos amigos, Julio e Iván, le aplastaban la cabeza hacia abajo…

Se fijó en esos ojos verdes que seguían la dirección de la cámara, hacia Alejandro.

Había pasado una semana, siete días desde ese impresionante polvo que habían echado en ese estercolero que Ricardo tenía por piso. Ni una llamada después de eso, ni un toque o mensaje, nada. Si lo pensaba con tranquilidad, era algo normal. Estaban a sábado, si quería quedar para tomar algo… llamaría a media tarde.

Si es que lo hacía.

Recordando lo que pasó, después de ducharse juntos volvieron a acostarse. Cuando se despertó al día siguiente, Ricky no estaba en el piso. Había desparecido. Así que Alejandro simplemente se vistió y se marchó, encajando la puerta.

No era algo muy alentador, pero puede que fuera lo mejor. Todo lo que ocurrió esa noche pasaba por su mente con fugaces flashes. No estaba muy seguro de que era verdad o no, había llevado demasiado alcohol en el cuerpo como para asegurar nada, realmente.

Lo que si recordaba eran los gestos de la cara de Ricky, sus gemidos, la forma en la que frotaba su culo contra las caderas de él, y por supuesto, el gustazo que le proporcionaba ese apretado, estrecho… y sus jadeos, el momento de correrse…

Alex sacudió la cabeza y se echó contra la pared, demasiado aturdido para seguir pensando en eso. No hacía falta que bajara la cabeza para saber que la tenía como una piedra, pero es que… ¡el maldito de Ricky era tan sexy!

Al principio pensó que era solo a causa del alcohol y la frustración que llevaba encima. Que era ilógico que estando lúcido se follara a su mejor amigo. Un tío. Ricky. Ese amigo que se gastaba un carácter de mierda y que siempre le estaba tocando los cojones.

Sus ojos verdes, ese brillo malicioso, su lengua recogiendo la saliva que se escurría por su barbilla. Sus hombros sacudiéndose hacia delante mientras se lo follaba bien duro.

No, no, no. ¡No de nuevo!

Solo había sido un maldito polvo, nada más que eso. Ricardo pensaría igual, solo había sido eso. Nada que volver a recordar o… repetir.

¿Repetir? ¿Le dejaría Ricky que se lo follara una vez más?

Alejandro volvió a sacudir la cabeza. Por supuesto que no. Ni siquiera sabía cómo diablos se había dejado la primera vez. Tragó saliva y miró su móvil. Quería llamarlo y escuchar su voz. Saber que todo seguía igual que siempre, que su amistad estaba intacta, que se olvidarían de la noche del último sábado.

¡Pero es que no quería olvidarse de ella!

¿Qué le pasaba? La parte lógica de su mente, que siempre había predominado sobre la otra, le decía que dejara las cosas como estaban. Pero por otro lado, solo de pensar en volver a joder ese estrecho culo lo estaba volviendo loco.

¡No había tenido un sueño húmedo desde los dieciséis años! Había estado toda la semana con imágenes yendo y viniendo a su mente, poniéndolo cachondo en los peores momentos y lugares. ¿Era ésta la nueva manera que tenía Ricky de torturarlo?

Volvió a mirar la pantalla, su atractiva cara, su media melena castaña, sus ojos verdes. ¿Qué le pasaba ahora con esos ojos? ¡Siempre le habían gustado pero nunca de esta forma tan enfermiza! Se estaba volviendo loco, había sido… solo había sido… ¡Un maldito polvo!

—Me cago en… —susurró de golpe, sintiendo el móvil vibrar en su mano. Miró el nombre en la pantalla y no pudo contener un jadeo. No podía ser, ¿que era esto? ¿Telepatía? Al quinto tono se lo llevó a la oreja. Era una estupidez pero juraba que le temblaba la mano—. Dime —soltó secamente.

Como no, una risita se escuchó del otro lado.

Alejandro cerró los ojos y aspiró profundamente por la nariz. Solo con el sonido de su risa y ya se le había erizado el vello del cogote.

¿Alex? Parece ser que no has tenido una buena mañana. ¿Seis meses para la quiebra? —Alex bufó, dejando que el aire se colara por el altavoz del móvil.

—¿Qué quieres?

Hubo un silencio del otro lado y Alejandro empezó a ponerse nervioso.

¿Por qué no hablaba? ¿Había sido demasiado cortante? Bueno, maldita sea, había estado dándole vueltas al móvil para llamarlo y ahora ahí estaba Ricky, hablándole con tanta tranquilidad que solo le cabreaba.

¿Le cabreaba? ¿No era esto lo que él quería? ¿Normalidad?

Justo cuando iba a llamarlo, Ricardo se aclaró la garganta.

Tienes… mmm… ¿algún problema?

Alex creyó que la mandíbula se le caería al suelo. ¿Ricky titubeando antes de decir algo? Se avecinaba el fin del mundo.

Soltó un suspiro y una sospechosa sonrisa –que no quiso evaluar– se fijó en su cara.

—Es sobre los pisos de lujo esos que estábamos haciendo en las afueras. La promotora no da señales de vida y el dueño tiene congeladas las cuentas. Estamos pensando que hacer con el dinero que hay disponible.

Alejandro se rascó la frente, apartándose un poco cuando una mujer mayor hizo amago de entrar a los apartamentos que estaban a su espalda. Literalmente tapaba la puerta con su cuerpo.

Quédate tú con ellos. No seas imbécil. Casi puedo imaginar cómo ha resultado todo sin haberlo visto.

La sonrisita volvió a aparecer en su cara mientras le sujetaba la puerta a la mujer para que pasara y dejando después que se cerrara sola.

—Bueno, en realidad, voy a repartirlos con las pequeñas empresas, sobre todo la de carpintería. Podría darles uno de los pisos, aunque… bueno —dijo de pronto, negando con la cabeza como si Ricky pudiera verle—, ahora mismo, no tengo riesgo aparente si espero un par de meses más.

Ricardo se rio, chistando con la lengua.

No seas tonto, Alex. Si no tienes dinero… —tosió burlonamente—, no puedes irte de putas. Y joder, todos sabemos que te hace falta.

A Alex se le atragantó una palabrota. Intentó tranquilizarse y respirar con normalidad, aunque lo único que consiguió fue agarrar con más fuerza el móvil.

—Yo no voy de putas. Nunca lo he necesitado —miró hacia los lados—. ¡Maldita sea! —susurró cabreado, eso no era algo para ir gritándolo en mitad de la calle.

Ricky volvió a guardar silencio.

Alejandro se sentía desconcertado y porque negarlo; algo inseguro, pues parecía que su amigo se pensaba las cosas antes de decirlas, cuando nunca había tenido reparos en decirle ninguna de las barbaridades que le soltaba.

A Ricardo le pasaba algo, de eso estaba seguro.

Supongo que… nunca te ha gustado las cosas muy usadas. Tú eres más de estrenar, ¿no? —Ricky se rio al escuchar el gruñido de Alex, nunca le había gustado que le llamara pijo y a él le encantaba—, de todas formas, si no quieres putas y… tampoco tendrás a mano el culo de ningún voluntario… —hubo una pausa continuada de un susurro—. ¿Qué harás?

¡Cómo le gustaría poder verle la cara en estos momentos!

Si era difícil saber qué pensaba Ricardo teniéndolo delante, mucho menos a través del teléfono. Aunque una cosa estaba clara, le estaba advirtiendo sobre esa noche.

¿Advirtiéndole?

—Eso significa que nosotros… no… —tragó saliva, confuso, le hubiera gustado nacer con una mejor labia pero entre el nerviosismo, su propia confusión y ese carácter de mierda de Ricky poco podía hacer—, sobre la otra noche… cuando nosotros…

La risa irónica de Ricardo le cortó. Tragó saliva antes de apretar más el móvil contra su oreja.

¿Nosotros? ¿Has dicho nosotros? —el aire de la risita de Ricky golpeaba el micrófono de su teléfono, haciendo que Alex tuviera que retirar la oreja de su propio móvil ante el molesto sonido—. ¿Eres tonto? Yo ni siquiera recuerdo lo que pasó. Dejémonos de esas tonterías ya, Alex —otro pausa—. Eso no volverá a pasar.

Alejandro tendría que estar agradecido por ello. Su amistad seguiría igual que siempre, esa noche no había estropeado nada. Nada, nunca más, no… volverá a pasar. ¿Por qué le molestaba? ¿Era lo hosca que había salido la última frase o la contundencia con la que Ricky había cortado cualquier réplica que pudiera hacerle?

Estaba cabreado, muy cabreado y no sabía por qué.

—¿Para qué me llamas? —fue todo lo que respondió.

¡Oh, sí, sí! Intenté escaquearme pero Iván no se dio por vencido así que bueno… esta tarde es el cumpleaños de Ainoa, la pequeña de Iván. Nos ha dicho que vayamos a su casa, que iba a hacer una pequeña fiesta o algo así. Pero antes, quiere que quedemos para un partido rápido de baloncesto. Ya sabes, como en los viejos tiempos.

¿Un partido de baloncesto? Con las puñeteras tres horas al día que se pasaba en el gimnasio ya era suficiente ejercicio para él.

Ahora que lo pensaba, si Ricky lo supiera se reiría… era tan patético. Después de ver el impresionante cuerpo de su amigo, lo bien cuidado que lo tenía, no pudo más que sentirse algo acomplejado con su leve barriguita y sus músculos bastante relajados. El mismo lunes se había apuntado al gimnasio que había a pocas calles de su casa. No quería volver a sentirse inferior a Ricardo, nunca. Ahora, suponía, que ya no le haría falta.

—No me apetece mucho ni partidos ni fiestas de mocosos, pero… tengo muchísimas menos ganas de buscarle excusas a Iván.

Ricky soltó una sonrisita maliciosa y Alejandro se preparó para el próximo comentario.

Me ha dicho que Sara estará allí. Ya sabes, es muy amiga de Diana. Iván le pidió a su ex si podría hacer algo para… prescindir de su presencia —se rio ante la acentuación—. Pero ya sabes, esas dos perras son igual de caprichosas.

Alex alzó una ceja, sorprendido.

Ricky nunca había tenido ninguna palabra brusca para Sara desde que se la había presentado. Puede que en realidad sí que fueran amigos, ya que había reaccionado como cualquiera lo haría. No estaba mal.

—Me da igual si Sara estará o no. No tenemos nada que ver uno con el otro, de cualquier forma.

Otra pausa. Alejandro estaba deseando colgar de una vez.

Bueno, si lo arreglas con ella… ya no tendrás que arruinarte. Aunque he oído que depende de las zonas, la tarifa es mucho más barata.

Alex chistó con la lengua ante tal grosería.

Ricky no cambiaría nunca. Estaba ya harto de la absurda conversación y quería colgar, pero ya.

—Sí, puede ser, qué más da —se quejó—, ¿a qué hora hemos quedado en la cancha?

Se quitó el móvil de la oreja para mirar unos segundos la hora, no era ni medio día todavía. Cuando volvió a acercárselo, escuchó una frase a medias sin comprenderla. Después un gruñido bajo y un: «A las seis» rayando el tono de finalización de llamada.

Alejandro casi no podía creérselo.

¿Le había colgado? ¡Ese maldito le había colgado!

—¿Qué diablos le pasa ahora a este idiota?


* * * * * * * * * * * * *


Alejandro golpeó el volante cuando su coche derrapó sobre el suelo de grava. ¿No decía el alcalde que iba a hacer algo con ese camino de mierda? ¡Pues no sabía a qué esperaba! Giró bruscamente hacia la izquierda y jadeó cuando dio otro bote al acercarse a las canchas. Aparcó y volvió a golpear el volante, ahora con ambas manos.

