Gea 01: Lágrimas de Hielo
Capítulo 6
Se sentía bien. Agradable. ¿Qué era lo que le acariciaba? ¿Dedos? Dedos… ásperos, que lo apretaban, que agarraban la carne de su cintura. Podía sentir como el dedo corazón de aquella misteriosa mano le presionaba el hueco del final de su espalda.
Esos suspiros… esos ruidos desesperados que escuchaba, ¿salían de su boca? Se sentía acelerado, necesitaba… no sabía quién diablos era el que lo acariciaba, pero necesitaba más. Más de ese calor, de los arrumacos de su piel, de esa cruda pasión.
La otra mano subió por su ingle, el suave murmullo del roce le calentaba el estómago. Lo sentía temblar bajo las caricias, éstas subiendo más arriba, su pecho sacudiéndose con violencia, deseoso por la anticipación. Un toque, un ligero pellizco en su pezón y se sintió morir.
Su boca se abrió y gimoteó de placer. ¿Quién...? ¿Quién era la persona que lo ponía tan débil, tan ansioso? Él también lo deseaba, sea quién fuese, él quería tocarlo.
Alzó las manos y las apretó contra el fuerte pecho que tenía en frente. Fueron a parar a dos duros pectorales, a pesar de toda su racionalidad, no le desagradó. Era puro poder lo que percibía bajo su toque. Quería poseer ese cuerpo duro y grande, quería apretarlo contra el suyo, y tomarlo violentamente.
También quería que sintiera el mismo placer que él acaba de experimentar. Sus dedos se deslizaron hacia abajo, y agarró el puntiagudo pezón, tirando de él y acercando su boca.
Su corazón bombeaba como loco, sin embargo, enzarzó sus labios en la aventura de cazar el pezón, envolviéndolo con ellos, tirando con sus dientes.
Fue un gruñido áspero, pero arrebatado por la pasión. Solo escucharlo, hizo que una corriente eléctrica sacudiera su cuerpo y mientras dejaba escapar un gemido de placer, intentó enfocar los ojos.
Rizos, hermosos rizos rubios caían sobre su cara cuando el enorme cuerpo duro y sensual se había apoyado en él. Envolvió sus brazos en esa espalda y se relamió los labios. Quería oírlo gruñir más, que ese cuerpo se revolviera en su regazo mientras le rugía placenteramente en el oído.
Su cintura era estrecha a diferencia de todo su cuerpo, y bajó un poco más. ¡Dios! Esa nalgas tan duras… otro gruñidito de desesperación salió de su propia boca cuando sus dedos las arañaron, apretando esa dura carne y magreándola.
De repente, su cabeza empezó a darle vueltas, y un dolor en el brazo parecía querer sacarle de aquella deliciosa experiencia. Intentó rehusarse, agarrándose más a aquel cuerpo. Lamió la punta de la curvada nariz y se aferró a los rizos rubios antes de intentar conquistar esa boca, roja, abierta, húmeda.
¿Quién era esa persona que lo volvía loco? ¿Por qué, aun sin saberlo, ya tenía alguien recorriendo su mente? Tenía que ser él, deseaba que fuera él.
—Eneas…
Un gritito sorprendido consiguió por fin que Robby despertara de su sueño. Abrió los ojos lentamente e intentó enfocarlos. Se extrañó un poco al ver a su hermana sentada de culo frente a él, mirándolo con una ceja alzada.
Bostezó y se rascó la cabeza antes de decir:
—Creía que eras tan remilgosa como yo, pero parece que no. Aunque… esa posición no es muy cómoda.
Beatriz, soltó un gracioso quejido molesto, le guanteó el brazo, arrastrándose un poco para poder sentarse con la espalda apoyada en la pared como su hermano. Desde allí tenían una vista perfecta del patio de armas, donde ya, solo quedaban menos de diez soldados, aun entrenándose.
—Solo pasaba por aquí y te vi durmiendo con… —los ojos almendrados de la chica se centraron en la espada que llevaba Roberto y en la que había estado apoyando la barbilla todo el tiempo que estuvo dormido—. ¿No crees que es peligroso tener eso en la mano mientras te echas una siestesita? ¡Además, desde cuando, un remilgoso como tú se ensucia de esa forma sin inmutarse! —se quejó, observando la ropa totalmente llena de polvo y los ramalazos negros en la cara de su hermano.
Robby soltó un quejido, meneando bruscamente la mano para hacerla callar.
—Estoy demasiado cansado para escuchar tus berrinches.
Beatriz lo miró con ojos sorprendidos, y con todo su coraje, le pegó un ligero pellizco bajo el brazo, sabía lo que eso le jodería infinitamente a su hermano
—Me cago en tú… —se quejó Roberto, sobándose el brazo donde aun sentía el dolorcito del pellizco. ¿No se llevaba de moda en aquel mundo estrangular a la gente? Pues como su hermana lo siguiera tentando… soltó un suspiro y sonrió—. Esta espada no tiene filo, la uso para entrenar —la levantó, pasando un dedo por la cuadrada hoja—. Ayer fue clase teórica —se rió, guiñándole un ojo a su hermana—, y hoy he empezado a practicar un poco… pero vamos… el bastardo de Karel no me ha dejado de golpear en los mulos y pantorrillas. «No fuerces tu espalda, el control está en tus piernas y caderas». Oírlo decir eso durante horas fue agotador… nada más de recordarlo me dan mareos.
Bea se rió, pataleando graciosamente nada más de imaginar al capitán pegándole pataditas a su hermano en la espinilla.
—¡Oh Dios! Mañana no me puedo perder eso… ¿Dónde se me caería el bolso cuando vine a este mundo? Si lo tuviera… te gravaría con el móvil.
Roberto la miró, sonriendo un poco.
—¿Para qué? Seguramente si Eros viera eso, capaz de creer que estás maldecida o algo así. ¿Te imaginas si Karel se ve así mismo en la pantalla del móvil? Se desmayaría del susto.
Beatriz volvió a reírse, negando con la cabeza y limpiándose las lágrimas de los ojos.
—¿Y eso no sería malditamente gracioso?
¿Gracioso? Bueno, Roberto pensó que sería una buena venganza por los cardenales que tendría mañana en las piernas. Maldito Karel, y eso que Eros le advirtió. ¿Caérsele una pestaña? ¡Él corazón es lo que le iba a arrancar Karel como no le diera un puñetero descanso!
