jueves, 3 de julio de 2014

Dos copas y un brindis [Final]

DOS COPAS Y UN BRINDIS

Cinco meses después…

El cielo.

Ricky cogió bien la caja, llena de algunas de sus pertenencias más frágiles y siguió subiendo las escaleras de la entrada de Alex. Todavía no se creía que con unos pocos mimos, ojitos brillantes y porque no, mamadas mañaneras, había conseguido que Alejandro aceptara que se mudara a su pedazo de casa.

Porque no era justo, ¿para que querías un novio con dinero si no te aprovechabas un poquito de él?

Joder, sabía que Alex de por sí ya era una buena recompensa, pues no encontrabas un hombre así de caliente en cualquier esquina. Pero le molestaba tener que vivir en un diminuto pisito, cuando él tenía una casota con piscina.

¡¿Qué clase de injusticia era esa?!

No, por supuesto que no. Le había costado cinco meses convencerlo, pero él tenía sus mañas, y al final aquí estaba, trayendo todos sus trapos y otras cosas a «La Mansión», como solía llamarla desde que la vio por primera vez.

En realidad, no es que tuviera diez baños y treinta habitaciones. Pero por Dios, en comparación a lo que había estado acostumbrado, era el cielo.

Si estuviera en su naturaleza llorar de felicidad, joder si lo haría.

Ricky salió de sus pensamientos cuando un golpe en la espalda le hizo perder el equilibrio, impulsándolo un poquito hacia delante.

¡Jesús, creyó ver los escalones demasiados próximos a su cara!

—¿Pero qué coño? —sus ojos se encontraron con los azules de Adrián, y bueno, la forma en la que se sobaba la nariz le dio una idea bastante evidente de qué había ocurrido—. ¿No me has visto o es que querías mirar mi culo más de cerca? —sonrió graciosamente, picando a su amigo.

Adrián refunfuñó, agarrando su caja ahora por debajo, intentando sujetarla bien; aunque por él, la tiraba por las escaleras y que el muy bastardo de Ricky se jodiera. Tendría que haber cogido alguna que pusiera con esas letras rojas y feas: «cuidado o muerdo». Vamos, de las frágiles.

Los accidentes no tenían que remunerarse, ¿cierto?

Y podía ser muy torpe cuando quería.

—¿Quién quiere mirarte a ti nada? Para eso ya… —se quedó callado y miró previsoramente hacia los lados. No se veía a ninguno de los otros tres por ningún lado—, tienes a Alex, ¿no?

Ricky hizo un ruidito pensativo y siguió subiendo las escaleras.

Adrián se quedó algo precavido… era raro, ahora venía cuando su amigo le soltaba alguna bordería o le relataba alguna escena subida de tono, que el reconocía como el momento justo para salir corriendo.

Pero no había pasado nada de eso.

Solo llegaron al enorme salón de Alejandro y dejaron las cajas en una esquina libre que habían preparado para ello, aunque veía algunas tiradas por otros lados.

—¿Crees que Alejandro se avergüenza de mí?

Era algo que había estado rondando la cabeza de Ricardo durante los últimos dos meses. Reconocía que la intimidad con Alex era la puñetera hostia, muy caliente, y a veces hasta en ebullición, sin embargo, delante de la gente, siempre mantenía una constante distancia entre ellos. Puede que fueran solo imaginaciones suyas pero…

—Con esa maldita lengua que tienes, yo también lo haría.

Ricky chistó molesto, dándole una patada a la caja.

—Eh, Adri, tío, que lo digo en serio.

¡Oh! Adrián se sorprendió, Ricky solo le llamaba de ese modo cuando estaba seriamente preocupado por algo. Y joder, para que él se preocupara por algo, ya tendría que importarle bastante. O bueno, por lo menos, para que demostrara claramente que lo hacía.

Ahí preveía una maldita consulta amorosa de nuevo, y juraba que no era lo suyo.

—¿Lo dices porque todavía no le ha dicho a Iván y Julio que sois… pareja? —la palabra novio, no era fácil de procesar cuando estaba relacionada con sus dos amigos.

Ricky guardó silencio, agachándose para revisar lo que había en una caja medio abierta. Un airecito frío procedente de la puerta abierta, le hizo encogerse en su chaqueta y subirse con una mano el cuello para abrigarse mejor. Sus pantalones vaqueros crujieron cuando se acuclilló y sacó unas enormes jarras de cristal.

Adrián supo por la forma en la que Ricky las miraba, que estas no deberían estar ahí, además, todo ese toqueteo solo servía para gastar segundos… ¿pensando?

¿Contestaría a su pregunta o estaba esperando a que se fuera el invierno? Porque la llevaba clara, estaba comenzando. Mal momento para mudarse, si se podía añadir.

—Lo digo porque… cuando hay gente delante… suele ser un poco… frío.

Adrián evitó justo a tiempo que su boca cayera hasta el suelo.

¿Ricky estaba oyendo lo que decía? Parecía una recién casada asustada de que su marido le estuviera poniendo los cuernos. ¡Mina de tierra a la vista!

—Bueno…. —Adrián se rascó el cuello, un tanto confundido. Se cerró el chaquetón y se arrodilló al lado de Ricky, haciendo también como el que ojeaba las jarras—. No sé exactamente qué es lo que te preocupa. Pero Alex no es alguien muy abierto, le cuesta mucho encontrar las palabras exactas para decir en diferentes situaciones y bueno… seguro que su declaración fue jodidamente catastrófica, también. Pero si lo que te molesta, es que pueda haber cambiado de parecer o que se avergüence de salir contigo, que no quiera demostrar abiertamente que sois parejas y demás… puedes estar tranquilo. Seguramente es que… no ha encontrado el momento idóneo para hacerlo, no tiene nada que ver con que te quiera más o menos —gruñó, frotándose la cabeza como loco—. Mira las cosas estúpidas que me haces decir, parezco una madre confortando a su hija cornuda.

Ricky dejó una de las jarras a un lado y sonrió.

Si, Adrián tenía razón, siempre la tenía. Al principio dudaba del consejo que le dio ese día antes del cumpleaños, pero ahora… gracias a él, Alejandro le pertenecía. Y después de pensarlo mucho, reconoció que toda su envidia, todo el coraje que le guardaba a Alex, eran simple palabrería. Le molestaba la diferencia que había entre ellos –tanto en cuestión de dinero como en cultura– y que por mucho que lo intentara, no podría nunca alcanzarlo.

Al menos… ¿cuántas opciones había de que le tocara la lotería?

Ricardo quería poder pararse al lado de Alex y mirarse hombro a hombro. Odiaba tener que pensar que estaba por debajo y el otro lo miraba desde arriba. Eso le concomía por dentro.

Ahora, no tenía ese sentimiento, porque aunque siguiera trabajando como un simple segurata, Alejandro, una de las personas con más dinero que conocía, estaba comiendo de su mano. Solo tenías que ver lo fácil que le había resultado convencerlo para que lo dejara mudarse a «La Mansión».

Sí, bueno, aunque la excusa de mierda que les había dado a sus amigos todavía le jodía bastante. ¿Quién tenía problemas para pagar el alquiler? ¡Que se fuera al demonio! Todavía le debía esa, esa noche le haría chillar como una perra hasta que pisoteara su orgullo un par de veces… y sabía muy bien cómo hacerlo.

¿Qué le gustara escuchar rugir a Alejandro, entre vergüenza y placer, lo convertía en un sádico pervertido?

Ricky sonrió socarrón, era un pensamiento interesante. Tendría que explotarlo mejor cuando estuvieran solos.

Por otro lado, Adrián se había portado muy bien con él, muchísimo, y eso que tampoco había puesto mucho de su parte para poder hacer amistad con los tres amigos de Alex. Ahora suponía que los… «quería».

—Bueno, mamá. Gracias por intentar animarme. Me siento mejor —Ricky se acercó a Adrián y le tiró graciosamente de una mejilla—. Mamá gallina.

Adrián se puso colorado, después frunció el ceño y por último le dio un tortazo –que  salió bastante más afeminado de lo que nunca admitiría– en el brazo.

—¿Porqué mamá gallina? ¿Por qué te gustan las pollas?

Ricky se quedó con la mano en el aire, impresionado por la afilada lengua de su amigo. ¿A dónde había ido el dulce y tierno Adrián?

—¡Una zorra con garras, encantador! —exclamó Ricky, sonriéndole juguetón cuando ahora fue Adrián quién se quedó sorprendido.

Alejandro que pasaba por ahí, giró sobre sus pies con caja en mano y se quedó mirándolos, atónito. Lo había escuchado de refilón, pero había captado lo suficiente.

—Joder, Adrián. Eso te pasa, por juntarte tanto con Ricky los últimos meses. Hasta se te han pegado sus finezas.

Adrián cerró la boca y se distanció dos pasos, haciendo como el que no quería la cosa, mirando hacia los lados. Puede que se le hubiera ido un poquito la lengua, pero es que ese maldito de Ricardo lo tentaba como el demonio.

Ricky se rio, negando con la cabeza y cogiendo la caja de las jarras.

—¿Quién demonios ha puesto esto aquí?

Alejandro alzó una ceja, acercándose un poco para mirar dentro. Su boca formó una «O» cuando observó los objetos de cristal. Finalmente, encogió los hombros de forma inocente.

—¿No sé?

—¿No sabes? —Ricky sonrió, golpeándole el brazo con la caja—. ¿Seguro que no lo sabes? Según tu respuesta, actuaré en consecuencia.

Alejandro puso cara de susto, para después mirar a Adrián y guiñarle un ojo.

—Ya he tirado la caja del látigo y las esposas. Será para la próxima.

Ricardo se carcajeó, todavía sintiéndose impresionado por todo lo que Alex había cambiado desde que estaban juntos. ¡Esto si era divertido! Sobre todo porque ahora era su turno.

—Tranquilo, utilizaremos el vibrador que guardas en tu mesilla de noche para casos de… —bajó la vista hasta la entrepierna de su pareja—, emergencia.

Alejandro apretó los dientes, observando de reojo como esta vez, Adrián se daba la vuelta para que su momento de vergüenza fuera más liviano.

¡Arg, siempre perdía!

—¿Qué puñetera manía tienes con mi virilidad, joder? Creo que durante estos… —se atragantó un poco por la intimidad de la frase, pero no pudo evitar seguir—, cinco meses, no he escuchado ninguna queja. Vamos, si eres como las mariquitas que fingen los orgasmos, creo que deberías habérmelo informado antes.

Adrián alzó una ceja y silbó, un tanto impresionado. Volvió rápidamente la cabeza para escuchar la respuesta de Ricky. Sentía un poco, como si estuviera en un campo de fútbol.

—Si te lo digo, entonces… ¿para qué me serviría fingirlo? —Ricardo disfrutó del ceño de Alejandro. Ronroneó graciosamente, apoyándole la mano en el jersey y metiendo a mala leche, los fríos dedos por el cuello descubierto. Alex dio un repelús y él sonrió—. De todas formas, cariño, somos los suficientemente adultos para saber las diferencias sexuales entre un hombre y una mujer —agrandó aun más la sonrisita zorruna, así que Alex se preparó mentalmente para lo que vendría a continuación—. Si me la sacudo en tu cara y te la mancho toda, supongo que es más que evidente que no lo he fingido.

Alejandro ahogó un gemido. Al principio, se hubiera enfadado con Ricky o le hubiera golpeado por esa humillación, pero ahora… la sola imagen que apareció en su cabeza, fue lo suficientemente excitante para hacer tambalear su instinto.

¿Le molestaban los comentarios de Ricky o le ponían cachondo?

Ahora mismo no sabría qué decir.

—¡La hostia! —gruñó Adrián de repente, dándose la vuelta con rapidez, demasiado desorientado como para encontrar una puerta por la que salir corriendo—. Oh Dios, no he escuchado eso. No lo escuchado. Yo no…

Ricky volvió a carcajearse, llevando la caja de la jarras hacia la cocina y gritando desde allí:

—¡Joder, si lo has oído! ¡También puedo enseñarte una prueba visual si así termino ganando yo!

Adrián tiró del brazo de Alejandro y señaló hacia la cocina. El movimiento de sus cejas y su expresión de: «¿Tú estás escuchando eso?», provocó un encogimiento de hombros por parte de Alex.

—¿Qué quieres que haga?

Adrián afiló su mirada, e hizo un movimiento vertical con el brazo en el aire.

—Apuñálalo —sugirió con una graciosa cara desquiciada—. Matar a las mujeres está de moda, ¿no?

Alex alzó una ceja, sorprendido ante el horrible, aunque irónico comentario. Después negó con la cabeza y suspiró.

—Uno, Ricky no es mi mujer y eso no tuvo gracia. Dos, él es quién está en la cocina y por consiguiente, con el arma en cuestión. Tres, ir a la cárcel por un asesinato así, sería jodidamente arriesgado para mi trasero, ¿lo pillas?

—Entonces, córtale la lengua. Es su órgano peligroso —gruñó Adrián, sin darse por vencido.

Eso pareció captar más la atención de Alex, pero finalmente, después de replanteárselo, volvió a sacudir la cabeza.

—Su órgano peligroso es su cerebro podrido, y bueno… si le corto la lengua también voy a la cárcel.

—¡Maldita sea, átalo a la cama y amordázalo!

—¡Guau! —respondió Alex en el mismo tono, casi riéndose de Adrián—. Ahora sí tengo que reconocer lo que dice Ricky. Tus consejos son jodidamente buenos. Nunca he probado eso, y si me lo imagino… —la cara de Adrián se encogió con repulsión—, si, funcionaría. Creo que ya siento las….

—¡Oh Dios! —gritó de repente, cortándolo y provocándole una risita a Alejandro—. Ricky ha creado un monstruo. ¿Tú te estás escuchando? ¡Dios Santo!

Ricky se venía riendo desde la cocina, levantándole el pulgar a su novio y demostrándole lo bien que lo que había hecho. En la otra mano una escobilla, para limpiarle el polvo a algo que había encontrado en alguna de las cajas.

—Solo nos gusta tocarte un poco los cojones, Adrián. Tranquilízate.

Adrián bajó la cabeza y los miró a ambos como si fuera un perrito apaleado. Alejandro se sintió un poco culpable, aunque Ricky no parecía inmutarse.

—¿Soy un juguete para vosotros? —para su sorpresa, ambos contestaron «¡Sí!» al unísono. Su carita de lástima no había servido de nada, y eso solo le pateó el hígado aún más—. ¡Pues muy bien! ¡Si alguna vez os casáis, yo me mudo! ¡Un país que deje que dos bastardos como vosotros se casen, no puede estar bien!

Ricky chistó graciosamente con la lengua, cogiendo una taza y dándole con la escobilla de cerdas rosas. 

—¿Eso que escucho es envidia? —bromeó, sacándole la lengua a Adrián como una quinceañera y retándole a que hiciera lo mismo.

Adrián le dio la espalda, si creía Ricky que iba a caer en sus jueguitos la llevaba clara, bastante había cedido ya. Dándose la vuelta bruscamente, se dio de cara con un muy sorprendido Iván y un confundido Julio.

Cualquiera sabría, por sus caras, quién estaba más cerca de saber la verdad.

—¿Acabo de escuchar… todo eso…? ¿Vosotros dos sois…? Un momento —Iván respiró hondo antes de decir—: ¿quiero saberlo? —ni siquiera estaba seguro de si quería arriesgarse a preguntar.

Alejandro palideció por unos momentos, sentía los pies clavados en el suelo y su mirada estaba pegada a la expresión desconcertada de Iván. Le temblaba todo el cuerpo y no era siquiera capaz de girarse hacia Ricky para saber cómo estaba él.

¡Por Dios! Que no se atreviera a decir algo más, pues… sabía que tendría que enfrentarse a esto en algún momento pero… ahora no. Solo que, ahora no.

Para su completo horror, la boca de Ricky no tardó en devorar todas sus esperanzas.

—Bueno, bueno —dijo Ricardo con una amplia sonrisa—, ahora que sabéis que Alejandro y yo, nos damos un poco por culo, ¿por que no cogemos una de estas hermosas botellas que guarda el pijito este y lo celebramos?

Adrián suspiró. Iván no sabía si asentir o cerrar la boca antes de que le entrara algo no identificado, y Julio, simplemente no parecía haber procesado todavía la información.

Pero lo que más les sorprendió a todos, fue el rápido cambio de Alejandro, el cual se volvió como una fiera y arrancó de las manos de Ricky, literalmente hablando, la botella de cristal oscuro que sujetaba.

—¡Suelta mi Rioja. Gran Reserva de 1931! Esta botella vale lo mismo que tu sueldo completo de un puñetero mes.

Ricky podía jurar que casi sintió la puñalada trapera en su costado.

Intentando controlar su enojo, encogió el ceño, tragando saliva en el proceso.

¡Pues qué bien! ¡Pronto iba a empezar a sentirse como una mierda pobretona al lado de Alejandro! Solo por ese comentario ya le daban ganas de abrir esa asquerosa botella y bebérsela de un trinque.

¿Todo su sueldo de un mes? ¡Maldito niño rico!

Ricardo soltó una sonrisa irónica, pero que dejó ver un toque doloroso en ella.

—Bien, el día que decida asesinarte, ya sé que arma debo utilizar. Que mejor que asesinar a un fascista con una botella de vino del 31, tu reputación quedará intacta cuando salgas en la televisión… con la cabeza partida. Capullo de mierda.

Alejandro encogió la cara en una mueca herida.

—No me llames fascista, gilipollas. Y tampoco hace falta que te pongas así, solo te estoy diciendo…

—¿Qué soy un pobretón que no merece beberse una botella de quinientos euros?

Alejandro abrió la boca para contestarle, pero entre los afilados ojos verdes de Ricky, que parecían capaces de acribillarlo en cualquier momento, la botella en la mano, y la clara espera de sus otros amigos por ver qué pasaba a continuación, decidió que mejor era actuar en vez de hablar.

Lo suyo nunca habían sido las palabras y menos cuando discutía con Ricardo.

Miró la botella y pidiéndole a Dios que no se rompiera, la dejó caer sobre la moqueta del suelo. Respiró aun más aliviado cuando Ricardo miró aquel gesto con apreciación, así que Alex no tardó en hacer que sus piernas se movieran hasta pararse delante de Ricky.

—No digas tonterías —gruñó, agachando la cabeza y abriendo la boca para poder atrapar sus labios.

¡¿Qué diablos estaba haciendo?! ¡Besaba a Ricky delante de sus amigos!

Quería morirse de la vergüenza, de verdad que debía estar volviéndose loco o algo parecido. Pero… discutir con Ricky era altamente peligroso, y seguiría recriminándose y cagándose en muchísimas más de sus miserias, si no fuera porque Ricardo ahora lo estaba cogiendo del cuello y casi ahogándolo con su boca.

Tomó una amplia respiración antes de retirarse, suplicando porque este paripé hubiera servido para evitar una pelea con su amante. No tenían muchas pero… estaba claro que no sería él quién las empezara.

La última vez que hablaron sobre este tema, tuvo el irremediable miedo de que después de la pelea no hubiera reconciliación. Les costó mucho intentar sobrellevar el problema del dinero. Ricky era un bastardo testarudo, pero Alex podía entenderlo.

Había corrido a brazos de Ricardo antes de pensarlo, intentando evitar un enfrentamiento, pero… pero… ¡sus amigos seguían mirando!

Ricky le lamió despacio los labios, retirando sus manos previamente entrelazadas para pasarlas por su cabello.

Agradable… Alejandro lo sentía muy agradable, pero eso no relajaba para nada su ataque de ansiedad.

¡Sentía los ojos de Iván y Julio royéndole el cogote!

—¿Soy más importante que esa botella? —preguntó Ricky, ronroneándole en el oído.

Alex gimió, intentando no dejarse llevar por el demonio que le tentaba.

—No digas tonterías. Es solo una botella, si… carísima como el infierno, pero una botella de vino —besó suavemente los labios de Ricky antes de acariciar ambas mejillas con sus manos—. Ya sabes que yo… que yo te… —carraspeó la garganta y decidió darse la vuelta, rindiéndose ante lo evidente—. Chicos… yo tengo que… deciros algo.

Lo que encontró lo dejó sorprendido, sin saber si reírse a carcajadas o gritar su frustración y cambiar la conversación.

Adrián estaba algo sonrojado, dejando claro que se sentía fuera de situación y sin saber qué hacer. Julio tenían los ojos más abiertos de lo que nunca se los había visto desde que se conocieron. Se encontraba sentado sobre el respaldo del sillón, como si no estuviera seguro de si quedarse de pie o desplomarse por el shock. Pero sin duda, el que parecía más afectado era Iván, aunque, a diferencia de Julio, se veía más… interesado que otra cosa.

—Alex yo… creo que estaba percibiendo algo de esto. Pero hasta ahora, que lo veo delante de mis hocicos, no me atrevía a considerarlo.

Alejandro volvió a toser, contrariado. La risita maliciosa de Ricky a su lado no ayudó mucho, el bastardo parecía encontrar la situación la mar de graciosa.

—No hace falta que digas nada. Quiero decir… sé que tendría que habéroslo contado hace mucho, pero no… es decir… yo no soy…

—¿Maricón? —intentó ayudar Ricky.

Alejandro le sonrió falsamente, pegándole de paso uno de sus odiosos pellizcos en el brazo.

—Gracias, «cariño». No sé qué haría sin tu ayuda.

La risita maligna de Ricardo no tardó en aparecer.

—Eso ya lo sé, sin «mis ayudas» no puedes hacer nada, sobre todo en las mañanas.

Alejandro abrió la boca y la cerró.

¡Maldito hijo de…! Oh, casi estaba tentado a hacerle caso a Adrián e ir a por el cuchillo para contarle esa lengua demoníaca que tenía el muy… el muy…

—Qué actividad sexual, no sé si sentir envidia o asustarme ante la imagen mental que acabo de tener —masculló de pronto Julio, hablando por hablar, porque aun parecía bastante perdido.

Iván no pudo evitar reírse ante el comentario «inconsciente» de Julio.

—Joder, todas las mañanas. Sin duda yo opto por la envidia —soltó graciosamente, rascándose la cabeza—. Pero veamos… ¿cuando a Ricardo le arrearon en la cabeza, vosotros dos ya estabais…? ¡Oh, joder, claro! —gritó de repente—. Ahora entiendo esa reacción un tanto exagerada que tuviste. En un principio pensé que podría ser simplemente porque os habíais criado juntos, casi como hermanos, pero ahora… esto…

Lo poco que Alejandro se pudo relajar ante el cambio de ambiente pesado a uno más relajado y algo gracioso, se perdió cuando Ricky volvió a abrir la boca.

Como siempre, vaya.

—Alejandro no puede vivir sin mí. Ni ahora, ni antes, ni nunca, ¿verdad, cariñito? —Alex lo fulminó con la mirada, haciéndole una mueca mientras movía las manos como si fuera a estrangularlo. Ricky en vez de echarse para atrás, se rio—. ¿Veis? ¡Me quiere a morir!

Adrián sonriendo pasó entre ellos, para tranquilamente sentarse en el sillón cuyo respaldar estaba ocupado por Julio.

