domingo, 26 de septiembre de 2010

Lágrimas de Hielo (Capítulo 10)

Gea 01: Lágrimas de Hielo
Capítulo 10

El claro estaba en completo silencio. A parte del sonido de algunos pajarillos y los relinchos de Cerbero, nada más se podía escuchar. Era una calma tranquilizadora, en cierto modo, Roberto podía considerarla confortable.

Su estómago se quejaba un poco, tenía hambre. Su mano seguía jugando con la ramita, dándole vueltas en dos de sus dedos. Eneas no había hablado hacía ya varios minutos. Parecía cómodo solo sentado a su lado y en aquel silencio.

Sin embargo, Robby podía también percibir cierta tensión. Por mucho que quisieran, no podían estar juntos sin que ese… inestable sentimiento, naciera en su pecho, por lo menos en lo concerniente a él, por supuesto.

Eneas miró el cielo y después se levantó, pasando su bota por la tierra un poco embarrada por el agua de sus propios pies.

—Deberíamos comer y ponernos en marcha de nuevo —dijo, con la voz un poco más baja de lo normal.

Parecía en extremo tranquilo, y Roberto se extrañó. Era como si su gigante se hubiera quitado un enorme peso de sus hombros. Su expresión se había suavizado, y aunque aun seguía con ese pequeño fruncimiento entre sus cejas, todo su cuerpo desprendía un aura de paz.

Robby no quiso pensar mucho en eso. No quería hacerse una idea equivocada, ilusiones que podían terminar de romperle el corazón. Nuevamente.

—¿A que estamos esperando? —preguntó, cuando Eneas, aun haciendo amago de moverse, siguió quieto en el mismo sitio.

El gigante clavó sus ojos al final de la cueva. Podía ver a Cerbero pegando estirones de algunas hierbas que colgaban de la roca, pero no había señal de los otros dos soldados. Había guardado bien las pocas reserva que llevaba en su alforja, solo tendría que dar varios pasos y cogerla. Al principio pensó en esperar a los otros dos, pero Otix sabría que diablos estaban haciendo y Eneas ni siquiera quería planteárselo. Suponía que nada diferente a lo que él mismo había hecho con Robby. O lo que había estado a punto de hacer, más bien.

Lo miró de reojo, y Roberto al captar su mirada se sonrojó de golpe, apartando la cara un poco avergonzado y sin saber que hacer. ¿No era ese un gesto adorable? Ese chico, era rebelde, inteligente y a la vez dulce… tierno e ingenuo. Tragó saliva cuando sintió que de nuevo el calor subía burbujeando por su cuerpo.

Eneas suspiró y volvió a sentarse al lado de Robby.

—Ve y trae a Cerbero —ordenó impasible, como si le estuviera dando una orden a algún soldado mediocre.

Roberto lo miró como si se hubiera vuelto loco.

—¿Yo? —cuando el gigante asintió, Robby negó a su vez—. No, ni hablar. ¿Quieres que vaya yo solo y traiga a esa bestia aquí? —tuvo un escalofrío solo de pensarlo—. Imposible.

Eneas no entendía que podía temerle el chico a su caballo. Había tenido la idea clara de que Robby no sabía montar. Era evidente cuando Karel intentó subirlo a uno y Roberto dio de bruces al suelo. A partir de ese momento Eros había prohibido incondicionalmente, que volvieran a acercar al muchacho a ninguno de los animales del establo.

—¿No te gustan los caballos? —preguntó, con un evidente interés en sus ojos.

Robby bufó, lanzando la ramita que aun tenía en la mano, a unos metros de su posición. Se rascó la pierna, nervioso. No quería que Eneas pensara que era un debilucho, es más, creía que había pasado toda su estancia en Gea intentando que el gigante no pensara nada malo de él. Incluso antes de reconocer siquiera que se sentía atraído por Eneas.

—En mi mundo… los caballos son diferentes e incluso esos, no me agradan. Vivo en una ciudad, así que entenderás que allí no se suele interactuar mucho con ellos. Donde esté mi moto que se quite una bestia como esa.

Se volvió a mirar a Eneas cuando éste no respondió. Su cara era un poema, y entonces Roberto cayó en la cuenta de que seguramente, no había entendido nada de todo lo que había dicho. Se golpeó la frente y negó con la cabeza, a veces se le olvidaba con quién estaba hablando. Era un verdadero grano en el culo tener que pensar cien veces lo que ibas a decir antes de soltarlo, a parte de intentar cambiar miles de palabras para poder expresarte de forma entendible. ¡Que martirio! Nunca agradecería lo suficiente a quién lo hubiera traído hasta allí, que lo hiciera junto a su hermana. Si no, suponía, que ya se hubiera vuelvo majareta.

—¿Ciudade? ¿Mouto? —pronunció Eneas con cierta dificultad.

Roberto no pudo evitar echarse a reír. El sonido había salido casi silbante, era malditamente gracioso ver a un gigante poner morros mientras intentaba pronunciar algo que claramente se le resistía. Algún día tendría que enseñarle a decir su nombre completo. Robby no estaba mal pero… se quedó quieto y tragó saliva. Escucharlo decir Roberto, con esa voz grave y baja, al oído, susurrante….

Robby tuvo un escalofrío, y tuvo el impulso de tener otro cuando observó la cara seria de Eneas. Era evidente que al gigante no le había hecho tanta gracia como él.

Se mordió el labio y desvió la vista. Tenía que volver a la conversación de nuevo antes de que Eneas decidiera estrangularlo… otra vez.

—Mmm… una ciudad es algo… como el pueblo de Granmor, pero… con edificios grandes, uno encima de otro. El suelo duro, por donde nos transportamos con… unos especies de carros de metal que consiguen ir bastante rápido, por cierto. Y… —Robby no sabía que decir, se sentía estúpido, era como explicarle a un niño como era el cielo y por donde volaban los ángeles… se rió y meneó la mano para quitarle importancia—. Da igual, en conclusión, no es un lugar donde se pueda ir a caballo. Aunque en el campo, todavía hay muchos sitios donde se crían. Pero supongo que es por capricho o lujo, más que nada.

Eneas asintió, parecía pensativo, así que supuso que estaba intentando imaginar todo lo que le explicaba. Robby sonrió abiertamente, le gustaría llevar a Eneas a su mundo, que viera como era una vida real, cómoda. Con una calidad y principios que ahí en Gea, estaban más que perdidos o simplemente, eran imposibles con sus pocos recursos.

—Entiendo —dijo Eneas, mirándolo por unos breves segundos antes de levantar su vista hacia Cerbero—. Pero aquí… debes aprender a montar a caballo, tienes que aprender a manejarte, o estás perdido. Si no te haces fuerte y aprendes todos los pormenores de este mundo, morirás —sus palabras salieron tan claras y frías que Roberto lo miró furioso, humillado y… Eneas le pasó una mano por la cara, sintió sus cálidos y grandes dedos solo unos instantes antes de que el gigante la volviera a bajar—. Tienes que ayudarme con esto, porque no voy a permitir que caigas, de la forma en la que sea. Tú vivirás conmigo, a mi lado. Aunque tenga que patearte el trasero para que te muevas a mi paso.

¿Con él? Robby sonrió como un tonto, aunque retiró el rostro para que Eneas no viera la expresión bobalicona que seguro tenía en la cara. Se rascó la mejilla, un tanto avergonzado.

—Que manías tienes con mi culo. —dijo antes de darse cuenta. Abrió la boca y giró hacia Eneas, que lo miraba con una ceja alzada y una expresión entre sorprendida y socarrona. Eneas nunca había reaccionado así, hacia nada que hubiera dicho o hecho Robby, y sin embargo ese comentario…—. Iré en busca de esa bestia, pero si me muerde o me patea hasta matarme, caerá sobre tu maldita conciencia.

Eso era lo mejor, un maldito cambio de conversación. Miró a Eneas unos instantes y después a Cerbero, no muy seguro. Después tomó aire profundamente y le echó valor. Había estado montado en él, con suerte el bicho lo reconocería y… no le cocearía hasta hacerlo misto en el suelo.

Avanzó por la oscura tierra, a pesar de lo que había pensado de ésta cuando llevaba las botas puestas, pudo experimentar sin ellas, que era suave y fina. Más que tierra parecía arena de playa, solo a diferencia del arcilloso color que la bañaba. Sus pasos quedaron impresos por todo el camino hasta que llegó a la entrada.

Cerbero lo ojeó con esos pequeños rubíes y siguió masticando como si nada unas cuantas briznas de hierba. Roberto se quedó quieto, mirando al caballo, evaluándolo. Éste patinó la pezuña, levantando un poco de polvo y adelantándose a cualquier movimiento, Robby se echó hacia atrás un tanto intimidado. ¡Aquel bicho le estaba advirtiendo! Había muchas personas que le habían echado cojones en su propia cara, nunca había sido alguien obstinado, así que la mayoría de las veces daba su brazo a torcer. Pero… esto era… ¡solo era un caballo! Bueno… uno dos veces más grande que él y con unos colmillos que casi le llegaban a los ojos, y hablando literalmente.