Lo único que lo hacía sentirse mejor, era que su hermana parecía estar contenta. Por lo menos, volvía a tener ese humor de siempre.
—Me extraña que no hayas dejado ver antes tu alma sádica.
—Oh vamos… —se quejó—. No soy tan mala… pero es divertido ver a un hombre retorcerse y sufrir, mmm… es emocionante. Eros piensa que soy una chica indefensa, pero… cuando por fin lo coja… lo haré lloriquear durante toda la noche.
Roberto la miró horrorizado, tapándole la boca rápidamente.
—Exceso de información. ¡Exceso de información! Dios… casi me chamuscas el cerebro —Robby bajó la cabeza, derrotado—. ¿Que ha sido de mi pequeña e inocente hermanita…? Sabía que esos malditos libros eróticos te estaban pudriendo el cerebro.
Beatriz rió picaronamente, quitándose la mano de la boca y acercándose a su hermano. Robby no se fiaba nada de ella cuando le brillaban así los ojos, maliciosamente.
—No me vengas con esas… ¿Qué estabas soñando cuando llegué? No parabas de «ah… ah… mmm… Eneas…». De la sorpresa hiciste que me cayera al suelo.
¡¿Qué!? Roberto se puso rojo como un tomate… entonces… esa sensación de calor que sintió cuando se despertaba… ¡El no recordaba nada del sueño! Bueno… algo, pero… oh, oh, oh… ¡Que vergüenza!
Robby echó la cara hacia otro lado para que su hermana no lo viera, aunque ésta ya estaba sonriendo picándole con un dedo la mejilla.
—Déjame —se quejó.
—Venga, pequeño. No tienes que avergonzarse tanto… un sueño húmedo es normal para los hombres. ¿Llegaste a algún sitio?
Roberto no entendía que quería decir.
—¿Algún sitio? —preguntó, siguiendo inmediatamente después la mirada de Beatriz a su… Sus manos se movieron para ocultar la erección que aun se mantenía en su entrepierna—. Eso no es lo que…
Beatriz se volvió a reír, echándose en la pared y mirando a los dos únicos soldados que quedaban entrenando. Uno era jovencito, mucho, y el otro parecía un veterano.
—Siento que no hayas podido desfogarte y ahora estés frustrado. Debería haber esperado un poquito más antes despertarte.
Madre mía… Roberto se masajeó la frente, frustrado más por lo que decía su hermana que por el otro problemilla a resolver. Aunque parecía que se estaba tranquilizando por sí mismo, gracias a Dios.
—A cada minuto te estás volviendo más pervertida.
Para su sorpresa, Beatriz entrecerró los ojos y sonrió tristemente. El delicioso aire que se había levantado ya al caer la tarde, levantaba el cortito cabello café de la chica, haciendo que su flequillo flotara ante sus hermosos ojos almendrados.
—Siento, que es la única manera de poder adaptarme a este mundo. Uno tiene que cambiar un poco, para poder… estar aquí sin añorar tanto mi vida normal. Echo de menos tanto a mamá que a veces me dan ganas de llorar. Si tú no estuvieras aquí, no sé si podría haber aceptado con tanta facilidad a Eros. Tendría tanto miedo… ¿tú tienes miedo también?
Vaya cambio de conversación, pensó Robby. Bea había pasado de picarona a melancólica. Pero llevaba razón. Habían podido soportar todos los problemas desde que llegaron porque… se tenían el uno al otro. Su hermana era la única con la que podía hablar sin preocuparse en que lo que estuviera diciendo fuera incomprensible para la otra persona. Tenerla allí, le ayudaba a recordar una parte de su vida. Puede que con los años, ella consiguiera que rememorara algunos momentos de su vida antes de llegar a ese extraño mundo, evitando así que se les olvidara. Beatriz era su única conexión con la realidad y… su cordura.
—Tengo miedo. Pero tú te conviertes en un alivio para mí. Haces que me pueda permitir vivir en este mundo, sin tener el temor de que pueda olvidar alguna vez quién fui. Tú estás aquí. Eres mi hermana. Tú me recuerdas con solo mirarte quién soy y a donde pertenezco —Roberto se rascó avergonzado la mejilla, por la cursilería que acaba de soltar—. Ya me entiendes.
Bea asintió, dándole una palmadita en la pierna para hacerle ver que lo entendía.
—Eros está preocupado por Eneas. Ese imbécil es realmente extraño… —se mordió el labio, confusa—. Sé que es tu media naranja y demás… pero…
Una mueca incrédula se adueñó de la cara de Robby.
—¿Por qué se escucha tan ridículo cuando sale de tu boca?
Beatriz se volvió hacía él, con una enorme sonrisa picarona.
—Es que es ridículo —soltó una aguda carcajada—. Pero… yo creo que ese tipo te desea. Se está enamorando de ti pero no quiere dar su brazo a torcer. Eros también lo sabe y eso lo está preocupando a morir. Si mi Eros se queda calvo por tanta preocupación… oh… me las pagaréis.
Ahora fue el turno de Roberto para reírse.
—Por lo menos tendrás algo que hacer cuando pase un par de años y ya no se le levante.
—¿Quieres que pase mi vejez sacándole brillo a su calva?
Robby se echó contra la pared, apretándose la barriga que ya le dolía de tanto reírse. Después sacudió la cabeza, intentando que la maldita imagen de su hermana, escupiendo en un trapo para después pasarlo vigorosamente por la cabeza calva de Eros se fuera de su mente.
—No me metas imágenes raras, Bea. Ahora cada vez que vea a Eros no voy a poder evitar reírme. Estoy seguro de que me atravesará con su espada humillado antes de que acabe la semana.
—No se atreverá —dijo alegremente su hermana, mientras se colocaba un mechón de cabello detrás de la oreja—. Me encargaré de mantenerle ocupado mientras tú te ríes por los rincones. Por lo menos así no pensarás en nada triste cuando Eneas se vaya.
Si la conversación estúpida lo había despistado un poco, aquella última declaración había conseguido que volviera a la realidad. Se giró bruscamente hacia Beatriz y la cogió por los hombros, haciendo que la chica le mirara a la cara. Ésta no parecía sorprendida por la reacción.
—¿Qué Eneas se va? ¡¿A dónde?!
Bea lo miró fijamente, cogiéndole una mano para mantenerla fuertemente estrechada entre las suyas.