—Yo creo, que más bien lo que quiere… es matarte. Pero por mí podéis seguir, es divertido.

Julio miró a Adrián con una ceja alzada, Iván asintió a su comentario con una sonrisa y Alejandro suspiró.

Dios… si esto lo estaba volviendo loco, cuando fuera a contárselo a sus padres, se aseguraría antes de llevarse la escopeta. Juraba que Ricky la sentiría apuntando a su culo durante toda la maldita y vergonzosa confesión, y si se atrevía a abrir la boca…

—¿Pero entonces… desde cuando estáis… con estas movidas? —farfulló Julio.

Alejandro volvió a suspirar, esta vez de forma mucho más exagerada.

Ahora venía cuando les contaba toda la historia, resumida lo más que pudiera, y… esperaba que no le miraran como si fuera el último día de su vida en el que fueran amigos.

Bueno, por lo menos Ricky parecía bastante relajado a su lado, eso le tranquilizaba… o puede que le pusiera de los nervios. Los sentimientos que le provocaba su amante, todavía eran demasiado contradictorios.

—Si empezamos por el principio… hablando con sinceridad… en realidad, la pelea con Sara, fue por mi… obsesión con el sexo anal —se relamió los labios, esperando que alguno hiciera un comentario burlón, pero nadie abrió la boca. Gracias a Dios—. Cortamos, me emborraché y antes de darme cuenta ya estaba en el bar que hay debajo de la casa de Ricky.

—¿Sin darte cuenta? —preguntó Iván, en un tonito bastante evidente.

Alejandro tardó unos segundos en darse cuenta de la intención que llevaba el comentario, y bueno, al pensarlo, no estaba muy seguro de que respuesta dar. Así que antes de decir algo delatador, optó por seguir con su malísima confesión.

—Bueno, esto… lo que decía —vio varias sonrisitas pero las obvió—, entre que estaba un poco borracho y que apareció Ricky, bueno… una cosa llevó a la otra y… me… —Alejandro se pasó una mano por la cara—. Joder, me lo follé, y ya.

Ricky asintió, encogiéndose de hombros como si eso fuera lo más natural del mundo.

Julio pareció confundido, pero Iván hizo un sonido gracioso con la lengua.

—¡Ah, claro! Es lo más normal. Cada vez que me siento frustrado me emborracho y me follo a Julio, por supuesto.

—¡Eh! —se quejó Julio, entendiendo la burla, pero molestándose porque su nombre estuviera en ella.

Iván lo ignoró y se giró hacia Alejandro, apremiándole con la mirada para que dijera algo.

Era difícil, Alex no tenía una contestación para eso.

Se mordió el labio y miró a Ricky, intentando buscar una solución en su cara, pero lo único que recibió a cambio fue un bostezo y una mirada inexpresiva.

Estaba claro… ¡Le había dejado solo ante una barricada medio derrumbaba! ¡Pues si que estaba a salvo con Ricky! 

—Iván, tío. En realidad, supongo que yo… siempre supe que sentía algo especial por… Ricky, creo que… solo no me había permitido… intentar… esto… pensar que podría ser algo más que una simple… amistad. Pero esa noche… no pensaba bien y… me perdí —bufó cuando terminó aún más confuso que cuando empezó—. Quiero decir que, todo sucedió así de golpe y entonces… en lo único que podía pensar es que… quería volver a follármelo y punto —hizo una pausa y levantó ambos brazos, gesticulando violentamente mientras hablaba—. No sabía qué diablos hacer, no es fácil reconocer que te has tirado a un tío y que te mueres por volver a hacerlo. ¡Y menos a tu mejor amigo! Era malditamente vergonzoso siquiera intentar hablar con él, y entonces, llegó tu querido primo y su brillante idea de que Ricky me diera calabazas hasta que estuviera lo suficientemente histérico para darme cuenta de si estaba... ena… enamo… —lo había dicho todo corriendo, sin siquiera respirar, pero esa palabra se le atragantaba un poco—. Bueno, eso.

Iván miró sorprendido a su primo, meneando las cejas.

—¿Ahora te has convertido en una celestina gay?

Adrián se sonrojó graciosamente, agitando su mano, avergonzado.

—Joder, Iván. Ricky vino y me contó toda esa mierda, y bien… es lo único que se me ocurrió. ¿Qué consejo le hubieras dado tú? ¡Además, todo salió bien! —Adrián miró recriminatorio a Alejandro—. Deberías de estarme agradecido.

Alex chasqueó la lengua.

—No estoy yo muy seguro de eso.

Iván se rio y Julio negó con la cabeza. Ricky en cambio, se acercó lentamente y acarició el cuello de Alejandro de nuevo con sus dedos fríos, volviendo a hacer que su amante se estremeciera.

Después se relamió los labios y Alex se estremeció de nuevo, pero estaba vez por una razón muy diferente.

—Te hubieras arrepentido toda tu vida. No todo el mundo tiene el honor de pasar una vida a mi lado. Y… piénsate la respuesta, «cariño».

Alejandro le sonrió, agachándose –ahora sin vergüenza– y dándole un suave beso en los labios.

—Lo admito, «cariño». Además, todavía tienes jodidamente cerca esa botella de vino. No quiero tener que pasar las uvas en una caja de pino.

Ricky asintió conforme con su respuesta. Después, con pasos ligeros, se giró sobre el mueble de agujeros, donde Alejandro dejaba sus queridas «botellitas».

—¿Deberíamos usar entonces, éste… —miró la etiqueta—, Pesquera Crianza, para celebrar?

Alejandro volvió a quitársela de las manos, pero esta vez, con una ansiedad más evidente.

¿Pero qué diablos? Ricardo apretó los dientes. Él no entendía mucho de vinos pero… ¡esa no debería valer ni un tercio de la otra!

—Esta la tengo reservada para otra cosa. Coge la tercera de la última fila… ¿por favor? —añadió al observar la cara contrariada de Ricardo.

Con un suspiro, Ricky obedeció y Alejandro sintió que por fin, después de tanta tensión, conseguía relajarse un poco.

Iván se asomó por encima de su hombro y leyó la fecha del vino… 1978. No tardó una sonrisita en aparecer en su cara y por supuesto, Alejandro supo que había sido bien cogido por los huevos.

—Ni una palabra.

Iván se echó la llave en la boca con un gesto de mano y la tiró sobre un hombro, después de otra ligera risita, por supuesto.

A los pocos minutos, todos se encontraban sentados en los sillones y frente a la pequeña mesita de fino cristal que había en medio. Ricky llegó con cinco copas, se acomodó a un lado de Alejandro y cogió la botella.

Hizo graciosos ruiditos mientras la abría, como si estuviera a punto de morirse por hacer tanta fuerza y soltó el tapón sobre la mesa.

—¿Quién quiere vino? ¡Ah, a quién no le guste ver cuatro huevos que se abstenga!

Todos se echaron a reír.


* * * * * * * * * * * * *


Caliente… Alejandro se inclinó hacia delante, apretándose con más fuerza contra el duro cuerpo bajo él. Embistió de nuevo, sintiendo el apretón, el calor… se relamió los labios, acariciando con su mano libre las formas del estómago de Ricky, presionando sus dedos mientras intentaba mantener un ritmo rápido y conciso.

Se sentía tan bien.

Con su mano izquierda levantó una de las piernas de Ricky, cogiéndola por debajo de la rodilla y manteniéndola separada para él.

¡Qué delicia!

Volvió a echarse hacia delante, sintiendo los primeros calambres en su ingle, acariciando suavemente con la nariz el cuello de Ricardo, lamiéndole ese delicioso tendón que se formaba cuando el placer lo ponía rígido por la tensión, por la desesperación.

Ricky jadeó, soltando una risita cuando el agarre a su pierna le obligó a curvar también su espalda para no hacerse daño.

—Hoy estás… muy participativo —masculló Ricardo, abriendo la boca de la sorpresa cuando un fuerte golpe fue hacia sus caderas. Gimió, aprendo los dientes y disfrutando en silencio del intenso placer—. Eso es… oh joder…

Ricky se agarró a las sábanas, levantando más las caderas, dándole más facilidad para que las embestidas fueran aun más profundas. Alejandro rugió sobre su pecho, dándole desesperadamente con la nariz en el cuello, buscando alguna clase de contacto para sentir aun más real toda aquella excitación que los rodeaba.

Oh, como le gustaba a Ricardo eso. Sentir que Alex se desesperaba lo suficiente para no saber ni lo que hacía. Los dedos sujetando sus muslos, presionándolo, reposándose en él mientras seguía con ese movimiento de caderas tan magnífico, y Dios… Ricky acompañó el ritmo con unos bajos y suaves jadeos que solo consiguieron calentar aún más a su pareja.

Alex bajó la cabeza y le mordió en el cuello. Ricardo aprovechó para engancharse a sus hombros y bruscamente, apremiarlo a que acelerara, a que lo hiciera más fuerte, jadeándole esas obscenidades al oído que sabía que tan loco ponían a Alejandro.

El rugido no tardó en llegar, Alex metió la cabeza en la curvatura de su hombro y siguió empujando, un par de veces más, estaba cerca. Ricky lo reconocía, cuando ponía esa voz, cuando sentía el placer subiendo y cegándolo, su tono se volvía ronco, y le rugía como un animal, y eso… eso era malditamente caliente.

Ricky alzó sus piernas aun más, intentando colocarse en la mejor posición, que la presión hiciera efecto en el lugar donde él quería. Y entonces… entonces lo sintió, esos desesperantes pinchazos que lo volvían loco.

—Alex… Alex… —jadeó, arañándole con una mano el hombro mientras que la otra serpenteaba entre ellos hasta colarla entre ambos estómagos. Se rozó la punta, la presionó, y después bajó su piel todo lo posible. El gritó no tardó en escapar de sus labios—. ¡Oh dios!

Alejandro se relamió los labios, sintiendo como el sudor del cansancio bajaba por sus sienes, recorriendo sus mejillas. Pero no podía parar ni para limpiarse, ahora no, no en este momento. Sentía los golpes de la mano de Ricky mientras se la sacudía contra su estómago. Un movimiento desesperado, totalmente similar a la mueca que tenía Ricardo.

Amaba su cara cuando estaba a punto de correrse, como sus mejillas se encendían y sus pestañas se adueñaban del largo de sus ojos cuando los cerraba con fuerza. Como movía su cabeza hacia los lados de forma desesperada, abría esa maravillosa boca, formando una pequeña y sexy «O» que solo le provocaba más ideas morbosas.

Acarició su barbilla, metiendo un dedo entre sus labios. Los ojos verdes de Ricky se abrieron con una expresión maliciosa y completamente caliente, que hizo a Alejandro revolverse de placer, sin contar el que ya estaba sintiendo.

Cuando creía que estaba a punto de correrse, Ricky sacó su lengua y envolvió juguetonamente su dedo, parando su propia masturbación y alzando suavemente las manos por los costados de Alex. El sutil pero doloroso mordisco en el dedo, provocó que Alejandro ralentizara sus movimientos, evitando llegar a un –sin duda– impresionante orgasmo.

Se permitió un tiempo para respirar más suavemente, siguiendo con un movimiento ahora más calmado.

—Mierda, iba a correrme… maldita sea.

Ricky soltó una risita, dándole un toquecito con la lengua a ese dedo que aun se mantenía entre sus labios.

—Lo sé, ¿por qué te crees que lo he hecho? Todavía no estoy satisfecho. Quiero más.

Alejandro abrió la boca y tomó una larga y profunda inspiración.

Casi podía jurar que sintió un relámpago de placer bajarle por la columna cuando escuchó esa… provocativa frase. Bajó la cabeza y la sacudió, intentando mantener un ritmo suave mientras acariciaba esa boca y con la otra mano magreaba el duro muslo que mantenía alzado.

¡Definitivamente, ese bastardo lo iba a dejar seco!

Pero que lo condenaran si fuera a quejarse por ello.

Ricky subió un poco la pierna derecha, acariciándole el pecho a Alejandro mientras ambos se recolocaban mejor. Se sentía tan bien. Ricardo no podía, y mucho menos quería, dejar de sentir ese placer. Le gustaba duro y rápido, pero algunas veces, le apetecía dejar que los minutos corrieran, que pasara el tiempo mientras Alex se resbalaba dentro de él, jodiéndole mientras despacio, se masajeaba su propia erección.

Era el cielo.

O eso creía, hasta que el tono del móvil rompió su fantasía.

El himno del Madrid canturreó dentro de la habitación, primero más bajo hasta que se escuchó claramente. Ricky se lo pensó, sobre todo porque Alejandro seguía moviéndose, tocándole por todos lados, besándole el pecho, lamiéndole los pezones, oh… no quería dejar de sentir eso.

Pero… una sonrisita maliciosa se le escapó cuando vio el identificador de llamadas y el nombre de la persona en cuestión. Alargó la mano y sujetó el móvil entre sus dedos, apoyando la cabeza sobre la almohada mientras se lo llevaba a la oreja.

Alejandro frenó en seco, todavía con su erección caliente y profundamente enterrada en Ricky. Alzó una ceja y se inclinó hacia delante, arrugando la cara ante el suave apretón que sintió con el rápido movimiento.

—No lo cojas —gruñó, apoyándose ahora en el pecho de Ricky mientras seguía moviéndose, ahora más rápido.

Ricky simplemente le sonrió, cosa que no presagiaba nada bueno, y pulsó el botón.

—Dime, Fran.

Alejandro jadeó por la sorpresa, quedándose quieto y apretando la cara contra el hombro de Ricky.

¡Este maldito bastardo! Siempre tenía que molestarle de una u otra manera.

Con un gruñido de fastidio, intentó separarse. Lo que no esperaba, es que Ricardo envolviera las piernas alrededor de sus caderas y lo impulsara hacia delante.

El gemido de ambos no tardó en aparecer. Alejandro estaba jodidamente avergonzado, intentando negarse a sí mismo ese placer, mirando de reojo el móvil mientras escupía alguna maldición.

Ricky volvió a reírse, sin dejarle escapar, meneando suavemente sus caderas, haciendo el trabajo él solo, curvando su estómago hacia arriba y hacia abajo, observando con un malicioso regocijo como Alejandro encogía la cara por el placer y se sujetaba a sus rodillas para no caer sobre él y follárselo rápido y duro.

Fran parecía seguir hablando por el móvil, ya que Ricky de vez en cuando asentía y hacía ruiditos de entendimiento. Alejandro se iba a volver loco, quería retirarse, pero le tenía bien sujeto. Sentía los talones de Ricky presionados contra sus nalgas, ¡a veces, hasta le golpeaban y le arreaban para que se moviera!

Tenía que resistirse, ese maldito de Ricardo solo quería divertirse a su costa, viéndole morirse de la vergüenza. Pero entonces, un lento y sensual movimiento de lengua llamó su atención. Ricky se lamió los labios, metiéndose un dedo y mojándolo, bajándolo por su pecho, rozándose el pezón izquierdo, desplazándolo por el estómago y golpeando la punta de su propia erección.

Ricky meneó ambas cejas tentadoramente y ese fue el momento en el que la mente de Alejandro se fundió. Lo había sabido desde un primer momento, no había manera de que pudiera ganarle a Ricardo. Pero ninguna, vaya.

Se lanzó como un animal sobre él, sujetándole las piernas y jodiéndolo con fuerza. Ricky asintió en una muy complacida afirmación, apretándole la nuca con su mano libre mientras seguía sacudiendo sus caderas contra las de Alex, animándolo a más, mucho más.

Otra risita vino justo antes de que Ricky apretara el móvil contra su oreja, el cual había estado a punto de caer en la última maniobra.

—No me pasa nada —Alex lamió la barbilla de Ricky, apretándose contra él y entendiendo que le hablaba a Fran—. En realidad, me has pillado con algo entre manos —después de un leve silencio y un ruido extraño al otro lado de la línea, Ricardo jadeó graciosamente—. No, bueno, sería más literal decir: «me has pillado con algo entre piernas».

Alejandro soltó un bufido de asombro por la total desvergüenza de Ricky y, lo peor de todo, es que era él quién se sonrojaba mientras que Ricardo simplemente se reía por cualquier frase de protesta que habría dicho Fran.

Al final se rindió, separándose del cuerpo de Ricky y sentándose en el filo de la cama. Vaya, le gustó la cara de incomprensión que había puesto el muy bastardo. Parecía que por fin se daba cuenta que era una persona y no un maldito vibrador.

Ricardo sintió frío ante la pérdida del enorme calor que Alejandro le proporcionaba, pero lo que más echó de menos fue su presión, los empujes y el ligero placer. Le lanzó una mirada recriminatoria cuando ahora, con menos ganas de bromear, prestó atención a lo que Fran le decía.

Frunció el ceño.

—Sí, sí. Lo sé —de repente, su cara se transformó en una de indudable incredulidad—. ¿Qué? ¿Anoche? Joder… me podías haber llamado antes.

Alejandro intentó entender parte de la conversación, mientras acariciaba lentamente su erección para que no se bajara. Ricardo parecía feliz por algo, transformándole la cara en una mueca muy poco habitual.

La suave sonrisa de Ricky consiguió que Alex se desprendiera de su frustración y se colocara de nuevo en la cama, al lado de donde su amante seguía tendido. Continuaba sin escuchar la conversación, pero era agradable ver las diferentes expresiones que ponía.

No supo por qué, pero ese lado también le calentaba, y joder… habían estado follando hace unos segundos. El calentón no se le iría así como así.

Acarició con su mano el pecho de Ricky, rozando el ligero vello castaño que lo cubría, recibió un meneo de cejas y una sonrisa, a lo cual Alejandro no pudo evitar corresponder con otra.

—¿Eh? —Ricardo soltó una fuerte carcajada—. ¡No me digas! Has tardado varios años en cumplir, pero que no se diga, una vez que lo has hecho te has portado como todo un hombretón. ¡Di que sí!

Alejandro seguía sin captar nada, pero el estado de ánimo de Ricky era contagioso. Bajó su mano un poco más, dándole una rápida sacudida a la polla de Ricardo, el cual no pudo evitar soltar un ligero ronroneo. Para su sorpresa, levantó el pulgar y asintió con la cabeza.

Trabajo bien hecho.

Alejandro no pudo evitar, ahora sí, reírse como un imbécil, tocándole seguidamente con más suavidad, con movimientos rítmicos pero controlados. Ricky continuó hablando con Fran, pero se notó que su voz cambiaba. Después de unos pocos segundos y que Ricardo se revolviera y apoyara la cabeza contra la almohada lamiéndose los labios, suspiró y decidió dar por terminada la llamada.

—Ey, Fran, tío. Estoy a mitad de un polvo, así que… colgamos o si lo prefieres, te puedo dejar el manos libres. Sé que hace mucho que no mojas, con eso del embarazado y demás… puedes hacerte un apaño a mi costa, después de todo… es una fantasía que siempre he tenido.

Alejandro iba a protestar y ya tenía los dedos preparados para darle un fuerte pellizco al sinvergüenza ese, cuando a diferencia del resto de la conversación, el «que te jodan» de Fran se escuchó alto y claro.

Ricky alzó el móvil y se lo puso justo sobre la boca cuando gritó:

—¡Eso es lo que quiero! —y colgó. Con toda la tranquilidad del mundo, se giró hacia Alejandro y se acomodó a su lado, a todo lo largo de su cuerpo, por supuesto, sin dejar que quitara la mano con la que enfundaba su necesitada erección—. Y ahora… a lo nuestro.

Alex no sabía si reír o gritar, no tenía palabras para definir a Ricky.

—Eres un completo diablo.

Ricardo hizo un ruidito curioso con la garganta. El brillito malicioso volvió a sus ojos y Alex no tuvo tiempo para prepararse cuando ya lo tenía sobre él. Ambas caderas presionadas, sus pollas frotándose juntas. Ricky acarició el pecho de Alejandro, entrelazando sus dedos con el vello negro y rizado que poblaba su torso.

Estiró bruscamente de la punta de uno de los oscuros pezones, antes de bajar y susurrarle lenta y provocativamente al oído:

—Puedo ser mucho más malo que esto, cariño —Ricky separó sus piernas para poder sentarse sobre las caderas de Alejandro, moviéndose eróticamente de adelante hacia atrás, despacio, rozándose, presionando con la palma de su mano ambas pollas juntas sobre el estómago de Alex—. He tenido cinco meses para darme cuenta de que no hay inhibiciones contigo, no tengo que reprimirme, asustarme o tener vergüenza. Tú no vas a criticarme, no vas a reírte ni a fingir —bajó su cabeza para besarlo. Alejandro no tardó en pasar las manos por su cintura y devolverle el beso. Frotando sus labios, haciendo sonidos mojados, uniéndolos en varios toques, una y otra vez, hasta que Ricky le dio un último lametón y volvió a alzarse—. Supongo que… estoy a gusto contigo, más de lo que nunca he podido estar con ninguna de mis anteriores parejas.

Alejandro no sabía que decir, estaba caliente, emocionado, y ahora se sentía el hombre más pleno del mundo. Que un tipo como Ricardo le dijera que era el mejor amante que había tenido era… era… maldita y jodidamente impresionante.

—No tienes que preocuparte por nada mientras estés conmigo. Yo… yo intentaré que tú...

Ricardo colocó un dedo sobre los labios de Alejandro, impidiéndole que continuara. Negó con la cabeza y volvió a acomodarse. Relamiéndose los labios mientras alzaba el culo.

Alejandro miró hacia abajo, esperando, sintiendo como su respiración se volvía ahora un poquito acelerada.

¿Qué iba a hacer Ricky? ¿Qué pretendía? O… lo más importante: ¿iban a follar?

Amaba esa posición, sentir a Ricky cabalgarle era el puñetero cielo.

No quiso saber la respuesta, cerró los ojos y echó la cabeza hacia atrás, esperando. Sintió el movimiento, como Ricardo agarraba su erección, como la rozaba contra algo caliente, rodeando su punta.

¡Oh Dios… la frotaba contra sus pelotas!

Alejandro jadeó y volvió a mirar, no pudo evitarlo.

Soltó un siseo ardiente cuando observó como Ricky se frotaba la parte baja de su ingle con su polla, para después deslizarla más atrás, mucho más atrás. El primer momento de estrechez sobre la punta de su erección hizo que Alex apretara la mandíbula, para después, gruñir bruscamente cuando la sintió apretujada y metida entera en el interior de Ricky.

Una risita por parte de Ricardo llamó su atención, pero la había escuchado muy lejana.  Realmente estaba demasiado cachondo para hablar o enfocarse en algo.

Pero si creía que ahí acababa todo, la llevaba clara. Ricky comenzó a moverse, saltar sobre él, menear su trasero hacia todos lados, seguramente, buscando el punto que le diera mayor placer.

Alejandro se tensó de golpe sobre la cama, llevando involuntariamente las manos hacia la cintura de Ricky, ayudándolo a caer sobre él.

—Hostias… ¡joder, joder, joder! —gritó Alex, agitando también sus caderas hacia arriba, rápido, fuerte.

Ricardo gimió, escapándosele un risita sexy y sensual. Apretó bien las rodillas contra la cama y siguió subiendo y bajando sobre Alejandro.

¡Oh sí, eso era. Justo ahí!