Intentando echar valor de donde fuera, dio otro paso hacia delante y agarró las riendas con fuerza. Cerbero relinchó suavemente, y le terminó por dar un golpecito con la cabeza en el pecho, empujándolo de forma… ¿cariñosa? ¡¿El maldito se había reído de él?!

—¿Te diviertes? —preguntó Robby, alzando una mano y acariciándole entre los ojos. Parecía que estaba comenzando a peder el miedo, aunque aun sentía sus dedos temblando sobre la dorada crin.

Cerbero relinchó en respuesta afirmativa, y bajó el morro, como buscando en la ropa de Robby algo que llevarse a la boca. Volvió a relinchar cuando no encontró nada, y con sus ojillos rojos refulgiendo desvió la cabeza, decepcionado.

Roberto rió, alto y claro. Le empezaba a gustar ese animal. Parecía que sus prejuicios habían sido totalmente infundados. Era un caballo inteligente, más de lo normal, pensaba. Pero… ahora que se fijaba, se veía de clase alta, elegante. Con su pelo negro brillante y su melena dorada que hacían un fuerte contraste. Es verdad que le intimidaban un poco las púas negras que le sobresalían de la crin rubia, al igual que esas enormes orejas caídas y los colmillos afilados y tiesos hacia arriba y hacia abajo, rebosando su boca y llegando los inferiores casi hasta los ojos y los superiores hasta más haya de la mandíbula.

Le acarició el cuello, y Cerbero, esta vez, le empujó con la cabeza, hacia fuera de la cueva. Era unos movimientos constantes, como si quisiera decirle algo. Robby siguió con los ojos la dirección que le indicaba, todavía algo escéptico, hasta que… empezó a escuchar unos extraños ruidos que no había percibido al estar demasiado concentrado en el miedo que lo invadía.

Palmeó la cabeza de Cerbero para que se quedara allí y se adelantó un poco, tomando la curva que hacía la pared de la cueva. Se le abrió la boca de la sorpresa, no… casi se cae por el estrecho camino de la montaña por el salto que dio, para ser más específicos.

¿Qué diablos estaban haciendo esos dos? ¡Allí donde todo el mundo podía verlos!

Mirion estaba demasiado ahogado en el placer para darse cuenta de su presencia, a parte de que tenía la cara pegada a la pared, sujetándose a las grietas de las rocas para resistir las fuertes embestidas que estaba recibiendo. Robby tragó saliva al mirar su cuerpo, estaba completamente desnudo y éste le brillaba como si fuera una perla. Sus cabellos plateados se agitaban hacia delante y ¡vaya gemidos! Dios… era casi lo más sexy que había escuchado nunca.

A diferencia de Mirion, Beliat si que lo había notado. Los oscuros ojos se centraron en él y una socarrona sonrisa no tardó en aparecer en su cara. Vaya, a ese ni le importaba tener público, parecía que hasta disfrutaba del estado choqueado en el que había quedado Robby.

Las manos de Beliat se apretaron furiosas sobre las caderas de Mirion, dejando unas deliciosas marcas rojizas en la blanca piel. Desde su posición Robby podía ver claramente la espalda de Beliat, sus anchos hombros y su piel broncínea, su fuerte y bien moldeada cintura y ese… ¡que trasero! Duro, cuadradito y se movía con una velocidad y brusquedad más que palpables.

Tras una dura arremetida y un grito de placer casi ensordecedor de Mirion, Roberto salió de su estupor, dándose cuenta de que se había quedado ahí parado, observando como los dos soldados tenían un encuentro de sexo caliente.

Tropezó torpemente con sus propios pies cuando se dio la vuelta y se dirigió de nuevo hacia la cueva. Ahora, sin miedo alguno hacia Cerbero, demasiado impactado siquiera para pensar en eso, cogió al caballo por las riendas y tiró de él para acercarlo hacia el lago.

Eneas se había levantado cuando lo vio de entrar, le quitó a Cerbero y lo miró de reojo, mientras le acariciaba el lomo a su animal.

—¿Qué? —dijo simplemente, extrañado por el silencio del siempre ruidoso chico.

Roberto movió la mano para que lo dejara y se sentó. Todavía con las imágenes clavadas en su cabeza. No se había sentido caliente ni mucho menos, era más el hecho de lo que hacían lo que lo había trastornado un poco. Mirion no parecía para nada adolorido, ni siquiera molesto. Era más como si… estuviera embriagado y cegado por el placer. ¡Diablos, estaba en tal éxtasis que ni siquiera se había dado cuenta de su presencia!

¿Tanto placer daba que otro hombre te…? Miró de refilón a Eneas, el cual parecía algo molesto por no haberle contestado. Se imaginó en la posición de Mirion, sintiendo el cuerpo de Eneas detrás de él como Beliat, moviendo ese fuerte e impresionante trasero sobre su propio culo, sacudiéndole contra la pared a base de fuertes arremetidas. Se tendría que sentir tan profundo… algo así de grande y duro dentro de ese… sitio.

Robby se sorprendió cuando su erección comenzó a crecer con furia. Se quedó sin aliento y cruzó las piernas antes de que el gigante a su lado se diera cuenta. Suspiró larga y cansadamente.

—Deberíamos adelantarnos y comer algo, supongo que esos dos todavía tardaran un poco más.

Eneas lo miró brevemente, pero asintió, sacando de las aflojas unas hojazas de pan y un trozo de queso. Vaya, era la primera vez que lo veía en ese mundo, aunque el color verdoso no fuera para nada agradable.

El gigante le puso un trapo a cuadros blancos y rojos en las piernas, y después una rebanada de pan y cortó un trozo de queso con una diminuta daga. La más pequeña que Robby hubiera visto nunca. Separó la loncha con sus dedos de la hoja y la soltó sobre el trapo.

—Come.

—Gracias. —murmuró Roberto, colocando el queso sobre el pan y doblando este último, como si se hiciera un bocadillo, después se lo llevo a la boca y le dio un buen mordisco—. No está mal.

Eneas le sonrió por unos breves instantes. Robby se sintió estúpido cuando ese mero hecho le resultó cálido e íntimo, sobre todo porque se borró antes de que siquiera pudiera gravarlo en su mente.

Comieron en silencio, nadie dijo nada, ni cuando escucharon los pasos de Beliat y Mirion entrar y acercarse a ellos.

Beliat estaba casi como renacido, el rostro le brillaba de satisfacción y no podía quitar la estúpida sonrisita de su cara. Su mano seguía bien posicionada tras la cintura de Mirion, el cual, algo acalorado y con la ropa bastante descompuesta, se sentó al lado de Robby y cogió por si mismo el pan y el queso.

Le dio una ración a Beliat, la cual agarró y comió en tres bocados. Roberto sacudió la cabeza ante la ironía. Y él se había asustado de Cerbero cuando el verdadero animal era evidentemente otro más humano. Mirion optó por pequeños bocados, y sus ojillos inquietos, dirigían miradas de soslayo a Robby y Eneas. Parecía querer decir algo, pero no se atrevía.

—Di lo que quieras decir —soltó Robby, terminando de meterse el último trozo de pan en la boca.

Mirion se sonrojó ante lo que fuera que estuviera pensando. Después soltó una risita cálida y un poco nerviosa.

—Siento que hayas tenido que presenciar algo así. Ni siquiera me dí cuenta… cuando ya veníamos Beliat me dijo que quedaste un poco… —buscó la mejor palabra para definirlo—, sorprendido. Si te hemos molestado de algún modo…

Eneas miraba la conversación con bastante curiosidad, aunque no parecía tener intención de intervenir. Robby por su parte, le dio un golpecito amistoso en el brazo a Mirion, para que se dejara de tonterías.

—No pasa nada. Fui yo quién me inmiscuí en vuestros asuntos, tenía que haberme quedado quieto donde estaba o irme en cuento reconocí lo que… hacíais. —tomó aire y sonrió—. Es verdad que no creo que fuera el mejor lugar ni momento para ponerse a… —se golpeó con una mano la frente y ahora sí, se echó a reír—. ¿Y quién diablos soy yo para decir eso? —soltó acordándose de lo que casi estuvo a punto de hacer con Eneas—. Tranquilo, Mirion, en serio… fue hasta un poco educativo.

Esto último lo dijo en forma de broma, pero Mirion le miró escueta pero significativamente, y Robby se sonrojó, abriendo la boca sin palabras claras que salieran de ella. Balbuceó un poco y volvió a cerrarla.

Eneas se levantó en ese momento, con todo el agradecimiento de Roberto por apartar la atención de él. El gigante se dirigió hacia Cerbero y revisó la montura, asegurándose que las correas estuvieran bien apretadas. Cogió las riendas del caballo y se giró hacia los demás que lo miraban esperando una orden.

—En marcha.

Mirion se levantó con un suspiro, parecía cansado, seguramente a falta de sueño. Beliat por su parte, estaba más que activo, sus ojos brillaron maliciosos antes de que se acercara a Robby y cogiera una miga de sus labios para llevársela rápidamente a la boca.

—Delicioso —dijo, mirando a Mirion y sonriendo.

—No hagas eso —se quejó Robby, entre avergonzado y furioso.