Estaba enfadado, mucho, muchísimo y no conseguía saber exactamente por qué. Estaba nervioso, podía sentirlo en sus manos y en ese dolorcito de incertidumbre que había tenido en el pecho durante toda la semana.

¿Qué hacía? ¿Qué quería hacer, más bien?

—Esto es una mierda —gruñó, bajándose del coche y dando un portazo tremendo.

Se dirigió a la cancha, todos sus amigos estaban ya allí.

Ricky jugueteaba con Adrián, haciéndole una finta que dejaría mudo al más profesional. Lo escuchó reír cuando saltó sobre sus talones hacia atrás, tirando y por supuesto, encestando. 

Adrián estaba parado sobre su cadera, mirando a Ricky con una ceja alzada y negando con la cabeza, parecía cansado de que el diablo de su amigo le hiciera lo mismo una y otra vez. Alex se fijó en Adrián, en su cabello castaño entrecorto y revuelto y en sus cansados ojos azules; era bastante más bajito que Ricardo y suponía que, en el juego, lo notaba.

Sus ojos no tardaron en girarse hacia Ricky, a su melena clara echada hacia atrás por el sudor, a su verdosa mirada brillando por el éxito de su jugada. Pero lo que Alejandro no pudo obviar fue el maldito perfecto trasero que le hacían esos pantalones cortos. Su camiseta de sisas también le daba una buena vista de gran parte de su pecho y esos brazos fuertes y bien formados, tampoco estaban mal.

Si lo pensaba, Adrián podría llegar a ser «lindo» hasta para el punto de vista de un hombre, y sin embargo, él pensaba que Ricky era muchísimo más deseable. Es más, Adrián no le movía ni un pelo, como si fuera un… hombre. Si bien Ricky también lo era, Alex lo sentía diferente.

«Era» diferente.

—Ey, tío ¿Qué pasa contigo? Pareces ausente.

Alejandro se congeló, quitando rápidamente la mirada del culo de Ricky.

Tardó unos segundos en atreverse a girar hacia Iván, como si fuera un niño al que hubieran pillado haciendo una travesura.

—Solo estoy cansado, no he tenido una buena semana.

Por fin se dirigió a Iván, andando con él hacia el banquillo donde se sentó a atarse mejor los cordones de las zapatillas. O tal vez, solo era una mala excusa para que su amigo no supiera lo que en realidad estaba pensando. Algo que por supuesto estaba a unos metros driblando como loco y haciendo rabiar a Adrián.

¡Tenía que contenerse por el amor de Dios!

Iván se sentó a su lado, apoyando el tobillo sobre la rodilla de la pierna contraria. Mantuvo el silencio unos minutos, pensando que decir, después se apoyó sobre el hombro de Alex, suspirando.

—Doy gracias por ser un funcionario. Bendita sean las influencias.

Alejandro se permitió sonreír, girándose hacia su amigo y sintiéndose por fin, un poco más cómodo. Ahí estaba Iván que, lo mirara por donde lo mirara, también se podría considerar atractivo. Ese cabello rubio de punta y cortito, ojos grandes y azules como los de Adrián, ambos con piel clara, aunque –y nunca lo diría delante de Adrián ya que no quería llevarse una hostia– Iván era algo más masculino, alto y fuerte.

—¿Qué? —preguntó Iván de pronto, pasando una mano por la cara de Alex y verificando si estaba mirándole o perdido en el vacío—. ¿Tantos problemas tiene Hispania para que estés así?

Alex reaccionó, girando la cara hacia el frente, mirando las rejas que rodeaban toda la cancha y escuchando el sonido ruidoso de una Harley zumbando por el camino. Parecía que Julio estaba llegando con su querida Fat Boy.

—Algunos cuantos, pero nada de lo que preocuparse todavía —con un mal gesto en su cara, alzó el pulgar hacia la puerta de verja que estaba siendo abierta—. ¿Y Julio?

Iván miró a Julio al igual que Alex. Era gracioso verlo en pantalones cortos y camiseta cuando iba en ese pedazo de moto y con un casco que le cubría toda la cabeza. Su cabello oscuro y liso caía sobre sus ojos, unos hermosos y feroces ojos negros que provocaban que la gente se apartara cuando pasaba por su lado. Todo su cuerpo gritaba peligro y eso era lo que mejor le resultaba para ligar.

Julio y Ricky se llevaban a todas las mujeres de calle. Alex gruñó internamente ante el pensamiento. No sabía si sentir envidia o ponerse celoso.

—Es mejor que no le digas nada a él. Parece ser que… bueno, están echando a la calle a varios peones, aunque sea un oficial, supongo que si la cosa sigue apretando, el próximo será él.

Alejandro miró fijamente a Iván con el ceño fruncido. Lo había supuesto, por eso había preguntado. Aunque quisiera ayudarle y darle un trabajo, su empresa no estaba ahora para meter gente, más bien para sacarla. Y no era algo agradable de comentar.

—Creo que los únicos que están algo tranquilos sois tú, funcionario de mierda, y tu primo. La floristería no ha tenido problemas, ¿cierto?

Iván soltó un risita, golpeándose el muslo y mirando de reojo a Adrián.

—Mi primo el pobre, aunque se estuvo resistiendo casi toda su infancia, al final se terminó haciendo cargo de la floristería de mi tía. Ahora se le ha metido en la cabeza que esa es la razón por la que sigue soltero.

Alejandro sonrió, negando con la cabeza.

—¿No será por esa cara de nena que tiene?

Iván chistó, como riñéndole, a la vez que le sonreía a Julio, que se acercaba a ellos con un simple «Ey» que los otros dos correspondieron.

Siguieron con la conversación como si Julio hubiera estado allí desde el principio.

—Si Adrián te escuchara decir que tiene cara de nena, Dios… creo que te mataría. Es pequeño pero nunca le tientes un gancho, te estarás lamentando toda tu vida por tener que ponerte una dentadura postiza prematuramente.

Alejandro puso mala cara pero asintió.

—Vi lo que hizo el otro día en el Baloo. No creo que ese tipo se mereciera esa paliza solo porque le tocara el culo.

Julio, que no había abierto la boca todavía, cambió su postura encorvando su espalda y apoyándose en ambas piernas. Sus ojos negros se giraron hacia Alex.

—¿Tu que habrías hecho si viene un tío y te mete mano? Por mi parte, por lo menos, un puñetazo se llevaba.

Alejandro se quedó con la boca abierta, mirando inconscientemente a Ricky, sus movimientos con el balón, su sonrisa y su frente perlada, tragó saliva antes de bajar hasta su… ¿si un tío le tocaba el culo? Suponía que le pegaría, sí, pero si ese tío fuera Ricky, si fuera él entonces…

—¿Alex? —preguntó Iván, golpeándole con un dedo en la frente.

Alejandro se quejó, tocándose entre las cejas y echándole un vistazo de «si tienes cojones atrévete a hacerlo de nuevo». Julio suspiró a su lado, ignorándolos y levantándose para atarse mejor el cordón de sus pantalones cortos.

—Venga, vamos —aprovechó Alex, apresurándose hacia la cancha.

Tenía ganas de empezar ya con el partido. Un poco de ejercicio, sudor, esfuerzo, bien podrían ayudarle a quitarse algo del estrés que le estaba royendo el cerebro. Iván era un compañero agradable, aunque prefería a Julio, su silencio resultaba bastante cómodo. Ahora solo quería jugar y si era posible, ganar.

Julio siguió su camino hacia delante, quitándole el balón de las manos a Ricky y sonriéndole superiormente cuando saltó e hizo una impresionante clavada. Ricardo se mojó los labios con la lengua y un brillo en sus ojos verdes –que Alex tanto conocía– se dejó ver cuando salió disparado sobre Julio, golpeándole bruscamente en el brazo y lanzando la pelota al otro lado de la pista.

Siguieron forcejeando y Alex sintió la necesidad de unirse, de compartir esa camaradería. Un fuerte agarre a su brazo le hizo perder el equilibro y caer un poco hacia atrás. Iván lo sujetó, girándolo hacia él. Su mirada parecía algo preocupada.

—He escuchado de boca de Ricardo lo que pasó la semana pasada.

Si antes se había sentido incómodo, ahora mismo Alejandro creía que iba a darle un ataque.

Tragó saliva y miró hacia los lados, demasiado nervioso para fijar la vista en ningún sitio.

¿Qué le había contado Ricky? No le creía una persona que fuera contando intimidades por ahí. No, él sabía que no. Aunque Ricky haría cualquier cosa por molestarlo, no sabía si podría llegar a ese extremo pero…

Iván parecía un tanto preocupado, su frente estaba encogida y sus ojos entrecerrados. El corazón de Alejandro se volvió loco.

Miró hacia la verja, se fijó en la puerta. ¿Debería salir corriendo de allí? No, no podía hacer eso. Pero ¿entonces?

Sentía demasiada vergüenza para ni siquiera hablar; aun así, hizo un esfuerzo, puede que estuviera equivocado. Sí, tenía que estarlo. Ricky no podía haberle hecho eso.

—¿A qué te refieres? —balbuceó.

La preocupación de Iván iba en aumento, por lo menos eso le decía sus ojos azules que parecieron oscurecerse un poco más.

—A la razón por la que Sara te dejó.

Alejandro abrió los ojos, demasiado impresionado para articular palabra.

¡No sabía que era peor! ¿Contarle que había follado con Ricky o que Sara le había dejado por su obsesión por el sexo anal?

¡Qué humillación!

Buscó a Ricardo con la mirada, intentando controlar la ira que le iba subiendo por las entrañas. Estaba apretando tanto los puños que sabía que tendría las uñas marcadas en la palma. Iba a matarlo. Iba a matar a Ricky. Iba a agarrarlo, tirarlo al suelo y golpearlo hasta que le entrara algo de lucidez en esa maldita y retorcida cabeza y después cuando ya no pudiera defenderse lo cogería y le… le…

¡¿Le qué?!

Alex se llevó una mano a la frente, intentando ocultar su cara. Se estaba volviendo loco.

Ricky lo estaba volviendo loco.

—No pasa nada —volvió a balbucear, intentando que Iván dejara la conversación—. Lo de Sara no iba a durar, es normal que tuviéramos costumbres y… —buscó la palabra correcta—, gustos diferentes. No hay nada que se pueda hacer.

Iván asintió, apoyándole una mano en el hombro, intentando transmitirle su comprensión.

—No te preocupes, de verdad. Cuando Ricky me lo contó creo que lo entendí un poco. Es algo que un hombre siempre hace. Es algo instintivo, pero las mujeres no lo entienden. Son unas putas quisquillosas que se quejan por todo. Un pequeño esfuerzo y para ellas ya es como un maldito sacrificio.

Alejandro lo miró como si se tratara de E.T. y a continuación le fuera a señalar la dirección de su casa. ¿Estaba diciendo Iván lo que él creía? Puede que entonces no fuera el único con esa singular manía.

Sonrió, dando un suspiro de alivio.

—Sara nunca ha hecho nada que no le guste. Y después de ceder un par de veces ya se hartó. Supongo que en realidad, esta ruptura es en gran parte culpa mía.

Iván negó con la cabeza.

—No, por supuesto que no. Sara debería haber cedido en una cosa como esa. Que le cuesta a ella agacharse un poco y hacer una rápida limpieza. ¡Solo son unas pocas veces al día! Además, tú estás casi todo el tiempo fuera de casa, así que ella no es la que tiene que preocuparse de eso. Tanto jaleo solo por unas cuantas veces, que mujer más… —Iván resopló su disconformidad.