Ricky se acarició el pecho, bajando hasta envolverse con ambas manos su erección. Comenzó a sacudírsela con fuerza, meneando sus caderas y bamboleándolas, buscando ese placer, ese punto. Ahí estaba, podía sentirlo, sus dedos se encresparon contra su erección, masturbándose más rápido, con un movimiento más enloquecido.

Alejandro respiraba bruscamente, viendo las volutas de vaho salir de su boca. Pero el frío no hacía mella en él, era imposible. Tenía a Ricky totalmente cachondo y saltando sobre sus caderas. Con una mueca desesperada en la cara, ojos cerrados, boca abierta, y esa mano, esa mano que no paraba de agitarse, frenéticamente.

Alzó sus caderas y arremetió duro contra ese culo que no cesaba de bajar sobre él. Gritó y se aferró con más fuerzas a sus caderas. El apretón que recibió estrujándole la polla a los pocos minutos, casi lo mata, Ricky se estaba corriendo, estremeciéndose como loco, gimiendo con unos malditos sonidos roncos y alargados que opacaban los mojados y chorreantes ecos de sus embestidas.

El cuerpo de Ricardo ya estaba un poco más flojo cuando Alejandro lo abrazó con fuerza, echándolo sobre él. Comenzó unas rápidas embestidas mientras sentía aun los estremecimientos de su amante. Que placer, que gusto. Alex arremetió con fuerza y fue solo un tiro, un golpe en sus sentidos lo que provocó que todo estallara.

Gruñó desesperado y sintió como todo su fuego líquido era trasladado al cuerpo de Ricardo. Como lo llenaba, y los músculos internos le agarraban con fuerza.

Bufó con ímpetu cuando cayó sobre la cama, y posteriormente tomó aire, estaba casi muerto. Ricky todavía se mantenía sobre su pecho, con ambas piernas abiertas rodeándole la cadera.

Después de unos minutos de descanso, Ricky volvió a reír.

—La hostia puta —bromeó, mientas se levantaba y con el antebrazo se limpiaba la frente—. ¿Quién suda en invierno?

Alejandro alzó una ceja y no pudo evitar sonreír.

—Los que se ponen muy calientes, supongo.

Hubo un silencio, y Alejandro percibió algo pasar rápidamente por los ojos de Ricky. Lo conocía lo suficiente para saber que su amante quería decir algo. Alguna cosa rondaba su mente, y era algo que no sabía muy bien si compartir con Alex. Pero por eso mismo, porque lo conocía, también sabía que era mejor no preguntar. Si Ricky no decía nunca nada bueno, lo que se callaba era aun peor. Así que… mejor mantener la boquita cerrada.

—Una ducha —dijo Ricardo de repente, levantándose del regazo de Alejandro y yéndose hacia el cuarto de baño que había dentro del dormitorio.

Alejandro se alzó, sentándose en la cama y mirándose su polla ahora flácida. Suspiró. Las folladas eran impresionantes, pero mantener una buena relación con Ricky no era tan fácil.

Arrastró su culo hasta llegar al filo de la cama y miró el reloj despertador, electrónico y con grandes dígitos rojos, que tenía en la mesilla de noche al lado izquierdo de la cama.

Era solo las ocho de la mañana.

—¿Para qué llamó Fran? —preguntó, extrañándose un poco por la hora y la conversación que tan feliz había puesto a Ricky.

Se escuchó el deslizar de la mampara y después el agua correr.

—¡¿Has dicho algo?! —escuchó decir a Ricky—. ¡Espera a que termine de limpiarme el culo, que ahora estoy concentrado y no me entero!

Alejandro sacudió la cabeza y suspiró. Ese Ricardo era un completo capullo.

Sexy como el infierno, pero un capullo.

Después de unos segundos de duda, cogió de la mesilla dos calzoncillos limpios y se acercó a la puerta del baño.

Hasta Ricky sabía que iba a ducharse con él, pero siempre le dejaba unos minutos para que se aseara ciertos sitios antes de entrar. Por mucha confianza que hubiera ya en este punto, entre ellos, siempre dejaban algunos momentos de privacidad, por si acaso. O bueno, puede que Ricardo no lo hiciera, pero Alejandro intentaba ser un poco considerado.

Nunca sabías cuando Ricky se podía sentir insultado y voltearse con un buen puñetazo.

—Te he dicho: que para qué llamo Fran.

Desde allí, podía ver la silueta de Ricky a través de la semitransparente mampara. En ese momento, y haciendo verídicas las palabras anteriores, se estaba limpiando el trasero.

Sí, señor.

¿Lo estaba intentando provocar? Porque Alex dudaba que pudiera con otro asalto.

—Mi hermana ha dado a la luz. Anoche. Gemelos.

Alejandro abrió la boca y se acercó al lavabo, sujetándose a él con una suave sonrisa.

—Joder, gemelos —susurró algo sorprendido—. ¿No lo sabías?

—¿Lo de los gemelos?

—Ajá —respondió Alex, decidiendo que era el momento y abriendo la mampara para meterse dentro.

Ricardo le hizo sitio, cogiendo la botella del gel y lanzándosela a Alejandro.

—Pues no. Según Fran, era una sorpresa. Ni él lo sabía. Elisa se lo estuvo guardando todos estos meses. Es una jodida perra… aunque ya decía yo que estaba enorme.

Ricky se frotó el cabello, juntándose bien el champú y revolviéndoselo hasta llegar a la nuca.

Alejandro aspiró el aroma afrutado y cerró los ojos. Le gustaba mucho, demasiado. Siguió lavándose, ahora él, su propio cuerpo, para que su mente no volviera de nuevo a cauces oscuros y peligrosos.

—¿Una jodida perra? —preguntó Alex graciosamente, pasándose las manos llenas de gel por las axilas para posteriormente llegar a sus costados—. Os parecéis.

Ricardo abrió la boca con una graciosa mueca ofendida, para después darle una palmada en el pecho a Alex, con el revés de la mano.

—Vaya, no sabía que para ti era una jodida perra. Creo que es lo más romántico que me has dicho nunca.

Alejandro chisteó con la lengua, pasándose ahora su mano por la entrepierna y el trasero. La espuma embadurnando todo su cuerpo.

—Me refiero a ese gustito por las bromitas y las sorpresitas. A veces podéis ser muy petardos.

Ricky sonrió, acercándose a Alex y frotándole la espuma del pecho con ambas manos. Después se apoyó cómodamente contra su cuerpo y le dio un lametazo en la barbilla.

—No voy a negarlo. Pero yo sé lo que a ti te gustan mis sorpresitas —sonrió más ampliamente cuando Alex puso un gesto de rendición. Tampoco es que pudiera negarle eso. Así que simplemente, Ricky se separó, colocándose bajo el chorro y aclarándose el pelo—. ¿Vas a venir conmigo al hospital?

Alejandro alzó las manos para frotar el pelo de Ricky, con cuidado de que no cayera espuma sobre sus ojos. Deslizó los dedos entre el fino cabello, ahora un poco más oscuro al encontrarse mojado, y pasó una mano por su frente, con suavidad.

—Por supuesto, después de todo… es el único sobrino que tengo —dijo tosiendo, mientras se alejaba un tanto avergonzado por concederle ese punto a Ricky.

Para sorpresa de Alex, que esperaba alguna risita o respuesta burlona, Ricardo sonrió. Sanamente, que era lo peor. Dándole un golpecito amistoso en el pecho con el puño cerrado antes de salir de la ducha.

—Te espero fuera… «tío» —susurró graciosamente.

Alejandro hizo un ruidito de asentimiento y quedó bajo el chorro de la ducha. Demasiado avergonzado, y tontamente feliz, para moverse.

¡Como quería al maldito bastardo!


* * * * * * * * * * * * *


Ricky miró hacia el pasillo antes de apoyar la mano en el pomo de la puerta cerrada. ¿Dónde diablos se había metido Alejandro? Habían llegado juntos, estaban hablando y de repente, se había girado y Alex ya no estaba.

Podía haberlo buscado, pero tampoco estaría muy lejos, suponía.

Cogió el pomo de nuevo, sin girarlo, todavía pensativo.

Se estaba comportando un poco neurótico con Alejandro. Por lo menos, ya había reconocido delante de sus amigos que eran pareja, y aunque a veces, pareciera que seguía avergonzándose de alguna que otra cosa que decía, casi podía asegurar que Alex lo había aceptado por completo.

Bufó ante su pobre auto convencimiento, pero no había ninguna razón por la que sospechar que le estuviera poniendo los cuernos. Tampoco que se hubiera cansado y quisiera volver de nuevo a las mujeres.

¡Por Dios, si iba a resultar que el rol que jugaba en la relación le venía mejor de lo que hubiera pensando! Si, sin duda, se estaba comportando como una mariquita celosa, y en cierto modo, le hacía gracia.

¡Oh, si Alex sabía lo que le convenía, que se abstuviera de ir de picos pardos por ahí, porque como se enterara…!

Bueno, bueno, aunque disfrutaba mucho de su morbosa imaginación repleta de sangre, entrañas y órganos irreconocibles, ahora lo que le interesaba –sin contar las dudillas sobre el otro bastardo– era entrar ahí y ver esos dos bichitos que habían venido al mundo.

Nunca imaginó que la idea de tener dos sobrinitos le hiciera tanta ilusión.

Golpeó la puerta, y por fin, giró el pomo, asomando solo la cabeza en vez de entrar a la habitación.

Sonrió ampliamente cuando vio a su hermana Elisa, sentada en la cama, acurrucada entre las mantas por el frío. El cabello rubio le caía suelto y a su aire sobre los hombros, tenía los ojos almendrados entrecerrados y brillantes, sus mejillas sonrojadas… simplemente, Ricky no tenía palabras para describir lo hermosa que se veía.

Ella le sonrió y movió un poquito los brazos, mostrándole un bultito bien envuelto en una manta de color azul. Desde allí no podía verlo bien, pero el sentimiento surgió: un calorcito, una ilusión que le formó una sonrisita tonta en la cara.

—¿Dónde están los monstruos? —intentó bromear, para que no se le notara que le habían tocado la vena sensible.

—Entrando por la puerta —contestó Fran, con una expresión un tanto contradictoria, ya que mantenía el ceño fruncido pero las comisuras de los labios elevadas.

¿Estaba feliz o mosqueado? Ricky no podía asegurarlo y eso solo le dio ganas de reír.

Por otro lado, se carcajeó falsamente y le enseñó el dedo especial a su cuñado. Suponía que con eso, ya lo había dicho todo. Fran, en cambio, se encogió de hombros y miró al bultito que también cargaba entre los brazos. Estuvo claro, se lo hubiera devuelto si tuviera las manos libres y ya era muy mayor para seguirle el juego y sacarle la lengua.

Ricky se hubiera conformado con un guiñito.

Elisa sacudió la cabeza, como si las bromas entres ambos hombres no tuvieran importancia. Hizo una mueca a su hermano y le animó a que se acercara.

—Ven, mira. A ver a quién crees que se parece…

Ricardo no quiso reírse ante el comentario, así que simplemente se acercó a su hermana y le dio un beso en la frente antes de asomarse a mirar al bebé.

Tenía una carita pequeña y redondita pero su color era algo amoratado, sus ojos mantenían una forma alargada. Ricky se mordió el labio, era feo como el infierno.

¿De verdad, que tenía que sacarle parecido a la cosa esa?

—Esto… —dijo dudoso, intercambiando miradas con Fran, quién ya suponía lo que su cuñado estaba pensando. Después de unos segundos suspiró, ¿qué más daba?—. Elisa yo… lo siento pero… si fuera mi hijo, lo echaría al váter y tiraría de la cisterna. Dios… es la cosa más fea que he visto en mi vida.

—¡Oye! —gritó Elisa sorprendida, mirando a su hermano con unas graciosas cejas fruncidas, después giró bruscamente la cabeza hacia su marido—. Fran, ¿estás oyendo lo que dice de tu hijo?

Fran tosió, para después mirar al otro niño y alzar una ceja. Parecía estar pensándolo mucho, cosa que solo cabreó más a Elisa.

—Creo que sigo pensando que se parece a Ricardo.

Ricardo abrió la boca, ¿a él? ¿Esas cosas se parecían a él?

—¡Y un demonio! Se parecerán a su padre.

—Se parecen a su tío.

Elisa no sabía si enfadarse o reírse. Estaba demasiado cansada, ni siquiera para entrometerse o pensar que decir, así que intentó disfrutar de la pelea mirándola con buen sentido del humor. Después de todo… se trataba de su hermano y todos sabían que su cerebro funcionaba de forma diferente a lo normal.

Las frases tontas y las risitas siguieron hasta que se escuchó un crujido venir de la puerta.

Alejandro había entrado despacio, intentando no hacer ningún ruidito innecesario ya que no sabía, a ciencia exacta, que se cocía dentro, aunque por los gritos que había escuchado desde el otro extremo del pasillo, lo que era durmiendo… no, seguro.

—Hola… ¿qué ocurre?

Elisa le devolvió el saludo, pero terminó suspirando.

—Pasa, y ayúdame un poco con estos dos idiotas.

Fran y Ricardo se miraron, algo contrariados por el adjetivo que había soltado Elisa. Sin embargo, a pesar de que Fran se reacomodó en su silla y que Ricky se sentó en la que tenía justo al lado, ambos no pudieron resistirse a decir la última palabra.

—Se parecen a ti —soltaron a la vez.

Alejandro parpadeó un par de veces y se cruzó de brazos. En un primer momento, había pensando en acercarse y felicitar a la nueva mamá pero, ahora, se sentía un poco fuera de lugar.

—¿Os estáis peleando por a cuál de los dos se parecen más los bebés? —era una pregunta, pero el tono incrédulo dejó plasmado lo ridículo que Alex encontraba tal hecho.

Elisa sacudió la cabeza y con algo de pena, dijo:

—En realidad, se están peleando por cuál de los dos es más feo.

Alejandro metió las manos en los bolsillos de sus vaqueros, a la vez que intentaba no mostrar mucho de sus pensamientos a través de la expresión de su cara. Es decir, lo primero que creyó, es que estaban hablando de los niños, pero después pudo deducir que en realidad, se trataba de otros dos niños más adultos.

Dio unos pasos hasta colocarse al lado de Fran, asomándose para poder ver al bebé. Apretó la mandíbula para no soltar una carcajada. No sabía que decir, que no sonara lo suficientemente insultante, para evitar que Elisa se cabreara. Pero ahora entendía el énfasis que tanto Ricky como Fran habían usado para ganar la mini pelea.

Gracias a Dios que no compartían sangre.

Cuando percibió la mirada de los tres presentes en él, Alejandro se vio un poco acorralado, pues todos esperaban que dijera algo.

Bien, vale… ¿y ahora qué?

No podía decir que tenía mejillas regordetas porque más que bebés parecían conejos, tampoco podía hablar de sus ojos, que parecía dos almendras o su colorcito, ya que estaban amoratados.

—Esto… parecen… que tienen… han nacido con poco pelo, por lo que veo.

Ricky se echó una mano a la boca, girándose e intentando que la risotada no escapara. Aunque se notaba a leguas que estaba conteniéndose.

Fran asintió conforme con lo dicho por Alejandro, y Elisa, la pobre, volvió a suspirar.

—Agradezco tu intento de ser considerado. Vale, no son los bebés más bonitos del mundo, pero… no sabéis lo que me ha costado parirlos, ¡joder!

Alex reposó el peso en un pié y en otro, sin saber que decir, la actitud de Ricky ahí, casi muerto de la risa, tampoco ayudaba. Respiró hondo, y sin pensárselo mucho, se acercó a la mujer y le dio un suave beso en la mejilla.

_—Felicidades, mamá. Y tranquila, supongo que… bueno, acaban de nacer, ellos están bien y tú también, creo que eso es todo lo que importa.

Elisa no pudo evitar sonrojarse, agachando la cabeza y apretando al bebé contra su pecho. Parecía una tonta con esa reacción, pero había sido malditamente dulce viniendo de un tipo grande y duro como Alejandro.

—Gracias, vaya… eso sí que es una bonita felicitación —miró acusadora a su hermano, con un claro ceño fruncido—. Deberías aprender, que he pasado lo mío para que salieran estos dos.

—Sí, sí… —soltó Ricardo, bastante sorprendido de que la acción de Alex le hubiera molestado un poco. ¿Ahí iba de nuevo? Se estaba convirtiendo en un imbécil, o puede que estuviera algo… frustrado. Sonrió internamente de forma malvada y se recreó en la pervertida imagen mental que le vino a la cabeza. Puede que supiera la manera de desfogarse. ¡Oh! Ahora que pensaba en eso… giró el cuerpo hacia su hermana y apoyó ambos codos en la cama, mirándola con un brillito entre gracioso y pillín, en los ojos—. Para echar estas dos cosas por ahí… —dio un cómico repelús—, me imagino eso de sacar un melón por un hueco del tamaño de una aceituna y... ¡Ay! —volvió a sacudirse en la silla.

—Dos melones —agregó Elisa medio riéndose—. Creo que no voy a volver a quedarme embarazada en la vida, es hermoso pero… ¡Dios, creía que iba a reventar! ¡Que me iba a morir! —la mujer negó con la cabeza, aunque su tierna mirada no se separaba de la carita de su bebé—. Creo que con estos dos niños ya tengo más que suficiente.

Fran no podía dejar de pensar en melones y aceitunas, sin saber si debía sentirse escandalizado o, por el contrario, sorprendido por la tan específica, pero a la vez verídica, comparación. 

Eso también le trajo otro recuerdo, una vieja rencilla mañanera que había tenido con el bastardo de su cuñado y que todavía tenía que cobrarse.

—Hablando de cambiar tamaños, tu deberías saberlo bastante bien, ¿no, Ricardo? —Fran no se inmutó con la cara impresionada de su mujer o el color encarnado que había cubierto las mejillas de Alex—. Aunque en realidad, supongo que no se puede ni comparar, ya que… por lo que pude escuchar esta mañana, estabas en la puñetera gloria…. ¿verdad? —y encima terminó con un tono de lo más inocente.

Alex sintió que le metían un balazo en toda la frente, o puede que más bien un cañonazo, ahora mismo no estaba muy seguro. Fran siempre le había tenido ganas a Ricky, pero este golpe había estado muy bien encajado. Tanto que hasta él mismo, se había sentido avergonzado, que diablos… era culpa de Ricardo, después de todo… siempre estaba pidiendo esas pullitas a bocajarro con lo bastardo que era.

Ricardo, a diferencia de su pareja, parecía más divertido que otra cosa. Sonrió maliciosamente y se cruzó de brazos, alzando la vista de forma altiva hacia Fran.

—¡Una broma de maricones! Creía que nunca la harías. He estado esperando todo este tiempo, pensando en miles de réplicas, pero desgraciadamente, la gente que me rodea es demasiado tolerante… ains… —parecía hasta desilusionado y Alejandro sintió unas ganas horribles de pegarle una colleja por eso—. Bueno, como bien dices, no tiene comparación. Puede que Alex se menee muy bien, o simplemente que ya tiene el puntillo cogido. El caso, que cuando me la met…

—¡Ya, hombre! —gruñó Alex, colocándose rápidamente detrás de Ricky y casi cayendo en el camino para poder taparle esa maldita boca—. Nada de bromas sobre maricones, ni tamaños de agujeros, ni nada parecido… ¡por el amor de Dios! —suspiró—. Deberían darme un sueldo solo por intentar domesticarte, bastardo.

Ricky se quitó las manos de la boca en dos estirones, antes de sonreírle y guiñarle el ojo.

—¿Domesticarme? ¿Soy un animal? ¿Es por eso que la posición que más te gusta es la del perrito? ¿No es esta la segunda vez que te acuso de zoofílico

Alejandro notó como su mandíbula caía.

¡Pero… ¿con que habían criado a ese capullo? ¿Con leche o whisky? Porque realmente le había afectado al cerebro!

—Eres un completo gilipollas, pero me conformo con que te quedes callado durante unos cinco minutos, ¿vale? Ahora respira hondo e intenta encontrar las neuronas que te faltan o tendré que buscarte un maldito bozal antes de que me vuelvas loco.

Ricky lo miró fijamente y Alex tragó saliva, sin saber si se había molestado o algo parecido. Mierda, y eso que había estado intentando, durante todo el último mes, calmar los vientos para que su relación fuera bien.

Al final, y para su completo alivio, Ricardo le sonrió, pero el brillito malicioso en sus ojos no desapareció. Eso no era bueno, para nada.

—Un bozal… no sabes todas las cosas que se me ocurren para utilizarlo, si cogemos y te lo atamos en…

—¡Ya! —gruñó Alex, sintiendo los ramalazos de calor perforándole los carrillos.

Ricky se encogió de hombros y se giró hacia su hermana, sonriéndole inocentemente, aunque no engañaba a nadie, vaya.

—¿Quieres cogerlo? —preguntó Elisa, intentando cambiar la conversación. Solo obtuvo una sacudida de cabeza y las manos en alto: Ricky parecía tener delante todo un arsenal apuntándole.

—Oh, no. Ni hablar. Yo no cojo esa cosa. ¿Y si se me cae? Vamos… lo desarmo. Aunque bueno… tampoco creo que quedara mucho peor, pero no. Me abstengo.

Otra vez estaba Alex tentado a pegarle una buena colleja. Puede que lo del bozal no fuera tan mala idea… después de todo.

Elisa puso cara decepcionada, dándose por vencida con su hermano cuando el bebé se removió un poquito, y empezó a lloriquear, pero suavecito, para nada de forma escandalosa. La mujer intentó mecerlo pero por desgracia, el otro bebé también se hizo eco, así que al instante ya tenían una verbena montada.

Alejandro puso cara de circunstancias, pues… por un lado estaba Elisa intentado callar a su bebé, y por otro Ricky, riéndose de los desastrosos esfuerzos de Fran. Sus maniobras parecían algo peligrosas y torpes, y Alex se sorprendió así mismo acercándose a Fran en un impulso, extendiéndole los brazos con una expresión decidida.

—¿Me permites?

No había palabras para describir la cara de tontaina que se le quedó al pobre hombre, sin embargo, se levantó y dejó que Alejandro se sentara en la silla antes de pasarle al niño. Pero ahí no quedó todo, nadie escondió su asombro cuando a los pocos minutos, el bebé que Alex tenía pareció dejar de berrear, convirtiéndose en un lento lamento que poco a poco fue cesando.

—¡Oh, gracias! —expresó Elisa, que ahora, después de la preocupación del momento, se le empezaban a notar los rastros de cansancio por la actividad nocturna. Cuando el bebé que mantenía en sus brazos, también pareció calmarse, la pobre mujer suspiró—: gracias a Dios.

Alejandro le sonrió, y miró al bebé que sostenía, balanceándolo suavemente. Le acarició la carita y le puso un dedo en el labio inferior, el niño no tardó en mover su boquita, aunque los ojitos seguían cerrados.

Era una imagen hermosa, Ricky que estaba justo frente a Alex, no sabía cómo describir la escena. Es verdad que a un hombre como Alejandro, no le pegaba para nada tener a un bebé encima, y sin embargo, se veían extrañamente… compatibles. Como si les envolviera una aura serena, tranquila, y hasta casi se arriesgaría a decir… dulce.