Le dio un poco de miedo lo que Eneas pudiera hacer a continuación pero… ninguno de los otros dos se movieron. Mirion se encaminó con un ligero encogimiento de hombros hacia fuera de la cueva, un poco más allá, donde había dejado su caballo blanco. Eneas tiró de Cerbero para que avanzara, recibiendo algunos relinchos de éste, que terminó por bajar la cabeza y seguirle.

Roberto sonrió sin creérselo, pasándose una mano por la cara. ¿El mundo estaba a punto de acabarse o Eneas estaba empezando a relajarse al lado de esos dos?


*****

Roberto apretó la mandíbula cuando un pinchazo en su culo lo hizo removerse sobre Cerbero. Al final tanto Mirion como Eneas se habían salido con la suya. Le dolía el culo lo suficiente como para suplicar llegar de una vez a esa maldita aldea.

—¿Estás bien? —preguntó Eneas seriamente, sin quitar los ojos del camino.

—Me duele el culo. —dijo Robby antes de darse cuenta.

Después de lo ocurrido esa mañana, estaba empezando a notar la especie de familiaridad que ambos estaban cogiendo. Roberto ya no pensaba lo que iba a decir más de dos veces antes de soltarlo, anteriormente, se había callado la mayoría de sus palabras por miedo a cualquier represalia o simplemente a meter la pata.

Por algún motivo, se sentía mucho más cómodo ahora.

Se extrañó cuando la respuesta de Eneas no llegó, iba a volverse cuando la mano del gigante le rodeó la cintura, apretándolo a su pecho para que se pusiera derecho. Robby apreció la disminución del dolor, suponía que todo estaba relacionado con la parte del trasero que apoyabas en la silla, sin contar con la posición de la espalda.

Estaba tan ensimismado en intentar adoptar las formas de Eneas tras él que no escuchó el silbido de Beliat a su lado. Antes de darse cuenta, la enorme mano de Eneas estaba sobre su cabeza, empujándolo para que pegara la cara contra la melena de Cerbero. También tuvo que admitir que esquivó las enormes púas de mero milagro.

—¡¿Quieres matarme?! —se quejó, con los dientes apretados intentando que los pelos no se le metiera en la boca.

Eneas lo silenció con un siseo brusco, confundiéndolo. Podía escuchar los relinchos de los caballos de los otros dos soldados y alguna que otra maldición de boca de Beliat. Roberto deseo poder girar su cabeza y volverse para ver que pasaba, pero los dedos como garras de Eneas en su nuca no lo dejaban.

—Mierda —escuchó de escupir a su gigante antes de que éste lo soltara para poder tirar de las riendas de Cerbero.

Una oleada de fuego salió disparada frente a él y no hacía falta ser muy listo para adivinar que no había sido Mirion. Eso solo dejaba una posibilidad… los… ¡Los estaban atacando!

El miedo lo dejó entumecido sobre la silla, mirando histérico hacia los lados y volviendo a encogerse cada vez que el hedor a carne quemada venía a su nariz. Se giró para observar como el caballo de Beliat caía al suelo, dejando salir unos sonidos espeluznantes.

Había humo por todos lados, ese pestazo, los gritos de Mirion pidiéndole a Eneas que corriera, y… ese sonido metálico. Alguien estaba luchando con espadas al otro lado del muro gaseoso.

—Oh… Dios… Oh… Dios…

Robby sabía que su cuerpo estaba completamente temblando. Se echó hacia atrás, quería sentir el pecho de Eneas pegado a su espalda. Él lo protegería, tenía a su gigante y éste no dejaría que nada le pasara. Sus manos fueron directamente a los muslos de Eneas, y clavó allí sus dedos, apretando el duro músculo. Quería palparlo, saber que estaba ahí.

—Robby. —llamó Eneas, intentando tranquilizar a su caballo, mientras decidía sin salir de allí o ayudar a sus dos soldados. Cuando percibió que el chico no le contestaba, alzó una mano y lo agarró de la barbilla, echándolo hacia atrás y levantándole la cara hasta la suya—. Reacciona, maldita sea. ¡Éste mundo es así, ¿entiendes?! ¡O luchas o mueres!

Roberto enfocó la mirada en esos ónix, oscuros pero brillantes, desesperados por percibir alguna respuesta por su parte. No tuvo tiempo de decir mucho, Robby asintió y tomó aire, intentando tranquilizarse.

¡Maldita sea! No era un cobarde, simplemente, tenía miedo. Era normal para una persona que se había criado en su mundo, acojonarse en un momento como ese. Y si alguien reaccionaba de otra manera, que se presentara ante él.

Después de que el humo se disolviera un poco, Robby pudo apreciar un pequeño claro en el camino. Levantó su mano y lo señaló.

—Eneas, ¡por ahí!

Estaba seguro de que su gigante le escuchó, porque sacudió las riendas de Cerbero y lo espoleó con fuerza, haciendo que el caballo arrancara a la carrera entre el tremendo ruido de metales y ráfagas de viento.

Lo próximo que supo, es que Eneas le cruzó un brazo por la cara y evitó que una ráfaga de viento le golpeara de lleno. Lo sintió de tirar de las correas y Cerbero se levantó sobre sus patas delanteras, haciendo que ambos cayeran al suelo.

Roberto tosió cuando el humo consiguió arañarle la garganta. Sacudió la cabeza para quitarse la tierra de la cara y escupió la que le había caído en la boca. Se enjuagó los ojos con los brazos y buscó a Eneas desesperadamente.

Cuando no lo vio se asustó, como nunca antes lo había hecho. Se arrastró por el suelo hasta los pies de un enorme árbol, torcido como si estuviera a punto de caer por el pequeño terraplén que tenía a sus espaldas.

—¿Eneas? —susurró, no queriendo gritar para evitar llamar la atención de los asaltantes.

Un pequeño silbido resonó sobre su cabeza, Eneas le miró unos segundos mientras salía de detrás de él con su enorme espada en la mano. No hizo falta que abriera la boca, su orden estaba clara: «Ni se te ocurra moverte de ahí».

El humo pareció disiparse visiblemente, y por fin Robby pudo averiguar un poco que había sido todo ese infierno. Mirion estaba luchando con un hombre bajito y gordo, tenía una barba de casi una semana y su enorme nariz era casi todo lo que podías apreciar de su fea cara. Beliat por otro lado, se daba de puñetazos con otro bastardo, éste más alto y mejor parecido, pero seguía siendo bastante destartalado, su cabello pajizo le daba un aire bobalicón, por supuesto, lo que difería bastante de la agilidad con la que usaba sus puños.

El rugido de Eneas le pasó por la cabeza como un rayo. Giró la cabeza en el mismo instante en el que su gigante caía de rodillas en el suelo, con una herida considerable atravesándole la espalda.

Roberto se paralizó, no veía nada que no fuera aquella sangre cayendo a gotas sobre la tierra húmeda por la llovizna de esa mañana. La mano que tenía en el suelo se convirtió en una garra que arañó la tierra haciendo cinco claros surcos en ella.

Eneas detuvo un ataque frontal de otro hombrecillo bajo y harapiento, que parecía sorprendido de la fuerza que demostraba Eneas, aun después de la brecha que tenía en la espalda. Otro más, que no había visto hasta ese momento, se acercó por detrás. Su sonrisa barbuda se estiró malvadamente cuando levantó una espada curva sobre la cabeza de Eneas.

El tiempo se detuvo para Robby. Se le cortó la respiración mientras veía la hoja bajar, tan despacio, como si cada segundo se hubiera convertido en minutos. No supo cuando reaccionó, ni cuando sus rodillas se flexionaron e impulsaron su cuerpo hacia delante. Lo único que tuvo claro es que se encontraba atrapando al hombre por la cintura, tirándolo por el impulso al suelo. La espada acabo tiraba lejos de ellos.

Golpeó al hombre en la cara, llenándose los nudillos de algo que ni pudo ni quiso reconocer. Se acomodó a horcajadas y volvió a golpearle reiteradas veces. Por los gritos que bajaban de la colina, estaba claro que había más de esos hombres escondidos y ahora corriendo hacia ellos. A Roberto no le importaba, lo único que tenía ahora en mente, era matar a ese bastardo que se había atrevido a atentar contra Eneas.

Sentía una furia descomunal bajando con cada puñetazo, el miedo casi se había borrado de su mente, cegado por un odio descontrolado. Alguien le golpeó en la cabeza, el dolor le retumbó con si estuviera vibrándole una campana dentro de ella. Robby se volvió, pegándole un puñetazo en la entrepierna, que lo hizo trastabillar y caer hacia un lado.

El placer le avivó cuando vio la cara del hombre poniéndose morada. Otro golpe, ahora centrado en una patada en sus costillas, lanzó a Roberto lejos del asqueroso hombrecillo que había golpeado hasta hacerlo pulpa. Se puso de costado en la tierra mojada y tosió unas gotas de sangre.

Intentó levantarse cuando el tío del cabello pajizo que había estado peleando con Beliat, lo cogió del pelo y lo alzó, apretándolo contra él. Estaba de frente a la pelea, mientras sentía el pecho del ladrón pegado a su espalda. El hedor a sudor, alcohol y orines casi le hace vomitar lo poco que había comido en la mañana.