—Te importa, ¿verdad? —cuando su hermano no contestó, ella asintió—. Lo sabía, se lo dije a Eros, que Eneas no debía irse, pero tiene que ir a una aldea de Kasmor, creo recordar, ya que el rey de allí, se lo ha pedido al rey que manda en toda Gea —Beatriz intentó hacer memoria—. ¡Angus! Eso es… el Rey Supremo Angus ha mandado una notificación para que Eneas en persona fuera hasta Kasmor para ayudar en la epidemia que se ha desencadenado en una de las aldeas.
Roberto se echó hacia atrás, todavía mirando a su hermana. Supo que ésta seguía agarrando su mano, cuando al estirar del brazo, notó el tirón que dio ella para no soltarlo.
—Pero una epidemia… en este mundo… él no usa magia, es un simple curandero. Podría contagiarse… podría morir. Es una locura, es…
—Su trabajo —terminó Beatriz—. Si se niega a la petición del Rey Angus, su cabeza rodará igualmente, o así es como me lo contó Eros. También me dijo que esto ha pasado muchas veces antes y siempre ha conseguido averiguar la procedencia y la cura de la enfermedad.
Robby negó con la cabeza, todavía demasiado impactado y confundido.
—¿Crees que eso hará que me deje de preocupar?
—Supongo que no —respondió tristemente.
Era entendible. Bea ni siquiera quería imaginar como estaría si fuera su gigante el que estuviera frente a tal peligro. Su hermano se enfrentaba a un dilema. Estaba divido entre la razón, que le decía que tendría que estar aliviado por la ausencia de Eneas y por su corazón, que no dejaba de encogerse ante la preocupación de no volver a verlo jamás.
Roberto por fin liberó su mano, se levantó torpemente, pues al haber estado tanto tiempo sentado en el duro suelo, ahora sentía el culo magullado, y se volvió a apoyar en la pared. Quedó pensativo hasta que suspiró.
—Da igual, voy a lavarme. Una cosa es que me haya acostumbrado a sentarme en el suelo y otra a este olor a sudor —gruñó encogiendo la nariz.
—Pero, sobre Eneas, yo creo que si…
Un dedo de Robby evitó que su hermana siguiera hablando. Le negó con la cabeza, no quería escuchar ni una sola palabra más sobre ese tema. No quería pensar en ello. Intentaría mantenerse todo lo ocupado posible hasta que viera a Eneas entrar de nuevo por las puertas del castillo. A salvo.
—Estoy cansado, Beatriz —y ella supo que las connotaciones de esa palabra iban más allá del aspecto físico—. Ayer estuve todo el día aquí, no cené bien y ya ni te cuento lo mal que dormí. Hoy tampoco ha ido mejor, este es mi segundo entrenamiento y Karel me ha apaleado a base de bien, el muy bastardo. Solo quiero lavarme para poder meterme en la cama.
—¿No cenarás? —preguntó preocupada. Su hermano no podía dejar de comer como estaba haciendo.
Se había dado cuenta que, en los dos días que llevaba allí, casi no había probado bocado. Primero porque le pareció impactante la extraña comida, y después… a falta de ganas. Dentro de poco no tendría fuerzas para levantar esa espada que aun llevaba encima.
—No te preocupes. Estaré allí a la noche. Si no llego porque me he quedado durmiendo o algo así, ve a despertarme. En realidad tengo mucha hambre.
Acarició lentamente los cabellos de Bea, en una caricia suave, tranquilizadora. La chica asintió, conocedora de todos los problemas que ahora mismo, estaban pasando por la cabeza de su hermano.
Roberto se marchó, caminando lentamente hacia la habitación donde estaba la pila con el agua. Después de dos días, había escuchado que los soldados le llamaban lavadero, ningún nombre se veía más apropiado que ese.
Pasó por la puerta del castillo, donde parecía que estaban empezando a poner la mesa. Por lo visto, no le daría tiempo de echarse un sueño como él pensaba. Suspiró, terriblemente cansado. Le dolían todos los huesos, y hoy, a diferencia de ayer, Eneas no se había pasado a vigilar su entrenamiento, como si lo visto el día anterior, fuera lo suficiente para aprobar algún especie de examen de calificación al que seguramente, tanto Eneas como Eros, le habían sometido.
Puede que estuvieran preocupados, temiendo que no estuviera capacitado para ser un soldado. Él también lo había pensado muchas veces, pero lo visto, Karel había dado su aprobación. Y maldición si hoy no había puesto todas sus energías en demostrar que llevaba razón. Antes de que acabara la semana le dolería tanto el cuerpo que estaría un mes sin poder moverse.
Eso por no contar que todavía estaba esperando el mejunje que Eneas le prometió preparar para sus cardenales del cuello, que suponía ahora también le serviría para los de sus piernas.
Justo cuando estaba llevando al lavadero, vio algo a través de la enorme ventana rectangular que lo impactó. Todo ocurrió de golpe, el shock fue tan grande que su primera reacción fue echar un paso hacia atrás. ¿Debería salir corriendo de allí?
Pero sus pies se movieron solos, se escondió en una esquina y siguió mirando furtivamente por la estrecha ventana.
¡Por todos los dioses! Ni en los anuncios de bóxers había visto una constitución tan perfecta como la que tenía delante. Lo peor es que… el estaba ahí escondido como si fuera un maldito pervertido. Tendría que haber entrado como tal cosa, haberse desnudado y lavarse como si no pasara nada. Todavía estaba a tiempo de hacerlo, bien… no, imposible. Ambos desnudos solos en una habitación… sería… peligroso.
Las imágenes del sueño pasaban una y otra vez por su cabeza, hasta alguna que hasta ese momento no recordaba. Ya no sabía si era el sueño o su imaginación la que le estaba jugando una mala pasada. Pero… ese cuerpo era de admirar.
Bello en su musculatura, grande y cuadrado. Esa posición en la que se encontraba, le daba un ángulo perfecto para poder recrearse en toda su desnudez. ¡Que espalda tan bien formada! Le encantaba como se contraían sus músculos cuando los brazos se doblaban para frotar su pecho. Y esos hilitos brillantes de agua, que bajaban brillando lentamente por su columna hasta… hasta…
Roberto se llevó las manos a la cara, sintiéndola completamente caliente. No podía seguir comportándose como un viejo verde. Si alguien lo veía… pero… todavía no había podido echarle un buen vistazo a su culo. La sola idea de mirarle el trasero a un hombre era rechazada cruelmente por su mente, pero… sus ojos se iban solos. ¡Tenían vida propia!