La expresión tierna de Alejandro fue lo que más le llamó la atención.

—Alex tío, creo que… es una tontería pero… juro, que en este momento, te pareces a la Virgen María —lo peor de todo, es que la broma salió tan seria que ninguno pudo ni reírse.

Elisa y Fran se volvieron hacia Ricardo con la boca abierta, ¿pero qué clase de comparación era esa?

—Vete a la mierda —fue la única respuesta de Alejandro. No perdió su tiempo en ponerle más atención al bastardo de su novio. De todas formas, Ricky sería un capullo hasta el final de los tiempos.

Ricardo se sintió un poco molesto porque lo ignoraran, después de todo, esta vez, no había sido una broma. Solo había dicho lo primero que le pasó por la mente al ver a Alex tan cómodo con el bebé en brazos.

Era una imagen bonita, si… pero ahora que se paraba mejor a replanteárselo, había algo que también le molestaba. Eso y que se estaba haciendo tarde para algunos recados que tenía pendientes para mediodía.

Estaba a punto de levantarse con una rápida despedida –ya que, de todas formas, pensaba volver después de comer– cuando dos golpecitos en la puerta volvieron a sonar.

Vaya, pues si que estaba concurrida la nueva mamá.

Cuando se abrió la puerta, y la hermosa mujer entró al cuarto, Ricky sintió como todo su día se iba al demonio. Con lo bien que había empezado y al infierno con todo.

María entró despacio, sonriéndole a Elisa y agachando tímidamente la cabeza, ofreciendo un simple «Hola» y «Felicidades» a los nuevos padres.

Ricardo la observó flotar, casi literalmente, por el cuarto.

Sus ondulaciones castañas meciéndose a su espalda, acentuando más si cabe el pedazo de escote que llevaba. Inocente, no sabía si reírse o no, esa tipa se las daba de tierna y dulce, pero para Ricky no era más que una lagarta, como poco.

¿Cuántas veces había llamado a Alejandro desde que… por casualidad, había encontrado un trabajo en la capital y se había mudado en menos de un par de días?

Esta tipeja quería lo que quería, vamos si no lo sabía bien él.

Todavía recordaba la última vez que se atrevió a llamar.

Ricky la había amenazado, con dulces y suaves palabras, con arrancarle la cabeza si seguía oliéndole el culo a Alex. Le había quedado más suave de lo que en un principio hubiera querido, pero la tipa no era fácil de manejar para él, no estaba acostumbrado a las ovejitas ingenuas que conseguían lo que querían con ojitos llorosos.

María se colocó al lado de Elisa, hablando ambas sobre el bebé y toqueteándolo. Pero vamos, Ricardo tendría que estar ciego para no darse cuenta de las coquetas miradas que la mujer le lanzaba a Alejandro, y como este le sonreía bobalicón.

¿A quién le pegaría antes?

—Antes… espera. —Alejandro meció un poco al niño, que de repente, había empezado a hacer soniditos que amenazaban con terminar en llanto—. Antes me pareció verte, yendo en dirección a la cafetería, pero cuando te seguí, ya no supe por donde habías tirado.

¿Con que sí, eh?

Ricardo tenía ganas de coger Alex y darle un par de puñetazos en esa cara de tonto enamorado que tenía. La respuesta de ella, fue suficiente para terminar de repatearlo.

—Aproveché para comprar una bolsa de pipas, después fui a los servicios. Por eso, seguramente… no me encontraste. Es una pena, podríamos haber venido juntos —susurró delicadamente, haciendo como la que le hacía muecas al bebé cuando esas sonrisitas, iban claramente, dirigidas a Alex.

¿Venido juntos? ¿Pero es que no lo estaban ya?

Ricky tomó aire y apretó el puño, intentando respirar tranquilamente para no hiperventilar del coraje. Pero era superior a él. No solo sabía que esa tipa quería atrapar a Alejandro a como diera lugar, sino que encima, este parecía completamente acorde con el bebé. Ellos tres juntos, asemejaban un bonito matrimonio.

Quería matar a alguien.

—María me ha dicho que hace mucho que no os veis, creía que os mantendríais en contacto una vez que ella se mudara, pero… —dejó caer inocentemente Elisa, ignorante de donde en realidad se estaba metiendo.

María hizo señales a su amiga para que dejara la conversación pero, por la cara que puso Elisa, se veía a leguas que no entendía que quería decir la muchacha.

Alejandro no tardó en defenderse, con suavidad, pero dejando en evidencia que él también se había sentido decepcionado por ello.

—Al principio nos veíamos una vez al mes, pero después dejó de llamarme. Todavía tengo metido en la cabeza, que tuve que ofenderte de algún modo para haber cortado la comunicación tan tajantemente. —Alex bajó la cabeza y apretó la mandíbula, un poco contrariado—. Si hice algo para… molestarte, lo siento.

María negó con las manos, moviendo la boca sin que ninguna palabra escapara de ella. En realidad, no sabía cómo defenderse. Sus ojos se giraban inconscientemente hacia Ricky, no había odio en ellos, solo confusión y… nerviosismo.

Ricardo, por supuesto, la ignoró, aunque reconocía que el desistimiento de la chica para delatarlo, había hecho que le cayera un poco mejor. Lo que sí que no esperaba, es que Alejandro lo mirara de repente, con una ceja alzada y expresión de estar pensando mucho. Casi podía ver los engranajes moverse en su cabeza.

Oh, oh.

—¿Qué has hecho, Ricky? —Alejandro se levantó despacio, pasándole delicadamente el bebé a Fran, y andando unos pasos hacia su pareja. Se miraron directamente a los ojos por unos segundos. Ricky desvió la mirada y Alex, por supuesto, no lo pasó por alto—. ¿Le has dicho o hecho algo a María?

Elisa parecía querer meterse en la conversación para defender a su hermano, pero Fran le negó con la cabeza cuando sus ojos se encontraron. Era mejor quedarse al margen. Por otro lado María, si que se adelantó unos pasos, aun dudosa de si entrometerse o no.

—Ricardo no me ha hecho nada —dijo suavemente María, posando una mano sobre el brazo de Alex, apretándoselo para que la escuchara—. Entiendo y respeto todo lo que me dijo esa vez. Es normal que cuando tienes esa clase de relación con otra persona, no quieras que nadie venga y se meta por medio. Yo… —la mujer se sonrojó un poquito, sin saber cómo continuar—, juro que no sabía que erais amantes, no entendí mucho de lo que pasó en la Feria Real, pero… nunca pensé que las cosas fueran así entre vosotros. Cuando… Ricardo me habló de esa forma, es verdad que me preocupé mucho, pero Elisa me contó lo de vosotros y entonces lo entendí —sorpresivamente, María se volvió hacia Ricky y bajó la cabeza, parecía avergonzada y sumamente arrepentida—. Siento mucho lo que hice, pensé que Alejandro estaba sin compromiso, así que… perdóname.

Ricky movía la boca como un pez, sin saber que decir.

Oh, entonces… ¿había estado equivocado? Esa mujer… ¿era tan inocente como parecía? Bueno, fuera como fuera, el que se sentía arrepentido ahora, en ese momento, era él.

Sintió como se ruborizaba un poco, Ricky alzó la mano y la colocó torpemente tras su nuca, intentando pensar. Tenía muchas dudas diferentes y frases casi formadas en la punta de la lengua y, sin embargo, seguía lo suficientemente contrariado para no emitir sonido alguno.

Bufó ampliamente.

—Todas las cosas que te dije eran verdad y reconozco, que aunque me pasé tres pueblos, solo defendía lo que es mío, ¿estamos? No tengo nada contra ti mientras no te metas en los pantalones de Alex —se limpió la mano en los vaqueros y se la ofreció a la pequeña mujer—. ¿En paz?

La expresión de María cambio de tristeza a admiración. Bajó la cabeza en un movimiento suave y dulce, mientras se apretaba las manos. Sus pestañas se balancearon inocentemente varias veces antes de que, con una extrema timidez, alzara la mano y la estrechara con la de Ricky.

Fue un toque suave y rápido, pero Ricardo creyó notar algo de suave coqueteo en la acción. No estaba mal, ahora que se dejaba de prejuicios y demás, reconocía que la chica era un puñetero encanto.

—¿En paz? —volvió a preguntar, extrañado por la rapidez con la María había separado sus manos. Se veía algo incómoda y su mirada se mantenía baja. Oh, ¿era sensación de Ricky o en verdad su presencia intimidaba a la mujer? Le picó con un dedo la mejilla y sonrió malvadamente cuando María se sonrojó un poco más—. ¿No hablas? —siguió dándole con el dedo—. Guau, esto es divertido —sin duda, esa clase de actitud alimentaba su vena sádica.

—¡Eh, eh! —Alejandro se metió por medio, tomando de golpe y porrazo la mano de Ricky y entrelazando sus dedos. El apretón fue tan fuerte, que dejaba claro que no solo era un gesto cariñoso—. Supongo que ya está todo dicho, y que no hay porque echar nada más en cara. Por mi parte todo ha quedado claro —Ricardo parecía dispuesto a no dejar la conversación, y Alejandro solo le dio otro apretón para que se callara, aunque esta vez, le echó una mirada más que significativa—. ¿Tú no tenías que hacer no se qué al mediodía?

Ricky, primero, no entendió que pasaba, pero después… no pudo más que sonreír.

Así que Alejandro también tenía sus celillos por ahí escondidos, ¿eh?

Era bueno saberlo, por supuesto.

Soltando la mano de Alex, y pasando olímpicamente de María, se arrastró hacia el lado izquierdo de la cama y le dio un fuerte y sonoro beso a Elisa, apretándola posteriormente entre sus brazos hasta que la mujer, entre risitas y bromas, tuvo que decir «basta».

—Vendré después de comer, ¿te parece bien? —cuando su hermana asintió, agradecida, él se giró hacia su cuñado—: ¿Fran?

Fran suspiró, encogiéndose cuidadosamente de hombros, mientras seguía meciendo al bebé.

—Por supuesto, me viene bien, así no se queda sola. Por otro lado… —y esto iba claramente para los dos, ya que agregó a Alejandro a la conversación con una sola mirada—, dejad los espectáculos íntimos para un sitio más adecuado, ¡por el amor de Dios!

Ricardo tenía miles de contestaciones en la punta de la lengua, pero esta vez, le concedió el punto a su cuñado. Le sonrió socarrón y le guiñó un ojo, y eso era todo lo que le iba ofrecer.

Llegó junto a Alejandro y esperó unos minutos a que también se despidiera, aunque a leguas se veía que estaba un poco avergonzado por lo ocurrido. Mientras, decidió dirigirse a María, con una expresión casual y más serena de lo que hubiera creído posible no hace ni diez minutos.

—Mantente en contacto con Alex, esta vez no diré nada, siempre y cuando sea solo amistad, porque si no… —la miradita malvada hizo que María balbuceara algo incomprensible y se echara varios pasos hacia atrás—. Bueno, supongo que tú y yo nos entendemos, ¿verdad?

Ricky notó dos manos en ambos hombros, y la cabeza de Alejandro se asomó por el lado derecho de su cuello.

—¿Qué pasa?

—¿Pasar? —Ricky le sonrió inocentemente, con un gracioso pero delatador movimiento de pestañas—. Nada, ¿verdad, María?

La chica negó rápidamente con la cabeza.

Alejandro suspiró, retirándose de la espalda de Ricardo y cogiéndole de la mano. Mejor cerca para poder controlarlo que lejos y haciendo a saber qué cosas. Se volvió unos segundos hacia María, con una pequeña y escueta sonrisa, esa que le hacía verse tan atractivo y mataba fulminante a las mujeres.

Alex ignoró el chasquido de lengua de Ricky.

—Esta vez, te llamaré todas las veces que haga falta hasta que me cojas el móvil.

María se sorprendió un poco, colocándose el pelo tras la oreja en un tímido gesto.

—Podemos quedar algún día… para ir los tres a tomar algo. Podríamos… invitar también a algunos amigos más, o…

¿Qué coño le habría dicho Ricky a esa pobre mujer para tenerla tan cohibida?

Alejandro sintió ganas de pegarle todas las collejas que se había estado guardando, sin embargó, terminó acercándose a María y le sonrió todo lo cálidamente que pudo.

—Por supuesto, como tú lo prefieras. Te llamo —se giró hacia los otros dos e hizo un rápido movimiento de mano—. Nos vemos.

La despedida fue rápida, Ricky aun se entretuvo con algunas frases tontas con su cuñado antes de que Alejandro pudiera sacarlo de allí, pero al final –gracias a Dios– consiguieron encaminarse hacia el aparcamiento para buscar el coche.

Alex, todavía no podía procesar en su totalidad, lo que había ocurrido en esa habitación. Había estado creyendo durante los últimos meses, que había ofendido a María de alguna forma, cuando en realidad… fue Ricky quién la amenazó para que no se acercara a él.

Acercara a él… Alejandro tosió incómodo ante el pensamiento, aunque ni por esas recibió atención de Ricky, que parecía bastante enfrascado en un mensaje que acaba de recibir.

¿Se suponía, que tenía que sentirse halagado?

Es verdad que en el momento, sintió los calores subirle a la cara, pero ahora… era más bien su vanidad la que se estaba inflando. Después de todo, eso solo significaba que Ricky lo quería.

Lo quería lo suficiente como para rebajarse y decirle a una mujer que no se le acercara.

Guau, no sabía si su orgullo masculino se lo hubiera permitido, si hubiera sido el caso contrario. Estaba seguro que si se tratara de un hombre, podría llegar hasta golpearlo, pero con una mujer… se enfadaría, pelearía con Ricky, pero… ¿amenazarla?

Guau y más guau, eso era demasiado.

Le vino a la cabeza esa tal «Sammy» y como lo primero que hizo después de empezar a salir juntos, fue borrar su número del móvil de Ricardo. Sus pensamientos se hundieron en un brusco «puf» y se llevó una mano a la cara.

Vale, ¿qué mierda decía? Era igual que Ricky.

¿Eso era bueno…?

Alejandro estuvo a punto de tener un escalofrío.

Justo en ese momento, llegaron al coche. Alejandro lo abrió con el mando y se dirigió a la puerta del piloto, esperando a que Ricardo se acomodara a su lado, antes de arrancar.

Tamborileó los dedos sobre el volante cuando, después de salir del aparcamiento y cruzar casi media ciudad, Ricky seguía sin abrir la puñetera boca. Sus ojos castaños se giraron hacia el móvil que no paraba de rodar en la mano de Ricardo.

Ahí estaba el culpable, suponía.

—¿De quién era el sms?

Ricky bostezó, estaba acostumbrado a dormir varias horas más por la mañana, ya que últimamente todos sus turnos eran nocturnos. Pero esa mañana en cuestión, habían madrugado para hacer cosas mucho más interesantes que dormir.

Ricardo miró el móvil y se lo metió en el bolsillo antes de contestar.

—Gira en la calle de la guardería.

Alejandro, que esperaba alguna contestación a su pregunta, reaccionó tarde a la frase de Ricky, casi pasándose la calle que le indicaba. Cuando entró en ella y se paró frente a las enormes verjas de la guardería, soltó el volante de golpe y alzó una ceja, evidencia suficiente de que no entendía.

—¿Qué quieres tú de una guardería? Por Dios, con esa personalidad de mierda, tendrías que tener prohibido acercarte a menos de tres metros de un niño.

Ricky alzó ambas cejas, riéndose malvadamente.

—Diciéndolo de esa manera, cualquier pensaría que me estás llamándolo pedófilo. —Ricardo alzó ambas manos y se echó sorpresivamente sobre el pecho de Alex, acercando su cara más de lo que sería visto como un gesto casual—. Creo que te he demostrado bastantes veces, que me gustan más grandes y peludos… específicamente… -pestañeó significativamente-, todo.

Alejandro ahogó un gemido. ¿Grande y peludo? ¿Quién o qué?

Tragó saliva antes de sacar la fuerza de voluntad suficiente, para retirar al muy bastardo antes de que terminara dejándose llevar frente a una escuela llena de críos.

—A esto es a lo que me refiero con «personalidad de mierda» y «mal ejemplo para un niño» —susurró, sintiendo el impulso de no dejar que la totalidad del calor de Ricky se alejara. Se resistió lo mejor que pudo a echar para atrás el asiento y subirse sobre Ricardo. De verdad, que el bastardo lo estaba volviendo loco—. ¿Me puedes explicar qué coño hacemos aquí?

Ricardo se dejó caer contra el respaldar de su asiento y se rascó relajadamente un muslo sobre la tela vaquera. Giró la cabeza hacia Alex y lo miró provocador con una pequeña pero sexy sonrisa. Todo el cabello le caía en la cara, pero el brillo de sus ojos era suficientemente atractivo para que cualquier quedara mudo.

—¿No quieres saber a que me refería con grande y… —su mirada bajó al paquete, ahora bien apretado, de Alex—, peludo?

Alejandro se revolvió en su asiento, suspirando por el calentón que estaba teniendo. No aguantó y tuvo que meter una mano en sus pantalones para colocársela mejor, ya que se le apretaba dolorosamente contra la cremallera.

—No creo que este sea el lugar ni el momento para hablar de eso —cerró los ojos para no terminar recreándose en la sexy postura de Ricky y que su duro problema se incrementara. Era una tentación demasiado grande para él—. ¿Qué hacemos aquí? —volvió a preguntar, agarrándose a la cuestión como si fuera una cuerda salvavidas o, por lo menos, la única salida para poder cambiar la conversación.

La contestación fue el sonido de la puerta abriéndose y la cabeza de Ricky, ahora desde fuera, asomándose por la ventanilla.

—Vete para casa, tengo que recoger a Lolo y llevarlo a casa de Iván más tarde. Julio me pide pocos favores así que… para una vez que lo hace…

¿El muy cabrón sabía que tenía que volver solo a casa y aun así, lo puso como una moto?

¡Era un completo hijo de puta!

Espera un momento…

Alejandro se agachó para poder mirar mejor a Ricky por la ventanilla.

—¿Cuándo has hablado tú con Julio?

Ricky, como no, volvió a bostezar, respondiendo desinteresadamente mientras miraba la hora y la puerta de la entrada, supuestamente, esperando a que los niños empezaran a salir escopeteados de allí.

—Me llamó ayer por la noche, y en el sms me recordaba la hora, por si acaso —soltó una malvada sonrisa—. Inesperadamente buen padre.

Alejandro lo miró mal por el cruel comentario.

De verdad que no entendía como esos dos capullos podían llegar a ser amigos. Y el mensaje… había sido un tonto por sentirse algo amenazado por esa inesperada relación entre ellos. Estaban hablando de Julio, él y Ricky sería la combinación que escogería los EE.UU. si alguna vez quisieran destruir el mundo. Y de lejos, vaya.

No había nada de qué preocuparse… o eso quería creer.

No, por supuesto que no, ¿cierto?

—Entiendo, da igual. Te espero en casa, entonces.

Ricky, hizo un sonidito gracioso con la garganta, evidenciando que había captado las sospechas infundadas de Alejandro. Alex le frunció el ceño, entre avergonzado y cabreado, terminando todo ese intercambiando de mueca y sonidos, en una risita maliciosa por parte de Ricardo.

—Llegaré a la noche, ya que tengo que quedarme con el niño un par de horas y de paso aprovecho para comer. Después volveré al hospital, y me quedaré toda la tarde con mi hermana y sus monstruos.

Alejandro no le gustaba que por un día que tenía libre, lo malgastara por ahí mientras él se quedaba matando el tiempo solo y aburrido en la casa. Pero bueno, estábamos hablando de su hermana recién parida, ¿qué alegato podía usar contra eso?

—Está bien, nos vemos esta noche —dijo medio suspirando, dándole al botón para elevar la ventanilla.

Ricky tardó unos segundos en quitar el brazo, como si quisiera decir algo más. Alex se sorprendió de la cara seria que había puesto durante unos segundos. Llevaba unos días que preveía que algo se guardaba, pero Alejandro tampoco quería intentar sacárselo porque eso, con Ricardo, siempre terminaba mal.

Esperó a que rodeara el coche, mirándole ya de paso el impresionante culo que le hacían esos ceñidos vaqueros grises. Cuando entró por las puertas de la guardería y el jaleo se empezó a escuchar, supuso que los primeros diablos ya se escapaban corriendo por el patio.

Antes, había estaba contrariado por el asunto de María, y ahora, estaba nervioso por el silencio de Ricky.

—Mierda… —masculló entre dientes, a la vez que quitaba el freno de mano y dejaba que el coche se desplazara calle abajo.


* * * * * * * * * * * * *


Las nueve de la noche.

Alejandro estaba bastante cómodo, totalmente echado sobre el blando sillón de cuero, viendo un partido de fútbol de la Liga Inglesa, gritando protestas y con una buena cerveza en la mano.

Solo faltaba algo…

Ricky.

¿Dónde diablos estaba ese bastardo a esta hora? Su día libre y lo había dejado abandonado.

Vaya mierda de vida en pareja.

Dejó caer la cabeza en el respaldar del sofá y cerró los ojos.

Estaba bastante calentito dentro de casa, lo suficiente para solo llevar una camiseta de manga larga y los mismos vaqueros de la mañana. Ni siquiera había perdido el tiempo en quitárselos.

Había estado esperando a Ricky para ducharse. Era en lo único que podía pensar después del calentón que había tenido en el coche. Pero como no, Ricardo, siempre conseguía joderlo de una u otra manera.

¿Tanto se tardaba en recoger a un niño, quedarse unas horas con él y visitar a una hermana recién parida?

No lo creía. ¿Pero, entonces…?

No, no podía empezar con las paranoias. Pensar en Ricky siempre lo llevaba a los mismos cauces y no sabía por qué. 

Apretó la cerveza entre sus manos y le dio un rápido trago. Suspiró.

Solo le quedaba relajarse, dejar la mente en blanco para no pensar barbaridades y esperar. Nada más.

Todavía pasaron unos cuantos minutos más, hasta que el sonido de las llaves se dejara escuchar.

Ricky entró dando escalofríos y con el cuello de la chaqueta tapándole la boca. Cerró la puerta de golpe e hizo una mueca cuando la ráfaga de calor le dio en plena cara.

—Joder… como se nota que tenemos pelas. No empieces a ahorrar a esta edad, puedes llegar a enfermarte… que tío —resopló, recibiendo por parte de Alex, únicamente, un entrecejo fruncido.

Y no era para menos, acababa de empezar el invierno y ya estaba con la calefacción a toda hostia. Aunque… Ricky solo necesitaba mirarlo, con esa camisetilla fina y totalmente relajado, para saber que aquello era casi una costumbre.

A decir verdad, quitándose la espinita de la envidia, bien por él si ha podido vivir con estos lujos.

Vale, bien no, ¡puta mierda!

Qué suerte había tenido el muy bastardo.

Ricardo soltó las llaves sobre el recibidor, quitándose rápidamente la chaqueta antes de que empezara a sudar. Soltó la bolsa que llevaba al lado del sofá y se tiró en él como si nada, hasta sacudiendo a Alejandro en el proceso.

Se estiró y colocó ambos brazos tras su cabeza, acomodándose.