Alex quedó un poco confundido.

¿Agacharse y hacer una rápida limpieza? A su… no, Iván no lo había entendido bien. ¿Tener sexo fuera de casa? ¿Con quién? ¿Unas pocas veces al día? ¿Eh? No, no, no. Aquí había algo raro.

—¿De qué estás hablando? —preguntó Alejandro cautelosamente.

Iván parecía no entender la pregunta. Bajó su mano del hombro de Alex y ladeó confusamente su cabeza.

—De no levantar la tapadera del váter. ¿No fue por eso que te dejó?

¿Tapadera? ¿Váter? Alejandro no sabía si llorar por la frustración o reírse como un imbécil por la puñetera imaginación de Ricky. Oh Dios, ¿no había habido algo menos fantasioso que poner como excusa para su ruptura con Sara? Ricardo en realidad… ¿había tratado de encubrirlo?

Se volvió a mirarlo y quedó sin habla. Ricky también lo estaba mirando a él, con la pelota bajo el brazo y una ceja alzada. Cuando ambos quedaron fijos en el otro, Ricky levantó la mano y la puso alrededor de su boca antes de dar un enorme grito:

—¿Vais a quedaros ahí toda la tarde? ¡Ya tendréis después tiempo de contaros secretitos y meteros mano!

Como siempre, Ricky acompañó la tontería con unas risas, seguidas de las de Adrián que intentó volverse para que su primo no se diera cuenta.

Iván suspiró cansado y Alejandro para su sorpresa, en vez de enfadarse, sonrió. Fue extraño pero se sintió bien. Aunque tuviera todavía varios problemas por delante, se sentía extrañamente tranquilo.

La tranquilidad le duró poco.

El partido comenzó con un alocado trío contra pareja, él junto a Julio contra los otros tres. Estaban perdiendo por poco, pero todavía quedaban unos diez minutos. Alex dio unos ligeros botes antes de driblar y pasar rápidamente a Adrián, que soltó un bufido cansado. Después se encontró con Iván, el cual estuvo a punto de arrebatarle el balón, tuvo que pasársela a Julio, que corrió como toda una fiera, saltando sobre la cabeza de Ricardo e intentando encestar.

Alejandro se sorprendió por el impresionante tapón de Ricardo. La pelota volvió a liberarse, cayendo en manos de Iván que intentó avanzar, pero Alex se apresuró a quitársela, dejándolo tan sorprendido que se volvió con un gruñido hacia él. Alejandro se rio, corriendo y colocándose frente a Ricky.

La botó un par de veces, mirándolo a los ojos, intentando saber si ya estaba adivinando sus movimientos. El primer amago fue fallido, tuvo que echarse de nuevo hacia atrás y darle la espalda para que no se la arrebatara. Hizo otro amago pero fue en vano, era imposible pasar a Ricky.

Un solo roce bastó para que Alejandro volviera a la realidad.

El pecho de Ricky se había chocado contra su espalda, haciendo un poco de fuerza hacia delante. Solo aquel contacto volvió loco a su corazón. Y joder si estaba claro que no era solo por el esfuerzo del juego, era por su tacto, el calor de su piel.

Sintió como varias gotitas de la frente de Ricky caían sobre su cuello. Los dedos de Alex se apretaron contra la pelota, intentó nivelar su respiración. Tenía que salir de su «ataque» defensivo.

Intentó hacer una ligera finta, parecía que iba a resultar, pero tropezó. Después de haber pasado a Ricardo, estúpidamente sus pies se entorpecieron uno con el otro y cayó al suelo. 

El golpe en su cara lo dejó un tanto atontado. No supo que había pasado hasta que se giró y el bufido de Ricardo le chocó en la frente. Sus ojos se abrieron despacio, ahogando un jadeo cuando la mirada verde se encontró con la suya, tan cerca…

¡Demasiado cerca!

Antes de darse cuenta empujó a Ricky hacia un lado, haciendo que esta vez, él también cayera sobre su culo.

—Mierda mi tobillo —gruñó Alex, sintiendo un leve dolor. Ni siquiera hizo un intento de levantarse. Quedó en el suelo, con las piernas cruzadas y respirando profundamente.

Ricky gruñó ante el golpe, acercándose después un poco y tendiéndose al lado de Alex en el suelo. Se rio tontamente.

—Si querías tirarme al suelo, hay maneras mucho más placenteras de hacerlo.

Alex se mordió el labio, ofendido.

—Cállate, capullo —gruñó, pegándole un codazo en las costillas.

Ricky primero jadeó ante el dolor, pero después se inclinó sobre sí mismo y volvió a reírse.

Iván se tiró al otro lado de Alejandro, suspirando y con un cansancio bastante evidente adormeciéndole el cuerpo. Sus mejillas normalmente pálidas, igual que toda su piel, estaban levemente sonrojadas. Tenía una expresión satisfecha en la cara. Julio y Adrián también acabaron en el suelo. Todos sonriendo tontamente.

—Dejemos el partido como un empate —ofreció Adrián, quitándose el sudor de la frente con su muñequera.

Julio solo jadeó, casi arrancándose la camiseta que llevaba puesta para limpiarse el sudor del cuello y las axilas. Iván asintió al ofrecimiento de su primo, para después girarse y coger la camiseta de Julio para frotarle también la espalda.

—Ha sido agradable, hacía más de un año que no nos juntábamos los cinco.

Iván no tenía que decirlo. Alex se había sorprendido disfrutando del encuentro. Tenía muchas cosas en la cabeza que entorpecían un poco esa felicidad, pero pasara lo que pasara y decidiera lo que decidiera, ahí tenía a sus cuatro amigos para apoyarlo. Era una de las pocas cosas de las que siempre estuvo seguro. 

Adrián se estiró hacia el centro del círculo, mirando fijamente el torso de Alejandro. Los demás seguían hablando y riendo, Ricky parecía estar casi en el quinto sueño, tirado en el suelo y con los ojos cerrados.

—Si vas a decir algo, joder, dilo de una vez —se quejó Alex, un poco en guardia por la mirada curiosa y divertida de Adrián.

—Nah, es solo que parece que estás un poco más fuerte que la última vez que te vi. ¿También más delgado?

Ah, Alejandro ya sabía a qué se refería y sí, llevaba razón. Miró de reojo a Ricky, que todavía parecía ajeno a todo lo que le rodeaba y dio gracias a Dios por que el imbécil no hubiera soltado algún comentario burlón.

—Estoy desde el lunes yendo a un gimnasio. Intento echar varias horas…

—Ah… —dijo Adrián, asintiendo como si hubiera hecho un buen trabajo—. Supongo que yo también debería ir, maldita sea, cargar flores no se puede llamar esfuerzo físico.

Ricky por primera vez en varios minutos, se echó hacia un lado, dándole la espalda a los demás e intentando aguantar la risita maliciosa que, sin poder evitarlo, se le escapaba de vez en cuando.

Alex chisteó con la lengua, pero Adrián se inclinó sobre Ricky casi subiéndose sobre él.

—¿Te estás riendo de mí? —preguntó, sentándose sobre el estómago de Ricardo, apretándole ambos hombros contra el pavimento para que lo mirara—. ¿Te hace gracia que me tenga que pasar todo el puto día cortándole cabos a las jodidas rosas?

Ricky sonrió, pero negó con la cabeza. En un rápido movimiento tuvo a Adrián bajo él, Ricardo no se lo pensó dos veces, se echó encima y le mordió la oreja.

—¡La oreja no! —gruñó Adrián, levantándose de golpe y desplazando a Ricky un poco—. Maldito bastardo. ¡No te rías de mí! —balbuceó nervioso, levantando el puño.

—Por supuesto que no, en realidad me la suda, ya sabes —cuando Adrián le iba a golpear, Ricky se echó hacia atrás, separándose por fin de él—. Me reía de Alex y su… su…

Alejandro tragó saliva, mirando furiosamente a Ricardo.

¿Su qué? ¿Su esfuerzo por no parecer un cerdo a su lado? ¿Qué en realidad quisiera verse atractivo en comparación a él? Alex esperó a que Ricky hablara, pero parecía ser que tenía un poco de conciencia, ya que se tiró al suelo y cerró la boca después de negar con la cabeza.

Alex miró a Adrián, que un poco sonrojado por aquel intercambio de manoseo y palabrotas, se había quitado de en medio colocándose previsoramente al lado de Julio. Sabía que mientras estuviera cerca de él, Ricardo no se arrimaría. Desde un principio, Julio y Ricky no se habían llevado bien, o puede ser que fuera porque Julio era el único que podía callarle la boca al bastardo. Y Dios sabría cómo, porque lo que era Alex…

Estaba cabreado aunque no sabía si era por la risita de Ricky o por ese jugueteo tan poco masculino que había tenido con Adrián. No entendía que era ese malestar que había sentido, esas ganas de coger a Adrián y arrancárselo de encima a Ricky. Por supuesto, después de pegarle una patada en el culo a ambos.

Era una estupidez, una completa tontería.

—Puede que yo también vaya contigo la próxima vez.

Alex se volvió hacia la voz de Iván, sin entender muy bien de qué estaba hablando. Seguramente la conversación había seguido, pero estaba tan perdido en sus pensamientos que no se había enterado de nada.

—¿A dónde?

Iván alzó una ceja, era su forma de llamarlo idiota.

—Al gimnasio. De verdad que hoy no es tu día.

Alex asintió, ¿qué otra cosa podía hacer? Era verdad, ningún día de esa maldita semana había sido bueno.

Al final, se encogió de hombros.

—Haz lo que quieras. Vosotros también podéis venir si queréis.

Adrián asintió, parecía entusiasmado por hacer algo juntos. Era el más joven del grupo y su personalidad tierna, aunque a veces un poco histérica, no ayudaba. Sin embargo, por parte de Julio, fue una negativa rotunda.

—Lo siento, no creo que después de trabajar, tenga ganas de volver a hacer más ejercicio. Esta vez, yo por lo menos, me abstengo.

Iván se rio, apoyándose en el hombro de Julio, tocándole con una familiaridad pasmosa los brazos.

—¿Tú crees que a este bestia le hace falta más músculo?

Julio sacudió su brazo bruscamente para liberarse, pero Iván no se molestó, así era él. Brusco y de pocas palabras. Estaba seguro que sus dos hijos llevarían una vida espartana como poco.

Alex sonrió, mirando fijamente el cuerpo de Julio… en realidad, no estaba mal. En comparación con el de Ricky, era difícil decir cual estaba mejor desarrollado. Aunque por supuesto, el aura que despedían era muy distinta. Julio era una persona fría y peligrosa, nadie sabía cómo iba a reaccionar, aunque desde que eran amigos, no le había visto tener una reacción agresiva sin un fundamento importante. Ricky a su vez, era un poco más alegre, malicioso en sentido irónico, del tipo: «¿Estoy bueno? ¡Pues ven y empieza a lamer!» o algo así.

Alejandro se sorprendió al sentir dos dedos en su estómago. Iván estaba echado un poco sobre él, mirando algunas de las formas que ya se estaban dejando apreciar en su torso. No se movió, en realidad, no le importaba que lo tocara, y es más, le agradó el silbido sorprendido que siguió.

—Guau, si esto lo has hecho en una semana, joder… creo que voy a seguir tu esquema de ejercicios.

Un resoplido a su derecha hizo que Alex girara sorprendido la cabeza, más cuando Ricky se levantó, mirándolo fijamente desde arriba. Al principio no entendió muy bien que pasaba, pero después cuando sus ojos verdes se cerraron unos segundos, Alejandro supo que Ricardo estaba mosqueado por algo.