Cuando el exceso de adrenalina volvió a disminuir al verse inmovilizado, en lo único que podía pensar era en Eneas. Ahora frente a él, se encontraba de pie y parecía haber vencido en un arrebato de furia, a más de tres hombres, que estaban desperdigados y quietos como un muerto a sus pies. En ese momento estaba enfrentándose a otro, con sus manos desnudas deteniendo la espada que venía a rebanarle la cabeza.

De nuevo una oleada de fuego cruzó el camino, y Eneas se vio completamente impactado por ella. Salió disparado hacia atrás, y cayó al suelo. Había colocado ambos brazos cruzados sobre su cara, impidiendo así que le diera de lleno. Después de unos segundos Roberto supo que el salto lo había dado él mismo para evitar el impacto.

Sintió el agarre de sus brazos en la espalda mucho más fuerte, lo suficiente para hacerlo silbar de dolor. Intentó patear a ese bastardo pajizo, pero lo único que consiguió con ello fue una risa asquerosa que le hizo llegar un aliento horrible. Robby volvió a sentir que se mareaba.

La voz de su captor se alzó sobre el claro, en un tono triunfante.

—Quedaos quietos o mato al chico.

Eneas se levantó rápidamente de la tierra, buscando desesperadamente con la cabeza la dirección de donde provenía la voz. Abrió los ojos de lleno cuando vio a Robby, apresado por sus manos y con ese asqueroso ladrón agarrándolo de la garganta para que levantara la cabeza. Sintió su corazón latir aun más acelerado por esa visión que por la batalla. Si ese bastardo se atrevía a hacerle daño a su hombre… si se atrevía siquiera a causarle el más mínimo rasguño…

El rugido de Eneas retumbó sobre las rocas, haciendo un eco lastimero por todo el camino. Robby alzó la vista para mirarle a la cara, fueron solo unos míseros segundos, retiró la cabeza avergonzado. Por su culpa ahora, los otros tres también estarían en un grave problema. Tenía que haberse escondido, quedado tras ese árbol mientras los demás se encargaban de esos delincuentes, pero… no se había visto capaz de quedarse quieto mientras observaba como estaban a punto de matar a Eneas.

Lo próximo que escuchó fue la orden de que se acercaran. Tanto Beliat, como Mirion y Eneas, dieron sendos pasos hacia delante, quedando frente a Robby y su captor, a la vez que rodeados por toda la banda de bandidos.

Roberto pudo apreciar como más de uno se relamía después de echarle una buena ojeada a Mirion. Era asqueroso y repulsivo, igual que las manos de ese bastardo pajizo que estaban ahora metiéndose por su camisa y acariciando su estómago. Cerró los ojos cuando de nuevo, esa barba llena de trozos de comida irreconocible, se apoyó contra su hombro. La risita maligna del tipo volvió a enviarle ese desagradable tufo.

—Os hemos estado siguiendo desde hace unas horas —Robby alzó una ceja, así que después de todo, aquel bastardo que lo tenía atrapado era, en realidad, el jefe—. Descubrimos que no llevabais nada de valor, pero después de hablarlo, pensamos que había dos preciosas joyas en vuestro grupo a las que podíamos sacarles partido.

Roberto no supo muy bien a que se refería con eso de joyas, hasta que sintió la lengua del bastardo lamiéndole el cordón de su garganta. Encogió la cara de asco cuando sintió la saliva escurrirle por la nuez.

—Voy a matarte, juro por dios que voy a matarte —escupió Robby, revolviéndose de asco con la bilis casi rebosándole por la garganta.

¡Preferiría estar muerto antes de dejarse tocar por alguno de esos cerdos malolientes!

—Suéltalo —escuchó de repente, Roberto alzó la cabeza para ver como Eneas daba un paso hacia delante. Su cara estaba contraída en una mueca de odio puro. Robby retuvo el aliento ante el temor que le producía. Dios… nunca había visto a Eneas así. No le cabía duda alguna de que si todo saldría bien y salían de ésta, mataría a todos esos bastardos a pellizcos. Que no estaría feliz hasta escucharlos suplicar por piedad. Para su sorpresa, ese pensamiento le calentó. Imaginar a Eneas vengándose por él, le resultó excitante. ¿En que diablos se estaba convirtiendo? Su gigante dio otro paso más y se agachó a recoger una espada que había a sus pies—. Suéltalo… —siseó amenazante, en un tono bajo, serio y letal.

El captor de Robby aflojó un poco sus manos, evidentemente intimidado por Eneas. Cuando Roberto intentó aprovechar esa distracción para separarse y correr, se vio impulsado de nuevo hacia atrás. El tipo lo cogió de la barbilla, y mirando burlonamente a Eneas, sacó su lengua y la pasó por su boca. Robby gruñó asqueado cuando intentó atravesar sus dientes y meterse dentro. ¡Si ese asqueroso pensaba que iba a dejarlo, la llevaba clara!

En un arrebato de odio, Robby abrió los dientes y lo mordió, con tanta fuerza que no quedó a gusto hasta que el sabor metálico no le cayó en la boca.

El bastardo pajizo se retiró, lanzado un gruñido y con la mano libre le cruzó la cara a Roberto, siendo ahora su labio el que sangrara.

—¡Maldito hijo de puta! —escupió el jefe de los bandidos, escupiendo al lado un poco de sangre.

A Roberto no le dio tiempo a levantar la cabeza para ver como varios de los demás ladrones se lanzaban contra Eneas para intentar detenerlo. El gigante se quitó a varios de unos golpes y a otro los ensartó con su espalda. Parecía estar enfebrecido por el coraje, gruñía como una animal salvaje.

Robby no había visto nada más hermoso en su vida, era una pensamiento extraño y escalofriante, pero sintió su libido alzarse ante tal visión. Una dolorosa erección no tardó en instalarse en la parte delantera de sus pantalones, y gimió, llamando la atención de su captor.

Éste lo cogió del cabello, levantándole la cabeza y mirándolo, sus ojos brillaron al parecer, orgulloso de su caza de ese día. Roberto le sonrió orgullosamente, ¡si ese bastardo creía que Eneas iba a dejar que se saliera con la suya, es que era un completo idiota! Eneas no iba a permitir que le pasara nada. Sabía que su gigante lo defendería. Eneas lo iba a sacar de esa.

Cuando el bastardo pajizo escuchó algunos de sus socios gritar al salir por los aires, colocó una mano pungiendo amenazante en el cuello de Robby.

—Si no quieres que le corte la cabeza ahora mismo, al precioso chico, con mi viento. Es mejor que esa bestia de ahí se quede quieta.

Mirion estiró del brazo de Eneas para intentar volverlo en sí, ya que éste parecía haber perdido un poco el control. Tuvo que esquivar un puñetazo y zarandearlo violentamente, para que Eneas reaccionara. Se quedó fijo en los ojos morados, y después Mirion pareció decirle algo al oído que consiguió por fin, de alguna manera, tranquilizarlo.

Robby arqueó una expresión de completa repugnancia cuando las uñas negras se pegaron a su piel, por supuesto, no era nada comparado con las arcadas que le provocaron la pegajosa y apestosa lengua sobre su boca. Nada más de recordarlo, creyó que iba a volver a vomitar.

Sus ojos azules se dirigieron hacia Eneas, que estaba totalmente enfocado en él. Su cuerpo alerta, precavido, pero su expresión era miserable. Como si le resultara doloroso ver a Robby en brazos de aquel desalmado.

Beliat captó su atención cuando se movió, y escupió a los pies de unos de los bellacos que intentaban toquetear a Mirion, aunque el mismo soldado se encargaba bastante bien de golpearlos antes de que llegaran a mayores.

—Había escuchado que en los límites entre Kasmor y Granmor podríamos encontrarnos con bastardos como vosotros, y por muy desagradables que os pintaran, nunca pensé que fuerais esta clase de inmundicia.

El hombrecito bajito de grande nariz, golpeó a Beliat con el canto de la espada, haciéndolo caer de rodillas. El tipo se echó a reír, pero se detuvo extrañado cuando Beliat lanzó unas cuantas carcajadas.

—¿De que te ríes? —preguntó, encogiendo la cara.

Beliat alzó la cabeza, lanzando hacia atrás su melena negra y dejando que la luz pareciera centrarse en la enorme quemadura que le cubría la parte derecha de la cara. El hombrecillo se echó hacia atrás, con evidente desagrado.

—No sabéis con quién os estáis metiendo.

Nadie contestó a su advertencia, todo quedó en silencio. Beliat sabía que no le darían tiempo para usar su elemento si admitía claramente que necesitaba usarlo. Sus dedos tras la espalda hicieron unos movimientos ligeros, tenía que reunir la magia corriendo por su brazo. Aunque su Elemento fuera mucho menos eficaz que el de Mirion, por otro lado, era menos evidente para prepararlo. Solo necesitaría una pequeña distracción.

Mirion miró rápidamente a Beliat, y después se giró hacia Eneas, chocando con él, hombro a hombro. Su labios se movieron solo unos segundos, pero fue suficiente. El gigante lo había comprendido.