—¡Guau, nada mal!

Alex intentó mantenerse calmado para no empezar una pelea.

¿Eso era todo? Lo había dejado solo durante todo el puñetero día y ¿eso era todo lo que le decía?

Ni siquiera le había dado un beso al llegar, pero… ¿qué mierda?

Bueno, el beso no venía a cuento, ahora que lo pensaba. Tampoco era una mujer esperando a su marido con la cena lista. Pero diablos, eran pareja, por los menos se merecía un saludo como Dios manda.

—¿De dónde vienes? —Alejandro señaló la bolsa que había dejado tirada por ahí—. ¿Qué es eso?

Ricky bostezó, frotándose bruscamente los ojos. Parecía estar bastante cansado. Giró su cabeza suavemente hacia Alex, mirándolo fijamente, con un brillo extraño en su ojazos verdes.

Solo fue durante unos segundos, Ricardo volvió a bostezar, quitándose también la sudadera que llevaba y quedando solo con una camiseta. Por los ramalazos rojos de su cara, era bastante evidente que tenía calor.

—Es solo un regalo por parte de Fran —se llevó una mano a la frente y la masajeó con suavidad—. Puto día de mierda. Primero el niño, que aunque sea un encanto, el maldito es casi el hijo de Satanás. No paraba quieto ni aunque lo atara a la silla.

Alejandro se incorporó un poco, sin creer lo que oía.

—¿Ataste al niño?

Ricky sonrió abiertamente.

—No, pero joder si lo pensé —volvió a reír y Alex se relajó, pues de este podría esperar cualquier cosa—. Después, cuando por fin pude dejarlo con Iván, mi hermana me da la tabarra con el nombre de los monstruos y para colmo, a Fran se le mete en la cabeza que tengo que ir a comprar no se qué con él. Al final terminamos con un montón de mierda para los niños y con un jersey para mí.

Alejandro quedó pensativo, intentando imaginar la pesadilla de tarde que había tenido Ricky. Pero bueno, se lo merecía por dejarlo solo, le hubiera deseado algo muchísimo peor.

Vale, y con eso ni siquiera aliviaba un diez por cierto de su frustración.

—Te compadezco —susurró, dejando la cerveza vacía sobre la mesa y mirando hacia la tele.

Ricky le echó una ojeada, extrañado por esa inexpresiva reacción.

—¿Pasa algo? ¿Sueño? ¿Resfriado? ¿Diarrea? —no contuvo una risita antes de continuar—: ¿Almorranas?

Alejandro chistó con la lengua antes de que a Ricky se le ocurriera otra de sus originales ideas hacia su clara desgana. Aunque el único mal que tenía, se llamaba Ricardo, y era un jodido grano en el culo.

—Lo único que me pasa es que he estado todo el puto día solo, viendo fútbol inglés, bebiendo cerveza o durmiendo. Se suponía que era tu día libre, lo reservé y me lo he pasado mirando las jodidas manchas del techo. Eso es lo que me pasa.

—Ooooh… —murmuró Ricky, estirándose sobre el sillón y terminando casi tendido.

Alex se sorprendió cuando la imagen de un Ricardo serio y porque no decirlo, malditamente sexy, había cautivado todo su campo de visión.

Lo miraba con un toque oscuro en sus ojos verdes, su boca sin su normal tirantez irónica, y… aunque parecía que tenía el cuerpo relajado, reposando los brazos en el sillón, Alejandro juraría que notó una leve sensación de tensión.

Puede que esa no fuera la palabra exacta, puede que más que tensión, fuera un instinto de moverse, como si estuviera conteniéndose.

Alex tragó saliva, sintiendo que se ponía algo nervioso.

—¿Pero qué…? —no agregó nada más a la pregunta, no hacía falta.

Ricky seguía mirándolo, pero esta vez cambió su expresión cuando se mojó ligeramente el labio inferior con la punta de su lengua. Alejandro sintió su estómago pegar un ligero salto, junto a otra cosa más que evidente.

¿Solo con eso, lo estaba poniendo duro?

Alex no quería ni pensar lo bajo que había caído. Ya había asumido su deseo, atracción y… aunque le corroyera la conciencia, amor hacia otro hombre. Pero todavía se asombraba de lo fácil y rápido que Ricardo conseguía que se pusiera caliente y olvidara todo lo demás.

Eso sí, había algo diferente esta vez.

Siempre había tenido el impulso de echarse sobre Ricky, intentar manejarlo hasta llegar a donde quería. Sin embargo, no tenía la necesidad urgente de moverse. Admitía que estaba nervioso. Que estaba mucho más caliente que otra cosa, también. Pero… tenía esa sensación, esa impresión de que Ricardo quería que se controlara, que se quedara quieto.

Era un lenguaje mudo, encubierto entre el silencio, como una especie de lazo que tiraba de ellos atrayéndolos y al que a su vez, ambos trataban de resistirse.

Era alguna clase de juego de… seducción.

Un momento… ¿Ricky estaba intentando… seducirlo?

En ese momento, Ricardo alzó su mano, apoyándola en el muslo de Alejandro. Presionando la carne, a la vez que sentía la aspereza de la tela frotando su palma.

Notó a Alex ponerse aún más rígido bajo su toque, y Ricky reconoció que desde los inicios, no había sentido esta presión, esta urgencia de dominar. Estaba tan acostumbrado a dejarse llevar por Alejandro, que había perdido la necesidad de dejar que su instinto masculino llevara las riendas.

También, había pensado siempre que Alex no era de los hombres que disfrutaban que los manejaran, que los tomaran. No podía estar más sorprendido por su respuesta, pues el ambiente había cambiado. Alejandro había sabido identificar sus deseos, o puede que fuera su mismo instinto el que lo hubiera hecho.

Lo que estaba claro, es que había algo diferente rondando entre ellos.

Ricky alzó su mano, rozando la entrepierna de Alejandro. Disfrutó de su jadeo ahogado y como Alex se giró en respuesta con una pregunta clara en su mirada. No abrió la boca, aunque era más que evidente que moría por saber qué diablos estaba ocurriendo. Pero algo en él… no le dejaba poner en palabras su duda. Como si quisiera disfrutar más del dudoso momento, sin saber que iba a pasar.

A pesar de todas las veces que había intentado memorizar sus expresiones, Ricardo nunca notó como Alejandro cerraba los ojos cada vez que un tirón de placer hacía vibrar su cuerpo. Tampoco como apretaba sus labios para contenerse.

Sus ojos marrones, giraron, pidiéndole algo a Ricky, algún indicio para saber que tenía que hacer. El movimiento de su cuerpo, el calor que desprendía, los suspiros que escapaban de su boca, todo indicaba que estaba realmente cachondo.

Era sorprendente, Ricardo no había hecho prácticamente nada, y Alex podía sentir placer en cada mirada que le dedicaba, cada ligero toque por encima de la ropa.

No pudo resistirse, Ricky alzó la otra mano hacia la cara de Alejandro. Rozó con la yema de los dedos su barbilla, disfrutando el ligero raspar de un atisbo de barba. Fue a su boca, tocó su labio inferior, amaba su forma, el tono oscuro que mantenía. Siempre había amado esa boca, cuando lo besaba, cuando rozaba con ella sus pezones, y sobre todo, la forma en la que se curvaba, succionando….

Resistió las ganas de meter el pulgar entre sus labios, de tirarse sobre él y dominarlo.

Dejándolo libre, Ricardo se volvió a echar sobre su lado del sofá y suspiró, llevándose una mano a la cara.

No, debería dejar de pensar en esas memeces, Alejandro nunca le dejaría joderlo de esa forma. No querría cambiar de rol ni aunque fuera una sola vez.

—¡Maldita sea! —masculló Ricky para sí, pero lo suficientemente alto para que Alex también lo escuchara.

Impresionante, raro, sorpresivo, acojonantemente placentero. Alejandro tenía muchas definiciones para lo que había sentido, pero en realidad, no le gustaba mucho tener que reconocer ninguna de ellas.

Durante unos segundos, con Ricky sobre él, con su mano aplastando su polla apretada, con esa otra rondando su boca… había sido… raro, pero… había provocado en él… le había obligado a admitir… que había cosas que esperaba de Ricardo, muchas más y completamente diferentes, a las que ya habían experimentado.

Había sido un choque de frente y sin cinturón contra la puta realidad. Solo le había faltado algún gesto más de Ricky, otro toque de posesividad más, para terminar suplicándole que le follara.

Y cuando lo decía de esa forma, era realmente a lo que se refería.

Hasta este momento, nunca lo había considerado.

Siempre pensó que la forma en la que él y Ricardo mantenían sexo, era simplemente, lo normal. Lo establecido entre ellos y lo que importaba: que funcionaba.

Le gustaba tener a Ricky gimiendo bajo él, diciéndole paranoias suyas mientras lo jodía con fuerza. Pero nunca hubiera imaginado que él quisiera experimentar el otro lado de la realidad. La otra posición.

Tuvo un repentino escalofrío cuando sus ojos volvieron a desviarse hacia Ricky. Estaba quieto, ahora inclinado hacia delante, con los codos apoyados en los muslos mientras tapaba su cara con ambas manos y… ¿pensaba?

Nunca había visto a Ricky tan serio, pero ese aire le daba un toque tan… sexy.

¡Oh, por favor! ¿Es que no se estaba escuchando?

¡Parecía una puñetera quinceañera babeando ante un póster de la Vale!

Tragó saliva bruscamente antes de permitirse admitir que sí, que claramente era eso lo que estaba haciendo. O bueno, sus ojos estaban ahora fijos en el elástico de los bóxer de Ricky que podía ver ante la posición inclinada de su cuerpo y, por supuesto, gracias al rígido material de los vaqueros que dejaban ese espacio libre.

La forma de su espalda, sus fuertes hombros, lo presionadas y duras que parecían sus piernas en esos diminutos pantalones grises.

No pudo evitar que su mano restara la distancia y descansara sobre la piel del cuello que quedaba visible. Repasó con sus dedos las hebras castañas, entremezclándolas y estirando un poco de ellas.

¡Diablos, si no estaba más caliente que el infierno!

—Ri… ¿Ricky? —susurró incómodo, Alex.

¿Iba a tener que suplicarle al muy bastardo para que hicieran algo?

¡Cualquier maldita cosa le serviría!

Para su sorpresa, cuando Ricardo quitó ambas manos de su cara y lo ojeó, su profunda mirada verde seguía igual de sería, con un brillito más sexy que picarón. Su actitud no había cambiado y aunque Alejandro amaba su burlona personalidad, ese toque caliente lo estaba matando.

—Llevo unos días pensando en algo… no he querido decírtelo. En realidad, no sé muy bien como confesártelo.

Alejandro se puso tenso, pero esta vez sus nervios tenían un significado y procedencia diferente. Sus dedos sobre el cuello de Ricky se tensaron, presionando algo la piel, notando como también Ricardo se incorporaba, haciendo que la mano cayera entre ellos.

Roto el contacto, el miedo de Alex creció un poco más.

Sabía que esperaba una respuesta o, por lo menos, algún indicio de que lo había escuchado. Y sin embargo, no se veía capaz de seguir la conversación, no quería saber donde iba a acabar, sobre todo si era en mal término.

Pero… era una total estupidez. Es decir: Ricky no podía estar pensando en dejarlo, o en confesarle unos cuernos o algo así porque no tendría sentido después de la escena de celos de esta mañana. Tenía que ser otra cosa… otra cosa mala. Y no quería ni imaginárselo.

Lo mejor era escucharlo, callarse y tomárselo todo con la mejor filosofía posible.

Cuando consiguió relegar sus temores a un segundo plano, retiró su cuerpo del de Ricky, acomodándose en el sofá e intentando mantener el control sobre sí mismo. Era una persona temperamental, algo seria y susceptible. En fin, que no quería terminar a gritos o algo peor, solo tenía que respirar hondo.

—¿Tengo que pensar en lo peor?

Ricardo, que aun parecía metido en sí mismo, se incorporó de golpe al escuchar la seca pregunta de Alex. Lo miró sorprendido y alzó una ceja, esta vez con algo de su típico carácter volviendo por fin a la superficie.

—¿Qué coño crees que te voy a decir? Si piensas que he vuelto a las tías, o que me he ido de putas, o simplemente me he acostado con el butanero, tranquilo, he sido un niño bueno durante los últimos seis meses.

Alejandro sintió casi literalmente, como la losa caía de su cabeza. Resistió el impulso de suspirar, pues eso ya se hubiera visto demasiado delatador para su orgullo, pero joder… si, había quedado mucho más relajado.

—¿Entonces?

Ricky soltó un largo y ruidoso suspiro, echándose sobre el respaldar del sillón y fijando la vista en el techo.

Se rascó la mejilla antes de que una sonrisa entre picarona y tímida se adueñara de sus facciones.

—Nunca creí que me daría vergüenza decirte esto.

—¿Vergüenza? —Alex no sabía si reírse o echarse las manos a la cabeza por el desconcierto—. No me jodas, tú no tienes de eso, Ricky. Por Dios, que nos conocemos desde que le pegabas los mocos en la pared de la galería a mi madre y después salías corriendo para mearte en el portal. Eres un completo hijo de perra. 

Ricky soltó una amplia carcajada.

—Oh, vaya, gracias por tenerme en tan alta estima. No sabía que eso era lo que pensabas de mí, pero… me gusta —enseñó sus dientes en una enorme risita—. ¡Además! Que daría por ser de nuevo un niño y poder «inocentemente» mearme en el portal de todos los «no-mileuristas» —y sonrió, de una forma pilla y malditamente sexy que dejó a Alex sin aliento y como siempre, sin contestación.

Llevándose una mano a la frente y ahora sí, mucho más relajado, Alejandro intentó volver a enderezar el tema y llevarlo a lo que en realidad discutían.

—¿Qué es lo que me quieres decir entonces?

Ricky volvió a inclinarse hacia delante, con todos los músculos de su cuerpo de repente, en tensión. Su mirada fija fue directa hacia Alex, intensa, con un brillo embrujador. Fuera lo que fuera a decir este capullo, iba malditamente en serio.

Alejandro se preparó para lo que iba a escuchar.

Ricardo alargó su mano hasta que cogió a Alex por la muñeca, manteniéndolo cerca, casi con ambas caras rozándose.

—Si te dijera… que llevo un tiempo pensando en follarte, ¿qué me dirías?

¡Oh! Aunque hace unos momentos ya lo había pensando, oírlo directamente de boca de Ricky le había causado un pequeño shock.

Alejandro tragó saliva, dudando si tenía que soltarse del agarre de Ricky antes de poder pensar con claridad en una respuesta. Pero cuando intentó retraer su brazo, los dedos de Ricardo se apretaron más, forzando una perfecta esposa alrededor de su piel.

Era extraño, como si quisiera dominarlo, tenerlo quieto a su lado, esperando con impaciencia una afirmación a su pregunta.

Alejandro dejó que el aire escapara entrecortadamente entre sus dientes, cuando la presión del carisma insistente de Ricky empezó a hacer mella en sus nervios.

—No lo se —dijo al fin, relamiéndose inconscientemente los labios, hecho que no pasó desapercibido por el obvio seguimiento de los ojos de Ricardo—. Creo que… es cuestión de probar.

Ricky no podía sentirse más sorprendido ante la respuesta de Alejandro. Intentó tragarse alguna que otra frasecita irónica para el tenso momento, no quería joder el ambiente. Alex por un lado, parecía algo reacio a la idea, pero por otro, por las sensaciones que le dejaba ver su cuerpo, creía que podía notar un fuerte deseo.

Entonces… ¿no se oponía? ¿Iba a dejar que lo tomara por el culo así sin más?

Bueno, podía ser malditamente divertido y excitante, ver a un tipo todo rudo y masculino como Alejandro, gimiendo bajo él. Guau, no quería ni imaginarlo para no adelantarse a las sorpresitas que podría llevarse esta noche.

Sería un buen regalo por adelantado para mañana. Ya que suponía, que el muy bastardo no se habría acordado.

—Bueno, no sé si mi pistolita conseguirá hacer un buen trabajo, pero ella y yo lo intentaremos.

Aunque sonrió, Alejandro notó un leve atisbo de duda.

Había pensado que después de todo el tiempo que llevaban juntos, Ricky había dejado de lado sus complejos; pero si en realidad, había estado pensado en joderlo y no se lo había dicho, suponía que era únicamente por el miedo a no «poder» hacerlo.

Alex quedó quieto. Todavía podía notar el agarre en su muñeca, cómo esos dedos no habían cedido ni unos centímetros su actual dominio. Bajó la cabeza nervioso pues la mirada fija de Ricky, con una burlona ceja alzada y esperando a que reaccionara de alguna manera a su proposición, no le ayudaban a decidir exactamente qué hacer en ese momento.

¿Empezaban a enrollarse? ¿Debía echarse sobre Ricky? ¿O simplemente… levantarse e ir al dormitorio? En la cama… ambos desnudos y con menos tapujos, puede que fuera más fácil probar algo tan… nuevo para él.

Tomó aire profundamente, dejando que este saliera entrecortadamente por la nariz, mientras a su vez, pasaba la mano libre por su muslo, rascándosela con los tejanos, juntando así la fuerza necesaria para dar ese paso.

Carraspeó la garganta, y por fin, sin pensárselo más y metiéndose mejor las zapatillas de casa para no patinar –sería el momento perfecto para hacer el ridículo, vaya– se levantó. De pié, intentó desabrocharse su pantalón mientras esperaba a que Ricky hiciera lo mismo.

No pasó, ni de cerca, lo que él esperaba.

Creyó que Ricardo estaba incrementando el agarre de su muñeca, pero… en realidad, un fuerte tirón hizo que perdiera el equilibrio y cayera hacia delante.

Alejandro jadeó cuando su cuerpo quedó completamente sobre Ricky, sus piernas molestamente abiertas por culpa de lo poco que sus vaqueros daban de sí, sus manos ahora ambas, sostenidas por un Ricardo que no dejaba siquiera que se incorporara.

Miles de cosas pasaron por su cabeza en segundos.

Era raro, aun estando literalmente inmovilizado por Ricky, se sentía caliente al frotar todo su cuerpo con el contrario. Con las manos levantadas, ambos pechos estaban presionados por el propio peso de Alex, pero eso sí, ni la milésima parte que sus caderas.

Alejandro apretó los dientes por la tensión que sintió en su entrepierna, por la separación de sus mulos, su paquete completamente duro, parecía querer incrustarse en la ingle de Ricky… y eso no era lo más impresionante. Notaba la polla contraria mucho más animada que nunca y aunque el olor caliente a sexo que solía desprender Ricardo seguía ahí, había un toque más áspero, más fuerte.

Alex no pudo soportarlo más, aunque había guardado silencio, sintiendo, saboreando cada segundo, su conciencia volvió de nuevo a la realidad. Intentó separarse, aunque siguiera sentado sobre Ricardo, por lo menos, que pudiera enderezar su espalda.

No fue así, Ricky no lo dejó, estirando de nuevo de sus manos hacia delante, esta vez, dejando ambas caras al mismo nivel para poder mirarse a los ojos.

—No hagas fuerza, hijo de… —a Alex se le atragantó la última palabra cuando se dio de lleno con esa hermosa mirada verde. ¿Eso que veía eran motitas doradas? Se veía tan salvaje, como un tigre, un animal que lo contemplaba agazapado esperando el momento indicado para dar un salto y comérselo. ¡Oh Dios, si no estaba tentado a hacer de conejillo!—. Su… suéltame.

Ricky rio entrecortadamente, mientras seguía ahí, con su mirada y expresión de triunfo. Volvió a tirar de ambas muñecas, y Alex se sacudió hacia delante, donde justamente le estaba esperando otra boca caliente. Fue un roce, un simple toque, ya que Alejandro intentó resistirse.

Movió sus muslos en un miserable intento por levantarse, quiso separar sus brazos, forzarlo de alguna manera a que lo soltara.

—Eh, eh, tranquilo, tío. ¿Qué coño te pasa? —se quejaba Ricky entre sonrisitas—. No es como si fuera a violarte o algo así… aunque podría si quisiera, por supuesto.

Cuando por fin Alex se vio libre, faltó poco para que cayera hacia atrás del impulso. Ricky lo sujetó a tiempo, agarrándolo fuertemente de la cintura. Eso fue suficiente para provocar que Alejandro soltara un suspiro de alivio.

Desconcertado, Alex desvió la cabeza para no tener que contestarle por el momento.

Se había sentido amenazado. Sabía que era una tontería, Ricardo nunca le haría daño ni nada que él no quisiera, pero siempre… había sido al revés.

Se sentía caliente, le gustaba que lo tocara, que lo cogiera y lo apretara, ese olor, esa mirada, Ricky lo volvía totalmente loco. Pero… nunca hubiera esperado que… bueno, sabía que tenía más fuerza, era lógico. Ricky hacía ejercicio, tenía que mantenerse en forma para que alguno de los sustos de su trabajo no terminara con él, y sin embargo, cuando se sintió tan desprotegido entre sus brazos, un ligero toque de alarma brilló en su mente, cogiendo cada vez más y más intensidad, hasta que no pudo evitar resistirse.

Volvió a suspirar, echando la frente contra el hombro de Ricky. Sabía, casi con seguridad, que su cara parecería un tomate en ese momento.

—No me hagas fuerza, me cabrea —fue toda la respuesta que dio.

Ricky chisteó graciosamente con los dientes.

—Cuando estás a punto de correrte bien que dices lo contrario, a ver si te aclaras.

Alejandro no pudo resistir el impulso de darle un cogotazo.

Ricardo se quejó y lo miró furioso, después de unos segundos en silencio retándose con la mirada, terminaron de golpe y porrazo echando unas cuantas risitas.

Era patético.

—No hay remedio, nuestra relación no sirve para ser idílica, simplemente, es imposible —susurró Alex, rascándose la frente mientras aun sonreía.

Las manos que Ricky mantenía en su cintura volvieron a apretarse, atrayéndolo hacia él para poder morderle el cuello. Alejandro se revolvió, apretando la mandíbula mientras sentía como su cuerpo empezaba de nuevo a calentarse. El aliento en su oreja, el murmullo de su voz en el cuello, el raspar de sus dientes… todo lo encendía.

—Me gusta así, me gusta follar cuando tenemos ganas, pelearnos cuando sucede, decir tonterías, bromear… ¡hasta molestarte me pone cachondo! —Ricky alzó su cara y sujetó a Alex por la barbilla, sorprendiéndolo por unos instantes y haciendo que encogiera el gesto por la presión—. Dejémonos de tonterías, Alex y… —su voz bajó varios tonos—, vamos a follar.

Fue solo un susurro, pero se escuchó tan ronco, tan provocativo. Alejandro tragó saliva y se retiró, quitándose la mano de encima para poder pensar sin que el puto influjo de este maldito y sexy bastardo, le cegara.

No sirvió de nada, sentía como su cuerpo se alteraba, como su respiración incrementaba su velocidad, como su polla empezaba a resultar molesta al privarla de libertad. Y si mirábamos a Ricky, tan seguro de sí mismo, sentando atrapado entre sus piernas abiertas, con la camiseta desaliñada y dejándole ver ese estómago tan bien formado.