Allí estaban, las prietas nalgas que el recordaba haber agarrado bruscamente en su sueño. ¿Serían tan duras entre sus manos? ¿Se sentiría igual de desesperadamente caliente ahora mismo, si se acercara por detrás y las arañara con sus dedos?
Su mente cada vez se estaba perdiendo más y más, y entonces sintió el último golpe para rematarlo. Eneas se recogió los rizos rubios en un pequeñísima coleta alta, dejando al descubierto su terso y robusto cuello, gotas y más gotas, y entonces… alzó una pierna hasta colocarla sobre el lavabo. Mojó un paño y lo pasó por sus piernas, siguiendo la curva de su pantorrilla, entre los dedos de sus pies.
Roberto sentía que se le cortaba la respiración, no solo por ver sus mulos contraídos, su culo expuesto o como el paño levantaba el escaso vello rubio que cubría su piel, si no que… ahora veía como se las gastaba el gigante. Era… era… ¡malditamente enorme!
Sería imposible para él albergar algo así… o… lo mataría, antes de terminar, lo mataría. Pero… ¡Un momento! ¿Ya estaba otra vez con esos pensamientos suicidas? Si por algún motivo ellos pudieran tener… algún tipo de intimidad, sería él quién se lo hiciera a Eneas, eso estaba claro. Había que pensar en el tamaño, ¿no? A Eneas le dolería menos, claro está.
Aun con el pensamiento en la cabeza, Roberto lo hizo a un lado. Eneas, ni aunque el infierno se congelara, le dejaría tomarlo. ¡Otra razón más para no replantearse ideas absurdas como el sexo con el madito gigante rubio!
—¿Has disfrutado ya lo suficiente?
Roberto se sobresaltó, golpeándose la cabeza con la pared cuando quiso voltear demasiado rápido su cuerpo. Sabía que lo iban a atrapar, en ese mundo no había intimidad ninguna, aquello no cubriría en la tierra ni las normas básicas de calidad de vida.
Cuando vio a la persona que lo había atrapado babeando mientras miraba a Eneas lavarse, supo que su día se había ido totalmente ya, al infierno.
—Estaba tan a gusto cuando no te vi en los dos últimos días. Hasta me hice ilusiones.
Kazla estrechó molesta los labios y sus hermosos y enormes ojos verdes acribillaron a Robby como si vigilara a un conejo el tiempo suficiente para echársele encima. También, Roberto tenía que admitir que aquella mujer seguía tan impresionantemente hermosa como la primera vez que la vio.
Al empezar anochecer, se había levantado un ligero veintencito que refrescaba agradablemente, sobre todo a los que habían pasado toda la tarde entrenando en ese patio de armas, que parecía más un asadero que otra cosa. Esa ligera brisa sacudía la melena pelirroja de Kazla, sus ondulaciones bailaron pesadamente a su espalda y Robby se dio cuenta en ese momento que le llegaba el cabello más allá de sus caderas. Eso contando con unas curvas impresionantes y esos bonitos ojos.
No sabía como era realmente la diosa Fanghial, pero Robby suponía que si era hermosa, debería parecerse a Kazla.
¡Oh, ¿eso que notaba eran pecas?!
—¿Que intenciones tienes con mi marido? —preguntó ella, tan o más molesta con esa profunda observación de Robby, como por la burla dicha anteriormente.
Roberto se sintió un poco intimidado por la pregunta. Que le iba a decir cuando ni él mismo sabía que estaba pasando con él.
—No tengo ningunas intenciones. Tú «marido» dejó claro que lo único que me pertenece de él es una parte de su Alma —Robby apartó la vista, haciéndose el duro pero evitando que Kazla se diera cuenta del dolor que expedía sus ojos—. No tienes porqué preocuparte.
Sin embargo, la mujer parecía ofendida solo con esa mera concesión por parte de Eneas. Roberto podía verlo claramente en su expresión. Ella no quería darle ni eso para que se consolara. Ahora, empezaba a darse cuenta que esa actitud indiferente solo era una tapadera, estaba esperando para cogerlo solo y…
—Eneas es mi marido. No tienes derecho de venir aquí reclamando nada —Kazla bajó la cabeza, tristemente—. Desde que llegaste, me he sentido apartada. El marido cariñoso y amable con el que me casé, parece evitarme —sacudió sus pestañas, mostrando un resquicio de brillantes lágrimas—. Ya ni siquiera me siento mujer, he dejado de percibir el deseo de hombre por parte de Eneas. Yo siempre lo he dado todo por él, le entregué mi pureza, mi orgullo de mujer. Sé que Eneas solo está un poco confundido, y que todo pasará con el tiempo —alzó de nuevo sus ojos, ahora más seguros y… ¿amables?—. Sin embargo, si quieres, podemos intentar llevarnos bien los tres. Puedo permitir que te quedes a su lado si me prometes respetar el lazo que nos une en matrimonio.
Robby alzó una ceja. ¿Permitir? ¿Estaba intentando hacerle sentir culpable para poder manipularlo? ¿Con quién se creía esa tipa que estaba tratando? Debía admitir, que en un principio, podía haber caído en su trampa. El día que llegó estaba tan confundido e impactado con todo lo que había ocurrido, que… su negación por Eneas era más rotunda, igual que la culpa hacia Kazla al saber que estaba casado con ella.
Ahora las cosas eran diferentes. Recordaba las palabras que su hermana le había dicho hace una hora. Tenían que cambiar, para poder amoldarse a ese mundo y poder vivir en él, tenían que cambiar un poco. Su carácter débil y temeroso, sus pensamientos antiguados, era un obstáculo para su propia felicidad. Aunque por supuesto, nunca iba a rechazar sus principios, solo acomodarlos a su nueva forma de vivir.
—Mira, Kazla —dijo con una voz que intentaba ser comprensiva—, cuando vine y descubrí todo esto, para mí era como una pesadilla. Pensaba que me despertaría y me daría cuenta de que estaba dormido. Pero cuando al día siguiente, desperté de nuevo en esa cama incómoda, me di cuenta de que no iba a cambiar nada. Seguiría aquí, viviendo en este mundo y puede que hasta por siempre —se rascó la cabeza bruscamente, intentando encontrar las palabras correctas, ya que la mirada de ella, que de tierna estaba transformándose en una fulminante, no ayudaba—. Admito que mi primer pensamiento sobre esto fue mantenerme al margen. Ese hombre era tuyo, y en cierta forma, a mí no me interesaban —procuró hablar en pasado, ya que esa parte de su mente no estaba clara, y dudaba si quería aclararla—. Creí que lo mejor sería llevar mi vida por diferente camino, pero Eneas no me lo permitió. Me acorraló varias veces hasta que yo tuve que replantearme la relación que teníamos.