—Vámonos. Tu ex se cabreará si llegas tarde, Iván.

Iván se estremeció ante la idea, levantándose rápidamente y ayudando a Julio a hacerlo también.

—Una ligera ducha y nos encontramos en mi casa, ¿está bien?

Todos asintieron y Alex suspiró, una fiesta de mocosos era lo que más le apetecía en este momento, vaya.

Iba a levantarse cuando se topó con la mano de Ricky frente a su cara. La miró unos momentos evaluando las posibilidades y alzó su propia mano. ¿Era su imaginación o le estaba temblando?

Demasiado confundido aun para poder dar explicaciones, tomó la de Ricardo para levantarse y así evitar que se diera cuenta. Y si lo hizo, tuvo la decencia de callárselo. Aunque Ricky y decencia eran dos palabras que no podían colocarse en la misma frase y aun así, Alex sintió que empezaba a verlo con otros ojos.

—¿Qué? —susurró de repente Alejandro.

Quiso liberar su mano pero Ricky no la soltaba, es más, dio un paso hacia él, invadiendo su ya escaso espacio personal.

Alex abrió la boca para tomar una buena bocanada de aire, tenía que tranquilizarse o hasta sus otros amigos más atrás escucharían los alocados latidos de su corazón.

¡Y maldita sea, el corazón le latía por un hombre! Sin duda, quería pegarse un tiro.

Su mano fue liberada poco después, a lo que Alex dio gracias.

—Llévame a mi casa —dijo Ricky, como si estuviera dando una orden o algo. Después de que Alex se quedara sin palabras y mirándolo como si se hubiera vuelto loco, se giró para sonreírle—. A no ser que te apetezca llevar a otro de nosotros. Y yo de ti, me pensaría la respuesta.

Alex tragó saliva, un poco confuso por esas palabras. Ricky había llegado en el coche de Adrián, pero ahora quería irse con él y encima le estaba… ¿amenazando? ¿Pero qué diablos?

—Yo me voy con Julio —dijo Iván, que en ese momento estaba montándose en la Harley—. Adrián, tío, no tardes mucho que nos conocemos.

Su primo bufó, yéndose por el camino después de una ligera despedida, seguramente habría aparcado el coche al final de la cuesta.

Julio hizo un movimiento con la cabeza en señal de despedida y la moto también se marchó.

Ahora solo quedaban ellos dos.

Ricky se sacó la llave del bolsillo y metió el candado en la puerta, esperando a que Alejandro saliera para cerrarla. Después de bostezar, como si eso fuera cosa de todos los días, se giró sobre sus talones para caminar hacia el Audi de Alex, abriendo la puerta del copiloto y acomodándose dentro.

Alejandro no tenía palabras para definir lo que estaba pasando. No sabía si Ricky estaba intentando tocarle los cojones o simplemente quería volver a su normal amistad. Tampoco tenía claro si esa amistad alguna vez se había visto amenazada por lo ocurrido el sábado.

Después de todo, era solo un borracho, por lo menos él, porque Ricardo no lo había estado y aun así no lo evitó. Y joder, menos mal, porque si lo hubiera hecho tendría varios dientes menos.

Con un suspiro de resignación, se acercó a su coche y se metió. Lo arrancó sin querer mirar a Ricardo, tenía toda su atención puesta en el camino. Para su completo fastidio, los botes por culpa de la grava y los baches del suelo volvieron, se agarró al volante y resopló. Lo único que consiguió fue una risita por parte de su amigo.

—¡No te rías, maldita sea! ¿Por qué has venido conmigo?

Ricky encogió el ceño unos segundos, fue algo fugaz, pero Alex casi podía asegurar que lo había visto.

—¿Te molesta? Por qué hay muchas otras cosas que te gusta hacer conmigo y no les pones tantas trabas —silbó irónico, pasando dos dedos por el botón para bajar la ventanilla—. Aunque supongo que eso es más placentero que un simple viaje en coche.

Alex se mordió el labio sin saber que decir. Sus dedos se encresparon contra el volante e intentó que sus ojos se mantuvieran fijos en cada bache frente a él, sin embargo, no podía evitar girar la cabeza, observar el movimiento de los cabellos castaños de Ricky, su mirada fija en la calle. Su voz, a diferencia de lo normal, había salido un poco más triste que maliciosa.

¿Estaba Ricky tan confundido como él? Puede que con esfuerzo pudiera tener otro polvo más. Solo una vez, con más tranquilidad, para poder disfrutar mejor del sexo y ya. Entonces olvidarían todo lo sucedido y seguirían con sus vidas. Sí, eso sería una estupenda idea. Ahora lo único que tenía que hacer era…

Los ojos verdes de Ricky lo estaba mirando fijamente, Alex cortó de tajo todos sus pensamientos, tragando saliva. No había manera de que su amigo supiera lo que estaba pensando, ¿verdad?

—Ya sabía que no podía esperar ni una disculpa por tu parte. Aunque bueno, un «lo siento» hubiera sido un poco humillante.

Alex arrugó la cara en una mueca molesta, girando en ese momento el coche para pararse en un semáforo que se acababa de poner en rojo, solo para joderlo un poco más de lo que ya lo estaba.

—No voy a disculparme —soltó de repente. No sabía porque tanto orgullo. Pero había algo dentro de él que no veía esa noche como un error. Sí como algo normal, que no debería volver a pasar. Pero esa noche, precisamente esas pocas horas que estuvieron juntos, fueron buenas. No había nada de malo en ello—. No me arrepiento de lo que hice —dijo, con un tono más serio—. Eso no quiere decir que quiera volver a hacerlo —se apresuró a decir, el silencio de Ricky lo volvió a poner nervioso—. A ver, no es que no quiera hacerlo, es que… a mí los hombres no… bueno esa vez no estuvo mal, pero… yo no…

Ricardo bostezó, mirándolo como si aquella conversación lo aburriera infinitamente.

—Te gustó joder conmigo pero no vas a volver a hacerlo porque temes volverte un puto maricón. En resumidas cuentas, te gustaría otro polvo para poder disfrutar más esta vez y después de eso, amigos para toda la vida. Del resto de tu vida mejor, porque yo espero vivir más años que tú.

Alex gruñó ante la sonrisita divertida que selló la desquiciante verborrea.

Pues bien, sí, estaba en lo cierto y le molestaba. No que lo hubiera acertado, si no la indiferencia que mostraba ante ello. Joder, si parecía que Ricky estuviera acostumbrado a que los hombres le propusieran… ¿otros hombres?

Aparcó el coche bajo el piso de Ricardo y se volvió para mirarlo.

Según todo lo que podía recordar de esa noche, Ricky no parecía haber estado acostumbrado al toque de un hombre. Y sobre mujeres era mejor ni hablar, porque solo habían incrementado ese complejo que… daba lo mismo ahora. Quería preguntarle y gritarle si se había acostado con otros hombres pero no podía, si quería joder con él una última vez, no podía.

—Puedo suponer que tú también… —se mojó los labios nervioso, Ricky no le mostraba nada en su cara para poder tantear como continuar—. Si quieres después de la fiesta de la niña de Iván, podríamos… volver a tu casa…

—Ni lo sueñes —susurró sonriente mientras se bajaba del coche y pegaba un buen portazo. Se apoyó en la ventanilla con una expresión risueña antes de decir—: Distrito Norte, es donde más baratas están las putas últimamente… o eso he escuchado —otra risita—. ¡Ah! Y no hace falta que vengas a por mí después, llamaré a Adrián para que me recoja. Nos vemos en la fiesta. No te estrelles con el coche de vuelta a casa.

Un golpecito en la puerta fue toda la despedida que le iba a ofrecer. Alex estaba demasiado sorprendido para hablar. Lo único que podía hacer era mirar ese estupendo culo de Ricky antes de abrir la puerta del rellano y dejarla cerrarse sola sin siquiera voltearse una última vez.

Ricky le había dado el mayor bofetón sin mano que se había llevado en toda su vida.


* * * * * * * * * * * * *


Estaba nervioso, estúpidamente nervioso.

Ricky llevaba más de media hora sentado en el sillón, con la mandíbula apretada y estrujándose las manos… ¿y ahora qué? ¿Qué diablos quería Alejandro de él?

Su amistad nunca había sido ideal, ni de cerca, pero se tenían uno al otro. Por mucho que pensaba que odiaba al muy pijo, siempre terminaba acudiendo a él.

No le contaba sus problemas, tampoco creía que Alex pudiera comprenderlos. Y aun así, sentía que necesitaba su compañía, que solo con tenerlo cerca el dolor se hacía un poco más ligero.

Ese hombre era como un bálsamo para él.

Pero las cosas habían cambiado, o podrían cambiar si no manejaba bien la situación.

Quería quedarse con Alex, lo necesitaba para tranquilizar sus nervios, amenizar sus problemas, por Dios… hasta para poder desfogarse. Le gustaba burlarse de él, tentarlo, molestarlo hasta que Alejandro no podía hacer otra cosa que morderse el labio inferior por la frustración y mandarlo a la mierda.

Su piel un poco oscura encajaba muy bien con los rasgos de su cara, su cabello negro no demasiado corto y esas cejas pobladas. Le gustaban sus pequeños ojos marrones y la forma en que se curvaba su nariz. También sus labios cuando reía, de forma sencilla, intentando siempre ocultarla un poco. Era realmente agradable.

Ricky se rio tontamente mientras se llevaba una mano a la frente.

Nunca antes había pensado en tantos detalles sobre Alex, simplemente había acudido a su lado cuando así lo había sentido. Pero después de esa noche, en todo lo que podía pensar era en las cosas que tanto le gustaban de su amigo y que nunca se había parado a recapacitar con anterioridad.

¿Un segundo polvo y amigos para toda la vida?

El golpe desplazó la mesita de mármol casi medio metro hacia el televisor. Ricky se sorprendió al darse cuenta de que él mismo la había pateado. Estaba reaccionando como nunca lo había hecho.

Sólo había sido una noche y Alex lo había transformado en alguien que no reconocía.

El timbre de la puerta le hizo soltar un suspiro, el cual no quiso replantearse si era de fastidio o de alivio al evitar tales pensamientos. Se levantó perezosamente y quitó el cerrojo para que Adrián pasara.

Adrián saludó con la mano en alto y su típica sonrisa linda. Ricky sonrió escuetamente, después no quería que le dijeran que era un hombre tierno, lo llevaba escrito por toda la cara.

—Pasa, quiero hablar contigo de algo… y tranquilo, no voy a meterte mano —dijo burlonamente ante el ceño fruncido de su amigo.

Adrián lo sopesó durante unos segundos desde el otro lado de la puerta. Finalmente asintió y entró, anduvo tres o cuatro pasos hasta dejarse caer literalmente en el sillón.

—Ahora sin tonterías —la expresión de Adrián se puso un poco más seria, pues a pesar de todo lo que pensara de Ricardo, que este quisiera hablar con él en privado no era una buena señal—. Ya había notado que estabas raro hace un rato. Y a Alex, no hace falta ni preguntar. ¿Es de eso de lo que quieres hablar?

Ricky lo miró fijamente, un poco impresionado de la intuición de Adrián, ¿era ese su sexto sentido femenino? Se rio internamente, bien, no era algo que poder decir en alto si no quería empezar una pelea con su amigo. Aunque eso sí, sería malditamente divertido. ¿Le tiraría del pelo? Volvió a reírse.

Después de sus paranoias mentales, se sentó al lado de Adrián, mirándolo de reojo.