Robby cada vez estaba más nervioso, sentía el temor correr nuevamente por su cuerpo. Eneas lo iba a defender, le iba a sacar de allí, pero… ¿si al bastardo pajizo perdía la paciencia y le cortaba la cabeza?

Eneas para su sorpresa, se movió muy rápido, golpeando a unos de los bandidos que tenía al lado, pronto tenía a varios de nuevo sobre él. El jefe de aquellos canallas estaba perdiendo la paciencia. Sentía el agarre cada más fuerte sobre sus muñecas, y el aliento justo sobre su hombro, tan apestoso y repugnante, se aceleraba.

—Matadlos —gritó. Observó feliz comos todos los canallas saltaron y se dispusieron a golpearlos. Los primeros golpes cayeron con varios movimientos esquivos por parte de Beliat y Mirion. Robby lo entendió al momento, si él no estuviera allí, si no los hubiera obligado a llevarlo con ellos, esto no estaría pasando. Sin él, esos tres se hubieran quitado de encima a esos bastardos en míseros segundos. De repente, la voz del jefe volvió a chirriar junto a su oído—. Si os resistís mataré al chico. Lo juro.

Le clavó mas fuerte la mano en el cuello, y el bastardo no se le ocurrió otra cosa que morderle el hombro. Robby lanzó un lastimero gruñido de dolor, pero fue lo suficiente para que Eneas se volteara hacia él y quedara quieto.

El primer golpe sobre su espalda hizo al gigante arrodillarse nuevamente, ladrando barbaridades, cuando otro golpe le impactó la cabeza contra el suelo. Intentó volver a moverse, defenderse, pero cuando sus ojos se encontraron con los de Robby, todo movimiento cesó. Quedó quieto en el suelo mientras recibía un golpe tras otro.

Roberto negó con la cabeza, no… no podía ser. ¡Eneas tenía que defenderse! Por él… no podía dejarse matar por él. Las lágrimas comenzaron a quemarle tras los párpados, los cerró fuertemente y las sintió rodar por sus mejillas. Eran cálidas, pero su cuerpo estaba mucho más acalorado y acelerado. Iba a perder a Eneas incluso antes de poder llegar a tenerlo completamente.

—¡Eneas! —gritó—. ¡Eneas, levántate, por favor! ¡Eneas!

Tenía que hacer algo, él los había metido en aquel lío y él tenía que sacarlos. Lo primero era apartar el miedo de su mente, intentar despejarla, que lo dejara pensar. Tenía que haber algo que él pudiera hacer.

Se sorbió la nariz cuando otro golpe en las costillas hizo que Eneas lanzara un tremendo rugido. Roberto dejó que las lágrimas corrieran libres, ya no le importaba. Le daba igual. Solo quería volver a su mundo, Gea era un sitio horrible. Nunca hubiera pensado, después de pasar varios días en el castillo, la cruda realidad de la que les había salvado Eros, obligándolos a quedarse bajo esas seguras paredes.

Había sido tan malditamente egoísta. Ojala pudiera quedarse sordo y ciego para no tener que ver como Eneas se dejaba matar por él. ¡No lo merecía! Desearía tanto que Eneas siguiera odiándolo y así luchara por su vida. Tendría que haber escuchado más a Karel. Siempre le decía que tenía que quedarse agachado, mientras no tuviera un blanco y arma claros, siempre, siempre abajo. Él había saltado como un imbécil a ayudar a Eneas, seguramente, aunque en ese momento hubiera servido de ayuda, ahora no estarían en esa trampa sin salida.

Karel… Robby miró de reojo la mano que le estaban clavando en la garganta. Si le había amenazado con cortarle la cabeza, tendría que estar acumulando el viento en sus dedos. Todavía recordaba ese olor, Karel desprendía la misma fragancia cuando le lanzaba ráfagas, intentando que aprendiera a rechazarlas con su espada. Ese hombre… ¡ese maldito bastardo no olía a nada!

—¡Es mentira! —gritó Roberto con desesperación—. ¡Eneas levántate, es mentira, este hombre no usa Elemento Viento!

Beliat y Mirion parecieron reaccionar. Comenzaron a defenderse y golpear a cualquier sitio donde sintiera la proximidad cálida de un cuerpo. Eneas también se levantó, rugiendo como un animal salvaje y lanzando golpe tras golpe. En pocos segundos, el camino se convirtió en un completo caos.

—Maldito chiquillo del infierno —raspó en su garganta el hombre que lo sujetaba.

Robby se vio arrastrado hacia un lado, sin embargo no paró de revolverse, intentando golpearlo en sus piernas. El canalla lo alzó entre sus brazos, cogiéndolo del cuello. Roberto gimió cuando sintió que se le iba el aire. Ya eran la tercera vez que lo intentaban estrangular desde que llegó a Gea. Abrió la boca, intentando llenar sus pulmones, sentía la vista oscurecida, necesitaba oxígeno. Arañó los brazos que lo sujetaban, sus labios ya no tenían fuerza.

No podía morir, no podía. No ahora. Su hermana no podría soportar la pena. No sabía que sería capaz de hacer Eneas si eso sucediera. Tenía gente que amaba en aquel lugar. No podía irse, no podía morir.

Todo pasó muy rápido. Sintió frío. Sus ojos quedaron ciegos por unos instantes, pero no fue oscuridad, sino una especie de brillo. Intentó coger aire, aspirar bruscamente. A los pocos segundos, cayó al suelo, acompañado del sonido de un estallido de cristal.

El bastardo que lo había usado de cebo, cayó por el pequeño terraplén, cuando golpeó contra el suelo se rompió en miles de pedazos. Roberto respiraba bruscamente, su vista todavía fija en el hombre muerto frente a él. ¿Qué demonios había sido eso? Se inclinó para recoger un pequeño cristal con su mano, pero al instante que tocó sus dedos, se derritió, despareciendo. Cuando volvió su atención de nuevo al cadáver, éste también se había descongelado. Ahora solo trozos de carne sobre la húmeda tierra.

Soltó un grito y se echó hacia atrás. Después miró frenético hacia los lados, alguien, alguien tenía que haber hecho eso. Pero él no veía a nadie alrededor. Antes de darse cuenta, unos brazos lo cubrieron, abrazándolo y apretándolo contra un robusto y enorme cuerpo.

Robby se agarró a la camisa y respiró profundamente ese agradable olor a salvia. Después hundió la cabeza en su cuello y dejó que todo el terror, miedo e inseguridad, cayeran por su propio peso. Lloró como nunca lo había hecho. Estaba avergonzado de ello, pero, para él… aquello había sido lo más terrorífico que había tenido que sobrellevar en su corta vida.

No sabía si podría soportar algo así de nuevo. Tampoco si quería arriesgarse a que su hermana también lo viviera. Por él, si Eneas lo dejara, volvería de nuevo hacia el castillo y se escondería entre las paredes de Granmor hasta que muriera.

Dos pares más de manos comenzaron a tocarlo, buscando por su cuerpo desesperadamente. Entonces fue cuando perdió un poco del calor de Eneas, aunque él se rehusó a separarse.

—¿Estás bien? —Mirion, colocó sus manos en ambas mejillas, obligando a Robby a que lo mirara.

El chico parecía seguir en estado de shock. Fue Eneas el que asintió, evidentemente, él ya lo había revisado, y no tenía ninguna herida aparente, así que después de cerciorarse, se había limitado a abrazarlo y darle esa seguridad que Roberto tanto necesitaba en esos momentos.

Beliat revolvió el corto cabello de Robby después de sentarse al lado de Eneas y suspirar con brusquedad.

—Maldita sea. Eso ha sido jodidamente peligroso —después se rió divertido, mirando hacia atrás la plaga de cadáveres que habían dejado por allí tirados—. Imbéciles, cuando vieron que el efecto sorpresa ya no era útil y que se había descubierto la mentira que era lo único que nos retenía, tendrían que haber salido corriendo. No hemos tardado ni diez minutos en encargarnos de todos.

Eneas abrazó con más fuerza a Robby, cuando lo sintió flojo entre sus manos supo que se había desmayado. Era mejor, no quería que el chico viera todos esos muertos en el camino, era demasiado inocente. Roberto no pertenecía a ese lugar. Por mucho que le doliera el corazón, cabía la posibilidad de que su hombre no fuera lo suficientemente fuerte para soportar todo esto.

—Los caballos corrieron hacia delante. Tenemos que buscarlos. En lo que a mí concierne, estoy seguro de que Cerbero no ha ido muy lejos.

Mirion asintió, levantándose y dándole una mano a Beliat para que hiciera lo mismo. Con asco, se limpió la cara y el cuello. En algún momento uno de esos asquerosos bandidos le había intentado lamer y tocar, no había tenido el espacio suficiente para evitar el ataque en su totalidad.

De reojo se fijó en Robby, el pobre chico habría tenido que resistir lo suyo con ese bastardo toqueteándolo por todos lados. Se limpió la boca, en cualquier sintió donde sintió saliva y después escupió a un lado. Pateando a todos los cadáveres que se cruzaban en su camino.