—Vosotros no tenéis ninguna relación —corrigió Kazla con sequedad.
Robby se detuvo unos segundos, mirándola y replanteándoselo. Puede que eso fuera verdad, pero… si había un lazo de unión. Algo que lo atraía indudablemente hacia el gigante tanto como este a él. Todavía no podía olvidar como su tan masculino marido, le había preguntado si podía besarlo. Por supuesto, eso se lo ahorró.
Ignoró lo dicho por Kazla antes de continuar.
—Creí poder hacerme a un lado, que te estaba robando algo tuyo, pero después de pensarlo… ¿no eres tú la que me estás robando algo que es mío?
La pregunta le sentó a Kazla como un balde de agua fría. La mujer dio un paso hacia atrás, sin saber que decir.
—Tú… tienes intenciones de robarme a mi marido, ¿verdad? —cuando Robby respondió con una mueca, ella volvió a contraatacar—. ¿Serías capaz de acostarte con él? ¿Sería capaz de dejar que te tomara aun sabiendo que hace unas horas su hombría estuvo en mí?
Roberto no sabía que le había impresionado más, lo asqueroso de lo dicho por Kazla, o la forma tan rara en la que se había expresado. Pero bien, la idea de que… Eneas hubiera estado antes con ella, y después a él… nada más de pensarlo le daban nauseas.
—No sé si sería capaz de acostarme con Eneas —dijo con total sinceridad. Por algún motivo, sentía que debía ser correcto con Kazla. Todavía había un lugar en su mente donde la culpabilidad se aferraba reacia a dejarlo—. Pero igual te digo, que no puedo asegurar que llegado el momento, pudiera resistirme.
—¿Resistirte? —el horror en los ojos de Kazla se hacía cada vez más visible.
Robby supo en ese momento, que la baza que esa mujer utilizaba para estar segura de su posición, era su siempre impetuoso rechazo hacia los hombres. Ahora que había afirmado su duda, Kazla había perdido su as.
—¿Puedes imaginar -solo por un minuto- lo que es saber que una persona te pertenece, como si fuera otra parte de ti, sentirla muy adentro y… no poder tocarla? ¿Verla atada a otra persona sin poder poseerla, acariciarla, cuidarla? —Roberto bajó la cabeza y se agarró la camisa, justo sobre el corazón—. No sabes cuantas veces me he preguntado que perdería por correr a sus brazos y arrebatártelo con solo un par de besos —ahora sí, los ojos azules de Robby se centraron en la cara de Kazla—. Voy a luchar por lo que me pertenece. No sé que quiero conseguir realmente, pero no voy a permitir que alejes de ninguna forma a Eneas de mí, ¿te quedó claro?
No sabía de donde salía esa seguridad. Estaba hablando sin conocer los sentimientos de Eneas, sin saber lo que él quería. Sabía que dependía de esa mujer y que la tenía como un punto de agarre para mantener esa cabezonería suya de ser diferente. De no dejarse llevar, de intentar controlar su vida. Kazla parecía asustada pero Robby sabía que ella las tenía todas para ganar. Esa mujer tenía agarrado a Eneas fuertemente, más de lo ella misma creía.
Kazla no sabía que hacer o decir. Su cara pasaba por muchas muecas y Roberto supo que demasiadas ideas estaban viajando por esa pequeña cabeza con infinita rapidez.
La seguridad que había adoptado Roberto, se esfumó cuando vio un extraño brillo en los ojos de Kazla, segundos después se encontraba echado contra la pared con la mujer apretada sobre él. Y bien apretada… porque podía sentir las formas de sus enormes senos en su propio pecho. Sintió como su entrepierna volvía a endurecerse, y es que tener una mujer como Kazla agarrada a él, no sucedía todos los días.
Sus manos temblaron un poco, alzándose solas para rodear la estrecha cintura de la mujer. Al final, Roberto pudo resistirse y pegó las palmas a la fría pared, intentando que la sensación punzante en sus manos, le ayudaran a controlar el deseo de su cuerpo. ¡Maldita sea, era un hombre!
Kazla, rodeó su cuello con los brazos y aproximó su cara, sacó la puntita de la lengua y con total descaro la pasó por entre los labios de Roberto. Éste tuvo el tiempo justo de girar la cabeza para que no se le ocurriera besarlo, tampoco se veía con la fuerza de retirarla, pero de ahí a dejar que lo besara… Dios… era la mujer de Eneas.
—¿Por qué te resistes? ¿No me deseas?
Roberto tragó saliva, mirándola de reojo.
—Por supuesto que sí. Cualquier hombre ha soñado alguna vez con acostarse con una mujer como tú pero… —tomó aire profundamente y recogiendo toda la fuerza que pudo reunir, la sujetó de los hombros, intentando que se alejara. Lo consiguió un poco, sin contar con que la rodilla de ella se coló entre sus piernas, presionando sutil y enloquecedoramente su erección. Robby se negaba a ceder—, no se qué te propones intentando una acción tan peligrosa. Eneas está ahí detrás, si nos ve… nos va a matar a los dos, y te aseguro que sería capaz.
De eso no le cabía la más mínima duda, Roberto lo sabía. Todavía podía sentir el dolor en los magullones de su cuello. Si ahora lo encontraba sobándose con su mujer, bueno… ahí correría la sangre.
Kazla se negó a obedecer, rozando todo su cuerpo contra el de Robby como si fuera un gato manso. Sentía que el hilo de la sensibilidad del chico estaba a punto de romperse, solo unos cuantos empujoncitos más y sería suyo.
—Vamos… si tengo que ver como me robas a mi marido, ¿por qué no nos quedamos los tres juntos? Yo te atraigo y te aseguro que Eneas sabe como complacerme. No me importaría que vosotros dos os acostarais si yo pudiera verme involucrada también —acercó sus labios al oído de Roberto, susurrando sensualmente—. ¿No te gustaría tomarme duro mientras sientes el peso de Eneas en tu espalda, como te posee mientras controla el movimiento de los tres?