Pasó de la sonrisa burlona de Ricky y bajó sus manos, obligándolo a que tuviera que quitarse la camiseta. Cuando percibió que los brazos iban de nuevo a su cintura los apartó, enderezándose sobre la entrepierna de Ricardo y parándose para poder mirarlo, ahora que la tela no se interponía.

Había quedado algo despeinado, los mechones castaños caían desordenadamente por su cara, uno rozando sus cejas y haciendo una pequeña ondulación en sus sienes. Esa mirada… tan sexy y caliente… ¡Que alguien lo salvara! Este maldito lo tenía completamente condenado a ir al infierno.

Alex volvió a inclinarse, colocando una mano en su estómago, acariciando sus formas, arañándolas mientras daba un lametón sobre sus labios. Aunque sintió un pequeño atisbo de risa en la respiración de Ricky, esté se decidió por perseguir aquel beso.

Abrió la boca y recogió la lengua de Ricky, succionándola hasta que lo escuchó gemir. Y esa fue la campana para que el round comenzara.

Ricardo cogió a Alejandro por la cintura, presionándolo contra su pecho mientras intentaba comerse su boca. Lo devoraba, metía su lengua, mordía sus labios, jadeaba contra su respiración, y saboreaba cada resquicio de saliva.

Alejandro sonrió ante la desesperación evidente de su compañero, si… eso era… aguantó un gruñido cuando las manos de Ricky subieron hasta sus hombros, los rodeo, apretándolos, arañándole la espalda de nuevo hacia abajo.

—Joder… —respondió, mientras intentaba seguir los besos apresurados de Ricky, el dominio loco de su lengua—. ¡Oh, joder! —gritó ahora con más fuerza.

Ricardo había metido completamente las manos en sus pantalones, peleándose con la estrechez de estos, clavándolas y agarrando ferozmente sus nalgas.

Alejandro apretó la mandíbula, aguantando otro gruñido.

Con impaciencia, se apresuró a quitarse la correa, desabrochándose también los pantalones. Ricky esperaba, con la respiración aun más apresurada que la suya.

Los dos estaban casi al límite.

Alex se puso de pie, aun sobre Ricky, intentando tirar de sus pantalones para sacárselos. Observó como Ricardo miraba cada centímetro que despejaba con ansiedad, relamiéndose los labios cuando algo de su vello púbico quedó a la vista.

—Más rápido, joder, no sabes las ganas que tengo de mete…

—¡Cállate! —gruñó Alex, tapándole la boca a tiempo, inclinándose y separando los dedos, dejando que su lengua se deslizara por ellos, que tocaran la boca contraría.

Ricky quitó bruscamente la mano, agarrando con fuerza la nuca de Alejandro y besándole con furia. Su otra mano, buscaba desesperadamente la forma de quitarle la maldita camiseta antes de que se volviera loco.

Tiró de ella, sacándosela en dos estirones y lanzándola por el suelo en cualquier sitio. Se giró y resopló cuando tuvo delante el torso de Alejandro. Sus dedos se posaron en sus pectorales entrelazándolos a ras del vello, los tocó y los apretó, tirando de uno de los pezones y calentándose más ante el jadeo contenido de Alex.

—Haz eso otra vez y me corro —bromeó Ricky, sujetando de nuevo el pezón y volviendo a pellizcarlo, tirando de él y recreándose un poco en el dolorcillo placentero que eso parecía producirle a su amante.

Alejandro no podía hablar, tampoco defenderse, así que, simplemente, chocó su frente contra la de Ricky, un poco más fuerte de lo normal e intentando que sintiera con ello su indignación ante el comentario.

Aunque claro, Alex estaba seguro que no engañaba a nadie, pues se le notaba por encima de la ropa que su reacción era a causa de la vergüenza, que la personalidad de Ricardo le ponía realmente cachondo. Cada palabra grosera de Ricky, sus bromas, sus toques maliciosos, esa risita cada vez que le provocaba algún placer inesperado, realmente lo mataban.

Ricardo seguía jugueteando con ese pezón, lo mordió, rozándolo con la lengua y frotándolo con esta. Alex se apoyó en sus hombros, intentando quedarse de pie, respirando y moviendo las piernas para que las otras manos ágiles terminaran de desplazar la áspera tela de sus pantalones por las piernas.

Cuando por fin estuvo libre, sintió un pequeño escalofrío, la bomba de calor ya no era suficiente. El fresquito en comparación a los ramalazos calientes de su cuerpo, el ardor que desprendían las manos de Ricky mientras lo tocaban… era extraño.

Estaba de pie, desnudo frente a un Ricky depredador, mirándolo como si no supiera donde empezar a darle el primer mordisco. Su pecho retumbó con un pequeño repiqueteo de tambor cuando le dio una palmada a su erección.

—¡Mierda! —sintió su polla agitarse hacia arriba, no pudiendo parar antes de que Ricky volviera a palmearla. Se encogió hacia delante, agarrándose de los cabellos castaños para sujetarse e intentar que le prestara atención—. No hagas eso, joder.

Ya estaba suficientemente cachondo para que Ricky lo provocara más. Quería pararle, intentar detener esos nervios, esa pequeña humillación, pero por otro lado, quería más, quería que….

Alejandro ahogó un gemido cuando se vio girado por sorpresa. Unos segundos tenía las manos de Ricardo en su cintura, y poco después se veía empotrado contra el sofá.

Abrió ampliamente los ojos, sin saber qué diablos pasaba o quién le había cambiado al novio. No sabía muy bien qué hacer, estaba confundido, apresurado, caliente, joder… quería follar, quería que Ricky hiciera su movimiento, ya.

Un brillito en la mirada alarmó a Alex… Ricky se puso de rodillas frente a él, pasando con brusquedad las manos por su torso, apretando su pecho, arañando su estómago, hasta que clavó sus dedos en los prietos muslos.

Todo el cuerpo de Ricardo gritaba tensión por los cuatro costados, pero era más la necesidad de su mirada, la ansiedad de su toque, esa expresión de hambre que…

Alex tragó saliva y se estremeció de nuevo al verse tan vulnerable, abierto de piernas, con ese fresquito ahora rodeando su erección.

Una erección que plena y dura como una piedra, se erguía justo frente la cara de Ricky.

—¿Qué opinas? —preguntó Ricardo, con una sonrisita inocente—. ¿Crees que puedes hacerlo o no? —despacio, e ignorando completamente la cara contrariada de Alejandro, colocó la yema del dedo índice sobre el miembro frente a él—. Si quieres… podemos… —apretó un poco, sin poder evitar una pequeñísima sonrisa cuando Alex encogió la cara—, parar.

¿Parar..? ¡Parar!

Alejandro se agarró al cuero del sofá, intentando mantener su cabreo a raya. Ahora todo lo que quería era sentir esa boca, que esa caliente saliva bajara por su polla, que la relamiera, la chupara de arriba abajo, que la mamara con esa estrecha boca y… ¡tan bien como este maldito bastardo sabía hacerlo!

—¿Quieres callarte de una maldita vez? —gruñó con aspereza.

Alex levantó las piernas, rodeando la espalda de Ricky para atraerlo hasta su ingle. Era un movimiento que el otro no esperaba y sin embargo se dejó hacer, aun con la misma mueca burlona en la cara.

Lo que sí sorprendió a Ricardo, fue el brusco agarre de la mano de Alejandro en su cabello, como a estirones, le obligó a apretar la cara contra su polla.

Lo primero que Ricky sintió fue ese olor tan característico, hombre, sexo. Dejó que la punta apretara su mejilla, que la nariz acariciara esa piel resbaladiza, a la vez que alzaba su mirada verdosa hacia Alejandro.

Las comisuras de sus labios se extendieron aun más ante la visión. Ese agarre era lo único que le quedaba a Alex de dominación en el cuerpo. Todo lo demás gritaba por su toque, por sus órdenes. Esperaba ansioso por cualquier movimiento o placer que pudiera darle.

—¿Quieres esto? —preguntó Ricardo lentamente, rodeando con sus dedos la base, mientras sacaba su lengua y lamía de lado la punta, suavizándola por unos segundos, alojando un hilito de saliva que pronto se perdió.

Alejandro arrugó la cara en una mueca, y cogió aire profundamente. Sus dedos fueron aflojándose hasta que los cabellos pronto se deslizaron de su mano, dejando que esta cayera y se apretara con fuerza al brazo del sillón.

Se le fundirían los pocos plomos que le quedaban si esto duraba más de diez minutos.

¡Que Dios le ayudara!

—Sigue… —susurró entrecortadamente, no queriendo delatarse más. No mostrarle más deseo, aunque ese capullo lo quisiera.

Ricky chisteó con la lengua, no a gusto con la contestación. El aliento cayendo justo sobre la erección, la lengua siguiendo ese camino ascendente hasta que la punta despareció tras la boca abierta.

Alejandro separó los labios, ahogando un jadeo. Sintió su culo agitarse, saltar un poco e intentar, con un rápido movimiento de cadera, insertar su polla donde realmente quería. Ese calor que lo rodeaba, esa maldita lengua recorriéndolo por dentro.

No aguantó más, sus manos fueron directamente hacia la cabeza de Ricky, quería empujarlo, obligarle a que siguiera, joder… quería que se la chupara, ya.

El chupetón fue lo último que escuchó antes de que Ricky cogiera sus muñecas y las apretara de nuevo contra el sofá. Alex se quejó, molestándose por la nueva restricción. Odiaba que le sujetara, que le hiciera fuerza, pero Ricardo sin embargo, parecía divertido con el nuevo jueguecito.

¡Pues iban bien!

—¡Ricky! —siseó cabreado, Alex.

Normalmente podía contenerse, sobrellevar la mierda de personalidad de su amante, pero cuando estaban en medio de esto, cuando follaban, se sentía desesperado.

Otro lametón hizo que cabeceara hacia atrás, aplastándola contra el respaldar del sofá. Encogió el rostro y se resistió. No sabía que hacer, o que decir, la desesperación iba mucho más a allá del cabreo. Quería follar, sentir ese calor, esa boca…

La mano de Ricky bajó, apretando su muslo, deslizándose hacia el interior. Alejandro apretó el culo, ansioso, asustado, pero sin querer aun mover la cabeza. Se estaba resistiendo, no quería ceder a su juego, no quería perder el poquito control que aun tenía.

Calor, ahora… ahora Ricardo estaba rozando con sus dedos uno de sus huevos, buscando su forma, para terminar agarrándolo fuertemente, lo suficiente para que su erección botara por la necesidad.

El silbido de placer escapó entre sus dientes apretados, acompañado de una pequeña convulsión en su cuerpo. Quería mover sus manos y sujetar esa cabeza castaña, pero no quería ceder. Sus muñecas presionadas ya lo restringían lo suficiente, si abría lo ojos, si hacía esa pequeña conexión, Ricky lo dejaría atrapado en ese juego morboso.

No podía….

—Ricky… para ya, hazlo ya.

Ricardo dejó salir una pequeña risita, cuando escuchó claramente el desconcierto de Alex. ¿Parar, hacer? Alex ni siquiera sabía que le estaba pidiendo y eso le hacía gracia.

Aplastó la cara contra la base de la erección de Alejandro, lamiéndola de arriba abajo con la oreja pegaba al calor de su ingle. Las convulsiones cada vez se hacían más esporádicas, sus manos temblaban ante la fuerza que tenían que ejercer sobre las muñecas de Alex para sujetarlo contra el sofá… y…

¡Oh, esas piernas!

Sentía los talones nerviosos golpear sobre sus hombros, apremiándolo, suplicándole sin palabras que hiciera algo más.

Ricky frotó su pecho contra el culo de Alex, separando aun más sus piernas y lamiendo por encima sus bolas. Cuando observó el relampagazo de placer y como los labios temblorosos se iban a abrir por fin para decir algo, rodeó con su lengua uno de esos duros huevos y lo chupó succionándolo con fuerza.

—¡Mierda, joder! —gritó Alex. Pegó un salto del sofá, logrando solo botar un poco por culpa de las esposas de sus muñecas. Se retorció y golpeó ahora sí, con toda su mala intención, a Ricky con su pie—. ¡Basta ya, Ricky, me estoy cabreando, bastardo!

—Oooh… —susurró, simulando una graciosa expresión de asombro. Ricardo se relamió los labios, lamiendo esa erección, salivándola hasta llegar a la punta y pegar un pequeño bocado. La actitud de Alejandro volvió a cambiar, su rostro a sonrojarse, y con placer, morderse el labio. Parecía que estaba a punto de chillar de frustración… ¿o ya lo había hecho?—. Dime qué quieres que haga.

Alex abrió un ojo, sin controlar la evidente respiración que salía a borbotones de su boca. Desenganchó sus dedos del cuero del sofá y trasladó la tensa mano hacia los cabellos de Ricky.

Le dio un pequeño tirón, lo suficiente para crearle una sonrisita aun más satisfecha al muy bastardo.

—¡Chúpamela, joder! —gruñó ásperamente entre trompicones, todo lo claro que pudo a través de sus dientes apretados.

Fue un ramalazo verde brillante en los ojos de Ricky lo único que pudo ver cuando un calor extremadamente impactante se adueñó de su ingle. Tomó una amplia respiración antes de golpearse la nuca contra el sofá y jadear violentamente.

¿Qué diablos era eso? Era una mamada cualquiera de Ricardo, entonces…

¿Por qué creía que iba a morirse?

Con la respiración loca, estirazó mejor las piernas, empujando con los talones a Ricky para que se metiera bien entre ellas. Lo abrazó con ambas, apretándole, mientras que sus manos tiraban y tiraban.

Escuchó un bajo gruñidito por parte de Ricky, el sonido vibró por toda su polla, mandándolo casi al extremo. Pero diablos, era tan delicioso… sentía la lengua rodearlo, los dientes raspándole en su justa medida, y Ricardo… maldito sea… ¿cómo podía metérsela casi completa?

Apresuró el ritmo, las chupadas eran mucho más rápidas. Alejandro contrajo sus muslos, tensionó los abdominales al levantarse un poco del sofá, abrazó la cabeza de Ricky, y comenzó a quejarse, a gruñir.

¿Pero qué diablos le estaba pasando? Este placer era demasiado.

Un tirón, casi rayando lo doloroso, le hizo estirazarse hacia atrás y descansar su espalda. Iba a correrse, no llevaba ni tres minutos chupándosela y ya iba a terminar.

¿Cómo podría mirarse al espejo al día siguiente?

Alejandro, liberó la cabeza de Ricky, cuando una improvisada tos se adueñó de él. El placer remitió lo suficiente, y quedó en pausa cuando su amante se separó de su erección con la cara completamente roja.

—¿Ri… cky? —preguntó, la respiración acelerada no le dejaba ni pronunciar el nombre completo.

Una risita, y Ricardo se volvió, tocándose la garganta y con ramalazos colorados por sus mejillas.

—Ni siquiera te has dado cuenta de que has estado a punto de ahogarme, ¿verdad? —se rio, pero salió bastante más ronco de lo normal—. Me pone cachondo que te vuelva loco hasta ese extremo, pero tío, ¿no quedamos en que nada de homicidios? —tosió otra vez—. ¿Te imaginas los titulares de mañana? «La mamada asesina». Oh, ¿no es ese el nombre de una película porno?

Alejandro no podía más que mirar a Ricky, sin saber que decir o hacer. Se sentía caliente, pero la situación le estaba empezando a dar escalofríos. Abierto de piernas, con Ricky medio ahogado delante de él, su polla vibrando húmeda frente a su cara. Y… al idiota de su novio no se le ocurría hacer otra cosa que chistes malos, como siempre.

Esto era tan… Ricky.

Se puso a reír, Alex simplemente no pudo evitarlo. En otro momento, le pegaría una colleja a Ricardo, le gritaría, se iría frustrado al cuarto baño y terminaría él con lo que hubieran empezado.

Pero ahora, no lo entendía… solo… era todo tan loco.

—Ok, vale, lo siento —dijo, ignorando obviamente toda la tontería posterior a la acusación de homicidio de Ricky—. Estaba demasiado enfrascado en… bueno joder… —ahora fue Alex quién tosió, pero por otra razón muy diferente—, se sentía demasiado bien… para pensar en nada más.

Ricky se movió un poco, mirándolo de nuevo con ojos depredadores. Sus manos se desplazaron por las rodillas de Alejandro, apretando sus dedos en las formas de sus muslos.

Alex contuvo la respiración mientras la cara de Ricky se iba acercando a él. Cuando la tuvo frente a su estómago y sacó la lengua, soltó un jadeo justo a la vez que pasaba la punta por el centro de sus abdominales.

Fue bajando, despacio, muy lentamente, sin quitar la mirada de la de Alex. Hundió su nariz seductoramente en el rizado vello, hasta pegar un ligero chupetón a la punta.

—Ricky… —Alejandro no sabía que decir o hacer. Sus manos temblando nerviosas sobre el asiento, queriendo tocar los hombros de Ricky pero sin saber si debería. Cuando esa lengua bajó por sus huevos y siguió bajando, sintió como sus piernas se tensaban, como su culo se apretaba y cerraba los ojos—. Despacio, Ricky. Ten cuidado.

Era lo único que podía decir en esa posición, abierto de piernas, y con un bastardo como aquel, chupándole muy cerca de… muy…

Alejandro jadeó y abrió los ojos por la sorpresa.

¿Pero qué coño?

Ricky no pudo evitar soltar una risita, y volvió a hacerlo. Lamió el pequeño agujero por encima y lo rodeó con sus labios, succionando lo suficiente para poder meter la lengua y empujar.

Alejandro de repente se agarró a los hombros de Ricky, dejando salir una siseada respiración. Parecía que todo el oxígeno se había congelado en sus pulmones, haciendo que le faltara el aire. Sus dedos se encresparon y no pudo contenerse a arañarle.

Otro lengüetazo, Alex llevó una de sus manos automáticamente a su polla y comenzó a sacudirla. Era raro, un sentimiento extraño, cuanto más presionada con su lengua, cuando más buscaba espacio para poder entrar en su culo, más cachondo lo ponía.

Estaba nervioso, podía sentir el sudor cayendo de sus sienes y sin embargo, su sexo estaba completamente tieso, vidrioso por la humedad del pre-semen, caliente, y listo para disparar en cualquier momento.

Ahora la presión fue diferente, más insistente. Alex se atrevió a abrir un ojo, bajando la mirada hacia lo que Ricky hacía. Ver sus labios curvados en un chupetón en su ano le hizo ahogar un gemido, pero se repuso cuando lo observó de hurgar con un dedo.

Tensó el estómago cuando un pequeño dolorcillo empezaba a ponérselo difícil. Ricky lamía su dedo, y lo hacía entrar, apretando, derribando la mínima defensa de Alejandro.

—¿Te duele? —preguntó despacio Ricky. Mirando de reojo a Alex mientras seguía entrando en él.

Alejandro apretó los dientes para no darle la impresión equivocada. En ese momento, no estaba muy seguro de cómo podría salir su voz, así que simplemente, negó con la cabeza y movió sus cejas en una gesto indicativo para que siguiera adelante.

Ricky se veía azorado, como si hubiera esperando realmente mucho tiempo para hacer esto. Un quejido más de Alex, un movimiento sacudiendo sus piernas y abriéndolas más, fue el indicio que necesitaba.

Atrapó un huevo entre sus labios, apretándolo, succionándolo mientras movía con más fuerza su mano, buscando en ese rugoso y caliente interior, chocando sus nudillos contras las duras nalgas en un mojado sonido ardiente.

Alejandro intentó sostenerse mejor sobre el respaldar del sillón, sin poder evitar irse escurriendo poco a poco hasta acabar con el culo casi fuera del asiento. Ricky cada vez iba más rápido, apretándolo, golpeándole con la mano mientras intentaba darle placer.

Los intensos toquecitos, ahogaban cualquier molestia por la intrusión. Era un sentimiento extraño, un hombre estaba hurgando en su culo, haciendo esos ruidos ordinarios, y sin embargo, le encantaba cuando chocaba dentro de él, disfrutaba apretando y atrapando ese dedo, como Ricky suspiraba de frustración y empujaba con más fuerza.

Su mano tembló sobre su erección, dudando en si era oportuno tocarla o no. Quería sentir más placer, ya sentía ese final, esa cuesta arriba que lo llevaría al éxtasis, pero sabía que si se la sacudía, si empezaba a masturbarse, se correría.

Gruñó y aspiró fuertemente, sus labios temblando, sus ojos buscando un punto en el techo donde concentrarse y resistir la urgencia. Cuando sintió que se escurría completamente del sofá, Ricky apartó la mano de su intimidad para sujetarle los muslos. Ambos acabaron de rodillas en el suelo, Alex —gracias a Dios— con la ayuda del asiento para apoyarse.

—Estoy…

—¿Cachondo a morir y a punto de darte un síncope? —ayudó Ricky, con una mirada socarrona y malditamente satisfecha—. Vaaaya. Si supiera que era tan bueno en esto, me hubiera metido en el negocio, dicen que esa clase de hombres ganan un dineral si saben meterse en los círculos correctos. Puede que la zorra de tu novia sepa un poco de eso.

¿Meterse donde? ¡Meterse dice el muy bastardo!

Alejandro no pudo resistir el impulso de pegarle un empujón. En cualquiera otro momento, seguramente, lo hubiera hecho caer al suelo, pero esta vez, la fuerza no le llegó ni para moverlo.

De verdad que estaba a punto de darle algo.

—Gilipollas —respondió simplemente. De todas formas, era una de las mejores palabras para definir a su amante. Intentando respirar, ahora un poco más tranquilo, miró hacia su erección, aun pegando botes de vez en cuando por la excitación contenida. Tenía la punta completamente amoratada y húmeda, y el seguimiento de los ojos de Ricky y la forma en la que se relamió los labios, no le ayudó mucho—. Estoy demasiado cachondo… Ricky, maldita sea tu estampa, haz algo con esto.

—¿Hacer? No sabes las cosas que se me ocurren —bromeó, agarrándosela por sorpresa y disfrutando del bote brusco que dio Alejandro, el cual llevó rápidamente sus manos a los hombros de Ricky. Sonrió ante lo conseguido y acercó despacio su boca al oído de Alejandro. Dejó que su aliento escapara despacio, notando el estremecimiento de Alex. Un pequeño lametón y susurró—: Voy a follarte Alex, tan fuerte que creerás que te están violando —Ricky se retiró a tiempo de evitar que le golpeara. Se levantó y dio unos pasos torpes, aun sonriendo mientras intentaba quitarse los pantalones—. Pero antes… creo que tengo que coger algo del cajón de la mesilla. Porque claro, no queremos a nuestro Alejandro acaparando el cuarto de baño durante el próximo me…

No pudo terminar, Alex le había lanzado su zapatilla dándole justo en la pierna. De todas formas, ese maldito diablo ni se inmutó. Ricky solo señaló la acción como si no fuera mucha cosa, puso cara de nena con un muy mal actuado golpecito de mano, y como no, salió corriendo hacia el cuarto con una risita tras él.