—Alguien está estresado —susurró burlón Beliat a su lado.

Mirion suspiró, intentando sonreírle. Alzó una mano y la colocó en los fuertes bíceps de su marido, acariciándolos levemente con la punta de sus dedos.

—A veces desearía ser más masculino. Tener que soportar… —se estremeció cuando recordó las miradas libidinosas que había recibo anteriormente—. Es tan asqueroso.

Beliat asintió, él había intentado proteger a Mirion todo lo posible, sabía que su hombre no tenía tiempo para acudir al Fuego, así que… tendría que basarse en golpes y espada. Sin embargo, no había podido evitar todos los toques y ataques de aquellos bastardos.

—Yo te prefiero hermoso y deseable. Para mí. —dijo de repente Beliat, cogiendo la nuca de Mirion, y sorprendiéndolo con un profundo y caliente beso.

Mirion gimió y detuvo sus pasos para devolverle el beso, entrelazando su lengua con la de su marido, a la vez que alzaba sus brazos para sujetarse y acercar lo suficiente sus cuerpos como para poder frotarse contra él. Beliat rugió y movió una mano hacia Eneas, claramente despachándolo.

Eneas negó con la cabeza y rodó los ojos, con evidente molestia. Sus pasos se aceleraron, dejando a los otros soldados atrás y buscando a Cerbero. Silbó llamándolo, y esperó. Dentro de poco su caballo estaría allí. Volvió a silbar de nuevo.

Dio un saltito al cuerpo del chico entre sus brazos, para poder sujetarlo mejor. Roberto tenía la cara pálida y sus pestañas negras eran largas y hermosas. Sus labios seguían un poco amoratados por la falta de aire anterior, y de nuevo, las marcas de dedos en su garganta se oscurecieron. Eneas rugió enfadado. ¡Maldita sea!

Todavía tenía la visión de Robby con los ojos completamente blancos gravada en su cabeza. Sabía que los otros dos soldados no se habían dado cuenta, pero él supo inmediatamente que algo no iba bien. Cuando el chico había gritado que todo era una mentira, no se replanteó la idea de que estuviera equivocado. Robby era lo suficientemente inteligente para verificar antes sus sospechas. Estaba en lo correcto porque seguía con la cabeza en su sitio. Después, cuando se volvió a mirarlo a los pocos segundos, estaba siendo estrangulado, otra vez.

Lo último que quería era que su chico tuviera que pasar de nuevo por ello, y ahí estaba, demasiado ocupado con aquellos bandidos de pacotilla para poder hacerse camino y llegar hasta él. Entonces Robby pareció perder el conocimiento, sus ojos se volvieron blancos y algo hizo que el canalla que lo sujetaba saliera disparado hacia atrás. Al estar el chico de espaldas, Eneas no pudo ver que pasó, pero eso claramente, no era algo normal. No era nada que hubiera visto antes.

Las voces de Beliat y Mirion se escuchaban acercándose por detrás, al igual que un par de cascos de caballo por delante. Creyó que era Cerbero, pero se equivocó cuando identificó la proveniencia del sonido tras la cerca de su izquierda. Venía de las tierras de Hranmir. Estupendo… eso era lo único que le faltaba.

Tardarían unos cinco minutos en llegar todavía, el tiempo suficiente para intentar espabilar a Robby por si tenían que huir. Si se trataba de cualquier jefe de escuadrón, no importaba, ya que no tenían permiso para adentrarse en las tierras de Granmor, pero si era Grogrik, el capitán del rey Amur, o éste mismo, las cosas se complicarían.

Llevó al chico sobre una piedra del camino y lo sacudió un poco, verificando que estuvieran lo suficientemente lejos para que Robby no viera ninguna cadáver. Eso podría hacer que volviera a desmayarse. Eneas le dio unos pequeños guantazos en la cara, que parecieron surtir efecto.

Roberto abrió los ojos lentamente, tocándose la garganta y demasiado confundido para saber siquiera donde se encontraba. Eneas tenía que reconocer que el chico, a pesar de todo, había sido bastante valiente. No dudó ni un segundo en lanzarse contra aquel hombrecillo asqueroso para intentar ayudarlo, después resistió con valor aquella amenaza constante sobre su cuello. Él había visto a soldados suyos, mearse encima por mucho menos, sobre todos los novatos.

Los pensamientos volaron de su mente cuando Robby echó una mano hacia delante, agarrándose del hombro de Eneas para levantarse. Por mucho que las manos del gigante le intentaban volver a sentar, Roberto se negó.

Tenía que levantarse y sentir el fresco, intentar despejar su cabeza embotada e intentar pensar en todo lo ocurrido.

—¿Los habéis matado? —dijo con un tono entre triste y frío.

Eneas estaba un tanto confundido, sin saber como iba a reaccionar su chico ahora.

—No tienes porqué preocuparte por eso. Ya está todo solucionado, conforme encontremos a Cerbero, seguiremos nuestro camino a Küs —dijo Eneas, aun sintiendo los cascos de los caballos acercándose.

Entonces estaban muertos, Roberto no tenía duda de ello. Se sintió un tanto extraño por el placer que sintió al saberlo. Puede que después de todo si que hubiera cambiado algo. Había pasado miedo, demasiado terror para controlarse así mismo, y sin embargo, todavía podía sentir en las venas la emoción de la lucha. La adrenalina de una buena pelea, la excitación de ver a Eneas tumbando a sus contrincantes. ¡Maldita sea si eso no le había puesto caliente!

Era extraño pero… cuando pudiera superar el terror de morir, sabía que terminaría acostumbrándose a la forma de vivir de ese mundo. Tenía que hacer que Karel le enseñara lo más pronto posible, pues él quería luchar al lado de Eneas. Guardarle la espalda, cosa que esa furcia de Kazla nunca podría hacer.

Alzó la vista, disfrutando de la cara contrariada que le estaba poniendo su gigante. Se acercó lentamente a él y le quitó con el pulgar un par de gotas de sangre que tenía en la mejilla. Visiblemente, tenía un montón de heridas. Echas por su culpa.

Sintió la urgencia de volver a llorar, si no fuera tan malditamente débil comparado con los hombres de Gea, no habría permitido que nada le ocurriera a Eneas. No que por protegerlo a él, había acabado con más piel amoratada que sana.

—Lo siento —susurró lentamente, con la cabeza gacha—. Todo esto ha sido mi culpa.

Para su horror, Eneas asintió.

—Si todo esto es tu maldita culpa —Robby echó la cara hacia otro lado, apretando fuertemente los ojos, intentando controlar la vergüenza y la ira que sentía dentro de sí. Una mano delicada sobre su mejilla, acompañó las siguientes palabras de Eneas—. Te he dicho muchas veces que si no te vuelves fuerte, morirás. Esto es solo el aperitivo de lo que está por venir.

La furia nubló cualquier sentimiento de culpa que hubiera sentido antes. Bruscamente, clavó un dedo sobre el pecho de Eneas, haciendo que éste tuviera que dar un paso hacia atrás.

—Tu mismo lo has dicho. Si no me vuelvo fuerte, moriré yo. Pero en ningún momento acordamos que… ¡lo hicieras tú! —tomó aire, aun con la boca seca—. ¿Quién te pidió que dejaras que te patearan para salvarme? ¡Yo no!

Eneas estaba un tanto desconcertado, lo último que hubiera esperado es que Robby le pidiera explicaciones de sus actos. No sabía como responder a aquellas acusaciones y por supuesto, la risita burlona de Beliat a su espalda, que seguramente acababa de llegar junto a Mirion, no ayudaba.

Empezando a enfadarse, Eneas rugió, cogiendo a Roberto y acercándolo a él. El chico no se amilanó, y ambos se quedaron mirándose fijamente a los ojos, casi echando chispas por ellos.

—Tú eres mío y yo tengo que protegerte. El hombre siempre tiene que proteger a su pareja. ¿Estás diciendo que debía haberte dejado allí con ese tipo a punto de cortarte la cabeza?

¿El hombre? Roberto estaba entre impactado y furioso… ¡El también era un hombre! Este era uno de esos momentos, en el que le gustaría coger a Eneas del cuello y estrangularlo él mismo, aunque fuera por una vez.

—¡¿Y como querías protegerme, dejando que te mataran?! ¡¿Eres idiota?!

A Eneas se le abrió la boca, sin saber que decir, después simplemente sacudió a Robby y lo alzó entre sus brazos. Roberto se sintió flotar por unos instantes, pensado que esos fuertes brazos que lo estaban rodeando iban a golpearlo, pero no. Se vio aplastado contra el pecho de Eneas y éste presionando su boca contra la suya.

Fue un golpe literalmente contra su cara. Robby gimió cuando esos labios se aplastaron sobre los suyos, en un beso posesivo, que más que amoroso, intentaba hacerlo callar. ¿Ese gigante creía que eso iba a hacer que se olvidara de la conversación? Le golpeó el pecho para que lo soltara, y lo intentó durante unos segundos más hasta que sintió como Eneas aflojaba un poco la tensión de sus bíceps, ahora más centrado en recorrer su lengua por los labios cerrados a presión de Roberto.