Y vaya si Roberto podía imaginárselo. Su erección más apretada todavía dentro de su pantalón. Pero… ¿compartir a Eneas? ¿Volver a ser solo un tercero en su vida? No… Kazla estaba bien para un par de noches, pero… Eneas era su Alma, no podía permitir que estuviera con nadie más. El corazón de Eneas debía ser suyo por completo. Si es que… llegaba a esa conclusión, se corrigió mentalmente.
Dándose cuenta de que… esa era otra forma de Kazla, para manipularle —y una malditamente buena, si habría que añadir— la agarró de nuevo y esta vez la retiró con un poco más de brusquedad.
Kazla parecía tan sorprendida porque su influjo no hubiera funcionado con él, que se había quedado blanca como un muerto y totalmente muda.
—¿Qué está sucediendo aquí?
Roberto se puso recto, sin atreverse a girarse hacia la izquierda y ver quién había interrumpido su extraña y excesiva conversación. Estaba tan nervioso que no se había parado a intentar reconocer la voz del recién llegado, pero la ausencia de esa esencia mezcla de salvia y otras hierbas, le dijo que no era Eneas.
Karel, gracias a Dios.
—Yo venía a lavarme pero… comeré primero. Eso es, iré comeré y después volveré.
Justo cuando estaba pasando por su lado, Karel agarró del brazo a Robby, deteniéndolo. Supo solo con mirar en los iris azules, que el chico estaba ansioso por marcharse.
—¿Qué te ha dicho? —Roberto no contestó, no porque no quisiera, si no que… simplemente, sintió que no debía. Karel ante el silencio se volvió hacia Kazla—. Veo que tú nunca cambias. ¿Volviendo de nuevo a tus viejas costumbres?
¿Eh? ¿Había odio en la voz de Karel? Roberto se paró, ahora sí, sin saber muy bien que estaba pasando y con una curiosidad impetuosa recorriéndole el cuerpo.
Kazla rió, sonriéndole a Karel a la vez que le sacudía coquetamente las pestañas. Se veía que estaba bastante segura de sus encantos. Aunque Robby podía entender el porqué.
—No sé porque te pones así. ¿No juraste que no me volverías a hablar? Supongo que todavía me tienes rencor.
Karel sacudió la cabeza, negándose a caer en las provocaciones de la mujer.
—No sé como podemos tener la misma sangre. Sigues siendo la misma mujer frívola y déspota que consiguió destrozar la vida de muchas personas.
Kazla chistó con los dientes.
—Hablas de mí como si fuera un «Dannomius». Estuve a punto de darte el regalo más grande que se le puede hacer a un ser querido. Tú deseabas ese niño, ¿verdad?
Roberto alzó una ceja, ¿estaban hablando de lo que él creía? Pero entonces… ¿ese niño era de Karel? ¿Y a que se refería con que llevaban la misma sangre? ¿Eran familia?
—Tú y Eneas me quitasteis todo lo que una vez desee. Ahora no tengo nada. Lo perdí todo, solo me quedó el cariño y la amistad de Eros. ¿Cómo puedes ni siquiera atreverte a mirarme a la cara? Después… después de todo lo que hiciste…
Kazla se encogió de hombros, sonriendo con maldad.
—Yo no tengo la culpa de que no puedas dar a luz naturalmente. Tampoco tienes el suficiente nivel social para que la diosa Fanghial te lo conceda. No es mi culpa que él me escogiera a mí.
¡Oye, oye, oye! No estaban hablando de Eneas, ¿verdad? Porque si aparte de tener como rival a Kazla también tenía que vérselas con Karel, definitivamente se daría la vuelta y se pegaría un tiro. Oh bueno… allí no había pistolas así que…
—Yo no, ahora no. Pero antes, él… si él hubiera querido yo… yo hubiera… lo hubiera permitido. Sé que sería vergonzoso, que la mitad de Gea me miraría con malos ojos, pero me daría igual. Con tal de haber tenido un hijo con él… yo hubiera hecho cualquier cosa. Pero ahora no puedo, ya no.
Para sorpresa de Roberto, Karel se dio la vuelta y echó a caminar en sentido contrario al castillo. Nunca había preguntado donde se encontraba la casa del capitán, pero seguramente no podía estar muy lejos de allí.
Unos ruidos se escucharon cerca de la puerta del lavadero. Roberto se dio cuenta por primera vez durante la última hora, que habían estado allí, parloteando justo al lado de Eneas. Le parecía sorprendente, que éste no se hubiera percatado de nada, y el pondría pies en polvorosa antes de que esa suerte se les acabara.
Echó un último vistazo a Kazla y se marchó, justo en el momento que veía unos rizos sexys y mojados flotar cerca de la puerta. Por poco.
Aceleró sus pasos hasta la puerta del castillo. Miró la mesa pero el pensamiento de comer no le agradó, así que subió rápidamente los escalones. Su habitación nunca le había parecido tan cómoda. Se echó en la cama y cerró los ojos, colocándose un brazo sobre la frente mientras suspiraba.
Había tantas cosas extrañas que no sabía identificar en la conversación que acaba de escuchar. Se había sentido como un intruso presenciando algo que no era su incumbencia, pero la maldita curiosidad no le había dejado darse la vuelta y marcharse.
Primero estaba Karel y su referencia a la sangre que compartía con Kazla. Nunca hubiera pensando que esos dos podrían ser familia, aunque tampoco estaba seguro a como de cercanos se trataba. Después, por lo visto, Kazla le había arrebatado a Karel las atenciones de alguien al que claramente él amaba y no era muy difícil deducir que se trataba de un hombre. El cual había tenido un hijo con ella, el que tanto deseaba Karel.
Le había sorprendido que la realeza pudiera pedirle a la diosa Fanghial que un hombre tuviera hijos. Era un pensamiento demasiado… espeluznante para ni siquiera replanteárselo. Vaya… no solo la realeza podía encontrar a su otra alma, si no que también les permitían tener hijos entre parejas masculinas. Y él creía que su mundo era clasista. Eso por no contar que los aldeanos no podían utilizar magia libremente.
Ahora, el peor asunto estaba en… ¿quién era ese hombre por el que ambos se habían enfrentado? Ayer le había preguntado a Karel por Eneas, y este se lo había negado rotundamente, pero también había dejado claro, que él no era alguien a quién contarle sus problemas. ¿Se refería con eso a que… al ser el alma de Eneas, Karel no se sentía cómodo explicándole lo ocurrido?