—Maldito bastardo —farfulló Alex. Se rascó la pierna y bostezó, sacudiendo su erección que todavía seguía en pie y expectante. Ahora que estaba solo, empezaba a ponerse nervioso. Pero era una tontería, estábamos hablando de Ricky, ¿no? Vale… ¿se suponía que ese pensamiento tenía que tranquilizarlo? Arqueó los labios en una sonrisita ladina antes de arrastrarse un poquito y llegar al mando del aire acondicionado que había sobre la mesita de cristal. Subió la temperatura y esperó unos segundos, la habitación se calentó un poquito más—. Mucho mejor.

—¡Oh, joder! —gruñó de repente Ricky, haciendo una mueca con los mofletes sonrojados—. ¿Le has dado más al maldito aparato ese? —antes de que Alex pudiera contestar, Ricardo se arrodilló frente a él, y le dio un brusco beso en la boca—. ¿No estamos ya lo suficientemente cachondos por aquí? —bajó la mano y pellizcó la punta de la erección de Alex. Cuando esta se humedeció y él contuvo un jadeo, Ricky chistó graciosamente.

—Muy cachondos… joder… demasiado —Alejandro le quitó el bote de lubricante a Ricky de la mano, y tiró del fuerte cuerpo de su amante para que chocara con el suyo—. Ven aquí.

Alex abrió su boca, succionando esos labios, buscando esa lengua. Sintió las manos de Ricky rodeando su cuerpo, apretujando su espalda. El beso se hizo más brusco, sus bocas se movían una sobre la otra, desesperadas.

Ricky se separó, relamiéndose la saliva, observando como Alejandro estaba a punto de saltar sobre él y follarlo si no se apresuraba. Estaba claro que cuando a Alex se le recalentaba el cerebro, ya no pensaba. Se cegaba, buscando placer en cualquier sitio. Siempre había disfrutado de sus toques bruscos, de sus fuertes folladas, pero estaba vez… bueno suponía, que ya le tocaba.

Lamió el cuello de Alex, mordisqueándole mientras clavaba las manos en sus muslos. Sintió la presión de sus propios slips, como su erección quería saltar de ellos. Alejandro estaba en ese momento toqueteando su ingle, bajando por sus piernas y apretando su paquete.

¡Dios, como le encantaba que hiciera eso!

Pero no, esta vez, no.

Con un fuerte estirón al brazo de Alex, Ricky consiguió darle la vuelta. Cuando sintió la poca resistencia, su instinto fue pegarse a esa espalda y aplastarle la cabeza contra el asiento del sofá.

—Ri… Ricky… eh… espera… —Alejandro intentó moverse, pero lo único que consiguió fue sentir la ingle ardiente de Ricky más presionada contra la parte baja de su culo. Su erección rebotó dolorosamente contra el asiento y ahogó un quejido—. Suéltame, Ricky.

Ricky estiró del corto cabello negro, lamió la parte de atrás del cuello de Alex, ese tirante tendón, y lo delineó con la punta de su lengua. Aspiró bajo su oreja y la mordisqueó. Podía notar como los anchos hombros peleaban contra la presión que ejercía su pecho para inmovilizarlo y Ricardo solo se puso aún mucho más cachondo.

No sabía que le pasaba, pero el dominar a Alejandro le estaba volviendo loco.

Mordió su hombro con fuerza a la vez que soltaba su cabeza y llevaba las manos directamente a ese magnífico culo con el que se frotaba. Agarró ambas nalgas y las apretujó, aplastando su sexo todavía cubierto por la fina tela contra ellas.

—Joder… he querido tanto tiempo hacer esto… Alex…

Alejandro se había sentido un poco asustado por el impulso agresivo de Ricky, incomodo hasta el punto de no saber ya, si seguir sería una buena idea. Pero esa frase, la sensación de desesperación con la que había sido pronunciada… Ricardo no estaba fuera de sí, simplemente, quería follarle.

Y Alex quería que lo hiciera.

Tomó una amplia respiración cuando lo sintió frotarse, tenía el estómago totalmente presionado contra la piel del sillón. El poder del cuerpo de Ricky lo inmovilizaba. Solo podía dejarse hacer, sentirlo encima, dominándolo.

Ricky agarró el bote con los dedos tensos y con el pulgar golpeó el tapón hasta que este se alzó con un brusco «clic», que resonó en la habitación como la campana en un cuadrilátero de boxeo.

Alex jadeó cuando el dedo estuvo allí, frío, pegajoso, tan diferente al calor que desprendía la piel de Ricky. Cuando se introdujo en él, insistente, rebuscando, abrió las piernas y se inclinó un poquito más hacia delante.

¡Diablos, era una posición tan humillante! ¡En el salón, a cuatro patas!

Apretó los dientes y resistió los primeros impulsos de negación que vinieron a su mente. Ricky había pasado por lo mismo, se había visto de rodillas en la cama, con él detrás diciendo de buenas a primeras que quería follárselo.

Lo había soportado, lo había permitido. Se había tragado el orgullo y dejó que se lo follara.

Alex apretó los dientes y levantó un poco más el culo, exponiéndose a Ricky, facilitando que entrara en él. Sabía que Ricardo no lo había entendido, pues simplemente se lo tomó como una insinuación. Lo supo cuando la ruidosa respiración se hizo más dificultosa, por cómo le metió los dedos con más fuerza, y como, con la mano libre, se deslizó el slip por las piernas con movimientos torpes.

No tardó mucho en sentir el extremo calor de la erección de Ricky presionada contra su culo. Los viciosos dedos seguían ahí, frotándose, rebuscando y haciendo que Alex se estremeciera cada vez que rozaban sus partes sensibles. Y sin embargo, Ricardo deslizaba su polla contra el espacio libre, con tres sacudidas, hasta que perdió el contacto para colocarse entre sus piernas, apretada contra su propia erección y estrujando sus huevos en sus desiguales movimientos.

—Quiero follarte ahora, Alex. Joder, déjame entrar en este arrugadito agu… —Alex le pegó una coz que hizo que Ricky soltara un quejido entre dolor y risa—. ¡Oye! Sé que la posición te gusta, pero no te comportes como un animal.

—Deja de decir idioteces y date prisa.

Ricky resopló cuando cogió su polla y la presionó contra la abertura de Alex. Acarició lentamente la moldeada espalda, presionando las yemas de sus dedos en un intento de controlar la necesidad de su cuerpo de ir mucho más rápido.

Cerró los ojos y se la sacudió un poco, rozando un poquito la punta contra aquel ano que lo esperaba. Los nervios lo estaban haciendo sudar y la presión del momento que perdiera un poco del grosor de su erección.

Volvió a masajeársela y miró su pequeña polla, tragó saliva. Alejandro parecía no tener prisa, o simplemente no quería abrir la boca en ese momento. Se mantenía inmóvil, esperando. Ricky cogió la punta y se la pellizco, bajando la piel con rapidez hasta que sintió que el placer volvía a incrementarse. Estaba al cien por ciento del total de lo que podía estar, y aun así…

Apoyó una mano sobre las omoplatos de Alex, recolocándolo para que su culo quedara aun más expuesto. Tenía que buscar el ángulo más amplio para que esto funcionara. Cuando creyó que casi lo tenía, golpeó con sus caderas el culo de Alejandro y se situó lo mejor que pudo

Uso un poco más de lubricante, esta vez sobre su propia erección, y volvió a presionarla. Un poco más, la punta entró con bastante facilidad. Ricky silbó de placer cuando sin más tapujos, consiguió meterse completamente en ese apretado culo.

Golpeó sus muslos contra las duras nalgas y se quedó allí, aplastado y unido a Alex. Gimió por lo bajo y apoyó la frente en la espalda sudada.

—Joder… la siento entera dentro de ti, no pudo creerlo. Yo he conseguido…

Alejandro bajó la cabeza y ocultó una leve sonrisa. Había sido mucho más fácil de lo que imaginó. Sentía la polla de Ricky dentro de él, sin dolor, había entrado con tanta facilidad que hasta él se había sorprendido. Puede que no tuviera una extensión considerable, pero se sentía estirado, lo llenaba.

Cuando la primera sacudida de caderas de Ricardo lo envió de cara contra el sofá, no pudo evitar que un gruñido de sorpresa escapara de sus labios. El movimiento volvió y Alejandro se aferró al asiento, intentando que su cuerpo no saliera disparado de su posición.

—¡Mierda Santa! —jadeó, cuando Ricky empezó a follárselo con tanta fuerza que no pudo más que intentar sujetarse.

Era realmente… ¡delicioso!

El movimiento desenfrenado, constante, lo estaba volviendo loco. Y si solo fuera eso…. Un sonido extrañamente agudo escapó raspando su garganta.

Oh Dios…  Ricky estaba bien situado, obligando a su cuerpo a inclinarse hacia la derecha, agarrándolo de los muslos a pulso, lo suficiente para que casi no rozara con sus rodillas el suelo.

La cuestión era que le golpeaba, en un lugar que ya había sentido antes con los dedos, pero… no sabía, no entendía porque era diferente. Era un placer electrizante, unas punzadas que le subían en remolinos de pellizquitos por todo su cuerpo. Su estómago se contrajo en un estremecimiento y apretó la frente contra el sillón.

—Ricky… oh joder… Ricky —no podía decir nada, no había ninguna palabra que pudiera describir lo que estaba sintiendo.

Ricardo presionó sus dedos bajo las piernas de Alejandro y lo levantó aún más sobre su cintura. El esfuerzo le estaba haciendo sudar, sentía calor por la tensión constante de sus bíceps.

Pero… ¡por el amor de Dios! Nunca había sentido nada parecido a esto.

Había follado a varias mujeres, pero todo era insípido, demasiado preocupado de: si estaban fingiendo, su desprecio, o lo que pudieran pensar de él. Cuando Alejandro le folló por primera vez, juró que fue la hostia, pero esto… era tan malditamente impresionante.

Podía sentir como los músculos del culo de Alex le atrapaban, como se resistían a dejarlo salir. Las convulsiones de ese cuerpo fuerte, grande y caliente siendo sostenido por él. Los ruidos que estaba seguro, no se daba cuanta que hacía. Oírlo disfrutar en pleno éxtasis de su sexo.

Era la primera vez que sentía que dominaba a alguien de verdad, que lo estaba haciendo perder la cabeza. Alejandro parecía que en cualquier momento iba a morirse.

Ricky la dejó salir. No intentó ocultar la carcajada de felicidad. Permitió que llenara la habitación, que animara su instinto, su impulso, que alimentara su ego masculino.

Soltó las piernas de Alex y se echó encima en una rápida y dura follada, apretándose y controlando cualquier movimiento que viniera de debajo. Lo sentía de gruñir y removerse, Alejandro intentaba agarrarse a los brazos de Ricky, mientras seguía haciendo ruidos.

Los choques húmedos de sus embestidas aumentaron de intensidad. Ricky colocó sus muslos tras los de Alex y lo levantó, haciendo que se incorporara sobre sus rodillas y alzara el torso.

Le obligó a echar la cabeza hacia atrás mientras se besaban. El movimiento constante de sus caderas, ahora con un toque más ascendente, seguía siendo desenfrenado. Ricky admitía que ahora la profundidad había disminuido, pero aun se sentía dentro de Alex, golpeándole con fuerza las nalgas y masajeando su espalda hacia arriba.

Sin más preámbulos alzó su mano y rodeó esos labios hinchados y rojos por los besos. Alejandro abrió su boca y dejó que el pulgar entrara, rodeándolo con la boca, succionando mientras el mismo bajaba y se chocaba contra las caderas de Ricky.

El sentimiento era excitante, los golpes seguían siendo igual de constantes, aunque ahora todo era más sensual, sentía las caderas de Ricky balanceándose contra su culo. Ahí de nuevo, rebuscando, pulsando, y de repente, la tensión lo hizo echarse sobre el pecho de Ricardo.

Apretó la boca y abrió ampliamente los ojos, sentía de nuevo ese placer punzante, esos toquecitos de goce que lo mareaban. Pero ahora no eran fuertes, sino como un frotamiento más insistente.

Su mano temblorosa bajó hacia su erección, dudando si tocarla, cuando el placer se intensificó, empezó a respirar descontroladamente hasta que aun, sin haber llegado siquiera a rozar la punta, empezó a correrse, a borbotones, sin control.

Encogió el estómago, sintiendo como todo su cuerpo se contraía por el placer y su mano empezaba a llenarse de semen cuando terminó dándose algunas sacudidas.

—Joder… —siseó Alejandro entre dientes antes de ser de nuevo presionado contra el sofá.

Ricky cerró los ojos y se concentró en terminar esa alocada follada. Agarró las amoratadas caderas de Alejandro, por culpa de sus insistentes dedos, y empezó unas rápidas embestidas, tensando los muslos cuando el placer empezó a cosquillearle los huevos.

Apretó los dientes e intentó de nuevo recordar el éxtasis de Alex, como se había disuelto completamente entre sus brazos y como había conseguido que se corriera sin siquiera tocarse. Dios… ni él había experimentado nunca eso.

La cara de Alejandro se había llenado de parches rojos, con todo el cuello en tensión y su polla no había parado de soltar y soltar semen.

Ricky dio un profundo gruñido antes de terminar de correrse, sacándola unos segundos antes para terminar sobre la baja espalda de Alex. Sacudió su erección algunas veces más, frotando la punta contra las manchas blancas que señalaban claramente lo que desde ese momento, sería territorio exclusivo de él.

Cuando intentó colocarse bien sobre sus rodillas, acabó sentado de culo en el suelo. Se rio al darse cuenta de que había hecho más esfuerzo del que, en un primero momento, hubiera pensando.

—Eh —llamó a Alex, tocándole el culo descaradamente para llamar su atención—. Eh… ¿al final he sido yo quién ha cometido el homicidio?

Alejandro se removió sobre el sofá, ejerciendo toda la fuerza que le quedaba en los brazos para poder darse la vuelta y sentarse en el suelo de cara a Ricky. Aun así, todavía no lo miró, no quería concederle ese punto, a parte que todavía, ni él mismo había salido del estupor.

Era la primera vez que otro hombre le había follado, y sin embargo… podía considerarlo como el mejor polvo que había tenido en toda su jodida vida. Los únicos que le llegaban un poco a la altura, era las veces que él había jodido a Ricky. También habían sido muy buenos, pero era diferente, era una sensación muy… muy diferente.

—No me has matado —terminó por decir, observando la pequeña erección de Ricardo desaparecer por completo. Todavía no podía creer que esa cosita lo había conseguido volver loco—. Pero ha sido un polvo… —Alejandro tosió, rascándose la frente, mientras empezaba a buscar su ropa por la habitación—, jodidamente impresionante.

Vaya, lo único que le había faltado a Ricky era colgarse una medalla. Alex nunca lo había visto con ese brillo de genuina autosatisfacción en los ojos, o esa socarrona sonrisita que no había manera de quitarle de la cara.

Admitía que le molestaba un poco todo aquel derroche de virilidad, pero bueno, si eso ayudaba a que la confianza de Ricky volviera –si es que alguna vez la había tenido– podía aguantarse el orgullo unos cuantos minutillos más.

Después de todo, en eso consistía mantener una relación con otra persona, ¿verdad?

Con sinceridad, no lo tenía muy claro.

Ricky carraspeó graciosamente, hinchando el pecho y mirándose las uñas con un aire de total superioridad.

Alejandro sintió que le picaba la mano y quería rascársela con su cara, pero se contuvo.

—Te dije antes que iba a intentar lo que pudiera con mi pistolita, lo que no te avisé… —soltó una sonrisita—, es que la carga era letal.

Alex rodó los ojos, negando con la cabeza mientras rebuscaba entre la ropa que había en el suelo, intentando pescar sus pantalones.

—Oh, por favor… —bufó, ya sin siquiera mirarlo—. Estoy acostumbrado a escuchar gilipolleces de tu boca, pero esta se llevó la palma.

Ricky lo observó ponerse de pie, en todo su esplendor. Silbó cuando Alex estirazó su cuerpo, mostrando unos abdominales marcados que limpió con la camiseta negra de Ricardo. Sabía que la habían cogido a conciencia, pero en ese momento le importaba bien poco pues estaba demasiado entretenido envidiando a la tela. Alex se frotó el vientre con ella, para después repasar algunos salpicones que tenía sobre el pecho.

Ricky se relamió los labios cuando la camiseta revolvió todo el vello negro que cubría el impresionante torso, moldeando perfectamente las oscuras puntas de sus pezones.

Pero oh… Dios… nada fue tan erótico como cuando Alejandro giró la parte superior de su cuerpo para limpiarse el culo, pasando la camisa entre sus nalgas y subiendo.

Ricardo tuvo que cerrar sus piernas, para que no se evidenciara lo cachondo que se había vuelto a poner. Alejandro lo miró por encima, interesado por el cambio repentino en su actitud…

Ricky tosió y soltó una risita algo forzada.

—No he dicho ninguna gilipollez, es solo que… ¿no será que tienes envidia, al ver que yo… aunque sea la mitad que tú, he resultado ser más… fogoso? —meneó insinuante las cejas y sonrió socarrón, dándole un énfasis un tanto insinuante a la última palabra.

La cara de Alex se transformó en una mueca de asco cuando reflexionó el término. ¿Fogoso? ¿Por qué una conversación tan normal, casi erótica entre dos amantes, sonaba tan repugnante viniendo de boca de Ricky?

De todas formas, no quiso entrar al trapo, bastante le había concedido ya al muy bastardo para ayudar con su «complejito», como para seguir regalándole los oídos. Aunque bien, tampoco podía negar que el polvo había sido impresionante.

—No sé si es letal o no —dijo desinteresado mientras se ponía los pantalones, sin bóxer y optando por no abrochárselos, por si acaso. Dio un salto para metérselos y suspiró—. Viendo la mierda que sueltas por la boca, no me extrañaría que en vez de semen echaras ántrax.

Ricky abrió teatralmente la boca, intentando que pareciera ofendido por esas palabras, aunque claro, Alex sabía que no le habían llegado ni a la primera capa de piel. Después, negando con la cabeza en un gracioso movimiento, Ricardo dio un salto del suelo para sentarse en el sofá y ponerse cómodo.

No tenía intenciones de vestirse, y eso era bastante evidente.

—Eso me ha dolido taaanto —optó por una mano en el pecho para seguir con la función—. Pero tú no deberías hablar, pues… —sonrió abiertamente—, más de una mariquita habrá corrido chillando, después de ver todo ese pelo. Mi sexy, Mister… osito.

Alejandro apretó la mandíbula ante el ridículo apodo.

¡Y él que creía que se estaba empezando a acostumbrar al carácter de Ricky!

Le llevaría toda la vida y todavía, mientras se estuviera muriendo, se preguntaría si lo había logrado.

Suspiró para contenerse y se dirigió a la cocina, con la mirada de Ricky clavada en su culo, pues aunque no pudiera verificarlo… estaba seguro de que así era.

Le gustaba la forma en la que Ricky lo había estado sopesando mientras se limpiaba, se había sentido deseado… era un buen sentimiento. Sobre todo, cuando no podía más que sentirse acomplejado si se comparaba el cuerpo de ambos.

Ricardo era todo puro músculo, y aunque Alejandro seguía llevándole varios centímetros, sin duda el cuerpo de Ricky era hermoso. Y ya sin contar ese culito apretado que tenía.

Tosió para disimular su turbación, como si alguien pudiera adivinar que estaba pensado y del maldito de Ricky podía esperar cualquier cosa.

Intentó no desviarse mucho, cogió dos vasos y entró de nuevo al salón, agarrando una botella de vino y echándose literalmente en el poco espacio libre que Ricardo había dejado en el sillón.

Alex empujó con su rodilla la pierna de Ricardo para que le dejara acomodarse y se incorporó, sentándose en el filo e intentando abrir el vino.

Mientras hacía fuerza, peleándose con el tapón, sintió las manos de Ricky en su pecho, jugando con el vello que rodeaba sus pezones. El escalofrío de placer, le entorpeció un poco más el asunto que tenía entre manos.

—¿Cuántas mujeres corrieron chillando al verte? —preguntó con un tono más bajo, entre broma y seriedad.

Alejandro alzó una ceja y lo miró de reojo, consiguiendo el «pap» que necesitaba para poder descorchar la maldita botella.

La cogió y llenó ambos vasos con dos deditos de vino.

—¿Qué es en realidad lo que te interesa? —preguntó desinteresadamente, alzando uno de los vasos y ofreciéndoselo. Ricky solo lo cogió, sin contestar. Vaya, cuando el bastardo se quedaba sin palabras es que habían unos cuantos sentimientos de más correteando por la conversación. Alejandro meneó su vino y suspiró—: No es que me haya acostado con la mitad de la ciudad… —Ricky echó una pequeña risita por lo sobrado que se había escuchado el comentario de Alex—, pero eso sí, las que entraron en mi cama, no corrieron gritando para alejarse de mí, más bien gritaban mientras se corrían conmigo. O algo así.

Por primera vez, fue Ricky el que le dio un pellizco bajo el brazo a Alejandro. Y aunque mantenía una sonrisa en la cara, estaba claro que el comentario no le había hecho ni pizca de gracia.

—Vaya… mi hombre, que viril es. Supongo que entonces me falta mucho por conocer de ti, en ese punto.

¡Oh, pero que bastardo!

¿Le estaba diciendo a Alejandro, que hasta ese momento, había dejado mucho que desear?

De verdad, que era un capullo. No se merecía ni uno de los minutos de todo el tiempo, en los que había estado pensando qué regalarle para su cumpleaños.

—Con lo bien que estábamos y joder, Ricky, a veces no sabes lo que cansas —murmuró, con una voz grave que dejaba bien claro, que estaba algo mosqueado y harto de tantos juegos.

Ricky bufó, sintiéndose un poco imbécil.

Últimamente reconocía, que cada vez que pensaba en las anteriores relaciones de Alex, simplemente una chispa dentro de su cerebro, saltaba. Con María había ocurrido lo mismo, hasta el punto de haber hecho casi el ridículo.

¿Pero qué podía hacer? Había tenido pocas personas que poder considerar de confianza. Que supiera que siempre iban a estar junto a él, que nunca lo traicionarían, que protegería con su vida.

Aunque tenía buenos amigos, las únicas personas que siempre habían sido indispensables para él, eran sus hermanas y su cuñado. Ahora tenía a Alex y…

¡Bueno, maldita sea, tenía que cuidarlo!

Nunca había mantenido ninguna relación amorosa, ni la había querido. Pero con Alejandro, todo era diferente, era suyo, su pareja, lo cuidaría, lo protegería, y por supuesto, se comería a cualquier alimaña que quisiera acercarse. Aunque tuvieran carita de ángel como la tipa esa de María.

Y encima… Ricky suspiró, apretando el vaso entre sus dedos. Ahora Alex se había mosqueado. No podía creer que por unos simples comentarios bordes, después del impresionante polvo que habían compartido, Alejandro se pusiera de morros.

¿Era su culpa? Alex debería darse cuenta ya, de lo celoso que podía llegar a ser.

Ricardo echó la cabeza contra el sofá, notando el cosquilleo de sus largos cabellos castaños en el cuello. Con la mano libre, se quitó algunos pelillos que habían caído en su boca a causa del movimiento y… volvió a suspirar.

No quería empezar una pelea con Alex.