—Por decirlo de alguna manera… ¿qué harías si uno de tus mejores amigos dice que quiere follarte?

Adrián abrió la boca, demasiado.

Ricardo no pudo más que reírse al verlo echarse hacia atrás, tropezar al levantarse atropelladamente y volver a mirarlo como si fuera un íncubo salido del mismo infierno.

—¿Estás intentado empezar una pelea? —balbuceó, incapaz de hacer otra cosa que pegarse a la pared.

Ricky no pudo aguantar la risa, realmente Adrián se veía patético en ese momento. Pequeño, delgado, con su cabello rubio agitado, sus ojos azules entrecerrados y el culo pegado a la pared. ¿De qué club gay se había escapado ese pobre muchacho? Y lo peor es que Adrián no se daba cuenta del aceite que perdía. Eso era lo más divertido.

—¿Por qué piensas que me refiero a ti? —Ricardo palmeó el asiento a su lado—. Vuelve aquí alma virginal, que es una experiencia propia de la que te estoy hablando.

—Júramelo.

Ricky negó con la cabeza entre divertido y cansado.

—Lo juro como que espero que mi padre no llegue a las uvas del año que viene.

Adrián puso mala cara, suspiró y se volvió a sentar en el sillón, eso sí, con una cierta distancia evidente entre ellos. Por si acaso.

—No quieres mucho a tu padre… ¿eh?

Ricky soltó una sonrisita extraña. Adrián no pudo saber si era burlona o triste porque antes de que pudiera comentar algo o seguir pensándolo, la pregunta volvió a aparecer de boca de Ricardo.

—¿Qué harías entonces si uno de tus mejores amigos te pide que lo dejes follarte?

Adrián guardó silencio durante unos segundos mientras se lo replanteaba.

Ricky se sorprendió disfrutando de los gestos de su cara, de cómo encogía el ceño mientras pensaba. Y oh… estaba pensándolo mucho. La contestación de un hombre normal hubiera sido algo así como un puñetazo, unas cuantas palabrotas y a la mierda tal amistad. Pero Adrián ahí estaba, contemplando las posibilidades.

¿Sabría el tontorrón lo adorable que era?

—¿Alejandro te ha dicho que quiere… —tosió con un poco de vergüenza—, follarte? —después negó con la cabeza, totalmente confundido—. No… él tenía novia hasta hace poco, no puede ser que… —de repente pegó un salto, volviendo a chocar contra el brazo del sillón—. ¡¿No será mi primo Iván?!

Ricky negó con la cabeza, dándole unas ligeras palmaditas en la rodilla para calmarlo.

—Por supuesto que no fue Iván. Creo que ni me lo hubiera planteado si fuera él. Oye, ¿y qué pasa con Julio? —Ricky sonrió socarrón—. Si tuviera que elegir, Julio está bastante mejor que Iván.

Adrián volvió a poner mala cara.

—¿Te das cuentas de que parecemos dos mariconas con esta maldita conversación?

Ricky se rio, volviendo a palmearle el muslo.

—Sí, y es jodidamente divertido.

—¿Divertido? —Adrián tuvo un escalofrío—. Estoy casi seguro de que es Alex. ¿Julio y tú? Sería adelantar el día del Apocalipsis. No he visto dos personalidades que choquen tanto como las vuestras. Sé que no os gustáis mucho, aunque en realidad supongo que confiáis uno en el otro, ¿no?

Ricardo se encogió de hombros.

—Admito que no me gusta mucho tratar con él pero es mi amigo. O bueno, cualquier especie de amistad que pueda haber entre nosotros. Es extraña pero está ahí. Aunque no tengamos una cierta… comunicación, si estuviera en problemas, iría a ayudarlo. Por poner… —Ricky tosió, un poco contrariado por esa confesión—, un ejemplo.

Adrián hizo un sonidito curioso con la lengua y sonrió.

—Es porque aunque no os parezcáis del todo, hacéis lo mismo para protegeros. Os escondéis bajo vuestra personalidad. Utilizáis caretas, tú por un lado, te gusta el sarcasmo, nunca muestras tus verdaderos pensamientos o lo haces de una forma que le quite importancia. Julio por el contrario, resulta frío y peligroso, pero nadie diría que le gusta cocinar, o que un motero como él pudiera remendar los calcetines a sus hijos.

La imagen mental de Julio, con solo un vaquero puesto, gruñendo como un animal a punto de ser castrado, con un calcetín en la mano y pinchándose con una aguja, pasó rápidamente por la mente de Ricky haciéndole soltar una sonora carcajada.

Dios, eso tenía que verlo, sería jodidamente divertido.

—Adrián. ¿No crees que seas más de pluma que de flores?

Adrián abrió la boca ofendido.

—¿Lo dices con segunda?

Ricky lanzó una de sus sonrisas picaronas.

—No, lo digo por tu labia. Aunque bueno, lo otro queda opcional y… —agregó rápidamente antes de que su amigo empezara a echar fuego por la boca—, hablemos en plata, ¿vale? Que te estoy contando algo que bueno, no se lo contaría a nadie si no necesitara un puto consejo para saber qué hacer.

Adrián encogió graciosamente el ceño pero asintió, si Ricardo le estaba contando algo tan vergonzoso y humillante para el orgullo de un hombre –aunque por supuesto sabía muy bien como quitarle importancia, como siempre hacía– bien él mismo podría dejarse llevar y hablar sin tapujos. Aunque para él no era tan fácil sobrellevar esos temas como Ricky.

—Entonces volvamos al asunto, lo primero que te tienes que preguntar es… bueno, si Alejandro puede despertar otros sentimientos dentro de ti, en sentido, ¿romántico?

Ricky lo pensó.

Alejandro y romanticismo en una sola frase, juntos y revueltos, era en un primer momento un poco escalofriante, pero pensando en su problema y en la importancia que realmente tenía su amistad, Ricardo no sabía muy bien si la respuesta era afirmativa.

—Supongo que… Alejandro es importante para mí. Y sin saber si realmente podría conseguir una relación sentimental… porque es difícil de… replantearse algo tan… extraño, creo que mi principal pensamiento es no perderlo.

—Y crees que si no respondes a su deseo… por ti —estaba claro que a Adrián le costaba hablar un poco de esto, aparte de que estaba intentando reconsiderarlo en su mente. Todavía no era muy real para él todo el asunto entre Alex y Ricardo, lo tomaba como una simple conversación sin trasfondo aunque este mismo fuera lo más importante—, él podría… no querer seguir siendo amigo tuyo —no era una pregunta.

Ricky negó con una brusca sacudida de cabeza, apoyándola después en el sillón y mirando al techo.

Adrián se sorprendió al ver como su expresión se volvía un poco más seria.

—No… nuestra amistad seguiría ahí pero creo que… con el tiempo se deterioraría. En realidad… —miró unos momentos a su amigo, ¿tendría que contarle todo? ¿Le ayudaría a esclarecer un poco como debería actuar? Sus ojos verdes volvieron al blanco del techo, ahora un poco amarillo por la grasa de la cocina. Puede que tuviera que fregarlo—, ya nos hemos acostado.

Adrián pegó un salto del sillón, girándose tan rápido que Ricky juraría que escuchó crujirle el cuello.

Sonrió un poco, no podía evitarlo.

—¡No me jodas!

—No, hombre —se rio Ricky—. A ti no, fue él a mí.

Las mejillas de Adrián se volvieron rojas, sus ojos más abiertos de los que Ricardo había visto nunca. Le daba ganas de acariciarle tras las orejas como a los perritos.

—¡Eso ya lo sé! Pero… —su mirada comenzó a revolotear nerviosa por la habitación, parando en el televisor, después en la mesita que seguía pegada al mueble y volviendo a Ricky, pero esta vez de reojo—, me estás diciendo… que ya te has acostado con él y el tema va sobre… que Alex… quiere…

—Volver a joderme, sí —afirmó Ricky, sonriendo—. Pero el problema está en que no soy una puta barata… bueno cara tampoco. Lo que decía… —Adrián no pudo evitar suspirar, ahora un poco más tranquilo—, que no sé si debería dejarle… no es que sea tampoco algo de lo que me sienta orgulloso.

Adrián asintió.

Entendía un poco a Ricardo, le había gustado tener sexo con Alex porque si no, no se lo estaría pensando ni loco, la cuestión era…

—Tú quieres saber cuáles son sus sentimientos.

Ricky lo miró de reojo unos segundos, para después suspirar largamente.

—No sé si realmente quiero saber si hay esos sentimientos. No sé si quiero una relación sentimental como estás diciendo, a mí nunca me han gustado los hombres. En realidad, no tengo nada contra los gais, de verdad… me da igual en que agujero metan su «dedo importante» mientras no sea cerca de mí —se rio observando cómo Adrián volvía a negar con la cabeza—. Pero hay una cosa que tengo realmente clara.

—¿Qué? —preguntó Adrián, curioso.

Ricardo cruzó los brazos bajo su nuca, su expresión de nuevo seria.

—No quiero ser un agujero consolador. Si le dejo una segunda vez, solo porque en realidad no me importa y se sintió bien, no solo estoy dejando de lado mi orgullo, sino que encima… cada vez que quiera y no encuentre otro culo donde meterla, acudirá a mí. No quiero ser un remplazo para sus calentones frustrados, antes creo que le pegaría una paliza que dejarlo tratarme como a una furcia.

Adrián se mordió el labio, creía que lo entendía un poco. Aunque todo le parecía una locura, costándole todavía procesar la información, podía comprender un poco a Ricardo.

Un hombre podía sentirse atraído por otro aunque siempre le hubieran gustado las mujeres. Él lo sabía. Adrián personalmente lo había experimentado. Era uno de los peores sentimientos que había tenido que sobrellevar en toda su vida.

Era difícil reconocerlo, aceptarlo y actuar en consecuencia. Adrián solo había llegado a la fase de reconocerlo, pero la aceptación había podido con él. Ricky sin embargo, estaba pensándolo, intentando encontrar una solución.

Entendía la diferencia, Alejandro era alguien demasiado importante para Ricardo como para darle la espalda y correr de la situación, como había hecho él.

—Si Alex, te dijera que te quiere… de forma romántica… tú… ¿saldrías con él?

Su acto reflejo fue incorporarse en el sillón y mirar a Adrián. Sus ojos verdes entrecerrados, confundidos. ¿Salir con Alex? ¿Era una posibilidad viable? A él le gustaban las mujeres, pero esa noche, esa noche había disfrutado sin inhibiciones, como nunca antes lo había hecho. Sin las preocupaciones de siempre: si la mujer disfrutaba, si su polla le daba todo el placer que quería, si frotaba su clítoris lo suficiente para contrarrestar lo demás. No, aquella noche solo se tuvo que dejar ir, y sintió más placer de lo que nunca hubiera podido creer posible. Alejandro se había entregado a él, a sus necesidades, tanto como él mismo le había ofrecido a Alex. Sin ningún riesgo de defraudarse mutuamente, sin condiciones, ni miedos. Solo era el momento, el acto y el placer.

Una relación donde solo existiera su amistad y noches de sexo como la del sábado. ¿Era eso lo que quería?

—No lo sé —dijo finalmente, volviéndose a echar en el sillón, demasiado confundido—. Podría ser, podría probar. Puede que… fuera una buena solución para mis problemas.

Adrián quería preguntar qué problemas eran esos, pero prefirió morderse la lengua. Ricky ya era un poco siniestro como para intentar rebuscar más en su mierda.

—Puedes hacer algo… intentar… poner a prueba a Alex.