Su primer pensamiento fue un trío amoroso entre Karel, Kazla y Eneas, pero… ¿y si no era así? ¿Y si era un Karel, Eneas y Kazla? Nada más de pensarlo le daba dolor de cabeza. Ya era difícil tener que vivir sabiendo que Kazla estaba casada con su gigante, que también tener que sobrellevar un amor unilateral por parte de Karel, era demasiado. Demasiado para su débil y confusa mente.
Daba igual, sea como fuese, dudaba que su suerte fuera a variar. Por mucho que el pudiera cambiar de parecer a lo referente a Eneas, dudaba que éste hiciera lo mismo.
Había demasiados demonios dentro del gigante como para ello. Sin embargo, tenía el presentimiento que Eneas no se iría esa noche sin haber pasado por su cuarto antes.
Tenía que esperarlo y ver que pasaba… quería desearle un buen… no, un viaje de vuelta.
Nena, como siempre: genial
ResponderEliminarjajaja Karel quería ser mamá?! Chica, esto me supera.. Es demasiado para mi cerebro cansado así que mejor me espero a que tu lo expliques en la historia antes de lanzarme a teorias descaballadas..
Bueno, el capitulo de hoy ha sido muy errr.. acalorado jiji sí.. muy efusivo todo.. :P
En fin..
Besos! ^^
Hola:
ResponderEliminarTodos los días abria tu blog para ver si habia nuevos capitulos, vamos a leerlo y luego comentar.
se despide Verus
Esto está definitivamente encauzado, que nivel está alcanzando , chiquilla.
ResponderEliminarLe has dado el empujon que merecía con: esta ensoñación (hot,hot),el diálogo/manipulación de Kazla con Roberto y la parte de Karel(hermano???) con Eneas y Kazla(esos deseos ocultos: tener hijos,ser libre y consevar su posición social.)
Porque yo creo que Eneas está harto de no tener libertad ninguna(al no tener poderes la gente ya lo etiquetó de nulidad no?).
En fin, es genial el poder imaginar como continuará pero mas genial es esperar el siguiente capítulo, asi que ANIMO...!!!
Ita!! Si... todo muy acalorado... es que Roberto quedó un poco tocado con el acercamiento de la mañana en el cuarto. Cuando Eneas le preguntó si podía besarlo. Quiero acelerar la historia, pero es que no me atrevo a poner más de esto, vaya a ser que me cargue la trama.
ResponderEliminarSobre Karel mamá... bueno en sí... así es. Me gusta el mpreg (cuando un hombre se queda embarazado) pero aun así, aunque estamos en un reino de magia, no me atrevería a poner a Karel embarazado jajaja XD
Tengo pensado que sea algo... como que Fanghial lo cree con magia o... no se, todavía lo estoy pensando, pero vamos, que si, que me refiero a tener hijos entre dos hombres (aunque sin barriga ni parto natural XD) Ya veremos como queda todo eso.
Nena, estoy escribiendo ya el próximo y está mucho mejor, supongo que la novela está tomando un buen ritmo por fín. A ver que tal... gracias por el comentario, ángelito XD (mis tres angeles de la guarda T_T)
Verus, gracias por dejar un nombre aunque tengas puesto anónimo, en realidad me molesta cuando no se identifican, ya que no se si vuelvo a hablar con la misma persona después y tal... UU
ResponderEliminarVerus (que alegría XD) me siento tan halagada que no se muy bien que decir. Me siento honrada de que vigiles mis actualizaciones contastemente, eso me hace sentir con ganas de escribir más y más.
Espero tus comentarios sobre los capítulos, en realidad, me ayudan mucho a saber mi errores y que es lo que gusta más o menos.
Espero verte pronto por aquí de nuevo, gracias!!
Cuqui!! (mi otro angelito XD)
ResponderEliminarQue bién que creas que la novela se está encauzando por fin! Yo también siento que avanza de una vez. Llegué a un punto que creía que se estancaría, en realidad, solo han pasado tres días desde que llegaron a Gea. Eso no es nada!! Y sin embargo, ahí está Bea toda liada con Eros y Robby teniendo sueños húmedos con Eneas, ains... le echaremos la culpa a la pasión XD
Sobre el segundo párrafo creo que no diré nada, dios... tu perspicacia da miedo... es mejor darle de comer a parte, vaya.
Sin embargo, si te comentaré lo de Eneas. Todos saben porqué Eneas se comporta así. La gente le dio le lado por no tener un Elemento, hasta su padre le quitó el trono. Él no era nadie hasta que se creó un fama, y se convirtió en el mejor curandero de Gea. Cuando vio que podía conseguir cosas por sí mismo, se negó a seguir las órdeneas de las phinxies, por eso se casó y ahora intenta negar a Roberto. No quiere que lo utilicen.
Pero eso cambiará cuando su corazón y su mente ya no soporten más estar separados de su querida Alma.
Te imaginas como sigue mi novela?? Algún día me tendrías que contar que cosas se te pasan por la cabeza, podía adaptarlas a la novela sin son interesantes. Como alguna escena que te guste y demás.
Nos vemos y gracias por apoyarme siempre!!
Ya sabia yo que eneas era el hombre deseado por much@s pero no se te olvide que es mio, y kazla es un poquito retorcida o solo me lo parece a mi?, y bea me encanta su desparpajo y lo bien que acepta la situacion en la que esta envuelta y de robby me atrevo a decir que caiste colibri! jaja.Va acompañar a eneas en su viaje? Besos
ResponderEliminarHoola Fati,
ResponderEliminarsi un capitulo me ha aclarado cosas y luego me ha puesto encima mas dudas de las que ya traia, definitivamente es este.
Tu manera de construir los personajes es suprema, haces maravillas.
Pero bueno y que decir de la descripción de Eneas, ajem, nunca lo habia tenido tan claramente dibujado en mi cabeza jejeje.
Muchos saludos y por favor no nos hagas sufrir mucho jejeje.
Un abrazo
waaaaa!!!
ResponderEliminarTe juro que me encantó OH MY GOOD!!
es tan erótico todo y me encanta Bea XD jajaj cada vez que escribes gigante, me imagino a un tipo de 3 metro y al pobre Robby que no le alcanza ni la rodilla, pero me encanta como has desarrollado los personajes definitivamente me estoy volviendo tu fan xD
Y amo la relación entre Roberto y Eneas, pobre Roberto que no sueñe con ser el seme, pero el que Eneas sea el mejor curandero sera beneficioso cuando tenga que recuperarse de ese gran pedazo de... cof cof
Como sea me encanto. Y esa insinuación de cuadrado amoroso fue lo mejor porque ni siquiera sabemos si en efecto es así. Pero bueno Kazla es una zorra, y me parece que esta algo perturbada.