Fue una caricia, el gigante estaba comenzado a perder, Robby gimió cuando abrió la boca y dejó que se metiera dentro, pasando ahora ambos brazos por el cuello de Eneas, disfrutando de las suaves caricias dispuestas en ese beso, al igual que el extraño aleteo de mariposas en su estómago.

Sus dedos no tardaron en enredarse en los rizos rubios de Eneas, Roberto presionó sus labios una vez más antes de tirar de esos brillantes cabellos para separar su cara de la de su gigante.

Eneas gruñó, pero lo bajó hasta el suelo y guardó silencio, mirando fijamente a su chico. No había pensado antes de hacerlo, solo no quería pelear con Robby, además de que le costaba mucho ganar en cualquier cosa que tratara con él. Ese beso había salido de la necesidad, del miedo que pasó al pensar en la mísera idea de perderlo.

Seguía un tanto aturdido, cuando Robby volvió a agachar la cabeza.

—Lo siento —dio un paso al lado para mirar brevemente a Beliat y Mirion—. Me disculpo con vosotros también. Tenía que haber pensado en mi poca preparación para un caso así, Karel me advirtió que corriera si me veía en un momento como ese. Pero tenía tanto… —se rehusó a pronunciar la palabra—. No estoy acostumbrado a esto y me paralicé. Perdonad por todo el problema que os he causado.

Eneas no dijo nada, pero podía sentir su mirada ónix quemándole la nuca. Mirion se acercó con una sonrisa conciliadora, junto a Beliat con su típica risita burlona.

—Tranquilo —agregó Mirion—. Tenías que haber visto la cara de incredulidad que puso mi padre la primera vez que le dije que quería convertirme en soldado. Nunca creyó que con mi constitución pudiera llegar a ningún sitio. Y mírame, soy un jefe, uno pequeño pero un jefe —y se rió, con esa dulzura que lo caracterizaba.

—Gracias —le susurró Robby, de verdad agradecido por su intento de confortarlo.

Por su parte, Beliat le alborotó el cabello pincho, en un movimiento juguetón. Roberto lo miró mal por su infantil reacción, aunque mucho más fue los morros que le puso.

Beliat rió.

—No hay de qué disculparse. Tuviste los cojones de defender a Eneas, después la inteligencia de descubrir su trampa. Y bueno, de alguna forma venciste a ese destartalado pelirrojo, ¿no? ¿Cómo lo hiciste?

Robby se le quedó mirando un poco perdido, alzó una ceja y quedó pensativo. ¿Había él matado a alguien? Ahora mismo no recordaba bien que había pasado con el tipo que lo mantenía preso. Más bien no se acordaba de mucho de la batalla, ahí y ahora, todo revoloteaba por su mente como un mal sueño.

Cuando estaba a punto de contestar, Eneas levantó la mano, llamando la atención de todos los presentes.

—Tenemos compañía.

Roberto supo que los problemas volvían a parecer cuando un grupo de jinetes se acercaron a la cerca de la izquierda. Se echó hacia atrás y se escondió parcialmente detrás de Eneas. Miró hacia los lados, estaba vez sabría correr cuando le tocaba si realmente la posibilidad de un nuevo ataque se hacía realidad.

Posó sus manos sobre las arrugas de la camisa de Eneas, agarrándola y tirando de la tela de su espalda. Por ahora, él se quedaría ahí. Observaría y se callaría. Eso es todo lo que podía hacer por ahora.

No volvería a meter la pata, no dejaría que Eneas volviera a verse en esa peligrosa situación. Nunca más.

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17 comentarios:

  1. Que bien escribes y ademas un desafio.... espero estar a la altura.Creo que el elemento pertenece a Eneas, lo tenia bloquedao hasta la llegada de su alma, y que metafora mas apropiada! es el hielo que rodeaba su corazón....lo se soy una romanticona seguidora de kleypas.....dime que si porfa...las escenas de lucha las bordas y los sentimientos que se generan alrededor.
    No vale reirse de mi toeria....no esta bien, bueno os dejo pero solo un poquito....Besitos

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  2. A mi también me encantó el capítulo, la escena de acción fue sublime! Y Mirion y Beliat son grrrrr que ricos :P

    Reirse de tu teoría Iso? que nadie se atreva.. es brillante!!
    La única pega que le veo es que el que parece no acordarse de nada es Roberto, Eneas vio cómo a Robby se le ponían blancos los ojos.. eso me lleva a pensar en algo a lo que he estado dándole vueltas desde que se dijo que Eneas no tiene elemento.. creo que no tiene elemento porque es Roberto quien lo tiene!

    Y, o como dice Iso, ese elemento es agua (en forma de hielo :P)... o tal vez es un elemento diferente (ni fuego, ni agua, ni viento, ni tierra) ¿Elemento cristal, fati? Me estoy acordando de unos capítulos de relleno que... bueno! jajaja de todas formas, sea cual sea ese misterioso elemento, la escena te quedó genial :D

    Se me hacen cortísimos cariño, sigue así que se te echó de menos estos días!! :D:D:D

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  3. Ante todo,cómo te lo has pasado?Se ve que bien,ya que vienes con las pilas puestas,y te ha quedado un capitulo de lujo.Si, me ha gustado ver como se intentaban medir las distancias despues del encuentro acuático,y cómo reacciona Eneas a la explicación de qué hacia Robby en su mundo para el transporte,y la reacción de él ante la ansiedad de Eneas para que espabile,que este mundo es muy peligroso...
    Luego encontramos esa escena de alto voltaje..con Cerbero,jajajaja ¡no! con Beliat y Mirion,que hace que se le ponga la mente a cien,imaginando como seria con Eneas.
    Sobre la carniceria,en fin,tenia que darse de bruces con la realidad,y vaya trompazo!!!
    La descripción me ha parecido bien,quiero decir asquerosa y repulsiva,y sangrienta y horrible.¿Estas contenta?.Es que tengo un corazoncito mu amoroso...sniff.Pero entiendo la necesidad de hacerlo aunque sea tan cruel y dramático ya que encaja bien con la trama.También entiendo la reacción de Eneas de protección y la de Robby de ataque,haciendose una idea de lo inexperto que es.Yo me habria desmayado viendo al primer atacante,directamente, asi que no me extraña que despues de la lucha y el intento de ahogamiento el se desvaneciese.Faltaria mas!!
    Y me ha encantado lo que ha dicho Iso,así que estoy mas que impaciente por ver lo que nos tienes preparado tú para mas adelante.
    Sigue Fati que lo llevas genial.Besos.

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  4. Hola Fati!
    Me ha encantado el capitulo! de verdad muy, muy bueno. Alucine con el trocito de Morion y Beliat, jajaja. Digo, a quien no le gustaría encontrarse a semejantes espectáculos haciendo uno aun mas grande?
    wooooow... con respecto a Robby, estoy contando con que ese poder era de el, creo que ya me lo estoy imaginando! ademas, de quien mas pudo haber sido? no creo que tenga un ángel de la guarda por allá, creo que con Eneas le vasta y sobra ;D, así que estoy completamente de acuerdo con la idea de Isolde :D!
    Y creo que ya es hora de que me vaya, es que se está haciendo un poco tarde y aún me queda por estudiar! (que chica mas irresponsable soy xD)

    Besos y ánimos para los siguientes capítulos! los esperare ansiosa!
    cariños Fati, gracias por escribir, creo que jamas terminare de agradecértelo! xD

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  5. Sois todas un encanto.....y yo que pense que la idea era absurda...jaja.Gracias

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  6. Por dios que bien relatado mujer, las escenas aparecían en mi cabeza como si de una película se tratase, no es fácil relatar una batalla y a ti se te da fantástico.

    Me encantan las peleas entre Eneas y Roby, y Beliat y Mirion que tipos más sexys me encantan.

    Concuerdo con las demás en que Eneas no tenía su elemento porque este estaba con Roberto, pienso igual que Ita, el elemento es cristal ya que todo concuerda Roby es surdo y fue algo nunca antes visto.

    Espero ansiosa la conti. Adiós.

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  7. Huuy Fati, tanto este capi como el de Mordisco a Mordisco te quedaron supremos, ajem, me atrevería a pedir una feria mas un dia de estos jejejeje.

    Que divertirse debe ser la mejor fuente de inspiración!!

    Caray estoy alucinada con el capi y con la teoria de Isolde... ¿porque a mi no se me ocurren primero esas cosas? jejejeje

    Bueno... fantastico, gracias por continuar la historia, es lo mejor!

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  8. estaba leyendo todas sus teorías y me di cuenta que la porquería que escribí ni siquiera esta bien redactada. Falta una explicación de al menos dos lineas. De todas formas (y como me da un poco de lata xD) me limito a decir que estoy absolutamente de acuerdo con la idea de ita, sin embargo creo que la teoría de Isolde también pega perfecto.

    perdónenme si no me explique, soy un asco dormida xD
    besos

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  9. Isolde:
    Gracias, me gustó mucho como me quedó, a parte de que disfruto como una enana con las escenas de acción, creo que eso ya quedó medio claro XD
    Bueno, tu teoría no es del todo correcta, creo que le has dado completamente la vuelta, pero si la pones derecha, puede que en realidad, estés más encaminada de lo que crees...
    Nunca me reíría de tu teoría, disfruto de escucharos todas las ideas que os salen. Me parece impresionante que una de mis novelas, pueda crear tantas dudas e incertidumbre.
    Muchas gracias Iso, espero que pronto puedas descubrir la verdad, jojo.
    Nos vemos, preciosa.