Ricardo alzó una ceja, curioso, ¿poner a prueba a Alejandro? Si eso le hacía sufrir un poco al estúpido pijo, ¿no sería divertido?

—Dime, que estás pensando.

Adrián se rascó la mejilla, pensando en cómo exponer su idea.

—Creo que deberías negarte a ese segundo polvo —Ricky se sentó mejor en el sillón, mirándolo fijamente—. Si deja el tema ahí y la amistad continua como siempre, creo que no deberías darle más vueltas a esa… «noche», pero si… después de un mes, sigue insistiendo… hasta el punto en el que te haga creer que esos sentimientos pueden ser algo más que… un calentón, deberías replantearte tú mismo y después a él, tener una relación de pareja… o algo por el estilo, por lo menos intentarlo.

Ricardo tenía muchos peros y quejas para esa idea, pero eso no solo le daba tiempo a Alex para recapacitar si no que, también se lo daba a él mismo. Aun así, un «no» de lleno en este momento, podría ser realmente determinante para lo que pudiera pasar en un futuro.

Adrián llevaría razón, si ese «no» conseguía que Alejandro se retirara sin pensárselo dos veces, significaría que esa relación que podría crearse entre ellos no tendría el más mínimo futuro.

Ricky sonrió, de una manera un poco más sana de lo normal, sorprendiendo gratamente a Adrián.

—¿Sabes qué? Creo que voy a hacerte caso, después de todo, no pierdo nada con ello —se terminó por levantar, cogiendo las llaves de su casa y metiéndose la cartera en el bolsillo trasero de sus vaqueros—. ¿Nos vamos?

Adrián le devolvió la sonrisa, un poco contento de haber servido de ayuda, y sobre todo, porque iba a ser el único del grupo que sabría qué diablos estaba ocurriendo entre esos dos. Era un secreto muy caliente que él disfrutaría. 

—Vamos, entonces.


* * * * * * * * * * * * *


Alex miró la puerta del piso. ¿Debería llamar y hartarse de chillidos de mocosos hasta que le doliera la cabeza? Suponía que no, pero entonces tampoco podría ver a Ricky, hablar con él. ¡Ese bastardo todavía le debía una explicación! Se sentía tan humillado y a la vez nervioso y a la expectativa, como un quinceañero llevándose por primera vez una mujer a la cama.

Se golpeó la frente con la mano, ¿cuán patético podía llegar a ser? La negativa de Ricky le había afectado más de lo que quisiera admitir, con esa forma de quitarle toda la importancia posible a esa noche. Le gustaría pensar que simplemente se estaba defendiendo, que Ricardo había sido así de brusco para poder salvar lo que quedaba de su amistad.

Pero seguía confuso. Ver hacía unas horas a Ricky, sudando, con la camiseta pegada al pecho, en esos pantalones cortos que le marcaban tan bien el trasero.

Un trasero que ya conocía, que había disfrutado.

Encogió la cara cuando la palabra «hombre» volvió a correr por su mente.

Sí, Ricky era un maldito tío y seguir caminando por esos pensamientos era realmente un peligro. ¿Qué haría si se volvía un maldito maricón? Tenía que distanciarse de Ricardo si no quería perder el equilibrio de su vida.

¿Separarse de Ricky? ¿Podría realmente hacerlo?

Chistó con los dientes antes de pulsar cabreado el timbre. Después de unos segundos la puerta se abrió lentamente, dejándole ver primero unos cabellos rubios y brillantes, para posteriormente encontrar unos ojos almendrados y muy vivos. Lo primero que pasó por la cara de la mujer fue sorpresa, pero después se contrajo en una expresión molesta.

Estupendo, Sara le había contado a su amiga Diana todo lo que había ocurrido entre ellos.

Lo que le faltaba.

—No sé si debería dejarte pasar. No quiero pervertidos en el cumpleaños de mi hija.

Alex intentó mantener la calma, sonrió con desgana.

—Esta casa es de Iván, ex mujer fugitiva.

Diana arrugó el ceño, empezando a cerrar la puerta. Parecía que hoy no estaba de buenas, a pesar de que debería ser un buen día. No siempre Iván le permitía pasar tanto tiempo con los niños.

—Lo que haga en mi vida privada no es asunto tuyo.

Alex la miró desde arriba, con arrogancia.

—Lo que haga con mi novia y mis gustos de cómo follarla tampoco son asunto tuyo.

Diana soltó un gruñido poco femenino, dándole un portazo en todas las narices.

Esa mujer era una maldita perra loca. No sabía qué diablos le había visto Iván para casarse con ella, aunque después de todos los golpes en los riñones que le pegó en su matrimonio, suponía que había quedado bastante desengañado.

Esperó unos segundos, hasta que escuchó unos pasos y la puerta se volvió a abrir. Iván lo miraba con cara de funeral, negando con la cabeza mientras le dejaba paso para que entrara. Alex le sonrió para dejarle claro que no le importaba mucho.

Cuando se detuvo en el salón se encontró de frente otra vez con Diana.

Parecía cabreada e impotente, seguramente habría intercambiado algunas feas palabras con Iván antes de que este le hubiera mandado al carajo abriéndole la puerta a su amigo.

Como debía ser.

—Parece ser que Iván no puede evitar recoger perros pulgosos.

—Por eso te dejó volver a entrar. No puede resistirse a las perras calientes que regresan para que les laman las heridas —soltó Ricardo, entrometiéndose de repente.

Ricky sonrió, metiéndose por medio y colocándose entre Alex y la mujer. Diana lanzó otros de sus agudos gruñidos, acribillándole con la mirada. Esos dos se habían odiado desde el primer momento en el que se conocieron.

—Me voy, si me quedo mucho rato con vosotros puede que se me pegue vuestra estupidez.

Ricardo bostezó, haciendo un ruidito gracioso con la lengua.

—Preferimos ser estúpidos, que unos arrastrados sin conciencia. ¡Ah! Y saluda a ese viejo que te tiras, hay que ser amables, a esa edad todo se siente tan solitario. Bueno, a menos que haya una fulana que te lama la cola por unas cuantas perras.

Diana se sonrojó horriblemente, lanzado unos balbuceos frustrados. Cuando se giró para correr hacia el baño, Alex juró que había visto algunas lágrimas caer.

—Eso ha sido brusco, ofensivo e hiriente —miró a Ricky con una sonrisa—. Absolutamente perfecto. A veces envidio esa lengua venenosa que tienes.

Alejandro había olvidado por unos momentos todo lo que corrió por su mente cuando llegó a la casa de Iván, pero cuando Ricky se giró hacia él, con su cabello revuelto, oliendo a limpio y con esa socarrona sonrisa tan malditamente atractiva que tenía, Alex sintió que su alma caía al suelo.

No pudo evitar echarse una mano al corazón y respirar profundamente. ¿Que había sido ese pálpito? ¿Tenía que ir al cardiólogo? No, era Ricky. Esos latidos apresurados se los había provocado él.

¿Por qué le estaba latiendo el corazón por un hombre? Bien estaría que se pusiera duro, que también lo estaba, pero podría achacárselo al deseo, al simple y claro deseo. Pero esos sentimientos de besarlo, tocarlo, la necesidad de tenerlo pegado a él, de simplemente… abrazarlo.

¡Oh, Dios, se iba a volver loco!

—¿Te sientes bien? —Ricky alzó una ceja mientras se acercaba un poco más a Alejandro—. En realidad, ya sabes, no es que me importe, es solo que bueno… no creo que sea una buena idea que te desmayes aquí en medio de toda esta piara de niños.

Alex tragó saliva ante la cercanía del otro cuerpo. El olor a esa colonia barata que solía llevar su amigo, en ese momento, era casi como un afrodisíaco… un… un… ¡tenía que salir de allí a toda leche!

—Son niños, no hienas.

Ricky se rio, aun mirándolo de reojo por si de verdad hubiera la posibilidad de que Alex se desplomara de un momento a otro.

—Tira un puñado de caramelos en el centro del salón y verás su verdadera naturaleza —Ricardo dio un cómico escalofrío—. Normalmente actúan serenos, pero cuando se activan dan verdadero miedo.

Alejandro no pudo evitar sonreír un poco ante la imagen mental que las palabras de su amigo habían conseguido crearle en la cabeza. Puede que llevara razón, él tampoco tenía mucho aprecio por esos enanos revoltosos.

Creyendo que se había tranquilizado un «poco», una sorpresiva mano en el hombro le hizo pegar un bote. Cuando se giró y observó la cara confundida de Iván, Alex dio un largo y cansando suspiro.

«¡Oh, sí. Por favor, ven y rescátame!» quiso gritar.

—Si creías que era Diana de nuevo, tranquilo, le está llorando a Sara en el dormitorio. —sacudió la cabeza y cerró los ojos durante unos segundos—. De verdad lo siento, siempre tiene que darme problemas en los días más importantes. Pero ya conocéis a mi mujer, es un poco…

—Ex mujer —especificó Alex.

—¿Desquiciada? —intentó ayudar Ricky.

Ambos hablaron a la vez, provocando un par de risas en su círculo. Iván también se permitió asentir a ambas afirmaciones.

—Vale, lo acepto. Lleváis razón —suspiró y miró a los lados, buscando algo que ofrecerles de beber a sus dos amigos—. En la cocina hay un poco de cerveza para los «mayores», a no ser que prefiráis Coca–Cola Light o batido de chocolate.

Alex hizo una mueca molesta y señaló la puerta del lado derecho del salón.

—Creo que prefiero rebuscar en la cocina, gracias.

Ricky le dio un codacito burlón y Alejandro sintió de nuevo ese palpitar en su corazón.

¿Pero qué diablos? ¡Ya no le importaba ni que Ricardo se acercara simplemente para reírse de él! ¡No, un simple roce, solo bastaba un simple roce para querer saltar sobre él y… y…!

Vale, el pensamiento era demasiado exaltado aun existiendo solo en su mente.

—No deberías beber alcohol o esa barriguita peluda volverá a crecer —y Ricky se rio, usando esa sonrisita perturbada y siniestra que siempre había cabreado a Alex, pero ahora… ¡ahora le gustaba, le provocaba, Dios, Ricky le estaba incitando para que lo tirara al suelo y le follara delante de todos esos enanos!, o algo así.

No, no, no. Ahí estaba de nuevo su loca mente. Tenía que salir de ahí, pero ya.

Tragó saliva sin mirar a Ricky y sin siquiera contestar a su ofensa, no podía permitirse volver a mirarlo a esos ojos sabiendo que no podría controlarse. Era ilógico, loco y le metía un miedo en el cuerpo de tres pares de cojones. Sabía que tenía que poner distancia entre su amigo y él, pero no era tan fácil. Su cuerpo no se movía, no quería separarse del leve calor que Ricardo despedía.

Si creyera en supersticiones pensaría que alguien le había echado un mal de ojo.

Hizo amago de andar hacia la cocina. Iván asintió apartándose, mirando un poco extrañado a Alex, quién sabía que estaba deseando preguntarle si le pasaba algo. No le dio oportunidad, pasó a su lado sin mirarlo y en dos o tres pasos, llegó a la puerta que buscaba y la cerró a su espalda.

El ambiente se destensó, pero Iván seguía ahora mirando a Ricky y esperando una explicación, o por lo menos algo que le pudiera dar una pista de qué diablos estaba sucediendo.

Ricky le sonrió tontamente y se encogió de hombros.

—Es la edad, no te preocupes. Los hombres se ponen muy tontos cuando se acercan a los cuarenta. 

Iván no sabía si devolverle la sonrisa u ofenderse.

—Tengo un año menos que Alex.