JAJAJA y el Roberto haciendole asco a lo de tener hijo estoy segura que en su momento suplicará para darle un bebe a Eneas.
Me alargue, XD te estaré leyendo.
Iso, sabes?? Tu comentario me hizo pensar... en realidad, tenía planeado otra cosa, pero después de leerlo... creo que se me ocurrió algo que podría servir para unir mejor a Eneas y Robby, darles un poco de intimidad y conexión... obligarlos a tener que tratarse, porque realmente hasta ahora, solo se ven en las comidas y bueno... se siente distante... si urjo algo para tengan que aguantarse... si lo pongo por ahí... después por allí... bien, se alargaría un poco la primera parte de la novela pero creo que sería una magnífica idea, que demonios!! Gracias Iso... aunque no tengas ni idea de lo que estoy hablando XD
ResponderEliminarLo siento Iso, Eneas es totalmente de Robby, si puedes robárselo a él entonces bien, pero te puedo asegurar que este chico tiene varios Ases en la manga, terminarás un poco fría si no tienes cuidado (fíjate en el nombre de la novela) En realidad, es una pista que te estoy dando para que sepas algo que nadie sabe aun. No creo que con tu suspicacia te cueste mucho adivinar que es... jojojo. (como premio por la ayuda inconcientemente de antes)
Kazla en realidad, está un poco transtornada... pero que se le va a hacer, ya lo verás más adelante. Bea sería algo así como el sol para Robby en Gea. Supongo que si me pasara algo así, tener la presencia de mi hermano a mi lado... sería algo como esto. Casi lo puedo ver claramente en mi cabeza.
Y Robby... es un poco cabezón con eso de "soy muy macho", pero quién se puede resistir a un gigante fuertote como Eneas?? Y a esos rizos?? Tengo un serio problema con los rizos de Eneas, cada vez que escribo sobre ellos, es como si me muriera por tocarlos... creo que tengo que ir a un psicólogo XD
Nena, nos vemos el domingo con dos nuevos capítulos. Xao!
Yushe!!
ResponderEliminarSi soy mala, me gusta mucho confundir a los lectores dando rodeos y omitiendo verdades, pero que... no le da eso un toque de misterio?? Con lo que tengo que tener cuidado es, que no se haga tedioso, entonces fallaría con la estrategia XD
Con los personajes, no tardé realmente mucho en imaginar como deberían ser... creo que la trama se construyó en mi cabeza y directamente los personajes vinieron después. Aunque admito que muchas partes de sus personalidades, vinieron cuando empecé a escribir la novela. Igual que algunos asuntillos de la trama. Pero si me preguntas de nuevo, nunca lo reconoceré XD
La descripción de Eneas... ese gigante maldito que nos hace suspirar a todas!! Me muero por sus rizos... es que me tienen tonta (más aun) vaya... el sueño húmedo de cualquier mujer...
Siento haberte hecho sufrir más de lo normal, y eso que me lo pediste en el comentario jajaja.
He tenido un problema, pero el domingo tendréis dos capítulos nuevos, lo juro!!
Kiku!! Me alegro verte en las dos novelas!!
ResponderEliminarDe verdad te gusta tanto??? No sabes lo feliz que me haces.
Bea parece que es un personaje que ha hecho furor. Tiene el carácter de mi hermano, en realidad me basé en él para crear a Bea... supongo que ya te harás una idea de que carácter ridículo tiene mi hermanito jajaja XD
Sobre lo de gigante... pues si, bueno. Es que... quiero que tengáis claro que es un tipo malditamente alto, malditamente musculoso, malditamente guapo, y malditamente todo XD Robby no es que le llegue a la rodilla, pero casi ni le llega al pecho, así que puedes hacerte una idea XD
Jajajaja, el comentario de la relación de Eneas y Robby me mató. Chica, llevas razón, pero piensa que Robby es un tío, encuentra erótico a Eneas, y su primera idea es tirárselo, Robby es totalmente hetero, pero Eneas lo descoloca, aun así, sus instintos son de pajita y agujero, como cualquier tío. Pero Eneas es demasiado macho, aunque más de una os llevaréis una sorpresita llegado el momento. Eneas tiene algo en su carácter que lo convierte en alguien sensible... ya lo veréis.
Y por supuesto!! Eneas prepará el día de antes una cremita para nuestro Robby, éste último nunca se quejará en su vida de pocas atenciones jajaja XD Sé que fui un poco exagerada con eso del enorme p*** pero... quería ponerlo todo proporcionado, supongo. Si es un gigante, lo demás también, jojojojo. (en realidad tengo una vena sádica medio oculta)
Si bueno, es cuadrado amoroso se resolverá pronto, seguramente no es lo que pensáis pero... pobre Karel, yo solo pienso en el pobre Karel... me gustaría apachurrarlo en un abrazo y darle besucones para que alegrara esa cara, ains....
Sobre Robby y el niño... bueno, el no sabe muy bien como va todo eso, y eso de verse embarazado... es normal que le resulte desconcertante... aunque en realidad, tampoco van las cosas por ahí. Pobre Robby.
Linda, nos vemos de nuevo, me mata de la felicidad que ahora te tenga en ambas novelas, nos vemos!!!
Gracias por tus palabras, pondre mi oxidado cerebro a trabajar en todo lo que has dicho....pero de ninguna manera sacare los klinnex....asi que ya estas cambiando el final o el titulo jaja y repito eneas es mio y no comparto (soy hija sola) y esos maravillosos rizos solo los puedo cuidar yo, he mencionado que soy peluquera? Besitos
ResponderEliminarJajaja, Iso, puedes estar tranquila, soy enemiga de los finales tristes, puede que haya cierto grado de crueldad durante la novela pero nunca haré un final triste, los odio!!
ResponderEliminarÉl título viene de la sorpresa que da Roberto en una situación en especial. Más concretamente al final de la primera parte de la novela. Así que estate tranquila XD
Peluquera?? Es siempre la profesión que quería ser de pequeña, pero claro, cuando una no tiene habilidad para ello, hay que joderse XD
Rizos... me matan esos rizos... bua... rizitos... oinss...
Robby es muy celoso, así que ten cuidado, vaya que una noche te lo encuentres en tu cama para hacer cualquier cosa... (aunque no te aseguro qué XD)
Nos vemos mañana con los capis, xao!!