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  10. Ita:
    Te gusto el capi!! Si!! La escena de acción me volvió loca y sabía que molaría el rollo entre Mirion y Beliat, definitamente tengo que escribir algo sobre ellos por separado, jojo.

    Mmm... prefiero no comentar nada de tu segundo párrafo, es que en serio, si digo algo se me verá el plumero y no quiero joderos a todas la trama de la novela. No voy a decir en que llevas razón o en que no, lo único que diré es... que siempre consigues sorprenderme. No hay comentario tuyo que me deje indiferente, nena. Eres un peligro XD

    Sobre el elemento, bueno me has dejado un poco sorprendida. No cristal, eso es lo que piensa Robby cuando lo toca, que es un cristal, pero después se derrite en su mano, así que es Hielo.
    Elemento Hielo. No agua congelada jajaja XD Es elemento Hielo. Pero no digo nada más, que ya me desvio.

    Lo último que te diré, nena, es que si recuerdas los nombres de los libros de la saga de Gea, te dará un pista bastante importante de que diablos va la cosa.

    Un beso muy grande, gracias por dejarme ver otra vez esa pericia tuya XD

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  11. Cuqui:
    Buenos, las fiestas han estado bastante bien, además que me las he pasado con una prima que quiero mucho y a la que solo puedo ver una vez al año, por desgracia. Gracias por preguntar hermosa jeje.

    Veo que has deglosado cada idea de cada escena con éxito, es exactamente eso lo que quería expresar con cada una de ellas. Soy feliz XD

    También, la medio escena erótica de Mirion y Beliat, como bien dices, la añadí no solo por el calentón, si no también para que Robby empezara a pensar poco a poco como sería tener sexo con Eneas. Porque aunque lo desee desde un principio, siempre ha pensado en él como un hombre, es decir, Robby todavía tiene pensamientos de activo porque nunca sintió nada por otro hombre. En principio el pensaba en Eneas como pasivo (aunque fuera todo masculoso y grande XD) Roberto piensa así de Eneas porque realmente no sabe como exteriorizar ese sentimiento y como es un hombre es normal que quiera "meterla". Ésta escena con Mirion, después de verlo siendo poseido por Beliat, hace pensar a Robby como se sentiría lo mismo con Eneas. Y empieza a comprender en la posición que estaría si acepta tener sexo con Eneas. Otro asunto que traerá bastante problemas, más adelante.

    Jajaja, por supuesto que Robby tenía que ver de una vez por todas que no todo es igual que dentro de las murallas del castillo. Es como salir de un cuento de hadas para adentrarte en un submundo de miseria. Creo que, en realidad, si basamos la historia en la época de la Edad Media o algo así... esa es la realidad, y Robby tenía que verla en algún momento.

    Lo describía tan espeluznante como dices, porque creo que realmente, así es como sería. Si lo embellecía ya sería una falsedad, a como yo, por ejemplo, lo imagino. También me gustó expresar el sentimiento tan fuerte que siente Eneas por Robby, sería hasta capaz de morir por él. También Robby tendría que ver que es un muchacho normal, y que necesita entrenar duro para llegar a ser un guerrero. Disfrutaré como una boba cuando vayáis dándose cuenta del cambio tan relevante que dará Robby a mitad del libro, uff estoy deseando escribirlo.

    Y yo también! Si me pasara eso, nada más de los nervioss y el pánico que hubiera desmayado. La gente le gusta mucho darle a la lengua, pero no creo que nadie que viviera lo que está viviendo Robby, aunque fuera un hombre hecho y derecho, pudiera resistir más valientemente de como lo hizo Roberto.

    Gracias cuqui, tu comentario no solo me ha hecho feliz por todas las cosas que me desglosas, si no porque en realidad, has hecho que yo también piense seriamente, de nuevo, en algunos términos que dejé por ahí perdidos.

    Muchas gracias, sabes que te adoro, preciosa. Nos vemos el lunes.

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  12. Sofia:
    Me alegro tanto de que te haya gustado!!

    Jeje... Mirion y Beliat... vaya escenita, fueron solos tres o cuatro párrafos y consiguió que todo el personal quedará caliente, y Robby el que más, muajaja XD

    Sobre el Elemento, no he confirmado nada a nadie, pero hay una de vosotras que se ha acercado lo suficiente para encenderme las alarmas, sois un peligro XD (o a mí se me vé el plumero)

    Tranquila Sofia, vi tu otro comentario más abajo XD Yo te entendí estupendamente, no te preocupes. Pronto sabréis cual teoría era la correcta o más bien, cual es la que mas se le acercaba.

    Repito, sois un peligro, demasiado listas para novelistas novatas como yo XD

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  13. Kiku:
    No me digas eso!! Me voy a terminar creyendo que al final, sí que se me va a dar bien las escenas de acción. Como un película... te puedo asegurar que no es la primera vez que me dicen eso... tendré que pensar a que os referéis exactamente. Porque me gusta que lo veáis así XD

    Vaya dos parejas que hay ahora, no?? Me alegro haberlos añadido al grupo, sabía que les podría sacar más partido que si hubiera añadido a Karel o Eros... y eso que tardé bastante en decidirme jeje.

    O.O ...sin palabras me he quedado, otro párrafo peligroso, me abtendré de comentarios. Pero te diré lo mismo que ha Ita. Es Elemento Hielo. Otra cosa más, tienes buena memoria, eso te vendrá bien para más adelante... un peligro... sois un verdadero peligro UU

    Gracias por tu comentario Kiku, otra que es demasiado perpicaz para mi salud mental jajaja XD

    Ésta será la última vez que ponga un reto en mi comentario debajo del capítulo!! Sois demasiado listas jajaja XD

    Gracias por tu comentario, Kiku, espero verte por aquí de nuevo. Mira siempre la historia que viene debajo, vaya que se te vuelvas olvidar de leer MSM XD

    Besitos!!

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  14. Yushe:
    Jajaja, no más feria, un descanso XD Lo escribí todo la semana de después, a la prisa y corriendo, esta semana he tenido tantas cosas que hacer que de nuevo tengo el agua al cuello. Yo es que no aprendo UU

    Bueno chica, las teorías son interesantes, pero no todo el mundo es capaz de captar detalles. No te preocupes, estoy segura de que pronto leeré alguna que otra teoría tuya. Todo se pondrá más misterioso dentro de poco, jojo.

    Gracias a tí por no olvidarte de que sigo por aquí XD Nunca podré agradeceros los suficiente por todo el apoyo que me brindáis, gracias!

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  15. Ok...antes solo leía MSM pero por pura curiosidad empecé LH...y simplemente no pude parar hasta llegar al último que has subido. Wow! En verdad me dejas sin habla xD es que... esta tan emocionante esta historia, tantos sentimientos encontrados entre los personajes, ya ahora que comienza la acción, aah! la emoción que siento con esas escenas! y cuando Robby utilizó su poder por primera vez...WOW!! actualiza pronto por favoooor!! ambas historias xD
    Solo una cosa más...hmmm...desde la primera vez que digiste q Eneas era un gigante...jajaja pues verás...tengo problemas para imaginarmelo junto a Robby ^^U q tanta es la diferencia de estaturas?

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  16. Jejeje, Yuki, sabía que si leías LH también te iba a gustar.
    La mayoría de personas que entraron en este blog, lo hicieron por MSM, así que no me estraña que fuera la única novela que hubieras leido. Me alegro mucho que te animarás con LH porque veo que te gustó y eso me hace feliz. Aunque reconozco que la puñetera va muy lenta... mucho... demasiado. Supongo que puede llegar a resultar pesado tanto viaje... todavía no llegan a Küs, por Dios UU
    Mañana colgaré uno nuevo, así que pásate!!

    Sobre las medidas, pues bien, no eres la primera que me lo ha dicho. Aquí te dejo lo mismo que le puse a Sofía (otra que no entendía lo de gigante)

    Eneas: 2.03 m - 103 kg - 26 años
    Eros: 2.10 m - 110 kg - 26 años
    Robby: 1.75 m - 73 kg - 22 años
    Bea: 1.60 m - 54 kg - 20 años
    Kazla: 1.70 m - 69 kg - 24 años
    Karel: 1.87 m - 85 kg - 26 años
    Beliat: 1.95 m - 98 kg - 25 años
    Mirion: 1.80 m - 79 kg - 24 años

    Como verás, Robby no es pequeño, pero es que Eneas es muy grande, y bueno... Eros mucho más XD Imagínate con lo que mide Bea, como tiene que quedar al lado de Eros, puff...
    Espero que eso te haya aclarado algunas dudas. Xao!!

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  17. sí lo hizo!! muchas gracias!!
    ya puedo imaginármelos mejor :3
    y vaya q Kazla es alta! también me la imaginaba más bajita jejeje

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