Ricardo hizo un apreciativo ruidito con la boca y se volvió a encoger de hombros.

—Pues ten cuidado, búscate una nueva mujer antes de que vengan los síntomas. Dios, no me extrañaría que a Alejandro en cualquier momento le viniera la regla —y sin más, se encaminó también hacia la cocina, entrando y cerrando la puerta.

Iván se sorprendió al escuchar el «clic» del pestillo al cerrarse…

¿Qué diablos se traían esos dos?


* * * * * * * * * * * * *


Alex se sobresaltó ante el ruido de la puerta, aunque esta ya se había vuelto a cerrar cuando se dio la vuelta.

Ricky estaba allí parado, mirándolo fijamente, demasiado serio para su habitual expresión, con una intensidad en la mirada que lo estaba poniendo nervioso.

Había oído a muchas mujeres describir a su amigo como un león juguetón pero tranquilo, que solo se agazapaba y enseñaba los dientes cuando veía una presa que le gustaba. No era una mala definición, pues para su completo horror, Alex se estaba empezando a sentir como un cervatillo con la urgente necesidad de salir corriendo.

Si vale, pero también tenía que reconocer que estaba comenzando a ponerse cachondo.

Espeluznante.

Alejandro tragó saliva, palpando el frío mármol con sus dedos, buscando alguna clase de estabilidad.

—¿Qué? —fue lo único que consiguió decir.

Ricardo le sonrió de nuevo, doblando la cabeza hacia un lado para seguir mirándolo con sus cabellos revueltos frente a sus ojos. Alejandro ahogó un gemido.

¡Que lo condenaran si esos ojazos verdes no estaban consiguiendo que su excitación creciera!

Tragó saliva antes de atreverse a admitirlo.

Ricky era malditamente sexy. Tanto vestido como desnudo. Ay Dios, Alex quería buscar una cuerda. Había dicho –aunque mentalmente– que un tío era sexy, ¿qué sería lo próximo? ¿Un club sadomaso? ¿Pedirle a un policía que le quite una multa a cambio de una mamada?

—Yo también prefiero la cerveza. No me veo bebiendo batido de chocolate con una pajita. ¿Qué soy, una lesbiana?

Alex abrió la boca para contestar algo a eso, pero terminó cerrándola. Ricky y una pajita, resbalando de sus labios, mientras estos se redondeaban para sujetarla, succionarla, chu… chu…

¡No, no, no! Tenía que pensar en otra cosa antes de que Ricky se diera cuenta.

—Sí, claro, a ver… —Alex se giró hacia el frigorífico y lo abrió, buscando las cervezas con prisa—. Deberían estar por aquí.

Ricky se rio a su espalda, pasando un brazo por encima de su hombro y cogiendo un pack de seis que había justo frente a su puñetera cara. Alejandro encogió el rostro avergonzado mientras maldecía. Si todavía no había hecho suficientemente el ridículo, estaba a punto de batir su propio record.

Para su salud mental, tuvo que agradecer que Ricardo se retirara de nuevo, abriendo una cerveza y dándole un buen trago. Jugueteó con ella, aparentando estar leyendo la etiqueta de la lata y guardando silencio.

Alejandro estaba esperando alguna burla, que siguiera comiéndole la moral, hasta en un principio había esperado algún ataque colateral o algo así. Y sin embargo, parecía que Ricky quería darle algo de tiempo para que… dejara de comportarse como una mariquita histérica.

No era muy alentador que digamos.

—Deberíamos volver al salón, Iván se estará preguntado qué diablos ocurre.

Ricky hizo un simple ruidito pensativo y por fin levantó la cara de la lata, sus ojos verdes volvieron a centrarse en Alex.

Joder si no sintió calor, Alejandro no entendía que le estaba pasando. ¡Solo había sido un polvo! Tuvo el impulso de acercar su mano, tocar esos castaños cabellos revueltos, acariciar su cara hasta llegar a…

Se dio cuenta a tiempo, dando un paso hacia atrás.

—¿Corres? —preguntó Ricardo, en un tono que aunque quiso sonar burlón, Alejandro pudo captar algo de aspereza.

—Ya dejaste las cosas claras antes, ¿no? Y creo que no estoy muy seguro ni siquiera, de lo que yo mismo quiero.

Ricky bufó, su cara cambiando. La encogió un poco, le dio otro trago a su cerveza y después de un largo silencio dio un paso hacia Alejandro.

—Hace apenas unas horas querías volver a follarme y ahora me dices que no sabes lo que quieres. Bien, estupendo, esos problemas de memoria vienen con la edad, supongo que lo próximo será… —Ricky bajó sus ojos hasta la entrepierna de Alex—. Auch —se burló.

Alex lanzó un gruñido.

¿Pero que se creía ese imbécil? Podía estar confuso, pero Ricky tampoco estaba haciendo nada para ayudarlo. Primero lo mandaba literalmente a la mierda y ahora lo estaba… ¿provocando? ¿Con que derecho se veía para acorralarlo de esa manera?

—A mí polla no le pasa nada. Creo que pudiste notarlo, capullo.

Una luz entraña pasó por los ojos de Ricky, soltó una risita siniestra y se acercó más a Alejandro. Cerca, muy cerca. Las aletas de la nariz de Alex volvieron a responder ante ese delicioso olor, cualquiera podría pensar que era una colonia típica de pobretones, pero era la esencia misma de Ricardo lo que le gustaba.

El hombro de su amigo se clavó en el suyo. Sus cabellos casi rozándole la nariz. No lo entendía. ¿Qué estaba haciendo ese… ese…?

—Si no te apartas no puedo abrir la puerta. Eres taaan pesado —soltó graciosamente, girando su cabeza hacia Alex y sonriendo ampliamente.

A Alejandro se le cortó la respiración, lo tenía literalmente sobre él. La mano en el pomo, a punto de salir. De dejarlo solo en la cocina. Intentó cerrar los ojos, guardarse las manos en los bolsillos y apartarse. Le estaba costando, todo sea dicho.

Cuando creyó que había conseguido hacer que sus piernas obedecieran a su cerebro, Ricky volvió a reírse, apoyándole una mano en el pecho para dar el último empujoncito. Parecía que el bastardo encontraba divertida la clara atracción que –aunque Alejandro intentara ocultar– era más que evidente.

Puede que le explotara una vena en la cabeza, que su balanza interna se girara, tuviera lo huevos sobrecargados o un vena en su entrepierna hiciera cortocircuito. Lo único que supo cuando consiguió volver a sus sentidos es que tenía a Ricky contra la puerta. Sus hombros apretados contra la madera por sus enormes manos. Ambos cuerpos presionados contra el otro y su boca, para su maldito horror, muy cerca de la de su amigo.

—Suéltame —susurró Ricardo en un tono tranquilo, que en realidad en versión Ricky, era una clara amenaza.

—No puedo —Alex se negó a pensar, a no hacer otra cosa que no fuera disfrutar de esa cercanía, de ese calor, de esa boca fina y apretada que tenía delante—. Un último polvo, por favor, Ricky. Déjame follarte solo una vez más.

No esperaba un suspiro por parte de Ricardo, tampoco que levantara su cara y lo mirara con ojos comprensivos. La malicia de ese color verde ahora demostrando algo, un poco de calor, era extraño pero le gustaba, le hacía sentirse de alguna manera esperanzado.

—Te lo he dicho antes, Alex —nada más con eso ya consiguió que Alejandro sintiera un golpecito molesto en el pecho—. No soy una puta, no voy a poner el culo para cuando tú quieras. Soy un hombre y no te estoy hablando de orgullo, solo quiero que comprendas que no voy a dejar que me uses como un remplazo para follar cada vez que tengas ganas y no quieras pagar.

Oh, eso le había sorprendido.

Alex no sabía si era por la seriedad con la que le había hablado o bien, la realidad que exponían sus palabras. Si intentaba ponerse en el lugar de Ricky, creía que podía entender un poco su posición. Poner el culo para que un amigo viniera a follarte cada vez que tuviera ganas no era algo que él permitiría. Maldita sea, tenía que admitir que si hubiera estado en el lugar de Ricardo, desde un primer momento, le hubiera golpeado solo por habérselo propuesto.

Pero entonces… ¿por qué todavía sentía que había una posibilidad?

—Yo… —Alex se mojó los labios, no muy seguro de que era lo que quería decir a continuación—, no quiero que remplaces a nadie. Tampoco quiero que seamos amigos sexuales. No voy a usarte maldita sea, ni siquiera entiendo porque te deseo tanto. —Alejandro por fin captó la situación, soltó los brazos de un Ricky que sorpresivamente se había mantenido bastante tranquilo y se retiró, devolviéndole su espacio personal, o por lo menos, lo suficiente para no tener que intercambiar alientos—. No entiendo porque aun siendo un hombre, no dejo de pensar en esa noche. Es algo que me supera, es tan… frustrante.

—Alex, respira o te marearás por falta de oxígeno.

Alejandro no se enfadó, simplemente meneó las manos para que guardara silencio. Estaba buscando las palabras en su cabeza, pero al no saber exactamente qué quería decir, no lograba entrelazarlas bien.

Lo intentó de nuevo.

—Creo que… no, sé que deseo sentirlo de nuevo. Me conformo con una vez más, si lo hago puede que entienda lo que me está pasando. Porque… joder —enfatizó para dejar claro su frustración—, no sé qué diablos quiero hacer con esto. No entiendo porque me pongo duro cuando te tengo al lado y… —se le atragantó las palabras cuando los ojos de Ricky se abrieron ampliamente, tras eso empezó a reír mientras negaba con la cabeza. La frustración de Alex creció aún más—. Demonios, no debería haber dicho eso.

Ricky dejó que su nuca se apoyara en la puerta. Ahora más tranquilo, por fin sabía más claramente que estaba pasando. Puede que él también se sintiera algo desconcertado con todo esto, pero notaba la atracción, ambos se deseaban, era algo… raro.

Pero estaba ahí.

Lo que tenían que hacer ahora era darse tiempo. Pasar tiempo juntos y verificar por ellos mismos que era realmente lo que estaba pasando entre ellos. Ricky no estaba muy de acuerdo con una relación –de manera romántica o alguna de sus variaciones– con otro tipo, y sin embargo Alex, para él, iba más allá del estereotipo de hombre. Era una persona importante. Persona, sin género.

No sabía si reírse de su propio razonamiento.

El maldito niño rico de la puerta de al lado, que siempre había envidiado –y en cierta manera– odiado por su maldita suerte, le había hecho darse cuenta después de todos esos años, que a lo mejor era la persona que necesitaba en su vida.

Aunque tenía que admitir que se lo había pasado bien todo ese tiempo cabreándole, molestándole y tocándole tanto los huevos como para hacerle replantearse la idea de comprarse una escopeta. Alejandro con los nervios desquiciados era realmente sugestivo.

Oh… ¿sugestivo? Suponía que tenía que pensar más sobre esa extraña definición.

—¿Quieres volver a follarme o no? —soltó Ricky de pronto.

Alejandro se irguió de golpe, haciendo tontos movimientos con la boca sin saber que decir. Después de unos segundos y viendo que Ricardo le apremiaba con las manos, dio un paso adelante y asintió fervientemente.

—¡Diablos, sí!

Ricky sonrió, no se creía ni él mismo lo que iba a decir. Esperaba que el plan de Adrián surtiera efecto o se encargaría de martirizar a su joven amigo hasta que el mismo le sacara el aceite que el alma virginal perdía sin darse cuenta.

Alzó la mirada brillante hacia Alex y le sonrió, notando la leve esperanza en esa cara tan masculina, era… ¿emotivo?