—Alex, yo…

—Brindemos —sugirió de pronto Alejandro, girándose hacia él y levantando su vaso de vino.

Ricky se incorporó instintivamente cuando Alex se movió, alzando su vaso y chocándolo contra el otro.

¿Ya no estaba cabreado?

—¿Por qué brindamos? —preguntó un poco reacio.

Alejandro se llevó rápidamente el vaso a la boca y dio un ligero sorbo. Parecía incómodo y el movimiento de sus cejas lo probaba. Ricky intentó leer algo en sus gestos, siguiendo el movimiento de sus ojos que parecían descansar sobre la botella de vino.

Al principio pensó que solo evitaba su mirada, pero después, se percató de algo que había pasado completamente desapercibido para él.

No… ¡No podía creerlo!

Ricky agarró rápidamente la botella y rodeó con sus dedos la etiqueta, leyéndola en voz baja y sorprendiéndose más y más, cada vez.

Lo ponía claramente, y no había sabido verlo. Alejandro se había acordado, lo había estado esperando con su regalo y él lo había ignorando durante todo el puto día.

La alegría se vio un poco opacada por el arrepentimiento. Y eso que era un sentimiento que no solía tener nunca. Simplemente, no iba con su personalidad, pero Alex conseguía hacer milagros con él.

—1978 —susurró Ricky, agarrando el oscuro cristal con más fuerza. Tomó aire y alzó los ojos… toda la incomodidad por su metida de pata se convirtió en fascinación. Alex bebía torpemente otro trago, y aunque con eso quería ocultar su vergüenza, lo que si no podía evitar eran los ramalazos rojos que cubrían su cara. Ricardo sonrió tontamente, tragándose algunas frases poco ingeniosas y mordiéndose la lengua para no evidenciar el hecho de que Alejandro estaba para comérselo en ese momento—. Así que… al final, si que te acordaste de mi cumpleaños —ojeó de nuevo la botella, volteándola en su mano y sin apartar sus ojos de los brillantes números dorados—. El año en que nací… vaya. Se podría decir que es el regalo más costoso que me han hecho.

Alejandro carraspeó la garganta, dejando el vaso sobre la mesita y rascándose el brazo con clara incomodidad.

Nunca hubiera imaginado que sería tan bochornoso celebrar un maldito cumpleaños con Ricky. Fueran amantes o no. Lo peor es que estaba seguro, de que Ricardo también estaba afectado. Aunque los largos cabellos castaños le taparan parte de la cara mientras miraba atontado la botella, había una extraña sonrisa sana en su cara.

Guau, no sabía si sentirse asustado o llamar para que repicaran las campanas.

¡El anticristo se había vuelto católico!

Hizo esfuerzos hercúleos para no reírse ante tal estúpido pensamiento.

—No es que valiera muy cara en comparación a las demás de mi colección —susurró torpemente Alex, mientras le quitaba la botella de las manos para poder rellenar los vasos nuevamente—. Pero… —siguió hablando sin mirarlo—, cuando Sofía me llamó hace unas semanas y me dijo que hoy era tu cumpleaños, estuve pensando en que regalarte —bufó, como si hablar le estuviera costando un supremo esfuerzo—. Todo lo que ella me aconsejó era tan… horripilante. Flores, bombones, cena romántica con velitas… —Alex dio un repelús—. Imposible, yo no podía… joder, no lo he hecho nunca con nadie antes, y de verdad… que no me veía yo en un restaurante comiendo ensaladita y mirándonos embelesados a los ojos.

Ricky apretó los dientes y respiró tres veces antes de poder tranquilizarse. Ahí estaba de nuevo todo obsesionado con que Alejandro se avergonzaba de él, pero… su cara encendida le daba la impresión de que realmente, el problema era de vergüenza.

Alex no era un hombre de palabras bonitas, casi no podía decir «te amo» sin que se le saltara alguna vena por la tensión. Tampoco de representaciones románticas… intentó ligárselo con una pack de cervezas y una sonrisa tirante.

¡Espera! También le saco unas entradas para el derbi, y joder si no le costó.

Cuando hace una semana, el día de la mudanza, él cogió esa misma botella, suponía que Alejandro tenía las piernas temblando porque pudiera darse cuenta del muy pensado regalo.

Y viniendo de Alex, era algo que reconocerle.

Ricky tuvo claro que hacer a continuación.

Cogió los dos vasos que Alejandro había previamente llenado, y le extendió uno, intentando que la sonrisita tonta que tenía en la cara no fuera demasiado cruel con su orgullo propio. Aunque, si Alex tenía pensamientos humillantes sobre ella, tuvo la decencia de no abrir la boca.

Por lo que podía predecir, Alejandro ya tenía suficiente con poder seguir respirando a pesar de la vergüenza, como para ponerse a pensar en tonterías.

Ricky le pondría la misma estúpida sonrisa que tenía él en la cara, sí o sí.

Cuando Alex cogió su vaso, lo hizo tan despacio que cualquiera hubiera pensando que estaba agarrando una bomba.

Ricardo aguantó una carcajada.

—Hazlo bien… —susurró, acercando su cuerpo al de Alejandro, mirándolo directamente a los ojos—. Dímelo correctamente y brindemos.

Alex tuvo la necesidad de echarse hacia atrás, de evitar que Ricky le comiera todo su espacio personal. Y sin embargo, el brillo de esos ojos verdes, la ilusión y necesidad que podía percibir a través de ellos…

Es verdad que todo esto le resultaba incómodo. No era mucho de ñoñerías y chomineos, le gustaba ir al tema, y si este rondaba su círculo de interés personal, mejor que mejor.

Pero Ricky, tenía algo que desprendía, que lo atrapaba…

Alex cerró los ojos, tomó aire y alzó su vaso, chocándolo suavemente contra el de Ricky antes de decir:

—Feliz cumpleaños.

Ricky envolvió el filo del vaso con sus labios y bebió un sorbo antes de bajarlo de nuevo.

Volvió a restar varios centímetros más.

Amaba como Alejandro entrecerraba los ojos, como iba abriendo su boca a cada milímetro que se acercaba. Parecía tan ansioso como él por sellar ese momento.

Ricardo rozó despacio su nariz contra la de Alex, en un toque cariñoso, antes de rozar un poco esa boca que tanto le gustaba. Fue un solo toque, ya que moldeó sus labios para dejar salir una palabra.

—Gracias.

Alejandro se sorprendió, no podía imaginar que eso saliera de boca de Ricky. Pero daba igual, ya que todo pensamiento se fue cuando sus labios profundizaron, cuando se hizo más insistente. Notó el calor de su interior, el movimiento dulce de su lengua.

Cuando un pequeño beso más acabó con la unión, Alejandro no pudo evitar ahogar un pequeño jadeo.

—Guau.

Ricky sonrió, acercándose de nuevo y agarrando a Alejandro de las mejillas. La ligera barba era deliciosa al tacto y desde ahí, podía ver esos ojos castaños tan hermosos que tenía.

Volvieron a besarse y Ricky gimió, sintiéndolo delicioso, tanto o más que el sexo de hacía unos minutos. Era un sentimiento nuevo, o puede que volviera a estar equivocado, que siempre estuviera ahí y nunca se hubiera parado a descifrarlo.

Una cosa estaba clara, amaba a Alejandro.

No le importaba la casa, el coche, quién pudiera entrometerse entre ellos.

El regalo más valioso de su vida no era la botella de vino, era un tipo grande y peludo del que iba a volver a disfrutar dentro de muy… muy… poco. 

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  1. Jo eso estuvo candente hasta el final. En serio que esos dos están hechos tal para cual. No se que decir estuvo hermoso, al final Alejandro tendrá que soportar a Ricky hasta que le saquen canas verdes pero ni modo, que viéndolo ahora ambos saben muy bien como aprovechar a sus machos jajaja fue matado de risa lo de los bebé de Elisa. Este Ricky no sabe que para una madre sus hijos son lo mas lindos del mundo, aunque no niego que alguno mundo. Aunque no niego que algunos Jajajaja no es para presumir pero , según me cuentan cuando yo nací la doctora al germen dijo, Ay, que bonita. Mi mamá aún estaba partiéndome pero bueno jajaja Ay, no, ya sone casi como Ricardo jajaja aunque Ricardo es una monada. Defendiendo lo que es suyo. Me encanto de principio a fin. Los amigos han sido muy buenos, casi me mata del susto como se enteraron jajaja fue genial que Julio ni se enteraba de nada hasta que metieron la lengua en la garganta del otro. Fue apabullante. Me gustaría saber mas de estos tres. Lo que pasaba con Julio en el capítulo 3, y también que es aquello de la negación de Adrián. Y lo que sea que le pase a Iván. Que los tres juntos son buenisimos. Lo tomaron con mucha madurez digno de su edad. Me alegra eso. Aunque ir supongo que por ser raído dos se espera del todo

    Solo le puedo desear u a larga vida Alejandro, una vida de paciencia
    Jajaja
    Te agradezco por dejarme participar en tu Blog, para mi ES un grata fortuna. Y no solo para mi a mi hermana le hice conocerte, y aunque ella no eso nada de eso de meterse en Blog y buscar, le gusta leer. La dejo meterse en mi cuenta para que vea las historias y la que mas le gusto en gea. Lágrimas de hielo. Le conté que había vuelto y se ha puesto muy feliz y aún que ella no es eso de seguir Blog ni de comentar, estoy segura que tendrá alguna opinión cuando lleguemos otra vez a gea. Aunque su opinión este entre mi comentario. Ha Jaja solo decirte que en mi casa tienes dos fans, en.
    Cuidate y hasta la próxima vez que nos veamos.

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  2. Vaya, al final terminó por gustarte Ricky!!! jajajaja XD si es que lo sabía.
    Bueno, lo de los bebes, la verdad, es que viene de historia familiar, más bien, eso fue lo que le dijo mi tio a mi madre cuando nació mi hermano XD Cuando me lo contaron me hizo mucha gracia y al ver el rumbo que tomaba la escena, no me pude aguantar XD
    La verdad es que tengo una culturilla media, he salido de mi pueblo como dos o tres veces y no conozco mucho mundo. Así que baso mis novelas en fantasía porque así me puedo sacar razones y situaciones de la manga. En el caso de copas, me es mucho más dificil pensar como voy a poner tal cosa o que razones doy para otra. Bufff, de verdad que me cuesta escribir romance actual o como se llame.
    Ya te dije antes, la de Julio y Iván, esa relación, la verás de seguro, la de Adrían depende de las ganas, puede que hasta su historia de amor la agregue al segundo libro según como me vaya quedando las dimensiones del tal.
    Vaya, tu hermana también me lee??? No lo sabía!! Por supuesto que no me importa que utilicéis la misma cuenta, siempre que hables nada más tú para no liarme. Eso si, puedes darme la opinión de tu hermana con total libertad y agradécele de mi parte por interesarse en mis novelas.
    Gea... sabes... me gusta tu hermana XD La verdad es que Gea es mi historia favorita, es como un pequeño bebé para mí. Y aunque pienso reescribirla cuando me lie con ella, seguirá el mismo rumbo que ahora, solo quiero añadirle escenas para darle credibilidad y mejorar la narración que en ciertos puntos escasea.
    Muchas gracias y espero seguir viéndote por aquí, me hace muy feliz!!!

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  3. Que bonito el nombre de Ángel. El nombre debe quedarle muy bien. Como dije las madres se enamoran a primera vista de sus hijos, siempre. O al menos eso creo yo. Jajajajajaja

    Me esta entusiasmando la novela de Julio e Iván, me da curiosidad como lo vas a plantear. Y sea como sea que la plantees, pues la voy a estar esperando con gusto. Ya sea tres o dos libros. Y si te decides con Adrián, mucho que mejor, y mas si son nuevos personajes. Me gusto mucho el grupito, con tanta testosterona. te quedo muy bien. Cada uno de ellos, y si, creo que voy entendiendo tu punto con respecto a Ricky...supongo entonces que mi mejor amiga seria mi hermana ----o eso es muy triste, pero es la unica con la que puedo hablar con completa honestidad, no digo que no hablo con honestidad con mis amigas, en ese aspecto creo que soy como Alejandro, pues mis amigas no saben que mis gustos de lectura se amplia hasta el punto de los homoeroticos, no creo que la mayoría de ellas lo comprenda, asi que, si, me siento mas identificada como Alejandro, quien sabe... tal vez salga del "closet" algún día, de repente como él. Y espero que se lo tomen bien jajjajajajaja, aun no, pero algún día.

    Yo tampoco he leído nunca las 50 sombras de gray, pero no es porque la lectura de Dom/Sumiso no me vaya, he leido algunas, no muchas, pero claro con limites, pero en medida no la he leído porque empece a leer las primeras páginas, algunas saltadas y en realidad no me gusto. No me gusto como escribía ni el libro en si. Así que mejor no le di ninguna oportunidad. Muy trillada, y aunque lo fuera, como te digo, no me gusta la forma de escribir de la escritora. Así que porque iba a continuar leyéndola.
    En fin, estaremos esperando cualquier noticia tuya, espero que muy pronto. Me muero por leer mas de ti. Aquí estaré hasta que termines, y aunque me tarde, ten por seguro que me apareceré.
    Saludos, y ten un buen día.

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    1. La historia de Julio e Iván será de convivencia... tengo por ahí escrito un prólogo que colgaré dentro de poco o puede que lo incluya nada más en copas cuando lo edite, tengo que pensarlo.
      Bueno, te explico un poco por encima, la novela irá de las dos familias, tanto la de Ivan con las dos niñas, conmo la de Julio con los tres hijos, viviendo juntos en la misma casa por circunstancias que me guardo. Ellos se irán enamorando y no solo ellos, dos de sus hijos también. Esta parejita tendrá una importancia relevante en la novela, ambiente un poco para el público más juvenil pero que serán también protagonistas, un poco secundarios pero con sus propias escenas.
      La de Adrian si al final la escribo, irá de él y su compañero de universidad, eso que dejo caer un poco en algunos comentarios dentro de copas. Y bueno, ya no te puedo decir nada.
      Por cierto, me alegro que alguien comparta conmigo su poco agrado hacia 50 sombras de gray, también es que soy un poco reacia a la narrativa en primera persona, solo aguanté la saga crepúsculo porque me gustan muchos los vampiros y la historia adolescente me cautivó.
      Nos vemos!!

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  4. Hola de nuevo... que este engendro del demonio ha decidido actualizarse a mitad del comentario .
    Como iba diciendo es un placer que me hayas invitado a tu rinconcito, muchas gracias por ello. Y disculpas por ir tan atrasada con los comentarios, pero estas semanas he estado liada con la uni de mi hija... que si matricula, que si piso... vacaciones quiero vacaciones!!
    Y ahora a lo que importa, es un gusto reencontrarse con estos chicos, confieso que tengo debilidad por esta historia y sus protagonistas, y sobre todo lo más gratificante es ver como la historia no ha perdido ritmo a pesar del lapsus de tiempo transcurrido, y eso es porque la escritora es de lo mejorcito que hay... siempre me ha gustado tu forma de escribir tan cinematográfica y no es peloteo, pero de veras que da gustito reunirse con este grupo de amigos como si hubiéramos dejado de vernos el día anterior.
    Y aunque no venga al hilo de la historia, al leer vuestros comentarios me identifico con vosotras referente al tema Grey, y no porque no me gusten las historias en primera persona, o el sado o las novelas hetero es que sencillamente no pude mas que con el primer libro y mas que nada por cabezoneria... y ese Grey debe aprender unas cuantas cositas si quiere estar a la altura de un Dom ;)
    Besos y me pasare más a menudo
    Pd: dije ya que me gusta muchooooooooooooo Ricky??

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    1. Si, a veces esta leche se cambia sola, o tira para atrás o yo que se... a mí también me ha dejado con más de un comentario a medias o directamente me lo ha borrado.
      Por supuesto que te tenía que invitar, eres una de las que siempre han estado apoyándome y me has ayudado reunir la confianza suficiente para conseguir lo que este blog es ahora, así que de agradecimientos nada.
      Me alegro que te guste esta novela, es la más realista que tengo. Como he tenido una vida muy recogidita, los personajes los creé pensando en gente de mi alrededor, amigos y demás. Ricky está basado en el carácter de mierda que tiene mi hermano XD Gracias por el piropo, aunque creo que todavía me falta mucho para compararme siquiera con muchas escritoras hispano-hablantes, pero de verdad, gracias, me haces sentir refulgir de placer. Forma de escribir cinematográfica, por dios explícame eso que no lo pillo, jajaja. No se si te refieres a la manía que tengo de poner las escenas como si estuvieras viendo un anime o si es por otra cosa, de verdad, me ha dado curiosidad. Quisiera saber a que te refieres para mantener siempre ese enfoque si crees que le da personalidad a las novelas, jeje.
      Jajaja, anda que estamos poniendo buenos los libros de Grey XD La verdad, yo me leí la mitad del primero y no pude más. No me gustaba la forma en la que estaba escrito más que otra cosa. La personalidad de ella mediocre, él... demasiado perfecto. No se... puede que esté siendo hipócrita al también caer a veces en esos estereotipos pero... no me iba mucho, a lo mejor si termino algún día de leerla haciendo un gran esfuerzo, cambio de opinión. Pero es que no lo creo, es superior a mí. Y también la mayor parte de ello es que no me va el sado-maso, aunque lo tapes con supuesto romanticismo... ains.... no se...

      pd: Ricky también es mi personaje favorito de esta saga XD Aunque a veces sus ocurrencias me parezcan ridículas hasta a mí que soy la creadora UU

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  5. Aquí acaba. Y ya vi que fue lo que les deparó... En especial a Ricky, este fue su capítulo.

    No culpo a Ricky de aprovechar al novio con dinero. De hecho, no sé porque dejó pasar cinco meses xD.

    En la plática de Adrián y Ricky, pensé que lo animaría xD pero bueno, lo hizo porque pensó que bromeaba. Pero bien que le queda el papel de celestina gay, jaja.

    "Mira las cosas estúpidas que me haces decir, parezco una madre confortando a su hija cornuda."

    Me encanta Adri.

    El momento de la llegada de Julio e Iván y estos chicos con su momento íntimo romántico... Aunque sin mucha intimidad, jaja, genial. Un poco shokeados los dos, pero todo salió bien.

    Gemelos, que hermoso... Personalmente me encantaría tenerlos, aunque seguro es más difícil que sí fuera uno solo.
    ¿Hay bebés feos? Seguro que sí, pero al rato se componen, jaja.

    María. Pensé que su actuación quedaba en el anterior capítulo. Pero igual me encanta, sólo porque provoca a Ricky y al psicópata que lleva dentro.

    La chance de Ricky de dar, ya le hacía falta. De hecho, viendo su personalidad, debió ser algo que ya traía en mente desde que comenzaron formalmente su relación. Aunque claro, lo de su compañerito fue lo que lo detenía.

    Bueno, sólo quedan dudas de lo que le pasa a Julio.

    "Una copa más" termina como empezó: con una ración de buen sexo; pero ahora con dos taza completas de amor, agregando un cuarto de semen, dos cucharaditas de gemidos y dos pedazos enteros de hombres macizos; no es necesario calentar, los hombres lo harán solos.

    Dios, ¿de dónde saqué todo eso de arriba? ¿Tendré hambre?

    En fin. Genial para terminar con la historia de estos hombres tan particulares, jaja. A pesar que Alex ya tomó el paso a Ricky en lo que se refiere a responder mordazmente, igual no lo soporta completamente, jaja, eso está bien. Para qué continué la chispa.


    Te tomaré la palabra de seguir con MSM. Espero encontrarme un día totalmente libre -sí, claro- para leerme una buena cantidad de capítulos y dejar el comentario en cada uno.

    Nos vemos ahí, un abrazo :)

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    1. Y el último capítulo!!
      Estoy tan feliz de que hayas llegado hasta aquí. Espero que haya sido una lectura amena y divertida y que aunque sea, esa novela te haya sacado una sonrisita de vez en cuando. Que de eso trata, no? De hacer feliz a las personas que leen.
      Ya veo que te gusta Adrián XD De verdad, todavía no puedo dejar de sorprenderme por eso. Pero bueno, al final me convencerás para hacerle una novela propia, puede que tenga más éxito del que yo hubiera pensado. Aquí quedaré trajinando la trama poquito a poco y apuntándome cositas hasta que llegue el momento, jeje.
      Gemelos?? Seguro que quieres tener gemelos?? Yo preferiría pegarme un tiro XD Yo tengo uno, uno solo, y hace por cuarenta. Es malo para comer y dormir, y no hay niño en la guarde más nervioso que él. Hasta la maestra me ha suplicado si podía ponerlo en la sillita durante un tiempo porque no puede más. Pobre XD Gemelos??? De verdad... que locura -.-
      Sobre los bebes feos, aunque se recompongan, los que son feos son feos XD Bueno, mi niño es hermoso, muy sociable y cariñoso, y creo que eso es lo que le salva de que le estrangule XD
      María era un personaje lindo que pensé que podía explotar un poco más en este capítulo, de todas formas y como bien dices, me encanta el psicópata que lleva dentro Ricky XD Y sobre su escena de sexo... me costó mucho escribirla, porque tantas contrarias, darle la vuelta fue difícil. Aunque después me paraba a pensar en los personajes y con la personalidad de Ricky, para mi asombro, no me costó ni lo más mínimo, por el contrario, me puso que no veas. No te querrás ni imaginar como quedé después de escribirla. Subidón, subidón que me dio XD
      Vaya poesía te has montado, sería gracioso si la agregara a la sipnosis de la novela o en el intro XD De verdad, que te ha quedado genial, me he reído mucho XD
      Sigue con MSM, a ver... aunque mi prefería es y será siempre Lágrimas de Hielo, aunque por ahora tendría que reescribir algunas cosa porque cuando la lees de seguido se nota que pasa todo muy rápido y habría que pulir más el principio, apenas los cinco primeros capítulos (eso pasa cuando escribes la novela por capítulo y en el momento). Tengo que cuidar de mi bebé, porque la adoro. Tienes pensamiento de leer también las hetero?? Porque aunque lo sean, siempre habrá parejas homo por en medio, y en Destino Irresistible hay una chulísima. También de mi parejas preferidas de todas las que he creado.
      Un besito y gracias por seguir ahí. Nos vemos pronto!!

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    2. jajajaj. Bueno, me gusta la idea de dos niños parecidos y/o nacidos igual, la parejita de una vez. Pero creo que tenerlos en el primer parto, pues sí que será difícil, muy difícil. Desde parirlos hasta educarlos xD. Pobre tu peque, pero es de encontrarle su manera.

      Sobre tus otras novelas... ¡sí me animaría a leerlos! sólo dime cual me recomiendas leer primero y en que orden... porque he visto que les escribes como una especie de subtítulo, entoces no sé cual es primero o si es parte de la misma historia.

      Obvio que me divertí... sonreí, reí, me carcajee, me aloqué, jajaja.

      Es la segunda novel original que leo. En honor a la verdad, no me animo a leer los originales, a duras penas salgo del fandom de Naruto. Pero con esta no me arrepiento :)

      Ah, como me encantaría tener esta novela físicamente...

      ¡Aplausos, flores, besos, abrazos, y todo lo mejor para ti!

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