—Pues… no.

Ricardo casi cae redondo al suelo de la risa por la cara de espanto que estaba poniendo Alex.

¡Oh Dios, como le gustaba molestarlo!

Intentó contener su estado eufórico para que quedara interno y carraspeó la garganta, tenía que ponerse un poco serio, pero es que le era imposible.

—¿Eh? Pero… ¿porqué? No, espera… ¡No juegues conmigo, Ricky! —Alex respiraba más fuerte, acercándose lentamente hasta quedar a un palmo de la cara de Ricardo. Le resopló en toda la boca, parecía un toro desbocado—. ¿Qué quieres? ¿Qué te suplique? ¡Deja de reírte de mí, maldito bastardo!

Guau, Ricky no tenía palabras para describir lo emocionante que todo se estaba poniendo.

Empujó a Alex colocándole una mano en el pecho. Fue de forma ligera pero lo suficiente para que se clavara el mármol de la cocina en todo el culo.

Alejandro cabreado lanzó un gruñido, ese idiota no sabía cómo le gustaba a Ricardo verlo así.

Ricky le sonrió burlón y se encogió de hombros.

—Quién algo quiere, algo le cuesta —recitó graciosamente, justo momentos antes de que le quitara el pestillo a la puerta y le echara una última mirada—. Me muero por ver que vas a hacer.

Alejandro estaba un poco desconcertado, tardó varios segundos en entender lo que Ricky le estaba diciendo, pero cuando lo hizo más que cabreado o feliz, estaba aún más confundido.

—¿Quieres que te corteje?

Ricky que ya tenía casi todo el cuerpo fuera del cuarto, hizo una mueca afirmativa por la buena música que se escuchaba procedente del salón y se giró levemente hacia Alex con una expresión desinteresada.

—Un poco de ligoteo será divertido —le puso morritos como sabía que tanto Alejandro odiaba y se rio ante el ceño que consiguió a cambio—. Ya sabes lo que me gusta joderte. Te espeeeero.

La puerta volvió a cerrarse y Alex quedó allí, quieto y solo.

Alzó una ceja y sonrió algo atontado. ¿Debería estar feliz? Puede que solo fuera una estrategia para seguir mortificándolo. Nadie sabía cómo podía reaccionar Ricky ante un jueguecito nuevo.

Pero… ¿le gustaba joderlo?

Alejandro se llevó una mano a la cabeza y soltó una tonta risita. Ricky no sabía realmente bien lo que a él le gustaba joderlo.


¡Maldita sea, tenía que volver a hacerlo, aunque fuera solo una vez!

8 comentarios:

  1. Hola, la lectura ha sido divertida y entretenida de principio a fin.
    Chica, este capitulo exuda testosterona. Como que al principio no comprendía el numero de capitulos, pero le voy entiendo, esto es despues de una copa más y antes de dos copas verdad? Pues ha sido muy gratificante. Los problemas planteados para Alejandro...hay pobrecito, hasta me da pena como trataba de aguantarse o entender lo que le estaba pasando. Y por sino fuera poco, Ricky no ayuda mucho, Mira que su personalidad si que es cruel y sarcastica, pero si yo estuviera en los pantalones de Alejandro...es más, no necesito estar en los pantalones de Alejandro para desear que un camión me pase por encima y acabar con mi martirio.

    Ya de por si la situación entre ambos no es fácil, y Ricky no ayuda. Sí, su personalidad es así, y creo que no es más que un muro para, no sé, protegerse a si mismo. Sus razones validas tiene. Aunque también tenga esa venita sádica que también le funciona con Alejandro. Chica, que aquí hay un sádico y un masoquista que se complementan bien, y puede que exagere un poquito, y en realidad ambos no lleguen a esos extremos, pero mientras le leía, sentia tanta verguenza con los comentarios de Alejandro, tratando de aguantarse las ganas de Ricky, y lo peor de todo lo humillado que quedaba éste después del contraataque de Ricky...No malinterpretes, sí, yo me sentía así, porque soy una persona muy penosa...Pero eso no le quita meritos a lo que escribe. pues fue simplemente hermoso hacerme sentir como si estuviera frente a Ricky y meterme en el papel de Alejandro. No sé asegurar quien es mas complicado, pero creo que a Alejandro lo entiendo más de lo que puedo entender a Ricky. Alejandro tiene razón, es difícil saber que tiene en la cabeza Ricky.
    Tengo que leer el siguiente capitulo.
    Gracias por estar de vuelta con nosotras, y nuevamente felicidades por tu nuevo bebe.

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    1. Muchísimas gracias!!!
      Eres la primera que me lee después de tantos años, jeje. De verdad, no tengo palabras para decirte lo feliz que soy.
      Sobre el sado-maso... si te digo la verdad, nunca me ha ido mucho. No he leído 50 sombras de Grey por lo mismo... pero ahora que me haces pensar, puede que esta pareja si que tenga un cierto rollo sado-maso, guau... no lo había visto así.
      Solo pensé en un tío orgulloso y tontón, que le gusta bromear y decir tonterías por el mero hecho de esconder que su vida es una mierda, a parte de que enfrentarse a Alex, en cierto modo, le ponga un poquitín cachondo XD
      Yo me lo imaginado como los típicos amigos de la infancia, que tienen la suficiente confianza para decirse barbaridades sin dejar de hablarse. Pero también está la forma en que lo han criado y que ellos ven ser heteros como algo normal. Hasta que esa noche Alex borracho le demuestra a Ricky que su relación puede ser diferente. Y claro, desde ahí tienen que asimilar los cambios en la relación, también tienen miedo de pelearse y no volver a hablarse en la vida.
      Gracias por las felicitaciones, mi ángel precioso XD (se llama Ángel de verdad jiji)

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  2. ¡Me encanta!
    Algo que se me olvidó mencionar en el primer capítulo, es que me agrada la idea que ya sean hombres mayores (de 30, si no mal recuerdo). Creo que le da más madurez a lo que sucede, y también que no se es bastante viejo para tener líos amorosos y comportarse como crío xD
    Al principio me dio pena Alex por la forma en que lo trataba Ricky. Creo que de tanto saber de lo que pensaba y sentía, me identificaba con él. Aunque Alex también tiene parte de la culpa, ¡si sólo quiere follar y no pagar, ni a las putas debería ir! Jaja
    Ya era necesario saber que era lo que pasaba por la cabeza de Ricky (aunque sea un poco), igual o peor de confundido que Alex. Aunque sin duda, retorcido como su personalidad se lo permite.

    Momentos que me hicieron reír:
    -La conversación de maricas.
    -Alex, y su idea de follar frente a los enanos.
    -Y la provocación de Ricky.

    Me gusta Adrián. No sé porque tengo inclinación por hombres que se vean lindos ¡Y más cuando defienden su masculinidad! Jaja

    Hablando de Adrián, al inicio, cuando esta jugando basquetbol con Ricky, lo describes con pelo castaño. Después, en la "conversación de maricas", dices que es rubio.

    Ese es el único detalle que pude notar, jeje

    Saludos, Fati.

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    1. Hola de nuevo Mayra!!
      Si, yo creo que los hombres a los 30 (edad de mi marido) es cuando más calientes están XD No sé pero ese contraste de madurez con esos toques infantiles les hacen irresistibles XD Sobre todo si esos hombres son como Alex y Ricky XD
      Vaya, muchas me habéis dicho lo mismo, todas os identificáis con Alex, y de verdad, me causó sorpresa, porque yo desde el principio, con el que siempre me he identificado ha sido con Ricky, así que eso solo me lleva a una conclusión... que soy un bicho raro XD
      Jajajaja, la conversación de maricas XD Si, Ricky y Adrian hacen un conjunto gracioso XD no sé... cuando pensé en un amigo para Ricky en la pandilla después de Alex, solo me convencía Adrián... no sé... ambas personalidades cuajaban muy bien.
      Alex y su idea de follar frente a los enanos... bueno frente a los enanos y en cualquier momento, el pobre está que no sabe ni que hacer, pobre XD
      La provocación de Ricky, jajajaja XD Cuando lo pone contra la puerta y Alex ahí sudando la gota gorda con la cabeza llena de obcenidades XD
      Adrián es un personaje querido.... en realidad lo agregué casi como una necesidad, secundario después de los secundarios XD Pero a raíz del revuelo que ha causado pensé hasta en hacerle su propio libro, o añadir su romance en el segundo, pero vamos... me sorprende mucho.
      Y sobre lo del pelo, cagada, cagada. Lo he comprobado y llevas razón. En la escena del baloncesto, los describí intentando exponer su parecido con Iván pero aclarando que un poco más... femenino. Me lo imaginaba castaño clarito casi rubio, ha diferencia de Iván que es rubio rubio, por eso lo puse ahí. Y cuando lo describí estando solo con Ricky, se me fue la olla y puse rubio... ya veré con cual color me quedo para describirlo XD Gracias por el aviso... que despiste.
      Gracias por leerme, de verdad, me hace mucha ilusión y tus comentarios me son de mucha ayuda, ya se me han ocurrido algunas ideas para los otros dos futuros libros. Así que gracias.

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    2. Tendré en cuenta eso de los hombres a los 30 (mi novio se va acercando, cumplirá 26).
      Quizá la mayoría nos identificamos con Alex porque sabemos más de él, que de Ricky. Será también que Ricky tiene un carácter... difícil de llevar.

      ¡Y de nada! Me alegra que te sirvan mis comentarios :). Quizá no hago un análisis profundo, pero doy todo mi esfuerzo, jeje.

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    3. No me das un análisis profundo a lo mejor en referencia a la narración o la gramática. Pero y tus opiniones y tus preferencias??? Cuando leo tu comentario, estoy viendo que te ha gustado y que no... sospecho por donde preferirías que continuara, que hecho o escena te ha gustado o te ha dejado buena impresión como para recordarla y comentarla... todo eso son datos que yo voy almacenando y guardando. Aunque está novela esté terminada, yo sigo recopilando preferencia de lectores, las voy reuniendo y así puedo guiarme en futuros proyecto o simplemente en futuras parejas.
      Como explicarlo... antes de crear un libro, tienes que pensar en la pareja principal, tienes que crear sus personalidades, y después su físico. Cuando me vais dando vuestra opinión por ejemplo sobre Ricky y Alex, yo voy viendo los defectos que he tenido al crear a esa pareja en cuestión. Errores que intento no cometer en futuras. Y igual que eso, muchas cosas más. Por muy leve que creas que es tu comentario, para mí es un pequeño diamante en bruto.
      Así que... gracias!!

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  3. Hola Fati, me encanta el capítulo, aunque sigo teniendo de vez en cuando confusiones a quien te refieres. Qué te parece cambiar el tipo de letra por cada personaje?

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    1. Hola galshah!
      Te refieres, a que no sabes cuando se trata de un personaje u otro? Vaya, entonces tendré que corregir ese punto en la narración. La verdad es que has dado en unos de mis puntos débiles. Vengo de FF donde se usan muchas descripciones para agregar personalidad a la narración, el rubio dijo, el moreno calló, porque claro, ya conocemos a los personajes. Cuando se trata de una novela original, ese punto de enfoque se pierde y es tu y tu talento el que debe diferenciar en la narración. Creo que todavía estoy un poco atrasara en ese concepto, así que gracias por el recordatorio he intentaré remediarlo de ahora en adelante.
      Sobre el cambio de letra, no sería profesional hacerlo, aquí lo que tengo es que mejorar en ese punto y hacerlo lo más claro posible. Gracias por tu opinión, acertada sin duda.

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